16 de diciembre de 2018

Escapar de la grieta, y buscar objetivos comunes

A veces pienso, con desazón, que no vamos a terminar nunca con la famosa "grieta". Nos comportamos de un modo irracional cuando queremos defender nuestras ideas o posiciones. Por eso es que la gente, de tanto putearse por las redes sociales, se distancia, cuando en realidad si se sentaran a hablar descubrirían que tienen mucho más en común de lo que suponen. La grieta no es sólo política: es el fútbol, la violencia y la barbarie que hace que se tenga que jugar un partido en Europa porque acá no está garantizada la seguridad. Es la falta de respeto a los viejos, que no por nada tienen más experiencia y años que nosotros. Es la fantasía que creernos el centro del mundo porque fuimos sede del  G-20. Y podría seguir enumerando, pero lo peor es que hay complicidad de muchos sectores para que estas divisiones prosperen.

La sociedad en la que yo crecí fue cambiando, en distintos aspectos. Por un lado, se logró una mayor apertura para hablar públicamente de temas sensibles. Pero lo que yo veo es que siguen los enfrentamientos estériles, entre personas que quizás tengan más cosas en común de lo que ellos creen. 

Para escapar de la tan mentada grieta, hay que evitar polemizar por boludeces, y pensar en aquellas cosas que no pueden estar ajenas a cualquier ciudadano, porque son  derechos adquiridos: salud, educación, trabajo. En un país con 16 millones de pobres, ya es casi un chiste de mal gusto hablar de "pobreza cero". El trabajo registrado, "en blanco", parece ser un lujo para un reducido grupo de compatriotas que hasta deben agradecer el hecho de tener un empleo. Esto significa que estamos lejos de alcanzar una calidad de vida que nos asegure un futuro para nosotros y nuestros hijos. Seguramente, como el año que viene habrá elecciones, escucharemos las mismas promesas de campaña de los últimos 30 años. Y si hay un balotaje tendremos que votar al "menos peor", en el caso que no nos sintamos representados por los dos candidatos que se disputan el favor del electorado. Y está demostrado que el "voto castigo" tampoco sirve, es decir, votar a quien está en las antípodas del que actualmente gobierna. Un planteo utópico: Ojalá los meses sucesivos nos permitan alcanzar objetivos comunes y unirnos ante causas que atraviesan lo político y están ligadas a derechos y conquistas sociales universales. Punto final. 

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