Sábado en la
ciudad. Ya transitamos el cuarto capítulo de 2026. Arranco la jornada cebándome
unos mates, y pensando en todas las actividades que resta cubrir en Semana
Santa. Son días que mucha gente dedica al descanso, pero, como los lectores
saben, yo prefiero seguir adelante con mi laburo, lo único que sí puedo
mencionar es que aproveché para dormir un poco más. Todos los días debemos
encontrar una razón para levantarnos de la cama y seguir adelante. Puede ser un
objetivo nuevo o, tal vez, dotar de un renovado impulso a aquellos que
permanecieron en letargo durante mucho tiempo. Por supuesto, están aquellas
personas que ni siquiera se detienen a pensarlo, y en tal caso, tiene que ver
con la capacidad que tenemos para sobreponernos a cualquier frustración o decepción.
Sea como fuere,
para mí sigue siendo fundamental contar con proyectos, una razón para continuar,
algo que nos saque de la abulia. Por eso reitero lo que mencioné hace unas
semanas, y es que, desde la comodidad de un sillón, difícilmente se pueda construir
algo perdurable y valedero. Compartir un momento de distensión viendo una
película o un partido de fútbol no tiene nada de malo, el tema es cuando vos
esperás que las ideas aparezcan desde una actitud pasiva. Por ejemplo, yo sé
que tengo que caminar como mínimo una hora en el Parque, y si dejo de hacerlo,
nadie me va a venir a buscar. Por lo tanto, sería totalmente desacertado culpar
a alguien si yo no me pongo las pilas. Del mismo modo, cuando salgo a cubrir
una nota, el principal incentivo que tengo es hacer bien mi trabajo. Todo lo
demás está relacionado con la falta de motivación que a veces nos lleva a no poder rendir como quisiéramos. En los últimos dos años, es algo que me ocurrió con frecuencia.
Pero a pesar de ello, cuando no tenía ganas me obligaba a ir a todos los
lugares donde sabía que tenía que estar.
Probablemente, el tipo que labura en una fundición o hombreando bolsas todo el día no tiene la menor intención de perder el tiempo con planteos metafísicos o existencialistas. Si no hace lo que le corresponde, nadie le va a pagar su salario. Siempre creí que el dinero es una retribución al esfuerzo. Dicho de otra manera, es lo que uno espera percibir a cambio de su trabajo, más allá de que lo que nos pagan nos parezca insuficiente. En líneas generales, la gente que se queja de todo tiene un problema mayor al que encierran esos reclamos, y es que no se da cuenta de que a nadie le interesa escuchar boludeces. Pensá en cuántas veces te quejaste de cosas banales y superfluas, creyendo que exteriorizar ese malestar te haría sentir mejor. En realidad, es cierto que a veces nos hace bien hablar de nuestros problemas. Pero no tiene sentido desahogarse si hacemos caso omiso a lo que el otro pueda decirnos a modo de consejo o sugerencia. No estamos hablando solamente de amigos o familiares, sino de profesionales de la salud mental. Es necesario tener la capacidad de cerrar etapas y dar vuelta de página. No existe otra forma de hacer las paces con nuestro pasado y mirar hacia adelante. Si nos castigamos constantemente por haber tomado decisiones equivocadas, no vamos a avanzar nunca.
Nadie tiene la sartén por el mango como para volverse inmune a un error de cálculo. Me ha pasado de encontrarme con conocidos que fueron mis compañeros de estudio, y que, en apariencia, han podido consolidar todo lo que habían proyectado desde la adolescencia. No obstante, desde afuera todo luce color de rosa, pero lo más factible es que los logros obtenidos haya sido el resultado de varios años de sacrificio y privaciones. A menos que seas heredero de una fortuna, para ganarse el mango hay que dejar de lado la pereza y la haraganería. Por eso, desde hace más de 20 años, yo trato de ser un periodista y comunicador que pueda brindar un mejor servicio a la sociedad.
Estamos atravesando tiempos de profundos cambios, en
los cuales la IA parece haberse convertido en el recurso elegido para difundir noticias falsas, sobre todo a partir de videos o imágenes truchas. La labor
profesional del periodista, seguramente, será revalorizada en los próximos
años, tomando como punto de partida el vínculo que éste va forjando con la
opinión pública. Para poder ser confiables y creíbles, la mejor herramienta que
nos permite crecer es el análisis de los hechos, y ello implica no dar por
sentado lo primero que nos dicen, aprender a desconfiar de las verdades
absolutas, y abrir el juego para promover el debate y el pensamiento. A mí no
me gusta que los grandes medios me den una información como si fuera un
alimento masticado y listo para digerir, y entiendo que a los lectores tampoco,
así que no pienso delegar en nadie la tarea de entender lo que nos pasa como
comunidad, y por qué nos cuesta tanto convivir con nuestros errores y limitaciones.
Nos estamos viendo pronto, con toda la carne en el asador. Punto final.
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