22 de abril de 2026

Los cambios que estamos viendo son un signo de los tiempos

 

Miércoles en la ciudad. Luego de varios días de clima inestable, hoy el cielo se despejó y asomó el sol, aunque ya dejamos atrás las jornadas cálidas y estamos vivenciando registros típicos del otoño. Creo que lo más importante que podemos tener cada mañana al levantarnos de la cama es una razón para continuar, un motivo para seguir adelante y una mirada optimista encarar la vida desde otra perspectiva. Durante el tiempo que no escribí en este blog me propuse indagar sobre esta cuestión, pero aprendí que probablemente lo más provechoso sea dejar de buscarle vueltas al asunto y pasar a la acción. Mantener una rutina es útil para ordenarnos cada día, y creo que todo lo que tenga que ver con eso tiene una connotación negativa que es inmerecida. La educación financiera, por ejemplo, forma parte de ese orden, e implica llevar una contabilidad sencilla que nos permita saber cuánta plata ganamos por mes, qué gastos fijos tenemos, y cómo podemos ahorrar aunque sea un 10 % del total. Por supuesto, todos sabemos que el contexto actual no es favorable como para hacer una gran planificación, pero es necesario poner los números sobre la mesa. En mi caso, me puse más metódico en ese sentido, anotando en un cuaderno todo lo que cobro en concepto de publicidad, y en otra hoja, los egresos, que surgen de los gastos fijos de cada mes. Todo lo que no sea de primera necesidad, es susceptible de ser modificado. Como ustedes recordarán, en los últimos años he sido crítico de Milei y de los libertarios en general, pero por mucho que me queje, es algo que me excede y que no va a cambiar en el corto plazo. No tengo presente la última vez que tuviera la percepción de que estábamos bien. En honor a la coherencia, algunos datos de la economía parecen ajustarse a la normalidad, pero el problema es que esa supuesta recuperación no llega a los bolsillos de la clase media, o media/baja. La retracción en el consumo doméstico se da porque la gente que puede hacerlo, compra directamente por Mercado Libre, una plataforma cada vez más popular, y que sirve también como formadora de precios. Cualquiera de nosotros ha escuchado alguna vez a un conocido decir: “Está más barato en Mercado Libre”. Todo lo que tiene que ver con ropa y calzado es más difícil, porque si bien hay una tabla de talles en cada producto, muchas veces no se ajustan a la realidad, y el proceso de devolución es un tanto engorroso. Tanto en ML como en Shein o Temu, hay una gran variedad, y una buena opción para orientarse son los comentarios y opiniones que dejan los usuarios que ya han efectuado una compra online. En mi caso, depende del volumen de cada transacción. Los alimentos los compro en comercios de cercanía, si bien hay gente que prefiere otros canales de venta, pero quizás para otros artículos, como herramientas, libros, o determinados repuestos, sea más conveniente hacer una búsqueda más detallada de la relación precio/calidad. Por eso, hay que desconfiar de precios excesivamente baratos, y si ese producto tiene un gasto de envío, lo más lógico sería sumar ese importe para llegar a la conclusión de si nos conviene realizar una compra por las aplicaciones de e-commerce. Mirá, hoy por hoy, hasta para sacar un turno médico tenés que hacerlo por WhatsApp, es decir, desde la virtualidad. Hace unos días llamé a un 0-800 para ver el estado de una tarjeta de débito que me deben entregar, y seguí las instrucciones de la grabación telefónica, que se reducen a “marque 1”, o “marque 2”, y así sucesivamente, sin que llegues al final pudiéndote contactar con un humano. Si te realizás algún estudio como una ecografía o diagnóstico por imágenes, te mandan un código QR donde supuestamente está todo, por lo cual vale decir que si lo perdés, cagaste, a menos que desde ese lugar conserven los archivos por un tiempo prudencial. Las empresas de servicios, como Camuzzi o Eden, avanzan cada vez más en el cierre de sus sucursales físicas. Todos los trámites se hacen desde la burbuja de la virtualidad. Es más, en un futuro no muy lejano, todos los peajes serán automáticos, con lo cual no habrá nadie en una cabina para que vos le entregues el dinero de la tarifa y recibir un mísero ticket como constancia.


Si comprás un celular nuevo, toda tu información permanece “en la nube”, en una cuenta de Google, y es un requisito ineludible contar con ella para recuperar tus datos y contactos. Hay personas que ni siquiera recuerdan su propio número, cuando antes era habitual tener una libretita donde anotábamos los números de nuestros familiares o amigos, a quienes llamábamos regularmente por un aparato fijo. No sé, quizás todo lo que ya pasó y quedó obsoleto nos provoca una nostalgia mal entendida, porque eso no quiere decir que antes haya sido mejor. Cabe contemplar esa posibilidad, como también la decadencia del soporte papel, que sobrevive en los libros y en algunos útiles escolares, pero con la ominosa sospecha de que tiene fecha de vencimiento. Todo se terminará en algún momento, porque los cambios se dan a una velocidad inusitada, que supera nuestra capacidad para incorporarlos y adaptarnos en consecuencia. Pensá que un teléfono a disco sobrevivió durante más de 40 años como la única forma de efectuar una comunicación de larga distancia, y en un lapso relativamente breve, fue reemplazado por aparatos inalámbricos, luego por el celular, el mail, y los servicios de mensajería. Tampoco hace falta que te acuerdes de los cumpleaños de tus amigos, porque Facebook hace ese trabajo por vos, debe ser una de las pocas cosas que existe de aquella red social, que ya muestra señales de agotamiento para ser sustituida por Instagram. Hoy parece ser que es más importante contar con “seguidores” que con un entorno de personas reales. Las historias, los reels, los estados de Whatsapp, y un cúmulo de nuevas herramientas nos van arrojando sin escalas hacia un terreno fangoso en el cual todavía no podemos hace pie, y que se conoce como progreso. Porque, seamos sinceros, todos queremos progresar, aunque si siquiera sepamos cómo hacerlo. ¿Adoptando nuevas tecnologías? ¿Tiene sentido aprender algo que quedará obsoleto en un abrir y cerrar de ojos? Todos los sociólogos coinciden en que el impacto de la pandemia fue de tal magnitud, que nos vimos forzados a avanzar hacia nuevas formas de comunicarnos. Fue el despegue definitivo de aplicaciones como Zoom, Meet, o Classroom. No había otra manera de que los docentes pudieran dar clases, hasta las sesiones de terapia se hacían por videollamada, y la realidad es que muchos de esos cambios se mantuvieron en la post-cuarentena. A mí me costó aceptarlo, pero no había demasiadas alternativas disponibles, si no te acostumbrabas, quedabas en el camino. Fue todo muy rápido, en menos de dos años se produjo una transición impresionante que dejó fuera de circulación a muchos objetos físicos y tangibles. Podríamos ponernos nostálgicos de que ya nadie escribe cartas, por ejemplo, pero no sé si tiene sentido. En la actualidad, la única correspondencia postal que se recibe son las cartas documento, y lo mejor que te puede pasar en la vida es no recibirlas nunca, ya que no abundan las buenas noticias que podés encontrar allí. La vuelta hacia lo analógico nos permite entender otros fenómenos más evidentes, como el revival de los discos de vinilo, o la lenta agonía de los diarios impresos. Todo lo que puedo decir es que, de no haber sido por una situación excepcional que comprometía la salud de millones de personas, esos cambios se hubieran producido más gradualmente. Lo que nos salva de esa sensación de desamparo es llegar a la conclusión de que las próximas generaciones estarán en condiciones de incorporar hábitos, usos y costumbres con una facilidad y pragmatismo que a nosotros se nos hizo cuesta arriba, pero que, en definitiva, es un signo de los tiempos. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

16 de abril de 2026

La hipocresía de la política doméstica pone en jaque el destino de los lobenses

 

Mitad de semana con algo de lluvia en la ciudad. Me pareció oportuno dejar pasar algunos días respecto de mi publicación anterior, ya que mi idea era dedicar ese tiempo a seguir avanzando en los objetivos propuestos. Para mí es importante aprovechar todos los recursos que estén a mi alcance para que cada encuentro con los lectores resulte una experiencia satisfactoria. En lugar de pretender culpar a los demás por nuestros problemas, es necesario emprender un camino hacia el autoconocimiento. Ello nos permitirá contar con estrategias y herramientas que nos lleven a prevenir nuestras reacciones más perjudiciales. 


Las noticias que provienen de los grandes medios no son alentadoras, pero todo me hace pensar que probablemente siempre ha sido así. Como mencionaba en una nota anterior, no hay que caer en la trampa de imaginar todo lo que nos mereceríamos tener o alcanzar. En la vida real, no hay una retribución equitativa en función con lo que creemos que nos corresponde. El aporte que yo puedo hacer consiste en seguir apostando a mi profesión, a aquello que aprendí, y dar lo mejor posible. Es un contexto desafiante para los que pertenecemos a otra generación, ya que no estamos acostumbrados a redactar de una forma distinta para captar la atención de un público cada vez más volátil. A mí también me pasa que ya no me despierta interés hojear un diario en papel. Toda la información impresa en esas páginas se refiere a hechos que ya fueron cubiertos por la radio, la televisión, y por supuesto Internet. Y lo que sucede en Lobos es que, durante la semana, no hay una actividad sostenida que nos permita inferir que la ciudad está atravesando por una etapa de desarrollo o crecimiento.


Lobos está huérfano de las grandes cadenas, sobre todo, a partir de que el local de Super Vea decidió cerrar sus puertas, en septiembre del año pasado. No es del todo cierto que tenía precios altos para la economía local. Así y todo, desde la apertura de la sucursal en 2006 el Vea atravesó sucesivas crisis y caída del consumo, que golpearon a todos los comercios de la zona. Por lo que yo recuerdo, la carne era de muy buena calidad, la mayoría de los productos en las góndolas eran de primeras marcas, y además se podía retirar efectivo en la línea de cajas. Pensemos por un momento en lo que está sucediendo en Cañuelas: Allí funciona un Mc Donald’s, y pronto van a abrir Rodizio y Café Martínez. Quizás se fue dando así porque se trata de una localidad cercana al AMBA, pero sea como fuere, las autoridades municipales deben bregar por la creación de puestos de trabajo en sus respectivas localidades. En Lobos no abundan las oportunidades para acceder a un empleo genuino y estable. Y esto no es nuevo, se viene dando en los últimos 15 o 20 años. Lo mismo podemos decir del agua contaminada por arsénico: No es un problema de ahora, ni que sea privativo de la actual gestión municipal. Durante los años en que Sobrero fue Intendente, que yo recuerde, no se avanzó en nada, ni tampoco se conoce alguna medida cautelar impulsada por los porteños devenidos en litigantes que llevan la voz cantante de los reclamos.


A nivel macro, en los albores del kirchnerismo el consumo estaba en un pico importante, daba la sensación de que había plata en la calle para gastar, y todavía no se hablaba de inflación, veníamos de una traumática salida de la Convertibilidad y de una época jaqueada por la ausencia de liderazgos. Por supuesto, esa supuesta prosperidad no duró mucho, porque el Estado fue creciendo de un modo incontrolable, en un infinito entramado de subsidios, trabas y regulaciones, los indicadores positivos se fueron estacando, y así (a modo de síntesis) llegamos a 2023, cuando asumió Milei. Pensar en que el Peluca podría ser presidente parecía una construcción propia de la ficción, pero así fue como se dieron las cosas. La protesta social se redujo considerablemente, el dólar se mantiene estable, y el riesgo país ya dejó de ser un tema cotidiano en los noticieros. En septiembre de 2025 se produjo una crisis que alcanzó una magnitud sorprendente en pocos días, tras la derrota electoral del oficialismo en las elecciones bonaerenses. El Gobierno salió desesperado a pedir el auxilio y el respaldo de EE.UU., y para los subsiguientes comicios de octubre, la racha negativa se revirtió. Meses antes se había eliminado el “cepo”, y pocos podían entrever que el impacto de esa decisión no arrojara consecuencias negativas en el corto plazo. Las últimas crisis nos dejan como lección que la volatilidad del mercado puede voltear a un gobierno en cuestión de unas pocas semanas. Para una mejor comprensión, es importante mencionar cómo los números de la económicos repercuten en la vida cotidiana. Las subas de los combustibles que se están dando desde que estalló el conflicto en Medio Oriente impactan directamente en el transporte público, en los fletes, y en la mayoría de los productos destinados el consumidor final. Alguien podrá decir que es poco lo que se puede hacer, pero yo no estoy tan seguro: Hay países vecinos como Chile o Uruguay que tienen economías mucho más estables que la nuestra, además de una mayor calidad a nivel institucional.


Empecé este posteo hablando de Lobos y me fui por las ramas, algo que me suele suceder, pero que en este caso tiene como objetivo analizar por qué no podemos superar este letargo crónico que nos condena a la falta de oportunidades y a la falta de incentivos para el crecimiento. No ha habido ninguna señal de avance respecto a la modificación de la Ordenanza de Zonificación. Esto significa que no hay voluntad política de los ediles del Concejo Deliberante. Cuando se renovaron las autoridades, el 10 de diciembre, hubo muchas promesas de vientos de cambio y renovación, pero más allá de las caras nuevas, el pescado sigue sin vender. Cualquier empresa que tenga la intención de radicarse acá necesita de reglas claras y previsibles. Por otra parte, ahora resulta que los mismos que se rasgan las vestiduras por el uso particular de autos oficiales no recuerdan lo que pasaba en los gobiernos anteriores, cuando era habitual que los funcionarios recorrieran miles de kilómetros en vehículos municipales sin ningún control. Como te digo una cosa, te digo la otra, porque si hay algo que todavía conservo es la memoria, y me fastidian la hipocresía y el doble discurso. Se quejan de Etcheverry, pero durante 12 años la gente le dio la espalda a la oposición y legitimó con su voto a los referentes locales de Juntos por el Cambio. Es decir que, desde el arco opositor, han sido incapaces de brindar en las urnas una alternativa que contara con el respaldo de los vecinos. En mi programa de TV, hace unas semanas estuvo como invitado un concejal peronista, que se expresa muy bien y con sentido común, pero no pude evitar recordarle que la mayoría de las irregularidades que él endilga a la actual gestión municipal se vienen dando desde mucho antes que asumiera Etcheverry, sólo que antes nadie decía nada, lo cual me hace suponer que más de uno hacía la vista gorda. Si no nos manejamos con criterio, seguiremos siendo testigos de estos proyectos o pedidos de informes que no van a parar a ningún lado, ya sea porque son archivados o porque cuando pasan a Comisión permanecen en un limbo por tiempo indeterminado. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

4 de abril de 2026

Llegó el momento de animarse a dar el gran salto

 

Sábado en la ciudad. Ya transitamos el cuarto capítulo de 2026. Arranco la jornada cebándome unos mates, y pensando en todas las actividades que resta cubrir en Semana Santa. Son días que mucha gente dedica al descanso, pero, como los lectores saben, yo prefiero seguir adelante con mi laburo, lo único que sí puedo mencionar es que aproveché para dormir un poco más. Todos los días debemos encontrar una razón para levantarnos de la cama y seguir adelante. Puede ser un objetivo nuevo o, tal vez, dotar de un renovado impulso a aquellos que permanecieron en letargo durante mucho tiempo. Por supuesto, están aquellas personas que ni siquiera se detienen a pensarlo, y en tal caso, tiene que ver con la capacidad que tenemos para sobreponernos a cualquier frustración o decepción.


Sea como fuere, para mí sigue siendo fundamental contar con proyectos, una razón para continuar, algo que nos saque de la abulia. Por eso reitero lo que mencioné hace unas semanas, y es que, desde la comodidad de un sillón, difícilmente se pueda construir algo perdurable y valedero. Compartir un momento de distensión viendo una película o un partido de fútbol no tiene nada de malo, el tema es cuando vos esperás que las ideas aparezcan desde una actitud pasiva. Por ejemplo, yo sé que tengo que caminar como mínimo una hora en el Parque, y si dejo de hacerlo, nadie me va a venir a buscar. Por lo tanto, sería totalmente desacertado culpar a alguien si yo no me pongo las pilas. Del mismo modo, cuando salgo a cubrir una nota, el principal incentivo que tengo es hacer bien mi trabajo. Todo lo demás está relacionado con la falta de motivación que a veces nos lleva a no poder rendir como quisiéramos. En los últimos dos años, es algo que me ocurrió con frecuencia. Pero a pesar de ello, cuando no tenía ganas me obligaba a ir a todos los lugares donde sabía que tenía que estar.


Probablemente, el tipo que labura en una fundición o hombreando bolsas todo el día no tiene la menor intención de perder el tiempo con planteos metafísicos o existencialistas. Si no hace lo que le corresponde, nadie le va a pagar su salario. Siempre creí que el dinero es una retribución al esfuerzo. Dicho de otra manera, es lo que uno espera percibir a cambio de su trabajo, más allá de que lo que nos pagan nos parezca insuficiente. En líneas generales, la gente que se queja de todo tiene un problema mayor al que encierran esos reclamos, y es que no se da cuenta de que a nadie le interesa escuchar boludeces. Pensá en cuántas veces te quejaste de cosas banales y superfluas, creyendo que exteriorizar ese malestar te haría sentir mejor. En realidad, es cierto que a veces nos hace bien hablar de nuestros problemas. Pero no tiene sentido desahogarse si hacemos caso omiso a lo que el otro pueda decirnos a modo de consejo o sugerencia. No estamos hablando solamente de amigos o familiares, sino de profesionales de la salud mental. Es necesario tener la capacidad de cerrar etapas y dar vuelta de página. No existe otra forma de hacer las paces con nuestro pasado y mirar hacia adelante. Si nos castigamos constantemente por haber tomado decisiones equivocadas, no vamos a avanzar nunca. 


Nadie tiene la sartén por el mango como para volverse inmune a un error de cálculo. Me ha pasado de encontrarme con conocidos que fueron mis compañeros de estudio, y que, en apariencia, han podido consolidar todo lo que habían proyectado desde la adolescencia. No obstante, desde afuera todo luce color de rosa, pero lo más factible es que los logros obtenidos haya sido el resultado de varios años de sacrificio y privaciones. A menos que seas heredero de una fortuna, para ganarse el mango hay que dejar de lado la pereza y la haraganería. Por eso, desde hace más de 20 años, yo trato de ser un periodista y comunicador que pueda brindar un mejor servicio a la sociedad.


Estamos atravesando tiempos de profundos cambios, en los cuales la IA parece haberse convertido en el recurso elegido para difundir noticias falsas, sobre todo a partir de videos o imágenes truchas. La labor profesional del periodista, seguramente, será revalorizada en los próximos años, tomando como punto de partida el vínculo que éste va forjando con la opinión pública. Para poder ser confiables y creíbles, la mejor herramienta que nos permite crecer es el análisis de los hechos, y ello implica no dar por sentado lo primero que nos dicen, aprender a desconfiar de las verdades absolutas, y abrir el juego para promover el debate y el pensamiento. A mí no me gusta que los grandes medios me den una información como si fuera un alimento masticado y listo para digerir, y entiendo que a los lectores tampoco, así que no pienso delegar en nadie la tarea de entender lo que nos pasa como comunidad, y por qué nos cuesta tanto convivir con nuestros errores y limitaciones. Nos estamos viendo pronto, con toda la carne en el asador. Punto final.

Los cambios que estamos viendo son un signo de los tiempos

  Miércoles en la ciudad. Luego de varios días de clima inestable, hoy el cielo se despejó y asomó el sol, aunque ya dejamos atrás las jorna...