Primer día de
marzo. Esa sensación de una etapa que se va trasciende lo meramente
cronológico. Si bien todavía podemos esperar algunos días de calor, no creo que
se extiendan más allá de la segunda quincena. Recuerdo que hace unos años, para
esta fecha, tuvimos una inesperada ola que obligó a suspender el inicio de
clases. Pero fue una situación excepcional, que difícilmente se repita. Hasta
no hace mucho, era habitual dejar las ventanas abiertas por la noche para poder
descansar con un poco de fresco. Como suele suceder, la irrupción del otoño
será sorpresiva. Un día cualquiera nos vamos a encontrar con la llegada de un
frente frío, y de ahí en más ya será momento de rescatar del olvido los buzos,
pulóveres, y demás ropa de abrigo.
Cada cierre de
mes trato de hacer un balance, porque de esa manera puedo tener un
registro más preciso que aquel que acostumbramos hacer a fin de año. Pero, para
ser sincero, no tengo muy presente qué hice en concreto durante febrero. Sí es
cierto que procuré mantener la rutina y establecer un orden, sin embargo, todo
me hace pensar que no ha ocurrido nada particularmente memorable. El error es
ese: Esperar, mientras se nos pasa la vida, que nos sorprenda un hecho
extemporáneo que implique una ruptura o una bisagra. Es decir, que marque un
antes y un después. Se trata de una aspiración que tiene una gran dosis de
absurdo. En principios, deberíamos aceptar que nuestra existencia es demasiado
insignificante como para pretender ser protagonistas de una gran experiencia colectiva
que nos conduzca a un cambio radical. Una vez mencioné que lo mejor es no
esperar nada de nadie, pero eso no implica asumir que vamos a tener una
existencia anodina y carente de sentido. No hace mucho, un amigo que tiene mi
misma edad me dijo: “No nos queda mucho tiempo”. En varios aspectos, tenía un
estilo de vida muy parecido al mío, hasta que hace poco se puso en pareja, se
fue a vivir con su novia, y tuvo un hijo. Dejó el alcohol y el tabaco, casi no
se lo ve en ningún lugar fuera de su trabajo. Todo lo que estoy enunciando se
produjo muy rápido, como si se tratara de un efecto dominó. No me imaginé nunca
que iba a ser artífice de un cambio semejante, lo podría haber esperado de cualquier persona menos de él. Pero la cuestión es que el tipo entendió que ya
estamos en la cancha para jugar el segundo tiempo, que precede inmediatamente a
la vejez. Por lo tanto, no es descabellado pensar que cuando lleguen los
primeros achaques ya no tendremos la capacidad y las fuerzas para emprender un
despegue a nivel personal. Desde luego, hay mucha gente que se siente
satisfecha con lo que ha logrado, porque tuvo la voluntad de separar esas
conquistas de toda pátina o barniz autoindulgente que nos lleva a chocar contra
el vacío en una ruta desierta.
Los peores
enemigos que nos acechan son la nostalgia y la melancolía, que a menudo van de
la mano. Sabemos que no tiene sentido esa evocación del pasado, pero si no
estamos atravesando por una buena racha, nos refugiamos en esas épocas de
supuesta prosperidad para no caer en el desamparo. El factor clave tiene que
ver con el enfoque que cada uno quiera hacer. Yo sé que hay momentos que no
volverán, en parte porque nadie se baña dos veces en el mismo río, y tampoco me
interesa ser un testigo ocasional de mi propia vida. Más de una vez me he
preguntado si yo desperdicié mi juventud, pero lo único que se me ocurre hacer
es evitar que eso siga ocurriendo, teniendo en cuenta que esos años no
volverán. Sea como fuere, para trazar un análisis equilibrado, es necesario
reflexionar sobre nuestra percepción. Por ejemplo, yo puedo extrañar alguna
etapa del pasado, pero lo más probable es que cuando esos hechos sucedieron, yo
no estaba del todo convencido con eso. Una razón más para que no caer en lo que
se conoce como idealizar o romantizar. El problema de ser tan inconformista es
que siempre vas a ver pasar el tren, pero rara vez vas a tomar la posta de
subirte al vagón y emprender el viaje. Aquellos artistas que pueden crear algo
nuevo a partir de esa insatisfacción, merecen un reconocimiento por haber
apostado a salir de la comodidad.
Es mucho más
fácil quejarse de todo que activarse para dejar de lado ese lamento crónico y
sistemático. Lo que estamos viendo hoy en los principales portales de noticias
no representa algo inédito, por lo tanto, nuestros antepasados ya lo han visto
antes. La vocación imperialista de Estados Unidos no es un fenómeno nuevo.
Habíamos logrado varios avances como sociedad durante la década pasada, pero
parece ser que todo eso ha quedado atrás. Veníamos bien encaminados en el
objetivo de ser más tolerantes e inclusivos, y la verdad es que nunca pensé que
todos estos derechos adquiridos iban a ser puestos en duda por algún Gobierno.
Y no hablo sólo de Milei: Estamos ante un punto de inflexión. El surgimiento de
líderes conservadores a nivel global erosiona una agenda que promovía el
respeto a la diversidad. Entiéndase por esto, minorías sexuales, discapacidad,
el rol de la mujer, y muchos ítems más. En ese sentido, bien podríamos afirmar
que ha habido un retroceso. Flota en el aire la sensación de que estamos “en
offside” ante esta nueva versión de la derecha que ha tomado el poder.
La principal
variable que sostiene la imagen positiva de los libertarios tiene que ver con
cierta estabilidad económica. Pero cualquier persona que recorra las góndolas
de los supermercados podrá advertir que es totalmente falso que la inflación
mensual sea de un 2 %. Para efectuar una comparación se puede tomar un
determinado producto y contrastar su precio en 2024 con su valor actual. De esa
forma no será raro comprobar que la suba supera el 20 %, y en el caso de la
carne, muchísimo más. En poco más de 2 años de gestión mileísta, vemos que el
mayor capital que beneficia al Gobierno es la caída del kirchnerismo. Es una
ideología que ya carece del auge y de la épica de los primeros años de la
década de 2000. Los gobiernos populistas también emprenden la retirada, porque
han quedado obsoletos ante el nuevo orden mundial. Sigo pensando que Milei
puede ser reelecto en 2027, y es muy extraño esbozar esta posibilidad porque
allá por fines de 2023, nadie pensaba seriamente que el Peluca encontraría un
terreno fértil para avanzar en la implementación de su peculiar experimento.
Para finalizar, cada vez que te incentiven a engancharte en una discusión o
polémica que resulta totalmente al pedo, recordá esta frase: “No nos queda
mucho tiempo”. Y menos aún para gastar saliva en imbéciles. Nos estamos viendo
pronto. Punto final.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario