Estamos la recta
final del Mundial. Sólo quedan cuatro partidos (dos semifinales, la final, y el
partido por el tercer puesto). Y más allá de que haya habido cierto favoritismo
hacia la Selección, lo cierto es que recién ahora se enfrentará a rivales de jerarquía,
como es el caso de Inglaterra. Algunas decisiones arbitrales, como los penales,
los goles anulados, o las expulsiones, han allanado el camino para que el
equipo argentino pudiera llegar a esta instancia. Pero yo no creo que nadie de
la AFA o de la FIFA haya tenido intervención directa en esos fallos,
simplemente digo que esas decisiones terminaron por torcer la balanza a favor
de la Scaloneta. Esto no quita que el equipo haya mostrado un gran nivel, con
figuras gravitantes en los 90 minutos, como Julián Alvarez, el propio Messi, o
Paredes. Por otra parte, es difícil abstraerse del resultado final de cada
cotejo y pensar si Argentina hizo méritos para haberse sobrepuesto a la
adversidad. Obviamente, mi deseo es que podamos llegar a la final y ser Campeones
otra vez. Pero, como mencioné al comienzo, hasta ahora los rivales no han sido
selecciones de peligro. Hemos enfrentado a Cabo Verde, Egipto, y Suiza, que
también han hecho lo suyo para llegar hasta donde llegaron. Pensemos que en el
’86 y en el ’90, Argentina se enfrentó en fase de eliminación a Brasil, Italia,
Uruguay, y tantos otros representativos que tienen una trayectoria que los
respalda. Lo bueno es que ahora sí podríamos afirmar que llegó la hora de la
verdad. Cada minuto cuenta para imponerse sobre el adversario y demostrar el
fuego sagrado que ha distinguido al equipo desde que Scaloni asumió como
entrenador. A mí lo que no me gusta es que, cuando transitoriamente están en
ventaja, empiezan a replegarse y a jugar para atrás, sin vocación ofensiva,
regulando la marcha, caminando en el campo de juego, como si no tuvieran
suficiente con la pausa de hidratación. También llama la atención que todos los
países latinoamericanos expresen su animadversión con la Selección, deseando
una derrota que nos deje fuera de la pelea. No tiene sentido, porque a mi modo
de ver los jugadores no son soberbios ni arrogantes, es un equipo que se fue
consolidando desde 2022, y de hecho, la mayoría de los Campeones de Qatar
siguen vistiendo la camiseta en este Mundial.
Históricamente,
los Mundiales han sido funcionales a las cortinas de humo de los gobiernos de
turno, que sacan provecho del fervor colectivo para ocultar de la agenda
medidas polémicas que afectan nuestra calidad de vida. Ya se está hablando de
una hipotética reelección de Milei, y yo creo que va a alcanzar un nuevo
mandato, porque la oposición no existe, no tiene peso en el electorado, con la
excepción de algunos bastiones que conserva el peronismo. Ojo, yo no soy
partidario del Peluca, por ese motivo cabe aclarar que no se trata de una
expresión de deseo, sino de analizar objetivamente cómo se moverán las piezas
del tablero político.
Inglaterra es un
rival que siempre tiene una connotación especial, por varios antecedentes que
son harto conocidos, pero sea cual fuere el resultado, la vida continúa. Por
supuesto, no es lo mismo ganar que perder, y como ya dejamos atrás la fase de
grupos, uno de los dos se quedará afuera. Podemos soñar con ganarle a los
ingleses y disputar un nuevo duelo en la final con Francia, la verdad es que
sería buenísimo que los finalistas del 2022 vuelvan a verse las caras. De algún
modo, el fútbol nos une, porque es el deporte más popular, y atraviesa las clases
sociales, un fenómeno que casi no se da en ningún país del Primer Mundo. En
Brasil, la temprana eliminación del equipo se vivió como una tragedia y un
fracaso rotundo, sin embargo, creo que nosotros hemos fracasado tantas veces
que algo hemos aprendido. O al menos, así tendría que ser en teoría. Nadie
juega para perder y sin duda todo el país espera un triunfo que nos haga
olvidar transitoriamente nuestras frustraciones, porque seguimos siendo un país
pobre, subdesarrollado, sumido en la pobreza, la corrupción, y la marginalidad,
una espiral de decadencia que se viene dando desde hace por lo menos 50 años,
sin que podamos salir a flote. El modelo kirchnerista parece estar agotado,
pero la extrema derecha con el Estado ausente que propone Milei va a derivar
–más tarde o más temprano- en un estallido social. Venimos de procesos
inflacionarios que han pulverizado el poder adquisitivo de los salarios, y lo
más preocupante es que los libertarios siguen sin dimensionar la magnitud de la
crisis. Vamos Argentina, a ganar, pero que el árbol no nos impida ver el
bosque. Nos estamos viendo pronto. Punto final.