9 de marzo de 2026

La saturación de la información, el nuevo mal que surge de la posmodernidad

Hacía tiempo que no escribía nada nuevo en este espacio. Pero siempre es un momento propicio para el reencuentro. El fin de semana tuve que hacer algunas notas, y la verdad es que me vino muy bien porque no me siento a gusto con el ocio, prefiero mantenerme ocupado con todo lo relacionado con mi trabajo, hoy por hoy no me imagino haciendo otra cosa, aunque dejo la puerta abierta para cualquier emprendimiento que me permita sumar ingresos.

Estoy intentando salir de la abulia, que a su vez me provoca un bloqueo creativo. En realidad no sé si es el nombre adecuado, pero yo lo defino así. Obviamente, yo me doy cuenta de que eso está ocurriendo porque me cuesta más que surja una idea, pero quizás haya otros factores que influyen y que no estoy teniendo en cuenta. Son etapas, por supuesto: Hace unos días hablaba con gente conocida que me comentaba que había arrancado el mes con muy pocas pilas, lo cual sin duda repercute en diversos aspectos de la vida cotidiana. Para mí, el hecho de escribir representa una de las pocas actividades en las que he mantenido una constancia pese a ese pronóstico desalentador. Si cada uno fuera a realizar solamente aquello que le complace, estaríamos ante un enfoque que sólo privilegia un placer efímero y a corto plazo. Todos sabemos que para obtener los resultados que esperamos, es necesario activarse, aunque no sepamos con certeza cómo lograrlo. Lo cierto es que siempre tuve como objetivo consolidarme en mi profesión, es algo que no ha variado en los últimos años. Mirando viejos textos que tengo guardados en la computadora, por momentos creo que antes escribía mejor, pero no puedo precisar qué es lo que ha cambiado como para arribar a esa conclusión.
 
Los que abrazamos el periodismo desde que éramos adolescentes nos encontramos ante un contexto muy distinto al de nuestros comienzos. Antes escribíamos crónicas que iban dirigidas a una publicación con soporte papel. En cambio, lo que vemos hoy está dominado por el auge de las redes sociales y la necesidad de implementar una síntesis en el desarrollo de la noticia. El tiempo que el común de la gente dedica a la lectura ha ido decreciendo, por lo cual la atención de los lectores es muy volátil, se desvanece rápidamente. Todo ello hace que se vuelva imperioso apelar a diversos recursos que faciliten el acceso y la llegada de la información, y el mayor problema radica en que es muy difícil saber quién te está leyendo. No es lo mismo una persona de más de 50 años que un adolescente de 18. Supongo que una transformación parecida habrá ocurrido con la irrupción masiva de la televisión en los hogares. Cuando voy a tomar un café, el contacto con el diario en papel significa una experiencia diferente a lo que era hace unos años. Los redactores actuales priorizan otro abordaje, porque un diario impreso pierde terreno ante la inmediatez que hoy brindan otros medios de prensa. Por ejemplo, si en las primeras horas de la mañana ocurrió algún hecho que conmociona a la sociedad, el periódico no lo reflejará sino hasta el día siguiente, con lo cual el lector se informará antes por los portales de Internet o bien por otros canales más tradicionales como la radio o la televisión. De todas maneras, lo cierto es que los que venimos del palo de la gráfica hoy debemos apelar a nuevas estrategias que nos conduzcan a consolidar una audiencia. La brevedad se impone como un requisito insoslayable para acceder a un público más amplio. Y muchas veces, ese afán por sintetizar el contenido termina yendo en desmedro de lo que pretendemos expresar. Pese a todo, mi impresión es que Lobos sigue siendo una ciudad donde la lectura ocupa un rol destacado. No es casualidad que haya tantos buenos escritores, y que siga consolidándose la aspiración a publicar un libro. Desde luego, escribir un libro no es una empresa imposible si se dispone del dinero para hacerlo, pero aun así, el objetivo es que ese ejemplar sea leído, que obtenga una repercusión en diversos ámbitos, y en ese sentido yo no sé si los lobenses le damos bola a los nuevos autores. Yo escribo desde muy chico, pero mucho de ese material me resulta obsoleto, no refleja quién soy hoy, y la única posibilidad de conservar esos textos es desarrollar un relato de ficción. Espero que se alineen los planetas y que la creatividad vuelva a florecer, no me caben dudas de que es una etapa transitoria, pero siempre es bueno ser consciente de lo que nos pasa. Más de una vez nos embarga la sensación de que permanecemos estáticos, sin poder avanzar en una dirección concreta, y necesitamos que alguien nos oriente para recuperar la senda que hemos perdido. El problema es que, si no nos damos esa oportunidad, vamos a continuar encerrados en nuestros pensamientos que no aportan claridad, sino más confusión. Hoy más que nunca, vivimos confundidos, pero no por una falta de información, sino por una saturación de ella. Esos son los riesgos de absorber todo lo que viene de afuera como si fuéramos una esponja. No queda otra opción que aprender a elegir. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

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