Lunes por la mañana en la ciudad. Durante el fin de semana tuve bastante trabajo, y la verdad es que me motiva la idea de recuperar el control de una agenda que últimamente se me había hecho esquiva. Tenía la intención de escribir acá hace unos días, pero como no se me ocurría nada en concreto, decidí empezar desde cero para ver si hoy puedo lograr ese objetivo. Climáticamente hablando, venimos de unos días espectaculares, a pleno sol, aunque entre ayer y hoy hemos tenido un brusco descenso de temperatura. Volviendo a lo que mencionaba en las primeras líneas de esta nota, creo que hace unos años había más actividad en Lobos, aunque no sabría precisar los motivos. El pueblo tiene una abundante oferta cultural, pero quizás el problema sea que esos eventos no consiguen impulsar la asistencia de público. La semana que viene tenemos Rock al Parque, un festival que ha podido mantenerse dentro de la consideración de los lobenses por más de 20 años. En sus últimas ediciones, Rock al Parque se ha convertido en un evento multitudinario, que abarca dos jornadas, con participación de bandas que ven en este festival una oportunidad para darse a conocer o ampliar su base de seguidores. La verdad es que no es nada simple trascender los límites del under para ampliar la audiencia y llegar a un público más amplio. Lobos no cuenta con muchos espacios para tocar, y ya no abundan tantos bares o boliches como hace 25 o 30 años. La mayoría de los grupos que van surgiendo buscan llegar al streaming, subiendo sus canciones a alguna plataforma como Spotify, lo cual tiene un costo mucho menor al de editar un álbum en formato físico. Por otra parte, últimamente se habla de un resurgimiento del CD, un soporte que nunca debió haber sido ninguneado o relegado, porque es cómodo, barato, y fácil de transportar. Durante los años dorados del vinilo, los CD se liquidaban a precios irrisorios porque casi nadie los quería juntando polvo en su hogar. Pero sigue siendo más accesible más conseguir un reproductor boombox o "chanchita" que invertir una pequeña fortuna en un tocadiscos. Pero sea como fuere, nunca me interesó el coleccionismo, no me parece que tenga sentido acumular objetos con los cuales ni siquiera interactuás. En el pasado, compré discos que rara vez he vuelto a escuchar, o libros que me da pereza leer. Por esa razón, insisto con lo que planteaba en un posteo anterior: La necesidad de volver a lo esencial y conservar sólo aquellas cosas con las cuales nos relacionamos en lo cotidiano.
Cuando una
persona muere, sus deudos suelen encontrar en la casa donde vivía varios objetos
que van a parar a la basura casi sin escalas. Nuestro paso por el mundo es demasiado fugaz como
para suponer que dejaremos algo que tenga valor. Lo único que dejamos es un
recuerdo, que también se va esfumando con el tiempo, cuando ya nadie vaya a
visitar nuestra tumba o sepultura, porque nuestros familiares han dejado atrás
el duelo para seguir adelante con sus vidas. La única manera de superar una
pérdida es aceptando que ya nada será igual, pero que pese a todo nos quedan motivos
para continuar. Dicho así parece una mágica solución de manual, pero lo cierto
es que cualquiera de nosotros sabe que no es nada fácil transitar ese proceso.
Creo que me fui
de tema, pero lo importante a tener en cuenta es que la razón para vivir
representa una decisión y un proceso individual. Mucha gente encontrará en sus
hijos una forma de dotar de sentido a sus vidas, pero me parece que hay que
pensar más en uno mismo y no delegar en los demás la responsabilidad de la
subsistencia. Por ejemplo, hoy tuve que ir al Hospital, para lo cual me levanté más temprano
que lo habitual, y obviamente lo que uno suele ver es gente enferma que requería la atención de
un profesional. Lo mío era una cirugía menor, nada grave, pero conviví en el
mismo pabellón con personas que ya no podían seguir esperando para sentirse
bien, y que necesitaban recuperar la salud porque es el bien más preciado para tener una mejor calidad de vida. Por eso, en lugar de quejarme porque tuve que
esperar más de tres horas (lo cual es cierto), me puse a pensar en la
importancia del sistema de salud público. Pensá que si te accidentás en la vía
pública, el primer lugar al que te llevan es al Hospital. Y acceder a una
atención médica gratuita es un beneficio que los argentinos no valoramos lo
suficiente. En otro país, incluso los más desarrollados, cualquier consulta en una clínica cuesta cientos o
miles de dólares según la complejidad, por esa razón no se aconseja viajar al
Exterior sin un seguro médico que permita cubrir cualquier eventualidad. Pero
el meollo del asunto es, a veces, solo los que han pasado por situaciones
límite tienen la capacidad de aprender a valorar lo que han conseguido, ser más
empáticos en el día a día, ejercitar la gratitud hacia todo lo que nos rodea.
Para muchos de nosotros, el sentido de la vida es un gran interrogante, pero mientras
proseguimos en esa búsqueda, hay detalles maravillosos que no conviene
perderse, ya que este viaje lo hacemos una sola vez. Nos estamos viendo pronto.
Punto final.