1 de diciembre de 2018

Primer día de diciembre con sabor a otoño

Sábado 1º. Diciembre comenzó casi sin que me haya percatado de ello, inclusive con un clima inusual para esta época del año, a consecuencia de la tormenta de la víspera que descendió el termómetro a 20 grados. Suele ser un mes es el cual se agudizan las demandas y los conflictos sociales, donde las paritarias que aún no cerraron se negocian contrarreloj, se empieza a bosquejar el Presupuesto, la "Ley de Leyes". Todo lo que ha acontecido en los últimos días respecto al G 20 no despertó demasiado interés en mí, dudo que mi calidad de vida se vea mejorada por las visitas de los mandatarios internacionales. Lo que sí fue digno de ver fue la gala en el Colón, un espectáculo maravilloso aún para quienes lo vimos por televisión. Así pues, estamos lejos de un espíritu festivo o  navideño, pero en el común de los casos las familias o amigos se reúnen a cenar despojados de toda motivación religiosa. Por otra parte, y como siempre sucede, quienes han perdido a un ser querido recientemente se sentirán con una gran pena, debido a los consabidos festejos que acabo de mencionar. Es alguien que ya no está, que no compartirá la mesa de Nochebuena o de Año Nuevo más allá de que no signifique demasiado. Esto me trae a la memoria los regalos que "Papá Noel" me supo prodigar siendo un niño, muchos de los cuales provenían del bolsillo de mi abuela, que me daba todos los gustos y fue inmensamente generosa conmigo. La recuerdo en esos gestos, en su manera de decir las cosas, más que en su apariencia física. Tal vez a ustedes les sucederá lo mismo. 

Hay dos cosas que me desagradan de las personas: la ingratitud y la indiferencia. No ser agradecido implica una falta de reconocimiento a quienes hicieron algo por vos, y ser indiferente no es más que negarse a saludar, mirar para otro lado aunque te conozcan de toda la vida, y esas cosas muy de pueblo, porque en las grandes ciudades la gente va apurada y le importa un pito quien va cruzando la vereda o la calle. De más está decir que esa gente no debe esperar nada de mí, porque tampoco les debo nada y no me siento representado por ese modo de actuar. 

Trato de no pensar en el futuro a largo plazo y de concentrarme en lo que debo hacer día a día, o en el transcurso de la semana. Como es natural, en el último mes diversas instituciones o partidos políticos hacen el "brindis de fin de año", o el cierre de un taller de danzas con una muestra anual. Si posamos la mirada en enero de 2018, y vemos cómo estamos hoy, llegaremos a la conclusión de que todo no es lo que parece. De todos modos, creo que mi peor año fue 2012 (junto con el infame 2002); los sucesivos anduvieron levantando el rating de a poco. Punto final. 

Barco a la deriva

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