La semana arrancó
con una jornada extremadamente húmeda y calurosa. Si no me falla la memoria,
podría afirmar que el lunes 16 fue el día más agobiante de marzo. Y hoy,
martes, nos tocó atravesar un temporal de lluvia y viento (hubo más viento que
lluvia), que provocó destrozos en toda la ciudad. En fin, hay que seguir
adelante mientras se pueda. A corto plazo, seguiré apostando a recobrar el impulso para
continuar lo que venía haciendo, sobre todo porque es un laburo de mucha
competencia.
Cuando comenzó el
año, la mayoría de nosotros tuvo sus esperanzas puestas en el nuevo ciclo, lo
cual incluye determinadas metas para cumplir en el lapso de 12 meses. Pero creo
que es normal darnos cuenta de que esas expectativas se ven superadas por un contexto
que no ayuda a concretar nuestros deseos. Más allá de que desconozco los motivos,
lo bueno es que puedo identificar lo que me pasa. En tal sentido, soy plenamente
consciente de que aún me falta para rendir al 100 %. Mi trabajo me brinda la
posibilidad de ampliar el espectro, y la verdad es que a lo largo de los años
no me quedó otra que irme adaptando a las nuevas tecnologías. Cuando empecé con
esto, apenas existían las redes sociales. Sin embargo, hoy mucha gente se
informa por esa vía, de manera que no es algo que se pueda relegar a un segundo
plano. Lo positivo es que, si hasta ahora me fui aggiornando, no hay razones
para suponer que no pueda hacerlo en el futuro.
Por lo general,
cuando escribo una nota, trato de volcar toda la información que tenga a
disposición, pero la realidad es que hay datos superfluos que no hacen al
meollo de la cuestión. Cuando cubrís un acto protocolar, que incluye dos o tres
discursos, lo que se dijo no le interesa a nadie, ni siquiera a las propias personas que
participaron. Teniendo en cuenta esas variables, mi idea es poder incorporar
otra actividad que me permita afrontar mis gastos corrientes. Todo suma, y
pienso que sería una buena alternativa para llegar más holgado a fin de mes. A esta altura,
nada de lo que yo hago es gratis: Quizás en alguna situación puntual pueda
hacerle un favor a alguien, pero no es la idea, porque esa etapa de laburar Ad
Honorem ya forma parte del pasado. Hace unos días, una persona conocida, que se
dedica a las artes plásticas, me decía que al principio le costaba ponerle un
precio a sus trabajos. Bueno, a todos nos ha pasado, yo cobro lo que considero
suficiente, no me interesa compararme con los demás. Si hay un cliente que me viene acompañado desde hace mucho tiempo, se puede ser más contemplativo por
ese caso, pero si se trata de un comerciante o profesional que solamente va a
pautar por un mes, lo más atinado es poner un valor acorde a lo que significa
una campaña publicitaria breve, que en la mayoría de los casos incluye la
difusión por las redes. No hay que “regalarse”: No suelo utilizar esa palabra
porque tiene un tinte peyorativo, pero lo concreto es que cuando vos establecés
una tarifa mensual, esa plata se licúa rápidamente en cualquier compra que
hagas en el súper o en el almacén. La guita no rinde nada, esa es la verdad de
la milanesa. Podrán decirme que no hay inflación, pero lo que yo veo en las
góndolas dice otra cosa. Básicamente, me
doy cuenta porque veo que un mismo producto ha aumentado dos o tres veces en
cuestión de meses. Yo no tengo auto, por lo cual no estoy muy pendiente del
precio de los combustibles, pero lo cierto es que esas subas impactan en todos
los rubros de la economía. En el transporte, en los fletes, en los servicios…
Con la red ferroviaria desmantelada, los camiones son el principal medio de
transporte de mercadería entre el mayorista y los canales de venta de los
consumidores.
Cuando a veces
encontrás por Mercado Libre un producto barato, hay que sumarle los gastos de
envío, que también están relacionados con el precio del combustible, y que en determinados casos representan un 50 % más de lo que vale ese
artículo. Pero ese es otro tema. Creo que el e-commerce se vio ampliamente
potenciado en la Argentina durante la pandemia, como tantos otros hábitos que
fuimos adoptando en esa coyuntura y que llegaron para quedarse. La situación
sanitaria tuvo un impacto demoledor, que nos llevaría mucho tiempo analizar en
su totalidad. Los que zafamos del Covid, no quedamos muy bien de la cabeza, de
eso no hay dudas. Cuando las restricciones comenzaron a levantarse, allá por
2022, ya habíamos vivido dos años muy difíciles, y mi mayor temor es que no
hayamos aprendido nada de lo que nos dejó el distanciamiento. Me refiero a que, si no entendemos
que somos seres sociales, no vamos a ir a ningún lado priorizando un enfoque
individualista. Dicho de otro modo, nadie se salva solo. Es sólo una frase,
simple y directa, pero que encierra la certeza de que necesitamos crear un
entorno sano, que nos apoye en nuestros proyectos, que nos banque en los
momentos difíciles, y no hay dinero que pueda comprar esos vínculos. Pero
volvamos a 2026: Todavía conservo intactas las ilusiones y los sueños que
expresé en los primeros días del año, sé que todo lo que pueda hacer o lograr
depende en buena parte de mí, y no puedo excusarme de esa responsabilidad, en
principio porque cada uno debe hacerse cargo de su propia vida. No estamos en
un contexto fácil, todo lo contrario: Es más complicado de lo que imaginamos.
Pero probablemente sea así desde hace varios años, lo que sucede es que nos
hemos dejado llevar por una percepción equivocada. Los titulares de los
diarios, los programas de los canales de noticias, tienen una desconexión
alarmante con las necesidades de la gente. Fábricas que cierran, empleados en
la calle, jóvenes sin futuro, jubilados en la miseria, especuladores que hacen
sus negocios con las criptomonedas. Ningún país se construye sin el aporte de
la industria. El ingreso indiscriminado de cualquier porquería importada de
China va a traer consecuencias que quizás nuestros hijos o nietos van a padecer
a carne propia con la falta de oportunidades para acceder a un empleo calificado.
Para mí, no fue fácil arrancar como monotributista, pero creo que la mejor
opción que pude encontrar fue dejar de laburar en relación de dependencia y emprender
mi propio proyecto. Por supuesto, puede que cambie de opinión, lo único que espero
es no equivocarme cuando deba tomar una decisión de esa naturaleza. Nos estamos
viendo pronto. Punto final.
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