29 de noviembre de 2007

Cómo sobrevivir a las Fiestas y al "espíritu navideño"


I
Hola! Cómo están? Tenía ganas de escribir algo antes de que terminara noviembre, para poder anticiparme de algún modo a la histeria colectiva que generan las Fiestas de Navidad y Fin de Año. No me parece mal que haya gente que dedique semanas enteras a planificar qué, cómo y dónde van a comer. Cada uno lo vive a su manera, pero -como ya he sostenido anteriormente- a mí hace rato que han dejado de interesarme esas cosas. Y no lo digo con jactancia, ni con un aire de superioridad, sino con una mirada retrospectiva de quien yo supe ser y de quien yo soy ahora. Todavía subyace en mí cierta conciencia de que las Fiestas solían ser algo importante. Queda algo, como un efecto residual, que de algún modo refuerza la idea de que algo se perdió en el camino. Pero dejó de tener un sentido que no sea más que el de comer algo diferente o tomar una copa de sidra. No me interesan más esas fechas, no me aportan nada, no quiero que me llamen por teléfono para saludarme o que me manden un mail personas que no se acordaron de mi existencia durante todo el resto del año. Me molestan las reuniones, los agasajos, las cenas, los actos de fin de curso. ¿Para qué simular que nos extrañamos, que nos queremos, que somos todos una gran familia, si tan pronto como pasan estos "eventos" te encontrás con estos sujetos por la calle y ni te saludan? Dejemos las cosas como están, nada de reunirse, que cada uno haga su vida, y se terminó.
II
Las personas son como son, no tiene sentido intentar que cambien. Eso es algo que aprendí hace poco, parece mentira, es tan sencillo de entender pero cuesta tanto darse cuenta de que en realidad si alguien nos jode o nos mortifica con sus actitudes es muy poco lo que podemos hacer (una opción algo primitiva pero eficaz sería cagarlo a trompadas), pero está en nosotros ignorarlo, optar por la indiferencia, parafraseando al viejo precepto "dejar hacer, dejar pasar".
A medida que crecemos se da una situación paradójica, porque en lugar de sentirnos fuertes y seguros de sí mismos nos volvemos más vulnerables, somos como una esponja que absorbe todo lo que nos rodea y vamos perdiendo ese espacio que teníamos para nosotros, para escuchar un buen disco, para leer un libro, para alejarnos del mundo por diez minutos. Era nuestro recreo personal, nuestro cable a tierra, y a pesar de nuestra condición de adultos nos sentíamos como que íbamos a jugar al patio, a tomarnos un respiro. Por un momento nos olvidábamos de la oficina, la guita, la suegra, las deudas impagas, y éramos felices, o esbozábamos un sentimiento parecido a la felicidad, que quizá fuera hijo de la distensión y del ocio efímero que permite la rutina y la vida burguesa.

18 de noviembre de 2007

¿Alguien valora el trabajo de los demás?


Hoy decidí emprender la actualización del blog, tras varios días de ausencia sin previo aviso. No esperen un brote de creatividad, es domingo y podría argumentar a mi favor que se trata de un día en el cual nos sumimos en la depresión y la melancolía. El fin de semana pasado, a sabiendas de que la experiencia no resultaría muy provechosa, fui a una de las autodenominadas "Fiestas retro" o "Fiestas de los '80". Las primeras, al menos, se daban a conocer de esa manera. Ahora te la venden publicitariamente con un criterio más amplio, algo así como "Fiesta de los '70, '80, '90 y música de hoy". Me parece una estafa, y de hecho me sentí estafado cuando fui, porque si yo pago la entrada ($ 15) es con la idea que escuchar la música de las décadas antes mencionadas, de lo contrario voy a La Porteña, que me queda más cerca, y problema resuelto. Se que me estoy delirando un poco con lo que digo, pero vos tenés que respetar al cliente, sea un tipo de 35 o 40 años, no le podés pasar "Bombón asesino" a las 3 de la mañana y meter media hora de música de los '80, casi de compromiso, en el pre-dancing. No es serio. Sino termina siendo como una fiesta de casamiento o un cumpleaños de 15. Tiene que haber un criterio en la selección de la música, una línea, un estilo, no sé bien de qué forma definirlo, pero uno se da cuenta cuando el DJ sintoniza tu misma onda y cuando está en cualquiera. No quiero abundar en mayores detalles, porque lo que estoy diciendo no le cambia la vida a nadie y hasta puede resultar un comentario frívolo, pero dejémonos de joder un poco y seamos coherentes, si vos, Sr. organizador de la fiesta, estás anunciando música de los '80, no pases media hora de temas que podemos escuchar en cualquier FM de cuarta. Estimado musicalizador anónimo: jerarquizá tu laburo, esmerate, buscá, indagá, hacele sentir al cliente que esta es "la" noche. Pero bueno, a veces uno termina cediendo a la mediocridad y diciendo "es lo que hay", porque efectivamente parece ser el común denominador. Todo da lo mismo, todo da igual, un laburo prolijo y coherente para muchos tiene el mismo valor que una truchada armada con dos mangos, y no es así. Y esto ya no lo digo por las nunca bien ponderadas "fiestas retro", lo hago extensivo a cualquier trabajo en general. Podría seguir con mi diatriba por largo rato, pero me voy a apiadar de los lectores y voy a apretar la tecla de "stop". Otro día la seguimos, ¿sí?

4 de noviembre de 2007

LO QUE MATA ES LA HUMEDAD


Detesto el olor a humedad, difícil de definir, por cierto (como todo olor, bah). Es interesante analizar el poder destructivo de la humedad sobre nuestras posesiones más preciadas, y lo poco eficaces que resultan los productos disponibles en el mercado para contrarrestrar sus efectos. Libros, revistas, y diarios viejos son presa fácil de la humedad, que va deteriorando las fibras de papel y arruinando todo el material de consulta que uno se ha resistido tenazmente a tirar con el paso de los años.
Hoy tuve la desagradable sorpresa que comprobar cómo brotaba la humedad de uno de los estantes donde solía guardar unos diarios y revistas, y más que lamentarme por el estado en que quedaron los ejemplares, me pregunté si hay algún modo accesible de evitar futuras pérdidas. Las bolsitas de sílice o las bolitas de naftalina quizá funcionen sólo como meros paliativos, y no constituyen una solución de fondo.
En el caso de las fotos, los álbumes que se consiguen en el mercado ofrecen una lámina plástica que protege la imagen. Creo que se podría idear algo parecido para otro tipo de objetos, cuyo tamaño resulte personalizable y que la persona pueda lo extraer fácilmente cuando desee manipular el mismo, sea un diario o una radio. Una especie de funda, digamos. Quizás sea más práctico y barato recurrir a una bolsa de nylon y cerrarla lo más herméticamente posible.
Una de las principales precauciones que aparecen en los manuales de los aparatos electrónicos consiste en proteger al artefacto de la humedad y del agua. Pero más allá de estos detalles sobre un eletrodoméstico, un artefacto, o un libro afectado por la humedad, lo preocupante es que a nadie le importa que se siga inundando la Capital Federal, la Provincia de Buenos Aires o el Litoral. Esos argentinos sí lo pierden todo: muebles, documentos importantísimos como la escritura de la casa en que viven, colchones, y podría seguir enumerando. No me importan que caigan 100 mm. en un día, alguien se tiene que hacer cargo, porque las inundaciones pasan, la gente se olvida, pero el drama de los damnificados en mucho más duro de enmendar.


2 de noviembre de 2007

Un día en el circo

¿Qué opinan de la publicidad rodante? Es un rasgo muy "de pueblo", a mi entender, porque en las grandes ciudades no se ve, quizá porque está prohibido. Se utilizó mucho durante esta última campaña electoral, y aparentemente es un medio accesible de dar a conocer un producto o un servicio porque han proliferado (incluso después de las elecciones), los automóviles con sus altoparlantes invadiendo el espacio.
Por lo general, los circos, parques de diversiones, kermesses y cosas por el estilo se anuncian con publicidad rodante, y en algunos casos con el apoyo de folletos muy mal impresos que se distribuyen en las principales esquinas de la ciudad. La naturaleza nómade del circo para guardar cierto correlato con esta modalidad publicitaria.
La publicidad rodante es un recurso válido, pero posiblemente no esté regulado, y si lo está, nadie le da bola a la normativa vigente, dado que los vehículos pasan a cualquier hora a alto volumen y fastidian tanto a los peatones como al resto de los automovilistas, porque circulan a paso de hombre para que la publicidad tenga un efecto más duradero.
Hace tiempo que no voy a un circo, y sinceramente el hecho de escuchar la publicidad no me motiva en absoluto. Desconozco si la estrategia comercial dará resultado en otros casos. Los circos que llegan a los pueblos tienen pocos animales, que generalmente exhiben un aspecto famélico y desaliñado, y las huellas del maltrato de sus dueños. Los payasos son estúpidos y carecen de toda gracia. Como el público promedio de un circo es familiar y ello los inhibe un poco de hacer chistes de doble sentido, se sienten vacíos, lo cual pone en evidencia sus limitados recursos para la comicidad. La carpa principal del circo es vieja y está toda remendada. Se pone énfasis en los "freaks" (por ejemplo, los enanos, el elefante más pequeño del mundo, y otras cosas por el estilo) más que en el espectáculo en sí. La calidad de los trajes y el colorido del vestuario es pobre. Nadie pretende que llegue a Lobos el Cirque du Soleil, pero al menos que ir al circo sea una experiencia verdaderamente excitante para el chico que va por primera vez, y no un largo bostezo.

Los adolescentes y nuestra lógica incapacidad para entenderlos

Debo reconocer que a veces me decepciona un poco pensar que hay un número mayoritario de adolescentes que nunca leyeron un diario en papel (...