29 de diciembre de 2018

Los ciclos de la vida moderna nos enferman

Cada vez que se acerca un nuevo ciclo, nos genera renovadas expectativas, que muchas veces no están basadas en posibilidades reales sino en nuestros deseos y aspiraciones. Sea como fuere, es inevitable que eso no suceda. Si transitamos por momentos duros este año, sobre todo en el plano personal, es obvio que pondremos todas nuestras fichas en lo que vendrá. No obstante, si hurgamos en todo este capítulo próximo a concluir, seguramente encontraremos cosas buenas, como si buscáramos perlas en el mar. Hay que armarse de paciencia y generar anticuerpos porque nada nos llegará servido, ni ahora ni en los años que nos restan por vivir. La sabiduría de envejecer nos hace evita ser víctima fácil de chantas, estafadores y charlatanes (que abundan por doquier). Yo no espero nada de los políticos, en rigor de verdad ni quiero pensar qué escenario económico encontraremos en 2019. Si lo supiera, ya habría invertido mis magros fondos en algo rentable. En mis ratos de ocio, escribo porque me da placer, me obliga a concentrarme en algo que me satisface y me saca de la fiaca y la pereza. Más aún en las largas tardes de verano con el sol a pleno. 

La clave está en la percepción que nosotros tenemos del tiempo, y como reza la frase popular, evitar que sea nuestro "tirano". No todos trabajamos o emprendemos un proyecto al mismo ritmo, tampoco sería saludable que así fuese. Hay quien prefiere desensillar hasta que aclare, y está el otro que se arriesga a todo, "se tira a la pileta". Sin embargo, actuar en base a impulsos nunca es bueno, y si la ansiedad nos carcome, puede ser que nos pase. Casi todos hemos tomado decisiones apresuradas, pero la prisa en hacerlo la dictaminamos nosotros mismos. Eso es lo más irónico del caso. Tenemos el control sobre nuestros actos...hasta cierto punto. 

Y mientras tanto, hay gente que tiene la mente suficientemente despejada y clara como para darse cuenta que, ante todo, debemos aprender a vivir. Punto final. 

2018: compartimos un viaje juntos

Sábado lluvioso. Luego de varios días que por distintos motivos no pude escribir nada nuevo, retomo el contacto con ustedes. Toda esta semana de calor agobiante me impidió descansar y dormir las horas necesarias, además de que no quería salir a la calle a horas tempranas cuando el termómetro empezaba a apretar. Excepto, claro está, que tuviera que hacerlo por trabajo. Estamos entrando en la meseta, en el lento declive de 2018, un año que no será seguramente el mejor recordado. Para ser honesto, dejando de lado los logros personales de cada uno, no veo que este año haya traído consigo una mejor calidad de vida para la sociedad. Y no siempre es útil hacer una reseña de todo lo que sucedió en estos 12 meses, porque la memoria suele traicionarnos y hace foco en determinados episodios en detrimento de otros. Pienso que es más saludable tener la capacidad de adaptarnos a esta realidad, profundamente injusta y por ende desigual. Podemos respirar con cierta tranquilidad si pensamos que no se han producido disturbios o saqueos, no obstante ello se debe en buena medida a que el Gobierno otorgó los famosos "bonos de fin de año" y aumentos por única vez en las asignaciones, para apagar un poco el desencanto popular. Como suele suceder, hay un grupo de privilegiados que se han visto beneficiados con la bicicleta financiera, basándonse en la especulación con el dólar, los plazos fijos, las Lebacs, y todo ese manojo de "inversiones" para hacer plata aprovechando los desaciertos del gobierno. 

Como mencionaba en otro post, cuando miro el camino recorrido, veo que hay cosas que invariablemente se repiten. Es probable que me arrepienta de muchas decisiones, pero en su momento consideré que eran las correctas. Y tener que decidir bajo presión nunca es grato, ni fácil, ni gratis. Pagás el costo de lo que elegiste, tenías dos o tres opciones y elegiste una, a veces la jugada sale bien, y a veces te toca perder. No hay cartas marcadas.

 Quizás nos cuesta un poco salir de nuestros usos y costumbres, como así también el hecho de tener que resignar muchas cosas porque no nos da el presupuesto para hacerlo. Cuando vos estás en una posición que te permite gastar en salir un fin de semana a algún lugar, es normal que tener que dejar de hacerlo por falta de plata te va a hinchar las pelotas. O ser más selectivo con las compras del supermercado, ya no se puede tirar cualquier cosa al changuito, porque llegás a la caja y te podés llevar una desagradable sorpresa. Todo esto indica que estamos atravesando una recesión: al no haber guita en la calle, no hay consumo. 

Por supuesto que esta situación no es nueva, la hemos atravesado varias veces en los últimos 15 años, pero lo que yo sostengo es que los subsidios al transporte y a los servicios públicos se deben mantener, para aliviar el bolsillo del común de la gente, que no soporta más el hecho de trabajar para pagar facturas. Sobran ejemplos de países desarrollados que subsidian las tarifas, por lo tanto está lejos de ser una medida populista o demagógica. Punto final.

22 de diciembre de 2018

¿Podemos festejar en las "Fiestas"?

Este fue un sábado de mucho movimiento y actividad en Lobos, lo cual estuvo impulsado indudablemente por la proximidad de las Fiestas. Un alivio para los comercios y locales de distinta índole que pasaron buena parte del año vendiendo poco y nada. Por primera vez en varios meses, vi una cola considerable en la caja de un supermercado para comprar comestibles. Y cada vez se paga más con tarjeta, porque el efectivo no abunda, entonces la gente busca la manera de ir tirando mientras se pueda, aprovechando además los descuentos que ofrecen algunos bancos. 

La crisis nos ha obligado a modificar nuestros hábitos de consumo, lo que gastamos en esparcimiento, y en distintos rubros. Pero hemos aprendido a no realizar comprar compulsivas, a ir preguntando precios para así no tener que pagar de más por un mismo producto. Los medios ya empiezan a hablar del "riesgo país", igual que en 2001. Y si bien no hay punto de comparación, esto genera una psicosis colectiva. Todos los indicadores económicos cerrarán en baja, porque al no haber plata en el bolsillo, no hay forma de que se reactive el consumo. Con tasas de interés altísimas, hoy rinde más poner la guita en un plazo fijo que usar ese dinero para otros fines. Además, se encarece el acceso al crédito. ¿Quién está dispuesto a sacar un préstamo a una tasa de casi el 60 %? Todo lo que es electrónica, tuvo un retroceso del 40 %. Vale decir, lo que no es considerado prioritario, no merece la pena comprarlo. A veces me doy el gusto de tomar un café, porque sé que no me voy a poder ir de vacaciones y que por lo menos permanezco un rato en un bar fuera de mi casa y haciendo una pausa del trabajo. 

Lo que más pido, precisamente, es que siga teniendo trabajo el año que viene, que mis ingresos no se vean resentidos, porque yo tampoco vivo del aire y tengo gastos fijos como todo el mundo. Ya estoy en una edad en la cual debería pensar en ahorrar, pero en el contexto actual no lo veo viable, sólo espero que la plata me alcance para comprar lo que necesite: ropa, artículos de limpieza, higiene, y por supuesto, la comida. Es duro cuando uno estaba acostumbrado a un estilo de vida y tiene que renunciar a ello. Ojo, nunca nadé en la abundancia ni mucho menos, pero tuve épocas de mayor prosperidad. Pero quiero finalizar esta nota por donde empecé. Hoy salí por la mañana y por la tarde, y vi mucha gente en la calle, inclusive amigos y conocidos que hacía tiempo no nos cruzábamos. Y aunque sea una sidra o un pan dulce, algo vas a comprar. Esto también me hace reflexionar en que las "fiestas" no son las de 20 años atrás, si hay que hacer un regalo se busca que sea de buen gusto pero que no se descosa el bolsillo. Es un buen momento para dejar de pensar en Papá Noel, y transcurrir en paz la víspera de Navidad, despojado de toda connotación religiosa, comiendo lo que haya, sin vanidad, y procurando que la gente que nos rodea sea aquella cercana a nuestros afectos. Punto final.

18 de diciembre de 2018

Un proyecto de país tirado a la basura

Vamos transitando la mitad de semana, quemando los últimos cartuchos del año, y todo parece indicar que lo que resta de diciembre estará marcado por una constante de todo este ciclo: bolsillos flacos. Ya tenemos la índice de inflación más alto desde 1991, y está proyectado que para fin de año alcance el 46 % (siendo optimistas). Por otra parte, el dólar sigue en alza, en un contexto de profunda incertidumbre para ahorristas e inversores que evidentemente no encuentran en la coyuntura nada previsible o confiable. La volatilidad económica se llevó puesto el cierre de 25 grandes industrias en la Provincia, miles de puestos de trabajo, una retracción del consumo, y la falta de oportunidades para muchos jóvenes que aún no logran insertarse en el mercado laboral. En las redes sociales abundan las publicaciones de gente que se ofrece para cortar el pasto, cuidar niños o ancianos, o prestar distintos servicios. Ante la falta de respuesta del Estado, es comprensible que se busquen canales alternativos para llegar a quien pueda brindarte una changa o un trabajo transitorio.

En 2002, aquel año de abismo político, institucional y social, la inflación fue de 40,6 %. Haber superarado aquella marca resulta una obscenidad, un despropósito, y seguimos escuchando discursos mesiánicos de la "ola amarilla" diciendo que 2019 será mejor. Lo mismo dijeron en los tres años anteriores, y hay frases memorables, como aquella del "segundo semestre", que uno prefiere olvidar porque nos da vergüenza ajena. Me gustaría trazar un panorama más alentador, pero la rotunda evidencia de los hechos no me lo permite. O este Gobierno se decide a dar un golpe de timón (cosa que dudo se concrete), o de lo contrario no les será tarea sencilla conseguir la tan declamada reelección de Mauricio. Se va a presentar un escenario similar al de 2003: Macri competirá, casi seguramente, con CFK, y hasta existe la posibilidad de que pierda. Lo podrá salvar el balotaje si el rechazo a la ex Presidenta aún se mantiene en determinado sector del electorado. Es la ambición desmedida de poder, porque si se presentara Vidal como candidata a Presidente ganaría sin sobresaltos. Claro esta que, para que no haya mar de fondo, la Gobernadora se apresuró a declarar que no está dentro de sus aspiraciones. Mientras tanto, el PJ tradicional (es decir, todo lo que está fuera de Unidad Ciudadana), sigue sin brújula. A menos que consigan un candidato que mida bien en la sociedad, la suerte está echada. Punto final.

16 de diciembre de 2018

Escapar de la grieta, y buscar objetivos comunes

A veces pienso, con desazón, que no vamos a terminar nunca con la famosa "grieta". Nos comportamos de un modo irracional cuando queremos defender nuestras ideas o posiciones. Por eso es que la gente, de tanto putearse por las redes sociales, se distancia, cuando en realidad si se sentaran a hablar descubrirían que tienen mucho más en común de lo que suponen. La grieta no es sólo política: es el fútbol, la violencia y la barbarie que hace que se tenga que jugar un partido en Europa porque acá no está garantizada la seguridad. Es la falta de respeto a los viejos, que no por nada tienen más experiencia y años que nosotros. Es la fantasía que creernos el centro del mundo porque fuimos sede del  G-20. Y podría seguir enumerando, pero lo peor es que hay complicidad de muchos sectores para que estas divisiones prosperen.

La sociedad en la que yo crecí fue cambiando, en distintos aspectos. Por un lado, se logró una mayor apertura para hablar públicamente de temas sensibles. Pero lo que yo veo es que siguen los enfrentamientos estériles, entre personas que quizás tengan más cosas en común de lo que ellos creen. 

Para escapar de la tan mentada grieta, hay que evitar polemizar por boludeces, y pensar en aquellas cosas que no pueden estar ajenas a cualquier ciudadano, porque son  derechos adquiridos: salud, educación, trabajo. En un país con 16 millones de pobres, ya es casi un chiste de mal gusto hablar de "pobreza cero". El trabajo registrado, "en blanco", parece ser un lujo para un reducido grupo de compatriotas que hasta deben agradecer el hecho de tener un empleo. Esto significa que estamos lejos de alcanzar una calidad de vida que nos asegure un futuro para nosotros y nuestros hijos. Seguramente, como el año que viene habrá elecciones, escucharemos las mismas promesas de campaña de los últimos 30 años. Y si hay un balotaje tendremos que votar al "menos peor", en el caso que no nos sintamos representados por los dos candidatos que se disputan el favor del electorado. Y está demostrado que el "voto castigo" tampoco sirve, es decir, votar a quien está en las antípodas del que actualmente gobierna. Un planteo utópico: Ojalá los meses sucesivos nos permitan alcanzar objetivos comunes y unirnos ante causas que atraviesan lo político y están ligadas a derechos y conquistas sociales universales. Punto final. 

15 de diciembre de 2018

Matar al mensajero: 7 razones

Sábado por la noche en la ciudad. Hoy fue la última jornada de filmación de una película en Lobos, publiqué la noticia en mi diario digital, y resultó la más leída del día, superando las 800 visitas. Lamentablemente, creo que seguimos con el mismo vicio de "matar al mensajero", porque yo estuve en el lugar y como corresponde, escribí lo que vi. Tengo 15 años dedicándome a esto y me parece que es muy berreta que cualquiera se sienta en el derecho de hacer comentarios negativos a tu laburo sin fundamento. No fue así en todos los casos, debo reconocer.  Concretamente, yo sostuve lo siguiente: 

1) La única gran obra cinematográfica filmada en Lobos fue "Juan Moreira", en 1973, con la actuación de Rodolfo Bebán, dirigida por Leonardo Favio. Fue todo un acontecimiento para la ciudad, y no hubo mayores reparos para presenciar el rodaje, como testimonan las crónicas de la época. 
2) La productora que vino hoy, no trajo ningún beneficio concreto para Lobos, porque no gastaron un centavo acá, y es falso que incentive al turismo. Caso contrario, pregúntenle a la gente de Navarro si la filmación de "El ciudadano ilustre", les trajo consigo más turistas. 
3) En 1983, se filmó en el Municipio de Capitán Sarmiento, la versión cinematográfica de "No habrá más penas ni olvido", basada en la novela homónima de Osvaldo Soriano. 25 años después, me contó Víctor Laplace que respondiendo a un pedido de las autoridades municipales, los principales actores de aquel filme concurrieron para conmemorar ese hecho y dialogar con los vecinos. Un gesto que dudo que se repita con Darín & compañía en nuestra ciudad. 
4) Si vos en Lobos querés cortar una calle y pedís permiso al Municipio, dudo que te autoricen tan rápido como lo hicieron con la productora en cuestión, que concluyó su labor en la mañana de hoy. 
5) En 1993, se grabaron en nuestra ciudad varios programas de TV de Canal 13. Entre ellos, la serie "Zona de riesgo", con Rodolfo Ranni y Gerardo Romano. Yo estuve como extra. Fue frente al Palacio Municipal, y como se pretendía recrear la escena de un banco en quiebra, el balcón del edificio fue adaptado para tal fin. Todavía conservo el autógrafo de Ranni y tengo en un cassette de video ese capítulo, donde aparezco fugazmente, no más de dos o tres segundos. 
6) También en 1993, se filmaron en Lobos sketches del programa "Peor es Nada", recordado ciclo de Jorge Guinzburg y Horacio Fontova. Este último estuvo de muy buen semblante durante toda la grabación y aceptó dialogar o fotografiarse con la prensa. 
7) Para concluir, antes frases tales como "es lindo para el pueblo", "es un orgullo para Lobos", y cosas por el estilo, no todos pensamos igual, para ello vivimos en democracia y en ese marco podemos disentir. Deberíamos tener motivos más sólidos para sentirnos orgullosos. No estoy diciendo que haya sido "lindo" o no, sólo considero que no aportó nada más allá del revuelo que provocó en la rutina pueblerina. Punto final.

14 de diciembre de 2018

El paso del tiempo pone a las cosas en su lugar

Madrugada de viernes en Lobos. El diluvio del día anterior ha cesado luego de una tormenta feroz, con marcado descenso de la temperatura y mucho viento. Uno de los temas que más he abordado en este blog es el del paso del tiempo. Quizás se deba a mi incapacidad para comprenderlo o aceptarlo. No es el mero hecho de envejecer, sino ver que todo es más efímero y fugaz que antes. La televisión dominó los hogares del mundo durante casi 50 años, y recién ahora enfrenta una competencia seria con la computadora y los celulares smart. De ahora en más, será muy difícil pronosticar que un artefacto doméstico pueda reiventarse durante medio siglo sin volverse obsoleto. Hace unos días, observaba a unos adolescentes en la esquina de la Plaza 1810, escuchando reggeatón con esos parlantes que son furor, donde podés sincronizar la música de tu celu por Bluetooth o bien insertar un pendrive. Vale decir, que el modo de consumir música cambió radicalmente, quizás tengan algún CD que es de sus padres, pero ni deben saber cómo funciona y cómo se usaba. Y ni hablar de los LP y los cassettes, que ya son formatos casi de museo. Yo los veía y pensaba en 1994, por citar un año al azar, y cómo yo tenía que ahorrar guita para escuchar la música que quería. En parte, porque todavía existían las disquerías y el concepto de "comprar" una obra musical. Con el acceso masivo a Internet, se ampliaron las posibilidades para descargar discos o películas con un "clic" de distancia, y con una calidad de imagen y sonido similar a la que los más viejos supimos conseguir teniendo que pagar por ello. 

Pero, volviendo al tiempo en sí mismo, me pasa que me miro al espejo y siento que mis rasgos van cambiando, que mi cabello se vuelve gris, que me aparecen manchas en la cara, los dientes ya no lucen tan blancos como antes... en fin, un estropicio, digamos. Sumado ello a mi sobrepreso, podrán imaginarse que estoy lejos de ser un objeto de deseo. Cuando ves a tus seres queridos envejecer, parece que fueran ellos los únicos que van siendo atravesados por las agujas del reloj. Pero el tiempo pasa para vos también, del mismo modo que las oportunidades que no tuviste el olfato para aprovechar. En líneas generales, creo que la vida siempre da revancha, y que todo lo vinculado a los afectos y a las relaciones interpersonales nunca se pierde del todo, siempre que haya voluntad de los actores involucrados en retomar el contacto. Por eso, creo que las oportunidades tan mentadas se repiten, pero camufladas de otra manera. Nunca se bebe dos veces del mismo río, pero eso sucede también porque cambiaste tu forma de pensar. Sin darte cuenta, jugaste a ser otro, pero con el mismo nombre. Punto final.

11 de diciembre de 2018

Construir tu propia historia

Martes lluvioso en la ciudad. Volvieron los cortes de luz. Y no sólo aquellos que se prolongan varias horas, sino también los otros, que duran apenas segundos, donde ni siquiera atinás a desenchufar los artefactos de tu casa. EDEN venía "portándose bien" en materia de prestación de servicio, con obras que habían mejorado la calidad de la energía en sus áreas de concesión. Pero en los últimos días, cualquier tormenta de mediana intensidad resultó la excusa perfecta para que la distribuidora cortara la luz, sin previo aviso. Es decir, no fueron cortes programados. El domingo, en las horas previas al tan mentado partido River-Boca en Madrid, la ciudad fue un desierto, la mayoría estaba pendiente de ese evento deportivo, hasta que los televisores se apagaron súbitamente y la bronca iba "in crescendo". Finalmente, casi sobre la hora del comienzo del match, volvió el suministro, cuando varios ya habían optado por ir a los bares donde tenían grupo electrógeno y por lo tanto, la televisación del "superclásico" estaba asegurada. 

A veces puede provocar un poco de tedio escribir sobre lo cotidiano, pero es una manera de poner en palabras aquello que nos va pasando. Porque la vida se construye como si estuvieras pegando ladrillos, uno sobre otro. Esos "ladrillos", constituyen el devenir de los días. La mente de ser humano permite imaginar, conjeturar, predecir, crear... siempre pensé que el hecho de jugar con la ficción a través de un relato, o plasmarlo en otro modo como la tele o el cine, es una expresión artística que nos salva de la mediocridad. Porque se construye una historia en base a personajes y sucesos que son verosímiles, pero no reales. Nunca existieron. Concebir un mundo paralelo, dotar a ese "no-lugar" de personajes y de una serie de hechos que los tienen como protagonistas, implica un esfuerzo intelectual que en algunos casos trae consigo resultados más logrados que en otro. Pero para el lector, esa burbuja atemporal que es la literatura, existe desde el primer momento en que se compenetra con ese cuento o novela. Punto final. 

6 de diciembre de 2018

Reacomodando el tablero para comenzar 2019 con todo

Hay días frenéticos, y otros que transcurren con una lentitud casi criminal. Diciembre tiene esa característica, todo el mundo se aboca a sus cosas y para el periodismo representa un desafío importante brindar notas de interés que excedan lo meramente policial, o las salidas de Bomberos. Es probable que cuando el calor empiece a apretar tengamos incendios de pastizales en la zona rural, donde hay grandes extensiones de campo. Pero también es necesario plantearse un receso, una pausa, que no se trata de vacacionar o no, sino de ver cómo tenemos las cartas necesarias para barajar y dar de nuevo. Prepararnos mentalmente para un nuevo ciclo. Buscar motivación y estímulo en base a lo que se ha alcanzado y lo que resta por concretar. Sumar clientes para hacer que el emprendimiento resulte rentable. Porque es mucho el dinero y el esfuerzo que se invierte, razón por la cual uno busca una compensación. Es grato que la gente muestre conformidad con el producto que ofrecés, pero todos necesitamos un sostén económico que nos permita seguir adelante. 

 Creo que 2018 podría haber sido peor de lo que uno habría imaginado. Hace tres o cuatro meses, el escenario era muy poco alentador, casi diría angustiante. Esto no significa que vayamos a estar mejor, sino que simplemente, las medidas económicas se han adaptado a la coyuntura, algo que es casi "de manual" y que cualquier ministro de Hacienda debería hacer. Si nos quedamos con la foto del G 20, estamos errando el camino. La Argentina debe ser competitiva comercialmente y exportar todo lo que sea posible, pero sin descuidar el mercado interno, y si hay que imponer mayores retenciones al campo de un modo transitorio, no lo veo mal. El problema es cuando las medidas que se toman aparecen como un "parche" que se prolonga más allá de lo razonable. Me gustaría agradecer a todos quienes han tenido las ganas y la paciencia de leer estas líneas, y en particular a todos los vecinos de Lobos que han tenido gestos nobles conmigo, espero poder retribuirlos en lo sucesivo. Punto final. 

1 de diciembre de 2018

Primer día de diciembre con sabor a otoño

Sábado 1º. Diciembre comenzó casi sin que me haya percatado de ello, inclusive con un clima inusual para esta época del año, a consecuencia de la tormenta de la víspera que descendió el termómetro a 20 grados. Suele ser un mes es el cual se agudizan las demandas y los conflictos sociales, donde las paritarias que aún no cerraron se negocian contrarreloj, se empieza a bosquejar el Presupuesto, la "Ley de Leyes". Todo lo que ha acontecido en los últimos días respecto al G 20 no despertó demasiado interés en mí, dudo que mi calidad de vida se vea mejorada por las visitas de los mandatarios internacionales. Lo que sí fue digno de ver fue la gala en el Colón, un espectáculo maravilloso aún para quienes lo vimos por televisión. Así pues, estamos lejos de un espíritu festivo o  navideño, pero en el común de los casos las familias o amigos se reúnen a cenar despojados de toda motivación religiosa. Por otra parte, y como siempre sucede, quienes han perdido a un ser querido recientemente se sentirán con una gran pena, debido a los consabidos festejos que acabo de mencionar. Es alguien que ya no está, que no compartirá la mesa de Nochebuena o de Año Nuevo más allá de que no signifique demasiado. Esto me trae a la memoria los regalos que "Papá Noel" me supo prodigar siendo un niño, muchos de los cuales provenían del bolsillo de mi abuela, que me daba todos los gustos y fue inmensamente generosa conmigo. La recuerdo en esos gestos, en su manera de decir las cosas, más que en su apariencia física. Tal vez a ustedes les sucederá lo mismo. 

Hay dos cosas que me desagradan de las personas: la ingratitud y la indiferencia. No ser agradecido implica una falta de reconocimiento a quienes hicieron algo por vos, y ser indiferente no es más que negarse a saludar, mirar para otro lado aunque te conozcan de toda la vida, y esas cosas muy de pueblo, porque en las grandes ciudades la gente va apurada y le importa un pito quien va cruzando la vereda o la calle. De más está decir que esa gente no debe esperar nada de mí, porque tampoco les debo nada y no me siento representado por ese modo de actuar. 

Trato de no pensar en el futuro a largo plazo y de concentrarme en lo que debo hacer día a día, o en el transcurso de la semana. Como es natural, en el último mes diversas instituciones o partidos políticos hacen el "brindis de fin de año", o el cierre de un taller de danzas con una muestra anual. Si posamos la mirada en enero de 2018, y vemos cómo estamos hoy, llegaremos a la conclusión de que todo no es lo que parece. De todos modos, creo que mi peor año fue 2012 (junto con el infame 2002); los sucesivos anduvieron levantando el rating de a poco. Punto final. 

"No me sueltes la mano", dijeron los senadores

Viernes por la tarde en la ciudad. Estoy tranquilo, pero también somnoliento, así que procuraré escribir lo que tengo en mente. Observo que ...