3 de octubre de 2026

Hoy más que nunca, aprendamos a vivir con gratitud

 

3 de octubre. Hace varios días que tenía la intención de escribir un nuevo posteo para el blog, lo que sucede es que me embarga la sensación de que me estoy repitiendo involuntariamente. Todo lo que yo pueda expresar ya lo he hecho antes, pero pese a ello, no soy el mismo. Me enfrento a una realidad muy diferente a la de los últimos años, y lo mejor que se me ocurre hacer es tratar de adaptarme a esta nueva situación. Hay que aceptar que las cosas no siempre salen como las planificamos, es algo obvio y natural. Probablemente, lo que yo me propuse a comienzos de este 2026 tenga que ver con eso. Fue una expresión de deseo, y no hubo un compromiso real y evidente para cambiar el rumbo. Ahí estuvo el error, en no haberme puesto las pilas, y mientras eso siga sucediendo, los resultados tardarán en llegar. Pero sería injusto afirmar que todo lo acontecido en los últimos diez meses fue tiempo perdido, porque en el transcurso de ese lapso seguí laburando como siempre, pude hacer unos programas de tele bastante interesantes, y me esforcé por ir mejorando para brindar un producto cada día más sólido. Quizás no le he dado valor a lo que significa contar con un espacio televisivo gratuito. Mucha gente, para hacer un programa que en muchos casos no mira nadie, tiene que pagarle al canal, y esa experiencia ni siquiera resulta satisfactoria, porque hay que conseguir sponsors para bancar el costo del espacio. Por supuesto, hay ciclos que se disfrutan más que otros, pero en la vida no es todo disfrute o diversión, creo que si eso pasara estaríamos yendo por el camino equivocado.


A medida que vamos creciendo, los objetivos cambian. Buscamos tener hijos, formar una familia, tener un hogar, un trabajo estable, y son expectativas razonables, porque antes de cumplir los 50 es momento de consolidar todo lo que cada uno estuvo sembrando en los años previos. Tengo la impresión de que antes era más sencillo llegar a cierta edad y conseguir algunas de esas metas que mencioné. Esto tiene que ver con las dificultades económicas del país, que se han agudizado en las últimas décadas, lo cual hace que comprar un lote o construir una vivienda se conviertan en escenas de ciencia ficción. Fuera de esas carencias, no me puedo quejar, porque tengo para comer todos los días, pude dedicar mi vida a laburar de los que estudié, no padezco problemas de salud, y he podido transitar mi vida razonablemente bien. En ese sentido, estoy convencido de que ejercitar y cultivar la gratitud también debe ser parte del cambio que cada uno se proponga hacer. No se trata de caer en el conformismo, sino de tener una mirada honesta de lo que hemos podido alcanzar. Nos pasamos mucho tiempo quejándonos de cualquier cosa, y nos comprendemos que esa actitud nos aleja de toda posibilidad de vincularnos: A nadie le interesa permanecer al lado de una persona que en una conversación lo único que hace es expresar su desagrado por todo lo que la rodea. Cuando aprendés a agradecer, estás dando el primer paso hacia una transformación que, como primera medida, requiere cambiar la forma de pensar. Ustedes recordarán que en notas anteriores yo hacía referencia a “cambiar el chip”. Bueno, en esencia es lo mismo. Las oportunidades van a estar siempre, probablemente sea necesario asumir el riesgo y dejar de lado la comodidad para animarse a nuevas experiencias. Si vos estás 100 % conforme con tu vida, no vas a encontrar motivos para cambiar, aunque tarde o temprano tengas que atravesar el duelo de una pérdida, y esa aparente seguridad que pacientemente pudiste construir se desmorona en cuestión de segundos, por lo cual podemos concluir que nada es tan previsible como parece, y menos aún en un país como el nuestro.


Este 2026 fue el año del Mundial, una competencia que se vivió intensamente en la Argentina, porque la Selección volvió a llegar a la final y perdió el partido decisivo con una actuación que para algunos pareció sospechosa, sobre todo teniendo en cuenta que en el match anterior, frente a Inglaterra, había mostrado una garra y una actitud que luego no se pudo repetir. Podrán decir lo que quieran, pero lo cierto es que el representativo local sigue brindando alegrías y satisfacciones que están totalmente ausentes en la clase política. El año pasado, más o menos para esta fecha, tuvimos dos actos eleccionarios. A título personal, para poder brindar una buena cobertura, me exigí muchísimo, pero hasta el día de hoy estoy satisfecho de haber podido cumplir con las expectativas. Creo que Kicillof tiene buenas chances de ser Presidente en 2027, pero por supuesto, para lograrlo deberá cosechar adhesiones que trasciendan los límites del peronismo o kirchnerismo, del mismo modo que lo hizo Milei, siendo un outsider, para ganar el ballotage de 2023. Fueron casi cuatro años de destrucción y desmantelamiento del Estado, de un ajuste feroz cuyas consecuencias todavía continúan empobreciendo a la población como la onda expansiva de un artefacto explosivo. La premisa que un futuro gobierno debe tener, si busca incentivar el consumo, es reducir los impuestos, que representan una gran carga para los asalariados y trabajadores independientes. Y yo no sé si Kicillof es el más indicado como para emprender una transformación en ese sentido. De todas formas, todavía faltan varios meses como para esbozar un posible escenario dentro del mapa político. Más allá de esas consideraciones, lo que yo me planteo hoy por hoy es cerrar este ciclo de la mejor manera posible, sin sobredimensionar las frustraciones, aceptando los obstáculos, y trazando una mirada optimista respecto a lo que vendrá. Ojalá que este tramo final del año nos encuentre con más motivación para seguir adelante, reforzando los vínculos, y sin bajar los brazos ante cualquier dificultad que pueda surgir. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

27 de septiembre de 2026

Un país que se ha convertido en reservorio de lo imprevisible

 

Ultimo fin de semana de septiembre. No hay mucho para decir de este mes que está próximo a concluir, a título personal creí necesario dejar la queja de lado y empezar a disfrutar todo lo que pueda de lo que me brinda cada día, trabajando para seguir adelante con mi emprendimiento que me otorga sustento desde hace casi 10 años. Tengo la percepción de que la gente lee cada vez menos, y el desafío para aquellos que tenemos un portal de noticias es redactar textos más breves sin sacrificar la calidad y rigurosidad de la información. Ayer estuve en Rock al Parque y realmente me pareció que es un evento que cuenta con mucho potencial, tal vez haya que ajustar algunos detalles, pero ya se ha ganado un lugar en el acervo cultural de Lobos. Estuve en el predio dos veces, la primera fue cerca de las tres de la tarde, y la segunda recorrida la hice pasadas las cinco y media. Por supuesto, no todos pueden dedicar un sábado a escuchar bandas de rock porque tienen que trabajar y cumplir con sus obligaciones, y como para este domingo había pronóstico de lluvia (que finalmente se cumplió), hubo que reprogramar la agenda para viernes y sábado. Desde los aspectos técnicos, el sonido y la iluminación fueron impecables, el escenario que se instaló fue súper profesional, y estuvieron dadas todas las condiciones para que cada una de las bandas dieran a conocer su repertorio. En ese sentido, quizás habría que volver a la antigua premisa de no permitir los covers, sólo composiciones originales, pero debe ser difícil llegar a un acuerdo en ese punto.  De todos modos, ofrecer un festival gratuito en el pulmón verde de la ciudad es una excelente oportunidad para que el común de los lobenses podamos conocer a grupos que durante el resto del año no cuentan con posibilidades de tocar en vivo en un espacio de esa magnitud. Hablando con gente vinculada a la organización, coincidimos en que la edición más convocante fue inmediatamente después de que se levantara la pandemia. Luego de más de un año con restricciones que limitaban las concentraciones masivas de público, aquel Rock al Parque de 2021 o 2022 (no recuerdo bien) tuvo un marco imponente, nunca había visto que tanta gente se congregara para escuchar música. Ha corrido mucha agua bajo el puente, las prioridades han cambiado, y por ese motivo es oportuno hacer un relanzamiento, abriendo la posibilidad a que participe algún grupo consagrado de la escena nacional, sin restarle méritos ni lugar a las bandas locales.


La verdad es que me cansa bastante la gente que se queja de todo y no es capaz de aportar una mísera propuesta para el mejoramiento de la ciudad. Antes que digan nada, debo reconocer que soy quejoso, pero no es un rasgo de mi personalidad del cual esté orgulloso, y estoy dispuesto a cambiar. Si nos ponemos a pensar, el estadio municipal casi no se utiliza, y es un espacio inmejorable para realizar eventos y espectáculos. El parque debe seguir siendo un lugar de acceso libre y gratuito, pero se puede concesionar el estadio para algunas actividades específicas. Esto significaría un ingreso de dinero que podría volcarse en el embellecimiento de un espacio tan representativo para los lobenses.


Tema 2: Lo que estaba mencionando al principio, respecto de los portales de noticias, tiene que ver con el impacto de las redes sociales y de la IA. Hay ejemplos muy burdos de textos que han sido elaborados íntegramente con la Inteligencia Artificial, y ese proceder va en detrimento de los periodistas profesionales que tuvimos que capacitarnos y recibir una formación para aprender a redactar.

 

A modo de ejemplo, puedo mencionar que durante este año empecé a darle más bola al Instagram de mi portal LOBOS 24, y comprobé que subir unas cuantas fotos muchas veces genera una interacción y un tráfico en la Web que no se logra con una crónica periodística. Sea como fuere, tengo bien en claro que es un gran desafío para continuar con nuestra profesión, que está siendo cuestionada como nunca antes. Cualquiera se cree con el derecho de matar al mensajero, como suele decirse. De hecho, no critican a aquel que hace declaraciones desafortunadas o repudiables, sino al que las reproduce en un medio de prensa. Desde el Gobierno Nacional se ha vuelto una constante tildar de “ensobrados” a los periodistas que expresan sus reparos contra el rumbo de la caótica gestión mileísta. Yo no sé cómo va a terminar esto, pero la escalada de violencia que se está viviendo es preocupante. Por ese motivo, sería bueno que aprendamos a bajar el nivel de confrontación para evitar mayores consecuencias y que la sangre llegue al río.


En mi caso, desde muy chico supe que quería ser periodista, pese a que sabía que no me iba a asegurar un buen pasar económico. Esto hace que no llegue muy holgado a fin de mes, pero creo que estoy en una etapa que me da empuje para seguir creciendo. Trato de brindar a mis clientes un servicio que les permita darse a conocer e incrementar sus ventas, aunque hay determinados rubros que requieren de otras estrategias para alcanzar ese objetivo. Tengo casi 50 años, por lo cual mi trabajo está lejos de ser hobby o algo a lo cual dedico mi tiempo libre: Por el contrario, lo tomo como mi principal fuente de ingresos. Por esa razón continúo invirtiendo para que cada lector se lleve la mejor impresión posible. Mi mirada de la economía doméstica no es optimista, pero admito que esa visión está sustentada en una percepción personal. Hay muchas personas que han tenido que endeudarse para poder comprar insumos básicos de la canasta familiar. Los precios siguen subiendo, no a la velocidad de antes, pero cualquiera que tenga como hábito la compra de un mismo producto puede encontrar en las góndolas remarcaciones que oscilan el 10 %. El modelo que proponen los libertarios está dando señales de agotamiento, y las cifras del INDEC, que marcan un crecimiento de la pobreza y la indigencia, están dejando al desnudo una realidad que desde diciembre de 2023 muchos eligieron ocultar. Las cuentas tienen que cerrar, pero no a cualquier costo como estamos viendo hoy, con un desplome de la producción y el cierre masivo de industrias y fábricas, que son las principales generadoras de fuentes de trabajo. El presidente no puede articular dos palabras seguidas, no tiene la menor idea de la realidad que vive la gente en la calle, y su única preocupación está en cumplir las metas de los organismos multilaterales de crédito. Mientras se abraza a EE.UU. e Israel, el consumo interno continúa cayendo y no encuentra piso. Hasta que los salarios no se actualicen conforme la canasta básica, no será posible que el dinero alcance para una recuperación de la economía. El kirchnerismo tuvo muchos aspectos objetables, pero lo que vino después tampoco pudo posicionarse como un modelo superador hacia una mejor calidad de vida. Estamos transitando por un período difícil, y ya es tiempo de que la agenda de los funcionarios deje de lado la “macro” para comenzar a brindar incentivos al bolsillo de quienes paramos la olla todos los días. Mientras tanto, a casi dos meses para que termine el año, cada uno podrá ir haciendo un balance personal de este ciclo que para muchos ha resultado esquivo. Pensar en lo que nos habíamos propuesto a comienzos de 2026 puede dar lugar a la frustración, pero si lo aceptamos como algo que excede nuestras posibilidades, una parte de ese malestar se verá mitigado. No es ni más ni menos que una postergación natural que surge de la incapacidad de planificar en un país que se ha convertido en un reservorio de lo imprevisible. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

20 de septiembre de 2026

Vísperas de primavera, un escenario para reflexionar

 

Un nuevo domingo, sin mayores novedades en la superficie. Al haberse suspendido Rock al Parque, tuve que buscar otras actividades para cubrir durante este fin de semana, pero que no tienen el mismo grado de interés que cualquier lector esperaría. Cambiando de tema, asusta un poco pensar cómo se ha ido consumiendo este año. Quedan apenas tres meses para que bajemos la persiana de 2026, y el pescado sigue sin vender. Hasta ahora no he podido concretar nada relevante como para decir que ha sido un ciclo positivo. Pero también hay que mencionar que yo no he hecho demasiado para que las cosas cambien. Una de las razones por la que escribo en el este blog es porque puedo aprender a conocerme y a efectuar un contraste con mi forma de pensar en el pasado. Para ser sincero, esa comparación me permitió descubrir que he tenido muchas contradicciones. Conductas que antes aborrecía o rechazaba comencé a aceptarlas y naturalizarlas, del mismo modo que hubo hábitos que me entusiasmaban y que con el tiempo dejaron de formar parte de la rutina.


Allá por marzo empecé a tomar clases de yoga, pero en el último mes decidí no continuar porque aumentaron el costo del abono y me pareció excesivo. Cada uno puede ponerle a su trabajo el valor que le plazca, eso no se discute, pero si a mi modo de ver es demasiado elevado, la única alternativa que queda es buscar otras opciones. Me cuesta activarme, y para lograrlo necesito un impulso que me otorgue la energía y la voluntad para dar el siguiente paso. Conozco personas que tienen una voluntad admirable, que han podido concretar logros importantes y forjar vínculos sanos con su entorno. La verdad es que no sé cómo hacen, porque a mí no me resulta nada fácil sostener una actividad y mantener un espacio para el bienestar. Por ese motivo, como mencioné en otro escrito, sigo creyendo que todos merecemos una segunda oportunidad. El año pasado conté con la presencia de un acompañante terapéutico que me ayudó bastante a ponerme las pilas. Recuerdo que arranqué este 2026 con todas las esperanzas y expectativas puestas en lo que estaba por venir. Hoy, escribiendo estas líneas, me encuentro con que han transcurrido nueve meses y no he podido conseguir muchas de las cosas que me había planteado. No obstante, para hacer una valoración más completa y objetiva, quizás haya que hilar más fino. No creo que todo haya sido tiempo perdido, la vida tiene matices, y no todo es blanco o negro. Por ejemplo, la buena noticia que tengo es que, si todo sale bien, en el lapso de las próximas dos semanas tendré que grabar entre 4 y 6 programas nuevos para la tele, ya que el productor se toma vacaciones y necesita material para emitir en el canal durante ese período. Por supuesto, no lo haré gratis, me van a pagar una compensación económica, un dinero que no viene nada mal. Como estoy acostumbrado a hacer un solo programa por semana, creo que será un desafío importante, porque no se trata de mirar a la cámara y hablar, requiere una preparación específica según quién sea el invitado. Espero que sea una experiencia de la que pueda rescatar un saldo positivo o favorable. Tengo confianza en que puedo dar más y superarme ante esta nueva posibilidad que surgió sin que yo lo esperara. Y pese al diagnóstico poco alentador que hice al comienzo, pongo en juego todas las fichas para que en los meses que restan pueda revertir la mala racha y obtener un resultado superador. Más allá de todos mis defectos, si hay un rasgo que me define es la capacidad de adaptarme ante situaciones límite. Sé que el mes que viene mis ingresos serán menores, porque algunas publicidades que venía cobrando no van a seguir, pero tengo la convicción de que podré acostumbrarme a esta nueva realidad de bolsillos flacos y presupuesto gasolero. Mientras tengamos yerba para el mate, todo lo demás puede esperar. Sólo nos resta recibir a la primavera con plena conciencia de lo que significa disfrutar de cada momento en contacto con la naturaleza, una experiencia que ninguna aplicación de IA puede recrear o imitar. Mientras tanto, seguiré escribiendo y haciendo periodismo, una profesión que me ha dado muchas satisfacciones desde que decidí dedicarme a ella a tiempo completo. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

14 de septiembre de 2026

El desafío de encontrar el sentido de la vida

 

Lunes por la mañana en la ciudad. Durante el fin de semana tuve bastante trabajo, y la verdad es que me motiva la idea de recuperar el control de una agenda que últimamente se me había hecho esquiva. Tenía la intención de escribir acá hace unos días, pero como no se me ocurría nada en concreto, decidí empezar desde cero para ver si hoy puedo lograr ese objetivo. Climáticamente hablando, venimos de unos días espectaculares, a pleno sol, aunque entre ayer y hoy hemos tenido un brusco descenso de temperatura. Volviendo a lo que mencionaba en las primeras líneas de esta nota, creo que hace unos años había más actividad en Lobos, aunque no sabría precisar los motivos. El pueblo tiene una abundante oferta cultural, pero quizás el problema sea que esos eventos no consiguen impulsar la asistencia de público. La semana que viene tenemos Rock al Parque, un festival que ha podido mantenerse dentro de la consideración de los lobenses por más de 20 años. En sus últimas ediciones, Rock al Parque se ha convertido en un evento multitudinario, que abarca dos jornadas, con participación de bandas que ven en este festival una oportunidad para darse a conocer o ampliar su base de seguidores. La verdad es que no es nada simple trascender los límites del under para ampliar la audiencia y llegar a un público más amplio. Lobos no cuenta con muchos espacios para tocar, y ya no abundan tantos bares o boliches como hace 25 o 30 años. La mayoría de los grupos que van surgiendo buscan llegar al streaming, subiendo sus canciones a alguna plataforma como Spotify, lo cual tiene un costo mucho menor al de editar un álbum en formato físico. Por otra parte, últimamente se habla de un resurgimiento del CD, un soporte que nunca debió haber sido ninguneado o relegado, porque es cómodo, barato, y fácil de transportar. Durante los años dorados del vinilo, los CD se liquidaban a precios irrisorios porque casi nadie los quería juntando polvo en su hogar. Pero sigue siendo más accesible más conseguir un reproductor boombox o "chanchita" que invertir una pequeña fortuna en un tocadiscos. Pero sea como fuere, nunca me interesó el coleccionismo, no me parece que tenga sentido acumular objetos con los cuales ni siquiera interactuás. En el pasado, compré discos que rara vez he vuelto a escuchar, o libros que me da pereza leer. Por esa razón, insisto con lo que planteaba en un posteo anterior: La necesidad de volver a lo esencial y conservar sólo aquellas cosas con las cuales nos relacionamos en lo cotidiano. 


Cuando una persona muere, sus deudos suelen encontrar en la casa donde vivía varios objetos que van a parar a la basura casi sin escalas. Nuestro paso por el mundo es demasiado fugaz como para suponer que dejaremos algo que tenga valor. Lo único que dejamos es un recuerdo, que también se va esfumando con el tiempo, cuando ya nadie vaya a visitar nuestra tumba o sepultura, porque nuestros familiares han dejado atrás el duelo para seguir adelante con sus vidas. La única manera de superar una pérdida es aceptando que ya nada será igual, pero que pese a todo nos quedan motivos para continuar. Dicho así parece una mágica solución de manual, pero lo cierto es que cualquiera de nosotros sabe que no es nada fácil transitar ese proceso.


Creo que me fui de tema, pero lo importante a tener en cuenta es que la razón para vivir representa una decisión y un proceso individual. Mucha gente encontrará en sus hijos una forma de dotar de sentido a sus vidas, pero me parece que hay que pensar más en uno mismo y no delegar en los demás la responsabilidad de la subsistencia. Por ejemplo, hoy tuve que ir al Hospital, para lo cual me levanté más temprano que lo habitual, y obviamente lo que uno suele ver es gente enferma que requería la atención de un profesional. Lo mío era una cirugía menor, nada grave, pero conviví en el mismo pabellón con personas que ya no podían seguir esperando para sentirse bien, y que necesitaban recuperar la salud porque es el bien más preciado para tener una mejor calidad de vida. Por eso, en lugar de quejarme porque tuve que esperar más de tres horas (lo cual es cierto), me puse a pensar en la importancia del sistema de salud público. Pensá que si te accidentás en la vía pública, el primer lugar al que te llevan es al Hospital. Y acceder a una atención médica gratuita es un beneficio que los argentinos no valoramos lo suficiente. En otro país, incluso los más desarrollados, cualquier consulta en una clínica cuesta cientos o miles de dólares según la complejidad, por esa razón no se aconseja viajar al Exterior sin un seguro médico que permita cubrir cualquier eventualidad. Pero el meollo del asunto es, a veces, solo los que han pasado por situaciones límite tienen la capacidad de aprender a valorar lo que han conseguido, ser más empáticos en el día a día, ejercitar la gratitud hacia todo lo que nos rodea. Para muchos de nosotros, el sentido de la vida es un gran interrogante, pero mientras proseguimos en esa búsqueda, hay detalles maravillosos que no conviene perderse, ya que este viaje lo hacemos una sola vez. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

2 de septiembre de 2026

Sombras nada más

 

Ya estamos en septiembre. Si miramos hacia atrás, a más de uno le parecerá increíble haber arribado otra vez a la recta final del año. La verdad es que esa percepción que tenemos del paso del tiempo constituye una evidencia más valedera que el devenir de las hojas del almanaque. Hemos llegado a una instancia que nos deja poco margen para el error o el cálculo: Los días comenzaron a estirarse, con atardeceres largos e intensos que representan un preludio de lo que será el verano en estas latitudes. Retomé las caminatas por el Parque y empecé a activarme, pensando en que todavía nos queda la posibilidad de tener una valoración positiva de este ciclo que nos toca afrontar. Siento que durante agosto no pude lograr todo lo que pretendía, pero fue necesario transitar esa etapa para arrancar este nuevo mes con otro chip, sin ánimo de buscar excusas o pretextos para intentar justificarme. Las principales limitaciones que se suelen encontrar parten de uno mismo, más allá de la incidencia que tengan los factores externos. Ya hemos hablado en este mismo blog del efecto contraproducente que provoca la queja constante, dado que nos convierte en personas insoportables para nuestro entorno. De hecho, yo podría quejarme de varias cuestiones que no se dieron como lo esperaba, pero prefiero postergar esas demandas para un próximo texto. Me parece importante que podamos ser conscientes de nuestras propias debilidades: Es el camino más virtuoso para desarrollar una actitud que nos impulse a superarnos, a ser mejores, a seguir adelante con renovadas expectativas.


Hace tiempo que la situación del país no es alentadora, y a decir verdad, no recuerdo cuándo fue la última vez que las cosas marchaban razonablemente bien. Quizás han pasado tantos años que aquella semblanza ha quedado sepultada por el piadoso manto del olvido. El consumo minorista sigue cayendo, la escalada de las tarifas del transporte público impacta directamente en el bolsillo del laburante, los sueldos no suben lo suficiente como para ganarle a la inflación, y el Presidente se comporta como el bufón de la Corte. Claramente, sus insultos y descalificaciones le hacen un flaco favor a la convivencia en sociedad. Y no se trata de cuidar las formas, sino de actuar como se espera de un Jefe de Estado. La mayoría de la gente ha tenido que endeudarse para cubrir sus necesidades básicas, no estamos hablando de fondos buitres o especuladores. El costo de la canasta de alimentos trepó tanto en los últimos meses, que no hay plata que alcance para llegar a fin de mes. Para mí, la principal diferencia con los años K es que antes había plata circulando en la calle y la gente gastaba, y digo esto más allá de que esas variables puedan contribuir a una suba de la inflación. Cualquiera que va a un supermercado podrá advertir que nada vale menos de 1.000 o 2.000 pesos, por eso un billete de 10.000 fue quedando chico y se hizo necesario imprimir un papel de 20.000 pesos. Quienes me conocen saben que, desde mi modesto lugar, he sido muy crítico del kirchnerismo, pero esa postura no implica darle la bendición a cualquier outsider con perfil disruptivo que se comporte como mono con navaja.

 

Los primeros dos años de gestión libertaria fueron demoledores, arrasando con el rol indelegable del Estado y con todo lo que encontraron a su paso, dejando a miles de laburantes en la calle, desmantelando empresas como el Correo Argentino o los ferrocarriles, quitando subsidios, y generando una crisis sin precedentes, que muchos optan por no reconocer mientras los números y las cuentas cierren. Lo que quiero plantear es que se puede hacer un ajuste que contemple el costo social de las medidas, priorizando una contención a los sectores más postergados. Puedo mencionar, por citar un caso, a los emprendedores que tengo como sponsors en mi portal de noticias. Casi todos me dicen que no se está vendiendo nada, y la mercadería que ellos producen permanece juntando polvo en una góndola, hasta que no haya más alternativa que liquidar todo cuando se acerque la fecha de vencimiento. Va a llevar mucho tiempo revertir el vaciamiento a la industria nacional que está propiciando este Gobierno con la apertura indiscriminada de las importaciones. También hay que decir que muchos industriales sacaron provecho del contexto económico durante años para cobrar a los argentinos precios exorbitantes e irrisorios por su elevado valor. Esto no pretende ser un reclamo ni una queja, sino un diagnóstico de la realidad. Haber desmantelado el cepo al dólar puede considerarse una medida positiva, pero lo cierto es que las restricciones que existían fueron concebidas para limitar la especulación y la timba financiera. La Argentina se ha transformado en un hazmerreír del mundo por tener como Presidente a un tipo que no puede pronunciar dos palabras seguidas sin equivocarse, y mucho menos dar un discurso coherente. A pesar de todo, lo más probable es que Milei termine siendo reelecto en 2027, con lo cual podemos pronosticar que el saqueo y la malaria continuarán por varios años más. Los jubilados siguen cobrando un miserable bono de 70.000 pesos, y no hace falta ser un economista para comprobar que esa plata no alcanza para nada. Si tienen que hacerse cargo del costo de su medicación, ese solo ítem se vuelve inviable con el valor del bono. La premisa para el futuro del país, a mi modo de ver, debe ser un punto medio, cuidando las cuentas públicas y el superávit, pero no a costa del desfinanciamiento de la clase media, y a esta altura yo no estoy dispuesto a sacrificarme y ajustarme el cinturón una vez más para que la casta, de la cual tanto reniegan, se siga enriqueciendo con la teta del Estado. Nos estamos viendo pronto, y ojalá que lo que resta de 2026 nos brinde más motivos para sonreír. Punto final.

22 de agosto de 2026

Por qué vale la pena invertir en uno mismo

 

Sábado en la ciudad. La semana se pasó rápido, por suerte volvió a salir el sol, y eso hace que uno pueda encarar cada día con una perspectiva diferente. El último finde largo transcurrió sin pena ni gloria, como mencioné alguna vez, no me llevo bien con el ocio, no me gusta estar al pedo, por lo cual para mí es fundamental contar con una rutina que me permita ordenarme mejor. Pronto vendrá la primavera, volveremos a tener días más largos, y me parece importante tener presente aquello que nos impulsa a soñar, a crecer, a ilusionarnos con un futuro mejor. Digo esto porque en lo cotidiano, difícilmente nos detenemos a pensar en ello, y no reparamos en esta coyuntura que nos exige tomar las riendas de nuestra propia vida sin esperar a que alguien venga a golpearnos la puerta. Es momento de hacernos cargo de lo que nos toca, sin dudas ni vacilaciones, ni mucho menos con temor. Creo que a lo largo del tiempo he logrado más de lo que imaginaba: Construir un emprendimiento que constituye mi principal capital y fuente de ingresos, pese a más de una vez me queje de que la plata no alcanza. No todos tienen la posibilidad de disfrutar de su trabajo, y no debe haber carga más pesada que permanecer varios años haciendo un laburo que te desagrada, más allá de la remuneración que vayas a percibir. En ese sentido, creo que pude conseguir un equilibrio entre mi formación profesional y una compensación económica razonable. Aprendí a no quejarme tanto y hacerme responsable de mis errores. Tengo mucho por mejorar, y hasta el último suspiro sé que continuaré bregando contra mis propias limitaciones. Pero al mismo tiempo, es una motivación para seguir adelante.

 

Si tuviera que hace un repaso de lo que ha sido agosto hasta ahora, la verdad es que no se me ocurre mencionar un hecho puntual, pero a título personal, estoy en condiciones de afirmar que es el inicio de una nueva etapa, buscando recuperar el entusiasmo, el placer, el asombro, y todo lo que nos mantiene vivos y con conciencia plena de nosotros mismos. Retomé las caminatas por el Parque, y decidí hacerlo porque cualquier profesional de la salud pone énfasis en la actividad física. Mi estilo de vida es el mismo desde hace años, pero soy consciente de que no es adecuado continuar de esa manera. Por lo tanto, lo que esté por venir tiene que significar una ruptura con los hábitos más arraigados y más difíciles de desterrar. Todo lo que estoy dispuesto a hacer tiene como norte la búsqueda de la plenitud, lo cual implica ampliar los horizontes, ver más allá de la obviedad, no juzgarme con tanta severidad, reírme de mis propios errores sin dramatizar. Hay un rasgo en particular que quiero quitarme de encima, y es que me anticipo demasiado a los hechos, como si de esa forma pudiera tener algún control sobre ellos. Por ejemplo, en un viernes ya estoy pensando lo que debo hacer el próximo lunes, y lo más probable es que en el medio ocurran un montón de cosas en las cuales no reparamos. El azar, el destino, y todo lo que nos sucede no suele seguir una lógica establecida. Si fuera así, cualquiera podría prever y planificar con más elementos para garantizarse su propia tranquilidad y seguridad. Lo que estamos viviendo hoy como sociedad es muy complejo, y encarna la frustración crónica que embarga a la mayoría de los argentinos. Pareciera que siempre tenemos la necesidad de rotular a los demás por su forma de pensar, de obligarlos a que se definan, a que nos digan “de qué lado estás”. Esa percepción errónea y sesgada se acrecienta más en los pueblos chicos. No sé, yo puedo decir que estoy satisfecho de mi desempeño como periodista, más allá de que siempre hay aspectos por pulir. De hecho, el último programa de tele que grabé fue nada más y nada menos que una entrevista al Intendente. Lo hicimos en la Municipalidad, y estaba un poco nervioso, porque fue la primera vez que salió al aire un programa fuera de los estudios del canal. Pude preguntar lo que yo quisiera, nadie me condicionó, y para mí eso tiene mucho valor. En cuanto a las repercusiones, lo que pude saber, también fue del agrado de la audiencia. Desde el primer minuto que comencé con la nota, supe que debía dar lo mejor de mí para que el resultado fuera el que yo esperaba. Como los lectores saben, desde que comencé a dar mis primeros pasos cultivo un perfil bajo: No me interesa hacer alarde de mis conocimientos, o de mi formación académica, ni tampoco lo tomo como un trampolín para ocupar una determinada posición. Para forjar vínculos sólidos es fundamental comportarse con humildad, no dar nada por sentado, y confiar en que el público podrá esclarecer sus dudas e inquietudes con lo que se diga en el transcurso del reportaje. Es imposible dejar a todos conformes, pero pese a esa condición, mi premisa fue trasladar las consultas más comunes que se hace el vecino de a pie. Mientras yo tenga la convicción de que di lo mejor, todo lo demás queda relegado a un segundo plano. Y mantener en el aire una propuesta periodística por más de 7 años, supera holgadamente mis expectativas. Aunque muchos no lo perciban, considero que mejoré bastante, dado que no es fácil hacer televisión, cumplir con una agenda todas las semanas, y llevar adelante la conducción de un ciclo que sea de interés para los abonados del cable. Por lo menos, si en algún momento me toca dejar atrás todo lo que ha sido esta experiencia y dar un paso al costado, me quedará la satisfacción de decir que me animé a incursionar en un formato que resultó un hallazgo y una novedad para mí. En este contexto socioeconómico tan difícil, el único paliativo que nos queda son las ganas de emprender, y aprovechar el envión de una buena racha para fortalecer los vínculos que nos sostienen. Ya habrá más novedades para este boletín. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

 

9 de agosto de 2026

Una pausa necesaria

 

Domingo por la mañana en la ciudad. Esta es la primera nota que escribo en lo que va del mes. Me parece que la comunicación es un proceso que debe darse cuando uno tiene algo para contar, pero también es importante que aprendamos a respetar los silencios. Podríamos afirmar que la verborragia no siempre representa una virtud si no nos permite una conexión con lo cotidiano. Mucha gente que no para de hablar intenta llenar con palabras sus carencias más recónditas, y la verdad es que se necesita una gran dosis de temple y amor propio para cultivar el arte de callar. No intervenir en nada, dejar que las cosas fluyan naturalmente, sin forzar ninguna situación.

 

Cuando vos tenés en claro lo que querés, todo lo demás se vuelve más fácil, porque se presume que vas a transitar en la misma dirección que tus objetivos. Pero en el medio pueden pasar un montón de cosas, y eso es algo que no siempre tenemos en cuenta. Para mí es importante mantener en pie ese combustible espiritual que nos motiva a seguir adelante. Tengo una edad en la cual ya no me queda mucho margen para la duda y la indecisión. Mis mayores logros en los últimos años han sido tener una continuidad con el programa de tele, haber escrito un libro, y desarrollar mi vocación superando un montón de obstáculos que socavaron mi voluntad. Hace un tiempo me dije: “Voy a tomarme todo el tiempo que sea necesario hasta que vuelva a sentirme bien”. Básicamente mi intención era disponer de un espacio para cultivar la introspección, mirar hacia adentro, fomentar el autoconocimiento. Por supuesto, ese tiempo que nos concedemos no se puede prolongar indefinidamente. De hecho, yo nunca dejé de hacer mi trabajo pese a las dificultades que se me fueron presentando.


Por otra parte, sería un error suponer que se puede transitar esa etapa sin tener la ayuda del entorno. Necesitamos el aporte de una mirada honesta y objetiva que nos permita tener conciencia de nuestras fortalezas y debilidades. En ese sentido, mi experiencia personal me dice que hacer terapia contribuye a dar claridad en esa búsqueda. Hace más de 10 años que veo a mi psicóloga una vez por semana, y es una satisfacción sentirme acompañado por una profesional que me conoce y me incentiva a mejorar. Mi familia es otro pilar fundamental, me bancan en todo, pero no son obsecuentes: Si me mando una cagada no tengo dudas de que me lo harán saber. Yo diría que compartir experiencias nos posiciona en un lugar que nos despoja de protagonismo y nos conduce a socializar problemáticas que son más comunes y frecuentes de lo que creemos. Comprender que no estamos solos ante la adversidad nos otorga un mayor grado de empatía. Hay mucha gente que la está pasando mal y que no tiene la capacidad de poder expresarlo, vive encerrada en su propia frustración, desgastada por la rutina, sin entusiasmo ni interés por lo cotidiano. Por eso es fundamental que tengamos la capacidad de mejorar la comunicación, de transmitir lo que nos pasa con total franqueza, estableciendo prioridades que nos ordenen. En mi caso, me gustaría publicar un segundo libro, para lo cual deberé pulir los manuscritos que tengo dando vueltas por ahí, darles forma, corregir lo que sea necesario, para que sea un digno sucesor del primer ejemplar. Desde que comencé a escribir lo hice con la premisa de redoblar la apuesta para que el nuevo material sea superior a lo que venía haciendo antes, así que vamos a ver qué sale de todo esto. 


Hay muchos buenos escritores en Lobos, no me caben dudas de ello, y mi idea nunca fue compararme con nadie. Hace muchísimos años que cultivo el hobby de escribir relatos breves, pero poner esos textos a consideración del público es algo diferente. Sea como fuere, es una buena oportunidad para que en los momentos de ocio uno pueda establecer un vínculo con su propia literatura. Si me preguntan por la inspiración o la creatividad, creo que no podemos quedarnos en una actitud pasiva esperando que se nos caiga una idea. Además, hay que leer a los grandes autores, aquellos que han trascendido a su tiempo y que continúan siendo referentes para las nuevas generaciones. Más allá de que mis pretensiones sean modestas, para concebir una expresión artística debemos soñar en grande, no subestimar al lector, y superar nuestras limitaciones con perseverancia y dedicación. De manera que ya es tiempo de dejar atrás la comodidad para comenzar a ser artífices de nuestro destino, que  no es ni más ni menos que tomar las riendas de nuestra propia vida. Nos estamos viendo pronto. Punto final.  

31 de julio de 2026

Todavía estamos a tiempo de alcanzar el último vagón del tren

 

Desde hace alrededor de dos años, vengo llevando adelante un cambio que tiene que ver con la aceptación y la tolerancia. El objetivo es no juzgarme tan severamente y comenzar a adoptar enfoques que me permitan alcanzar un crecimiento y un desarrollo que durante mucho tiempo me fueron esquivos, sobre todo por la falta de convicción. Como los lectores habrán comprobado, en este lapso no he escrito con tanta frecuencia en el blog, quizás porque muchas veces no encuentro la forma más adecuada de expresar cómo me siento. Cuando uno cree que ya no hay más cosas por aprender o incorporar, la vida nos sorprende y nos hace reflexionar sobre la necesidad que implementar nuevas estrategias. Para avanzar en esa dirección, es fundamental que uno aprenda a sincerarse, a dejar de lado el egoísmo y la mediocridad. Lo único que existe es el momento presente, y por ese motivo hay que darle valor a lo que vamos construyendo día a día. Quizás no podamos advertir los resultados de un día para otro, pero si tenemos la capacidad de mantener una disciplina sin desviarnos de nuestro camino, estaremos dando pasos firmes hacia un logro más significativo.


Llega una edad en la cual el tiempo se convierte en el principal limitante, porque es un recurso que se va agotando casi sin que nos demos cuenta. Me cansé de postergar proyectos: La procastinación no conduce a ningún lado, son excusas que nos vamos poniendo para no dar el siguiente paso. Para mí, escribir sigue siendo una actividad placentera, y aunque mis publicaciones sean más esporádicas, nunca he dejado de hacerlo. Es una forma de dejar un testimonio que, quizás, alguien esté dispuesto a develar alguna vez. No me considero más que nadie, soy consciente de mis puntos débiles y también de lo que mejor sé hacer. Y mi próximo objetivo es poder lograr una tranquilidad que me conduzca a una transición más fluida hacia la persona que pretendo ser. Quienes me conocen saben que mi labor profesional ha sido sin estridencias. No me importa lo que los demás hagan, yo detesto la vanidad y la soberbia, y nunca me he comportado de un modo petulante, porque representa lo opuesto a lo que en realidad soy. Cultivar un perfil bajo tiene varias ventajas, y una de ellas es que te acerca más a la gente que está en las antípodas ideológicas. No tengo ningún problema en dialogar con cualquier persona, porque mi prioridad es evitar la confrontación, salvo que reciba una agresión o un insulto totalmente injustificado. Hay muchos que se creen importantes y que se dedican a pasear su ego por foros que les son afines. Me tiene sin cuidado, cada uno sabe lo que debe hacer, y no veo mal que cada uno haga su juego. En mi caso, no me gusta la adulación ni que me soben el lomo: mientras yo esté convencido de que estoy haciendo lo correcto, es una razón más que suficiente para seguir adelante.

 

Pienso que lo fundamental es crear lazos que nos permitan fortalecer vínculos y otorgar un espacio preponderante a las relaciones humanas, que es lo más valioso que tenemos, en lugar de pasar horas embobados con la pantalla del celular. La virtualidad y las redes sociales nos cambiaron la vida, al punto tal que han derribado y echado por tierra todo lo que la sociedad fue construyendo durante décadas. No podemos soslayar el contacto personal, la lectura, el acompañamiento en los momentos de zozobra, el poder terapéutico de un abrazo. Estamos muy cerca de llegar al tercer trimestre del año, y no dejo de tener presente mis metas para este 2026. Cada vez que tengo la percepción de haberme alejado del rumbo, vuelvo a leer aquellos párrafos que escribí en los primeros días de enero, repletos de esperanza y entusiasmo, y que fueron concebidos como una forma de ir avanzando en una dirección concreta y precisa. Todo lo que esté a mi alcance hacer constituye un desafío para continuar transitando con confianza y determinación este tramo del año. Lo único de lo cual me arrepiento es de no haber hecho algún curso o taller, lo que pasa es que en marzo, cuando se abrió la inscripción, no encontré nada que me interesara ni que me sirviera como formación laboral. Cuando pasás los 40, conseguir un laburo se vuele mucho más difícil, salvo que reúnas experiencia y conocimientos que sumen puntos a la búsqueda que estás realizando. Por ahora, sigo siendo un trabajador independiente, pero Lobos es un pueblo chico y vivir del periodismo es lo más parecido a una utopía, sobre todo porque los ingresos que uno percibe están ligados a los espacios publicitarios. En tiempos de crisis, muchos comercios y empresas toman la decisión de suspender la pauta para recortar gastos, por eso la remuneración que recibís a fin de mes no es fija ni estable. El primer paso que voy a dar es actualizar mi currículum, e incorporar todo lo que me sea posible para crear un perfil atractivo y competitivo. Ya tendremos novedades para este boletín. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

23 de julio de 2026

¿Campaña antiargentina?

 

Suena extraño hablar de “campaña antiargentina”, cuando esa fue precisamente la terminología empleada por la última dictadura militar, hace casi 50 años, para desacreditar las denuncias por violaciones a los Derechos Humanos. En fin, lo cierto es que no deja de llamar la atención la escalada de violencia y odio hacia los argentinos, perpetrada por figuras del arte y de la cultura, y también por anónimos escribas que proliferan en las redes sociales. Los mensajes agresivos comenzaron a circular durante el Mundial: Para ser exactos, todos los países latinoamericanos preferían que ganara cualquier rival de la Selección en detrimento de nuestro equipo. Las sospechas de favoritismo, que nunca podrán ser probadas, encendieron las alarmas de la prensa internacional, que comenzó una andanada de hostigamientos que, por esa tendencia a generalizar todo, rápidamente salpicaron a todos los argentinos, en un fenómeno muy difícil de analizar desde la sociología. La propagación de rumores infundados, las falsas denuncias de racismo para un país que le ha abierto las puertas desde hace siglos a todos los extranjeros, promoviendo la diversidad y la igualdad de oportunidades. No se trata de exacerbar el nacionalismo ni de encender la mecha de proclamas patrióticas que quedaron obsoletas. Para mí, no fue una buena idea de los jugadores haber enarbolado un trapo con consignas sobre Malvinas. Por supuesto, el reclamo por la soberanía no se discute, pero no es el ámbito apropiado para hacerlo. El propio Scaloni, en la previa, se cansó de decir: “Es sólo un partido de fútbol”. Estamos hablando de jugadores de elite, que ganan millones, la mayoría de ellos viven en Europa, y nunca en su puta vida se mostraron sensibles ante esa causa. Pero, para ser justos, desde mucho antes de ese episodio, muchos mexicanos creadores de contenido venían agitando la sospecha de un supuesto favoritismo de la FIFA para que la Selección fuera campeona otra vez, algo que no sucedió. Y que no sucediera nada, lejos de mitigar las críticas, fue el combustible para la hoguera de teorías conspirativas. 


Claramente, la Argentina no salió a jugar la final con la misma actitud ofensiva que lo hizo contra Inglaterra, fue un partido raro, pero no hay indicios suficientes como para suponer que algo espurio ocurrió. Entonces uno se pregunta qué rol juegan en los algoritmos de las redes, personas que alta exposición como Javier Bardem, Rosalía, Patti Smith, o Samuel Jackson. Creo que se dejaron llevar por el rebaño, no es que ellos odien a los argentinos, quizás lo que detestan es el estereotipo tan arraigado del porteño, canchero, petulante, prepotente, pero eso es todo lo que diré porque no es mi intención contribuir al sentimiento antiporteño que existe en casi todo el interior del país. Cualquiera de nosotros, que tiene que parar la olla todos los días para ganarse el mango, sabe que la Selección es uno de los pocos motivos para enaltecer el orgullo nacional, porque es un equipo que pese a todo y contra todos, llegó a la final de un Mundial por segunda vez consecutiva. Puede haber personas que no sean amigables con los extranjeros, pero no representan a la mayoría de los argentinos. Nosotros compramos frutas y verduras a los bolivianos, también compramos prendas de vestir en tiendas que ellos administran, vamos al supermercado chino, y no lo hacemos por quedar bien con nadie, sino que lo hacemos porque los precios que tienen son competitivos o accesibles. Lo que puede pasar es que exista la creencia de que Milei y su pésimo gobierno representa a todo un país, cuando hay gente que no comulga en absoluto con sus epítetos delirantes. Si odian a Milei o a sus funcionarios, que lo digan expresamente, y que no metan a todos los argentinos en la misma bolsa. Es muy desagradable lo que está pasando con las políticas de la actual gestión, pero si hay algo que aprendimos, es a vivir en democracia, y a respetar lo que decide la mayoría en las elecciones. Por otra parte, el que votó a este mamarracho tampoco es el enemigo: En el común de los casos, es alguien que se cansó de los abusos del populismo y que creyó que los libertarios terminarían con la casta. Como bien sabemos, los mismos que están ahora en la Rosada encarnan la casta y se siguen beneficiando con sus privilegios. De hecho, el ajuste brutal en el gasto público afecta a los sectores más humildes, y no a aquellos que están acostumbrados a vivir de la política para enriquecerse y hacer negociados, como sigue ocurriendo hasta el día de hoy.


Sean cuales fueren los verdaderos motivos que fomentan los mensajes de odio hacia los argentinos, quedó demostrado que exceden una rivalidad deportiva o futbolística. Muchos opinólogos hablan desde el desconocimiento, o bien, como mencioné antes, creen que los argentinos fuimos creados a imagen y semejanza del Peluca. No es cierto, no salimos del mismo molde, porque el mismo tipo que en su discurso inaugural dijo que “no había plata”, es el que busca sacar chapa en los foros internacionales por su alineamiento incondicional a Estados Unidos e Israel, menospreciando y soslayando la pertenencia a foros regionales, como el Mercosur. Y no se trata de trazar antinomias entre derecha e izquierda, porque existen gobiernos de derecha que son proteccionistas y defiende la industria nacional, algo que los ideólogos del mileísmo no ven con buenos ojos. No todos somos ñoquis, no todos somos chantas, ni corruptos: Entiendan eso y absténganse de generalizar si van a lanzar proclamas desde el desconocimiento. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

20 de julio de 2026

La fiesta terminó

 

La ilusión por alcanzar la cuarta estrella quedó atrás. La Selección se despidió del Mundial con una dura derrota ante España, que fue un baño de realidad para las desmedidas expectativas que existían en la previa del partido. El equipo tuvo un recorrido que fue de menor a mayor: En los dos últimos partidos mostró temple, personalidad y coraje, aunque ninguno de esos atributos fue suficiente para compensar el déficit en el campo de juego. La Argentina casi ni llegó al arco rival, dejó que la iniciativa quedara en manos de los españoles, y el desarrollo del match reflejó esa disparidad entre ambas selecciones. El combinado local logró mantener la valla en cero durante buena parte del match gracias a las atajadas del Dibu, pero relegó su vocación ofensiva. No hubo chances tampoco de apelar a un contraataque: El equipo se replegó y resignó buena parte de su potencial, Messi fue una sombra, y los delanteros no tuvieron gravitación en el juego. El marcador podría haber sido más abultado a favor de España, y la esperanza de la Argentina era aguantar hasta los penales, donde se presume que podría haber tenido mayores chances. Pero quedó demostrado que no se puede especular con un hipotético escenario favorable a la selección, sin tener en cuenta las condiciones del adversario.

 

Siempre me pareció excesiva la dependencia que el plantel mostraba ante la figura de Messi, más allá de que fue el Capitán y el conductor. Pero lo cierto es que el equipo no brindó respuestas desde lo estrictamente futbolístico para torcer la racha y ganarse un lugar en la historia. España, además de consagrarse Campeón, terminó el Mundial invicto, con un solo gol en contra en 8 partidos, y una solidez que se puso de manifiesto desde los primeros minutos de la Final. Obviamente, mi deseo era que ganara la Scaloneta, pero no se puede tapar el sol con una mano. De hecho, Argentina sólo tuvo rivales de jerarquía desde las semifinales en adelante. Más allá de la lectura que cada uno desee hacer, lo sucedido en el estadio de New Jersey marca el fin de un ciclo que supo de derrotas y triunfos, pero que ya presentaba signos de desgaste y de agotamiento. A partir de ahora, hay que pensar en un equipo sin Messi, con figuras jóvenes que prioricen el funcionamiento colectivo por sobre el lucimiento individual. Con una derrota tan reciente en la memoria, es difícil hacer futurología, pero Scaloni ha demostrado ser un entrenador que aporta mucha motivación y que tiene la capacidad de conducir a un grupo hacia la gloria, como lo hizo en 2022. Ahora es momento de barajar y dar de nuevo, pensando en que nunca antes se le dedicó tanto espacio en la agenda mediática al partido de ayer. A mi modo de ver, superó ampliamente el lugar que ocuparon todas las finales anteriores. En los días previos, era imposible buscar en los canales de noticias otro tema que no fuera la Final. Otorgar una cobertura tan hegemónica a un evento deportivo nos pone en una posición muy endeble, porque la posibilidad de perder siempre existió, desde el primer minuto de juego. Y cuando eso sucede, nos quedamos con las manos vacías, por haber apostado las últimas fichas a todo o nada. 

Por una cuestión generacional, es lógico pensar que la era dorada de Messi llegó a su fin, cronológicamente ya cumplió una etapa, y ese planteo también es válido para varios jugadores que ya deberán ceder su lugar a las nuevas camadas que van consolidándose en sus respectivos clubes, tanto de Argentina como de Europa. Nos quedamos sin piernas, sin respuestas desde lo futbolístico, y podríamos sentirnos afortunados de haber perdido solamente por un gol de diferencia. España no cesó ni un segundo en atacar, puso en el campo todo su poderío ofensivo, y cualquiera que vuelva a ver el partido podrá comprobar que no se trata de un juicio de valor exagerado. Pero todos sabemos que la derrota es huérfana, y nadie quiere hacerse cargo de ella. Por otra parte, durante los 40 días que duró el Mundial vivimos con el espejismo de un equipo que pudo suplir nuestras notorias carencias en el plano político, económico e institucional. Es decir que seguiremos siendo un país subdesarrollado, con la mayoría de su población desempleada, sumida en la pobreza, o que ni siquiera gana lo suficiente como para llegar a fin de mes. Quizás este sea el comienzo de un nuevo despertar, de un renacer, aunque no haya señales de que podemos iniciar una nueva etapa apelando a viejas recetas que ya mostraron claros indicios de ineficacia. Llegó, pues, el momento de imaginar la vida post-Mundial, sin tanta alharaca ni cotillón, y sin otro baluarte de confianza que no seamos nosotros mismos. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

13 de julio de 2026

Que el árbol no nos impida ver el bosque

 

Estamos la recta final del Mundial. Sólo quedan cuatro partidos (dos semifinales, la final, y el partido por el tercer puesto). Y más allá de que haya habido cierto favoritismo hacia la Selección, lo cierto es que recién ahora se enfrentará a rivales de jerarquía, como es el caso de Inglaterra. Algunas decisiones arbitrales, como los penales, los goles anulados, o las expulsiones, han allanado el camino para que el equipo argentino pudiera llegar a esta instancia. Pero yo no creo que nadie de la AFA o de la FIFA haya tenido intervención directa en esos fallos, simplemente digo que esas decisiones terminaron por torcer la balanza a favor de la Scaloneta. Esto no quita que el equipo haya mostrado un gran nivel, con figuras gravitantes en los 90 minutos, como Julián Alvarez, el propio Messi, o Paredes. Por otra parte, es difícil abstraerse del resultado final de cada cotejo y pensar si Argentina hizo méritos para haberse sobrepuesto a la adversidad. Obviamente, mi deseo es que podamos llegar a la final y ser Campeones otra vez. Pero, como mencioné al comienzo, hasta ahora los rivales no han sido selecciones de peligro. Hemos enfrentado a Cabo Verde, Egipto, y Suiza, que también han hecho lo suyo para llegar hasta donde llegaron. Pensemos que en el ’86 y en el ’90, Argentina se enfrentó en fase de eliminación a Brasil, Italia, Uruguay, y tantos otros representativos que tienen una trayectoria que los respalda. Lo bueno es que ahora sí podríamos afirmar que llegó la hora de la verdad. Cada minuto cuenta para imponerse sobre el adversario y demostrar el fuego sagrado que ha distinguido al equipo desde que Scaloni asumió como entrenador. A mí lo que no me gusta es que, cuando transitoriamente están en ventaja, empiezan a replegarse y a jugar para atrás, sin vocación ofensiva, regulando la marcha, caminando en el campo de juego, como si no tuvieran suficiente con la pausa de hidratación. También llama la atención que todos los países latinoamericanos expresen su animadversión con la Selección, deseando una derrota que nos deje fuera de la pelea. No tiene sentido, porque a mi modo de ver los jugadores no son soberbios ni arrogantes, es un equipo que se fue consolidando desde 2022, y de hecho, la mayoría de los Campeones de Qatar siguen vistiendo la camiseta en este Mundial.


Históricamente, los Mundiales han sido funcionales a las cortinas de humo de los gobiernos de turno, que sacan provecho del fervor colectivo para ocultar de la agenda medidas polémicas que afectan nuestra calidad de vida. Ya se está hablando de una hipotética reelección de Milei, y yo creo que va a alcanzar un nuevo mandato, porque la oposición no existe, no tiene peso en el electorado, con la excepción de algunos bastiones que conserva el peronismo. Ojo, yo no soy partidario del Peluca, por ese motivo cabe aclarar que no se trata de una expresión de deseo, sino de analizar objetivamente cómo se moverán las piezas del tablero político.


Inglaterra es un rival que siempre tiene una connotación especial, por varios antecedentes que son harto conocidos, pero sea cual fuere el resultado, la vida continúa. Por supuesto, no es lo mismo ganar que perder, y como ya dejamos atrás la fase de grupos, uno de los dos se quedará afuera. Podemos soñar con ganarle a los ingleses y disputar un nuevo duelo en la final con Francia, la verdad es que sería buenísimo que los finalistas del 2022 vuelvan a verse las caras. De algún modo, el fútbol nos une, porque es el deporte más popular, y atraviesa las clases sociales, un fenómeno que casi no se da en ningún país del Primer Mundo. En Brasil, la temprana eliminación del equipo se vivió como una tragedia y un fracaso rotundo, sin embargo, creo que nosotros hemos fracasado tantas veces que algo hemos aprendido. O al menos, así tendría que ser en teoría. Nadie juega para perder y sin duda todo el país espera un triunfo que nos haga olvidar transitoriamente nuestras frustraciones, porque seguimos siendo un país pobre, subdesarrollado, sumido en la pobreza, la corrupción, y la marginalidad, una espiral de decadencia que se viene dando desde hace por lo menos 50 años, sin que podamos salir a flote. El modelo kirchnerista parece estar agotado, pero la extrema derecha con el Estado ausente que propone Milei va a derivar –más tarde o más temprano- en un estallido social. Venimos de procesos inflacionarios que han pulverizado el poder adquisitivo de los salarios, y lo más preocupante es que los libertarios siguen sin dimensionar la magnitud de la crisis. Vamos Argentina, a ganar, pero que el árbol no nos impida ver el bosque. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

 

 

5 de julio de 2026

Salir de la melancolía

 

Domingo 5 de julio. Venía surfeando la ola de frío polar razonablemente bien, hasta que ayer no tuve mejor idea que salir unos minutos en bicicleta. El resultado: Me enfermé casi inmediatamente, de hecho, anoche no pude dormir, terminé hecho pedazos. Desde que comenzó el mes, o incluso unos días antes, las bajas temperaturas no nos han dado tregua, pero recién ahora empiezo a padecer las complicaciones de un invierno que promete ser más crudo que los anteriores. Creo que mañana me voy a quedar guardado y voy a salir solamente para finalizar con algunas cobranzas que me quedaron pendientes por hacer. La verdad es que no tengo ganas de pensar en nada, porque sé que si le doy lugar a los pensamientos recurrentes, voy a pasarlo peor todavía. Mientras tanto, sigo trabajando desde mi casa, la labor periodística no se ha visto afectada hasta el momento, y hasta el día de hoy continúa siendo mi principal fuente de ingresos. Soy consciente de que estoy escribiendo menos en el blog respecto de años anteriores, pero quizás antes tenía más cosas para decir. En cambio, hoy por hoy, siento que todo lo que me pueda suceder ya me ha pasado antes, con lo cual no hay ningún atisbo de novedad.


En fin, más allá de estas consideraciones, creo que en el último tiempo he logrado más de lo que imaginaba en un principio. Cada vez que siento flaquear mis esfuerzos, vuelvo a leer lo que escribí a comienzos de 2026, y esa declaración de principios me brinda motivación para no fallarme a mí mismo. La vida cotidiana carece de experiencias memorables, por lo general consiste de algunas situaciones aisladas que nos otorgan satisfacción, y a esta altura, ya deberíamos aceptar que seguirá siendo así. No obstante, hay algunos proyectos que pueden llegar a concretarse. Es mejor no decir nada por ahora, pero sólo diré que mi gran meta es alcanzar una mayor independencia, y para lograrlo es necesarios dar pasos firmes y decididos. Muchos de mis contemporáneos ya viven solos o alquilan alguna casa, y yo sigo haciendo números para ver cuál opción está más cerca de mi presupuesto. Puede sonar un poco desalentador, pero lo cierto es que antes de quemar las naves, hay que achicar gastos, de lo contrario siempre va a haber un déficit que nos impedirá acercarnos a aspiraciones más elevadas. Como le sucede a la mayoría, a veces no sé si estoy yendo por el camino correcto, pero es mucho peor quedarse en la cama sin hacer nada, esperando que alguien nos toque la puerta para darnos una noticia que nos saque de la abulia.


Como les comentaba en los primeros párrafos, mi salud ya no es la misma de cuando tenía 20 años, y es lógico suponer que con el envejecimiento uno está más expuesto a los achaques. No sirve de nada tratar de determinar si uno sigue siendo viejo o joven. Obviamente, sé que ya dejé atrás la adolescencia y buena parte de mi juventud, eso lo tengo en claro, y por esa razón tengo la convicción de que no me queda mucho tiempo. No puedo resignar ni un día porque seguramente cuando la vejez me alcance, me voy a arrepentir de no haber vivido con plenitud, disfrutando cada momento con mis seres queridos y con la gente que realmente me importa. 


Todavía no he tenido que lamentar ninguna pérdida importante en mi familia, y -si vamos al caso- no tiene sentido teorizar al respecto, porque cuando realmente suceda, será un mazazo muy duro de sobrellevar. Por mucho que pienses que estás preparado, la realidad te supera por completo, te golpea donde más duele, te arrebata a las personas con las que imaginaste ideas y proyectos, y te devuelve a un sitial de máxima vulnerabilidad. Sí, esa es la palabra clave: Cada vez nos sentimos más vulnerables, más indefensos, más solos. Crecimos construyendo un proyecto de vida que se torna débil en los cimientos, esos mismos cimientos que creíamos sólidos e inalterables. Por eso perdemos el entusiasmo y nos dejamos ganar por la depresión. 


Nada ocurre porque sí, siempre hay algún motivo para que los hechos se vayan dando de una determinada forma, excepto ante la pérdida física de nuestros amigos y familiares. Vamos por la vida creyendo que tenemos la sartén por el mango, y de un momento a otro, todo se derrumba. La salud mental se deteriora, los tratamientos duran meses, años, décadas, y nada parece mejorar tragando pastillas. No sabemos cuánto tiempo vamos a estar en este mundo, y ni siquiera las religiones nos otorgan un consuelo, por eso la Fe va perdiendo adeptos, aunque en el fondo a todos nos gustaría que existiera una doctrina que nos brinde confianza en un futuro mejor. La mayoría de las enfermedades son psicosomáticas: Te afectan el cerebro y después tu físico, vos no te das cuenta porque ni siquiera tenés ganas de verte al espejo, pero a ojos de los demás te convertís en una ruina. Más de una vez he visto personas otrora felices, que están desaliñadas, se les caen los dientes, el pelo, y ya ni les importa la mirada del otro, ni cómo los demás las puedan ver. Son víctimas de la depresión, han caído en un pozo del cual cuesta mucho salir, puedo afirmarlo porque alguna vez me ha pasado y me sentí con mucho miedo al encontrarme sin proyectos, ni deseos, ni motivación. Pese a todas las dificultades, los duelos, el desamor, la soledad, y los prejuicios que aún existen sobre la salud mental, la vida vale la pena. Siempre es mejor luchar por alcanzar las utopías antes que estar muerto y enterrado. Y siempre se está a tiempo de forjar vínculos duraderos, inclusive en esta época dominada por el auge de la virtualidad, la Inteligencia Artificial, y la falta de incentivos que premien y valoren el esfuerzo por lograr la superación personal. Cuando el hombre cree que todo está perdido, aparece un instinto de supervivencia que constituye la fuerza más primitiva y primigenia de los humanos, pero que resulta útil para no rendirse y salir del atolladero. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

30 de junio de 2026

Es momento de barajar y dar de nuevo

 

Fin de mes en la ciudad. Más allá de lo que indica el almanaque, un indicio evidente del último tramo de este ciclo puede advertirse en cualquier comercio donde uno haga sus compras habituales. Creo que voy a lanzar alguna promoción para ver si puedo sumar anunciantes a mi diario digital. La idea es contar con clientes estables, que conozcan cómo funciona la publicidad, y digo esto porque a veces, es común escuchar reclamos del tipo “no me llamó nadie”. Que tus ventas no se hayan incrementado o que no te hayan llamado por tus servicios no significa que la publicidad no funcione. Hay que darle tiempo, como mínimo tres meses, hasta que la gente comience a asociar tu nombre al de tu negocio. Como mencioné alguna vez, no sirve de mucho sostener una pauta con un anunciante que ni siquiera está convencido de lo que está haciendo. Prefiero cobrar tarifas económicas, pero que me permitan asegurarme una continuidad a mediano o largo plazo. 


Hace rato que vengo percibiendo una caída en las ventas, la cual afecta a casi todos los rubros, y mi caso no es la excepción. Por eso es importante tener en claro cuánta plata cobrás todos los meses y qué excedente te queda disponible luego de pagar todos los gastos fijos. Por ejemplo, si vivís solo, la prioridad es pagar el alquiler, los servicios, los impuestos, y la comida. Una vez que pudiste separar el dinero para esos menesteres, no es extraño que te sobren apenas unas monedas para tirar durante todo el mes. Si tenés la mala suerte de enfermarte, vas a tener que gastar en medicamentos, que no son nada baratos, por lo cual esa pequeña reserva que uno posee ante cualquier imprevisto se verá reducida a su mínima expresión.


Cuando pasás la primera quincena, se comienza a complicar el asunto, porque ya cobraste todo lo que te correspondía y no queda otra alternativa que arreglarse con eso para tirar lo que resta del mes. Al final, yo no sé si antes la plata rendía más, probablemente sea una percepción errónea, lo que sí puedo decir es que hace 10 o 15 años había un mayor consumo, pese a que teníamos índices de inflación bastante elevados. Por ese motivo, aunque hoy la inflación mensual es de un dígito y el riesgo país está por debajo de los 500 puntos, no hay una recuperación en el salario real que se vuelque en el comercio minorista. Con sueldos que raras veces superan el millón de pesos, y con jubilaciones de hambre, cualquier persona sabe que no están dadas la condiciones para llenar el changuito. Todo esto hace que nos tengamos que resignar a vivir al día, comprando lo justo y necesario, y a veces ni siquiera nos alcanza para ese objetivo. Está claro que el costo del ajuste no lo pagan todos por igual, y el impacto se siente con mayor magnitud en la clase media/baja. En los primeros años del kirchnerismo (2005 o 2006, por citar un ejemplo) hubo una recuperación de la economía que también alcanzó a los sectores más postergados, pero no se pudo sostener por mucho tiempo. Hoy lo que necesitamos es un Estado presente que brinde contención a los argentinos, porque la matriz ideológica de los libertarios que nos gobiernan va en el sentido opuesto. Ya estamos viendo las consecuencias de la desregulación de la economía, con una apertura indiscriminada de las importaciones que está destruyendo la industria nacional. Contratos basura para los trabajadores y despidos express. Una cobertura precaria e insuficiente para las personas con discapacidad.


A pesar de este contexto desalentador, podemos afirmar que detrás de una crisis nace una oportunidad. Hasta no hace mucho tiempo, yo creía que me había consolidado como referente de un medio de comunicación, pero todo parece indicar que voy a tener que seguirla remando. Nunca fue mi intención dormirme en los laureles, de hecho, todos los días pienso en reinventarme para ofrecer a los lectores información relevante de Lobos y la zona. Mi única aspiración era poder capitalizar la trayectoria que uno fue forjando a lo largo de más de dos décadas en el periodismo. Sin embargo, este escenario poco promisorio que estamos atravesando me obliga a tomar las riendas y asumir un rol protagónico para enfrentar una realidad que, si no tenemos una estrategia clara, nos va a pasar por encima sin miramientos. No es momento para débiles o pusilánimes, hay que repartir los naipes y volver a jugar otra vez. Siempre mantuve un perfil bajo, e hice mi laburo sin alardes ni estridencias. Pero las circunstancias actuales requieren de una toma de posición que se imponga por sobre lo ya conocido. Es necesario ocupar un rol que nos permita apostar por un periodismo de calidad, teniendo en cuenta que la IA y las fake news de las redes sociales se erigen como las principales amenazas de la información veraz y confiable. Creo que, si no tomamos acciones concretas, nos vamos a quedar a mitad de camino. Por otra parte, si la gente renueva su confianza en los portales de noticias, buena parte del trabajo ya estará logrado. En esta coyuntura tan compleja para la prensa independiente, debemos responder a esta realidad que nos interpela todos los días con una propuesta superadora. Esto significa que habrá que convivir con las nuevas tendencias, pero sin descuidar un ápice en el tratamiento de la información, para que mantenga la rigurosidad y calidad que los lectores demanda. Vamos avanzando en esa dirección, luego les comentaré los resultados. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

18 de junio de 2026

Delivery de paciencia para afrontar la segunda quincena

 

Ya estamos cómodamente instalados en la segunda quincena de junio. Hace varios días que no escribía nada por aquí, de hecho, ni siquiera lo hice para fechas que son importantes para mí, como el Día del Periodista, o mi cumpleaños. En realidad, lo que trato de evitar es ser reiterativo o redundante, aunque pensándolo bien, lo más acertado sería renunciar a cualquier pretensión de originalidad, y aceptar que nos vamos repitiendo casi sin darnos cuenta.


Este año está atravesado por lo que representa el Mundial: El martes fue el esperado debut de la Selección, con un resultado categórico, y todos queremos que el equipo se vaya consolidando durante el desarrollo de la Copa del Mundo para seguir en carrera. No hay mucho que agregar, llegó la hora de la verdad y sólo resta esperar a los próximos rivales para ver si estamos en condiciones de pelear en lo más alto. La verdad es que un partido que comenzaba a las 22 hs, en un día de semana, era un poco incómodo para hacerse un hueco y resignar algunas horas de descanso frente al televisor, pero más allá de eso, pude ver los tres goles antes de buscar refugio en las sábanas. Bueno, en ese sentido, recuerdo que fue mucho más complicado seguir los partidos del Mundial de Corea/Japón, ese olvidable certamen que nos hizo permanecer desvelados de madrugada para presenciar la rápida eliminación del equipo en fase de grupos.


En la Argentina, todos sabemos que un Mundial representa la oportunidad perfecta para ocultar escándalos y negociados, pero el fútbol nos brinda satisfacciones que los grandes actores de la política difícilmente puedan equiparar. Hace unos días fue noticia el riesgo país, que alcanzó su valor más bajo en ocho años. Más allá de que sea cierto, para el bolsillo del asalariado ese indicador no significa ningún paliativo. La economía doméstica no repunta, la caída del consumo no encuentra piso, y los sueldos son demasiado bajos como para pensar en satisfacer el ego dándose un pequeño gusto. Las expectativas del común de la gente no son alentadoras en el corto plazo, las tarifas del transporte público suben casi todos los meses, y si necesitás del bondi o del tren para ir a laburar, todo ese combo representa un gasto fijo que hay que absorber recortando otros menos acuciantes. En ese contexto, yo no creo que podamos salir del atolladero en el corto plazo. Sin embargo, yo creo que la gente es más consciente de antes respecto al intento de generar una cortina de humo con la Scaloneta. De todos modos, una vez que finalice su participación, todo seguirá como antes. A título personal, estoy tratando de despojarme de preocupaciones superfluas o innecesarias para poder lograr una visión distinta de lo que me toca afrontar día a día.


Siempre sostuve que el principal capital que tenemos consiste en mantener la calma y la paz interior, que a menudo se ve amenazada por la intromisión de diversos factores externos que no sabemos bien cómo manejar. Pero si vos dejás que todo eso aparezca y te complique, vas a estar constantemente alterado, relegando a un segundo plano esos momentos de felicidad que no abundan, y que también te sorprenden cuando menos los esperás. Por supuesto, todos tenemos dificultades y problemas, el tema está en pensar qué hacés con eso, cómo se puede sostener una estructura a partir de cimientos que nunca suelen ser demasiado sólidos. Por ese motivo, a veces es útil hacer una pausa, bajarnos del caballo, y volver a pensar qué es lo que queremos conseguir. Si no tenemos un propósito o una razón que nos motive a vivir, todo lo demás se hará más cuesta arriba. Ese proceso de autoindagación requiere de un análisis honesto, porque sería una tontería engañarse a uno mismo adoptando una imagen que no le pertenece. Cuanto más certero sea el diagnóstico, más claro será nuestro propósito. Por ejemplo, yo este año acabo de cumplir 47, y no me queda otra opción que asumir que estoy finalizando una etapa, lo cual implica dejar atrás la juventud para dar paso a una instancia en la cual uno espera cosechar lo que ha sembrado durante tantos años. 


Obviamente, cuando te acercás a los 50 comprendés el tiempo no te sobra, y que aquellas cosas que te otorgaban envión y motivación ya no existen más. La vida está llena de vericuetos y vueltas de tuerca, y eso significa que nuestras expectativas se van renovando y adaptando a nuestra versión más reciente.  Y en ese sentido, si no logramos parar la pelota y recuperar la calma, no vamos a poder adoptar decisiones acertadas.


Cuando dejás que la ansiedad se apodere de tu ser, estás priorizando a la emoción por encima de la razón. No se trata de vivir sin emociones, sino de aprender a equilibrar ese plato de la balanza con un componente racional que te permita ser más consciente de tu realidad. Al cabo de un tiempo, uno se da cuenta de que la mayoría de las preocupaciones e inquietudes no son relevantes, y si tuviste que lamentar la pérdida de un ser querido, vas a comprender que la vanidad y la superficialidad son espejismos de la conciencia que te han mantenido ocupados sin ningún fundamento. Para quienes han leído otras notas del blog, cuando yo mencioné las ventajas de llevar “equipaje liviano”, me refería principalmente a no estar atado a nada, a aprender que estamos de paso, y que el momento para disfrutar del viaje es aquí y ahora. Te podés lamentar de no haber hecho algo que te quedó pendiente, pero eso no quiere decir que el tiempo que todavía te queda transcurrirá al pedo. El dinero no compra la felicidad, pero no padecer deudas ni privaciones hace que te saques un problema de encima, y te otorga la posibilidad de concentrarte en otros objetivos. Esa es, para mí, la única función verdadera de la guita en una sociedad capitalista. Es comprensible que la mayoría de la gente que tiene cuentas por pagar no pueda pensar en otra cosa, ya que llegar a fin de mes se ha convertido en una odisea para los sectores más postergados. A nadie le agrada ir acumulando deudas que luego se vuelve una carga muy pesada para el bolsillo cotidiano. Por eso, creo que es un buen momento para valorar lo que tenemos y aprender que seguir quejándose por boludeces es una afrenta al sentido común. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

5 de junio de 2026

No te olvides de vivir

 Primeros días de junio en la ciudad, sin mayores novedades en la superficie. Este mes es mi cumpleaños, y pienso que para la mayoría de nosotros representa una fecha que nos incita a reflexionar. Es una ocasión propicia para poner en valor todo lo que hemos podido lograr a lo largo de un año, lo cual seguramente tendrá una extensión superior a lo que imaginamos. Este ejercicio revisionista cobra sentido cuando aprendemos a emplear todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance para salir del estancamiento. Cada vez estoy más cerca de los 50, y debo decir que nunca creí que iba a llegar a esta edad. Por otra parte, es importante contar con una rutina que nos permita ordenar nuestros hábitos cada día. Cuando hablamos de rutina, hay que reconocer que es un término que no tiene buena prensa o reputación, pero que es necesario incorporar como una manera de lograr que cada jornada nos rinda más.


Hacer periodismo en una época en la cual el hábito de la lectura pierde terreno ante la virtualidad implica una adaptación hacia nuevas plataformas que van marcando tendencia, y que priorizan un componente audiovisual por encima de la palabra escrita. A decir verdad, la gente sigue leyendo, sólo que ahora lo hace desde la pantalla del celular, un formato que exige textos breves y que vayan directo al grano, sin grandes prolegómenos. Ser parte de esa transición me posiciona en un lugar distinto, porque desde que lancé el portal de noticias, pensé en concebirlo como un formato accesible para los dispositivos móviles. Pero hay que aceptar que, hoy por hoy, las redes sociales constituyen la principal fuente por la cual el público se informa, cuando antes era un mero complemento. Volviendo a lo que mencionaba al comienzo, cumplir años es mucho más que un festejo compartido con familiares y amigos, sobre todo cuando estás transitando la adultez. Básicamente, aparecen otros factores de peso como para inclinar la balanza en otra dirección. Lo único que pedimos es que los años que nos quedan por vivir sean con salud, sin achaques, y en pleno uso de nuestras facultades mentales. No es casualidad que cada vez más gente elija conectarse con el yoga, la meditación o el mindfullness. La idea es encontrar soluciones no farmacológicas que permitan alcanzar el bienestar. Probablemente, cuando tenía 20 o 23 años, no pensaba en nada de eso, pero es lógico aceptar que vamos cambiando nuestras prioridades e intereses. Lograr la estabilidad emocional, a mi modo de ver, es una de las aspiraciones que se posiciona como la más valorada en lo cotidiano. Hace poco, mencionaba en otra nota que muy pocas cosas son realmente importantes a medida que vamos desandando el camino. Los afectos, las relaciones humanas, ocupan un lugar preponderante como un recurso que propone un espacio para el desarrollo personal, contribuyendo a salir de la alienación y el aislamiento. A veces, me da la impresión de que andamos muy apurados y ansiosos: Nos vemos superados y desbordados por situaciones que no revisten verdadera relevancia, y una de las posibles causas tiene que ver con que no podemos establecer un equilibrio, como si fuéramos una hoja que se balancea por el capricho del viento. 


Yo descubrí que, para sentirme mejor, debía dejar de quejarme por lo que no me salía como yo esperaba y poner en valor todo lo que he conseguido. Y con respecto a mi profesión, me propongo seguir adelante en la búsqueda de ser una caja de resonancia de lo que acontece en la comunidad. Cuando sos un adolescente, tenemos la impresión de que el tiempo no se agota nunca, y que siempre se puede posponer o postergar una decisión. En resumen, esto pasa porque creemos que es un recurso infinito e inagotable. En cambio, al llegar a cierta edad, comprendemos que ya no nos queda margen para continuar dilatando decisiones. Cada día que dejamos pasar sin haber hecho algo por nosotros mismos, es tiempo que en algún momento vamos a lamentar por haberlo perdido. Por ese motivo, hoy más que nunca, es importante darnos un lugar para el disfrute, incluso dentro de nuestro trabajo. Haber laburado a conciencia para alcanzar un determinado propósito nos otorga la satisfacción de saber que nos esforzamos para poder verlo concretado. Ahora que estoy cerca de mi medio siglo de existencia, aprendí que todo lo que pueda conseguir es fruto de la voluntad y el empeño que yo ponga para lograrlo. Seguramente, a muchos de los que están leyendo estas líneas les sucederá lo mismo. Hemos atravesado pérdidas, duelos, desamores, frustraciones, y luego de haber sido testigos de ese proceso, podemos ver que lo único perdurable es aquello que se construye desde lo cotidiano. 


En definitiva, la vida es como una novela, con un comienzo y un final, sólo que no podemos adelantar páginas si la lectura se torna aburrida, porque transcurre en tiempo real. Resta por saber si ya está todo escrito o si tiene la estructura de esos libros destinados al público juvenil, al estilo de “Elige tu propia aventura”, con lo cual queda flotando la hipótesis de que existen varios caminos para que el lector vaya conduciendo su destino por encima de lo que, en apariencia, ya no admite ningún tipo de duda o indecisión. Sea como fuere, creo que es momento de jugársela, de apostar las fichas que nos quedan, de asumir riesgos, porque de lo contrario seguiremos creyendo que lo cómodo y previsible nos otorga confianza y seguridad, cuando en realidad es el síntoma de una forma de vivir carente de vértigo y de grandes conquistas. "Me olvidé de vivir", como el título de aquella balada que inmortalizó Julio Iglesias en el imaginario popular. Nos estaremos viendo pronto. Punto final.

27 de mayo de 2026

Equipaje liviano

 

Mayo se me hizo más largo que lo habitual, no sé bien los motivos. Dentro de todo, estimo que podré llegar al final de este ciclo un poco más holgado económicamente, y en ese sentido cabe mencionar que pude cobrar una pauta anual de un cliente de esos que no abundan. Lo primero que hice fue cancelar varios gastos que son inherentes al mantenimiento de un diario digital, como el hosting, un servicio que también se renueva todos los años y que cada vez es más costoso, pero si yo decido continuar pagando, es porque sigo apostando a brindar información de calidad, es parte del compromiso que uno tiene con el proyecto periodístico que representa. Falta muy poco para que comience el Mundial, pero mi percepción es que no hay demasiada euforia, lo cual probablemente tenga que ver con que pocos creen que la Selección pueda consagrarse Campeón en dos Copas del Mundo consecutivas. Sea como fuere, cuando se aproxima el certamen, suele haber un repunte en las ventas de televisores. Si ya tenías en mente la idea de cambiar tus electrodomésticos, puede considerarse una buena opción. Más allá de cuál sea el seleccionado que levante el trofeo, es una buena oportunidad para ser testigos de resultados que desafían la lógica y los antecedentes de cada uno de los participantes. El fútbol, pese al VAR y a las nuevas tecnologías que repercuten en lo que sucede en el campo de juego, sigue siendo un deporte imprevisible, ya que un ignoto equipo africano puede imponerse frente a la opulencia y el estirpe de los europeos. Mientras tanto, lo que sí resulta evidente es que la venta de figuritas va viento en popa, es un pasatiempo propio del siglo pasado que resiste estoicamente en tiempos donde la virtualidad y la Inteligencia Artificial han calado hondo en cada aspecto de nuestras vidas. Claro que, para completar el álbum, se estima que será necesario desembolsar casi 2 millones de pesos. Sinceramente no recuerdo si en mi infancia tenía avidez por el coleccionismo de figuritas, pero siempre hubo estampas más difíciles de conseguir. En determinados casos, cuando llenabas el álbum podías canjearlo en el kiosco por algún premio que siempre tenía sabor a poco, teniendo en cuenta todo el esfuerzo y el dinero que eran necesarios para acceder a ese cometido.


A título personal, y retomando lo que manifestaba en el comienzo del posteo, creo que mi gran apuesta tiene que ver con recuperar la calma, y no permitir que la ansiedad o los impulsos tomen el control, porque ninguna decisión será la mejor si nace condicionada por esos factores. Hablaba del hábito de coleccionar, y siempre me pareció medio al pedo el frenesí acumulativo. Hasta hace unos años, yo compraba muchos CD’s, realmente me gustaba tener en formato físico a la música que fue marcando mi vida, pero hoy por hoy, creo que es mejor transitar nuestro paso por este mundo, con un equipaje liviano y sin estridencias, si al final de cuentas todos vamos a terminar en el mismo lugar, y las pertenencias que nos queden en este plano se las repartirán nuestros herederos. Si aprendemos a cultivar el desapego, pienso que todo nos resultará más fácil. ¿Cuántas canciones almacenan los servicios de streaming como Spotify? ¿Alguien recuerda qué pasó con los reproductores de MP3 que todos usábamos hace 20 años? Bueno, la única certeza que tenemos, es que la música sigue ocupando un lugar fundamental en lo cotidiano, y ese es el secreto del éxito de radios como Aspen o Blue, con muy pocos programas fijos, y escasa intervención de los locutores. Me pasa cuando voy a algún bar a tomar un café: El dueño decidió que era más fácil sintonizar una de esas emisoras con repertorio "Adult Contemporary" y no complicarse la paciencia. Y si hablamos de paciencia, tengo la convicción de que constituye una de las principales virtudes que podemos llegar a conseguir. Como mencionaba en otra nota, hay que domesticar al tigre, comprender que debemos respetar ciertos plazos o procesos para llegar hacia donde queremos ir.


Tenemos la tendencia a vivir demasiado apresurados, y no comprendemos que los días se nos escapan como arena entre los dedos. La única forma que tenemos para ejercitar la conciencia plena es entendiendo que nada se logra de un día para el otro, por lo cual todavía estamos a tiempo de volver a lo esencial. Pocas cosas son realmente importantes como para que aceptemos  negociar nuestro derecho a ser felices. Por supuesto, todos tenemos que laburar y pagar las cuentas para que no nos corten la luz o el gas, pero si contamos con los recursos para hacerlo, debería dejar de ser un motivo de preocupación. La Argentina está atravesando por una etapa que profundas transformaciones, que a mi criterio no son alentadoras, pero si el año que viene asume alguien de otra fuerza política, quizás podamos recuperar la senda que nunca debimos haber perdido. Y hasta que ello no ocurra, habrá que reflexionar sobre lo que nos bloquea, nos inmoviliza, y nos impide avanzar, para no tropezar dos veces con la misma piedra. Nos estamos  viendo pronto. Punto final.

Hoy más que nunca, aprendamos a vivir con gratitud

  3 de octubre. Hace varios días que tenía la intención de escribir un nuevo posteo para el blog, lo que sucede es que me embarga la sensaci...