17 de marzo de 2026

Que no decaiga : No culpes a la lluvia

 

La semana arrancó con una jornada extremadamente húmeda y calurosa. Si no me falla la memoria, podría afirmar que el lunes 16 fue el día más agobiante de marzo. Y hoy, martes, nos tocó atravesar un temporal de lluvia y viento (hubo más viento que lluvia), que provocó destrozos en toda la ciudad. En fin, hay que seguir adelante mientras se pueda. A corto plazo, seguiré apostando a recobrar el impulso para continuar lo que venía haciendo, sobre todo porque es un laburo de mucha competencia.

 

Cuando comenzó el año, la mayoría de nosotros tuvo sus esperanzas puestas en el nuevo ciclo, lo cual incluye determinadas metas para cumplir en el lapso de 12 meses. Pero creo que es normal darnos cuenta de que esas expectativas se ven superadas por un contexto que no ayuda a concretar nuestros deseos. Más allá de que desconozco los motivos, lo bueno es que puedo identificar lo que me pasa. En tal sentido, soy plenamente consciente de que aún me falta para rendir al 100 %. Mi trabajo me brinda la posibilidad de ampliar el espectro, y la verdad es que a lo largo de los años no me quedó otra que irme adaptando a las nuevas tecnologías. Cuando empecé con esto, apenas existían las redes sociales. Sin embargo, hoy mucha gente se informa por esa vía, de manera que no es algo que se pueda relegar a un segundo plano. Lo positivo es que, si hasta ahora me fui aggiornando, no hay razones para suponer que no pueda hacerlo en el futuro.

 

Por lo general, cuando escribo una nota, trato de volcar toda la información que tenga a disposición, pero la realidad es que hay datos superfluos que no hacen al meollo de la cuestión. Cuando cubrís un acto protocolar, que incluye dos o tres discursos, lo que se dijo no le interesa a nadie, ni siquiera a las propias personas que participaron. Teniendo en cuenta esas variables, mi idea es poder incorporar otra actividad que me permita afrontar mis gastos corrientes. Todo suma, y pienso que sería una buena alternativa para llegar más holgado a fin de mes. A esta altura, nada de lo que yo hago es gratis: Quizás en alguna situación puntual pueda hacerle un favor a alguien, pero no es la idea, porque esa etapa de laburar Ad Honorem ya forma parte del pasado. Hace unos días, una persona conocida, que se dedica a las artes plásticas, me decía que al principio le costaba ponerle un precio a sus trabajos. Bueno, a todos nos ha pasado, yo cobro lo que considero suficiente, no me interesa compararme con los demás. Si hay un cliente que me viene acompañado desde hace mucho tiempo, se puede ser más contemplativo por ese caso, pero si se trata de un comerciante o profesional que solamente va a pautar por un mes, lo más atinado es poner un valor acorde a lo que significa una campaña publicitaria breve, que en la mayoría de los casos incluye la difusión por las redes. No hay que “regalarse”: No suelo utilizar esa palabra porque tiene un tinte peyorativo, pero lo concreto es que cuando vos establecés una tarifa mensual, esa plata se licúa rápidamente en cualquier compra que hagas en el súper o en el almacén. La guita no rinde nada, esa es la verdad de la milanesa. Podrán decirme que no hay inflación, pero lo que yo veo en las góndolas dice otra cosa.  Básicamente, me doy cuenta porque veo que un mismo producto ha aumentado dos o tres veces en cuestión de meses. Yo no tengo auto, por lo cual no estoy muy pendiente del precio de los combustibles, pero lo cierto es que esas subas impactan en todos los rubros de la economía. En el transporte, en los fletes, en los servicios… Con la red ferroviaria desmantelada, los camiones son el principal medio de transporte de mercadería entre el mayorista y los canales de venta de los consumidores.

 

Cuando a veces encontrás por Mercado Libre un producto barato, hay que sumarle los gastos de envío, que también están relacionados con el precio del combustible, y que en determinados casos representan un 50 % más de lo que vale ese artículo. Pero ese es otro tema. Creo que el e-commerce se vio ampliamente potenciado en la Argentina durante la pandemia, como tantos otros hábitos que fuimos adoptando en esa coyuntura y que llegaron para quedarse. La situación sanitaria tuvo un impacto demoledor, que nos llevaría mucho tiempo analizar en su totalidad. Los que zafamos del Covid, no quedamos muy bien de la cabeza, de eso no hay dudas. Cuando las restricciones comenzaron a levantarse, allá por 2022, ya habíamos vivido dos años muy difíciles, y mi mayor temor es que no hayamos aprendido nada de lo que nos dejó el distanciamiento. Me refiero a que, si no entendemos que somos seres sociales, no vamos a ir a ningún lado priorizando un enfoque individualista. Dicho de otro modo, nadie se salva solo. Es sólo una frase, simple y directa, pero que encierra la certeza de que necesitamos crear un entorno sano, que nos apoye en nuestros proyectos, que nos banque en los momentos difíciles, y no hay dinero que pueda comprar esos vínculos. Pero volvamos a 2026: Todavía conservo intactas las ilusiones y los sueños que expresé en los primeros días del año, sé que todo lo que pueda hacer o lograr depende en buena parte de mí, y no puedo excusarme de esa responsabilidad, en principio porque cada uno debe hacerse cargo de su propia vida. No estamos en un contexto fácil, todo lo contrario: Es más complicado de lo que imaginamos. Pero probablemente sea así desde hace varios años, lo que sucede es que nos hemos dejado llevar por una percepción equivocada. Los titulares de los diarios, los programas de los canales de noticias, tienen una desconexión alarmante con las necesidades de la gente. Fábricas que cierran, empleados en la calle, jóvenes sin futuro, jubilados en la miseria, especuladores que hacen sus negocios con las criptomonedas. Ningún país se construye sin el aporte de la industria. El ingreso indiscriminado de cualquier porquería importada de China va a traer consecuencias que quizás nuestros hijos o nietos van a padecer a carne propia con la falta de oportunidades para acceder a un empleo calificado. Para mí, no fue fácil arrancar como monotributista, pero creo que la mejor opción que pude encontrar fue dejar de laburar en relación de dependencia y emprender mi propio proyecto. Por supuesto, puede que cambie de opinión, lo único que espero es no equivocarme cuando deba tomar una decisión de esa naturaleza. Nos estamos viendo pronto. Punto final.   

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