27 de diciembre de 2016

Renuncias de ministros e internas en el Gobierno

Martes por la mañana en la ciudad. Todavía resuenan los ecos de la noticia más comentada de ayer: la renuncia del Ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay. Lo insólito de todo esto, es que Macri estaba de vacaciones cuando decidió "bajarle el pulgar" al funcionario, y delegó tan ingrata tarea en su Jefe de Gabinete, Marcos Peña. Hacía tiempo ya que se rumoreaba un alejamiento de Prat Gay, debido a sus constantes roces con el Presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. Lo que el común de la gente teme, es que esto se convierta en una suerte de guerra de "halcones y palomas". Vale decir, que el ala dura y más ortodoxa del Gobierno termine por dinamitar toda esperanza de reactivación. La palabra "ajuste" es muy propia del léxico K, pero viene a cuento de lo que se pone en juego. Se dice que Prat Gay era "gradualista". Entonces, como reza el dicho, en el país de los ciegos el tuerto es rey. Yo sigo insistiendo que el mejor Ministro de Economía post-crisis de 2001 fue Roberto Lavagna, al punto que fue designado por Duhalde y ratificado por Kirchner hasta que el ego del santacruceño y su avidez por el dinero pudieron más que las recetas de manual. 

Seguramente, en los próximos días, horas de televisión y ríos de tinta de los diarios darán cobertura a la renuncia de Prat Gay, que se vive poco menos que como una tragedia nacional por algunos sectores. El Gobierno no está en crisis porque se vaya un Ministro, sino por su incapacidad de responder a las demandas de la gente. El peronismo fragmentado le ha permitido a Macri hacer malabares en el Congreso para zafar de muchas leyes que seguramente iban a ser vetadas. Pero esta situación no podrá sostenerse por mucho tiempo más si el electorado no encuentra motivos para ratificar la confianza en el macrismo en 2017. Las elecciones de año próximo son cruciales: se definirá el proyecto político de Macri, quien ingenuamente confesó su deseo de gobernar por 8 años cuando apenas ha llegado a cumplir uno. ¿Tendremos motivos para sonreír en 2017? Hago un esfuerzo por permanecer optimista, pero al menos den una señal desde la Rosada de que van mejorando. Porque la inflación no da tregua y los sindicatos tienen un enorme poder en nuestro país: a veces los reclamos son genuinos, otras veces son meras patrañas buscando debilitar a una gestión de Gobierno. Lo cierto es que los "gordos" de la CGT no son ningunos nenes de pecho, ni se van a quedar esperando que caiga maná del cielo. Una huelga de camioneros o del transporte público te paraliza el país. Deberían saberlo Macri y su séquito, para no pagar un costo político innecesario. Punto final.

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