30 de junio de 2026

Es momento de barajar y dar de nuevo

 

Fin de mes en la ciudad. Más allá de lo que indica el almanaque, un indicio evidente del último tramo de este ciclo puede advertirse en cualquier comercio donde uno haga sus compras habituales. Creo que voy a lanzar alguna promoción para ver si puedo sumar anunciantes a mi diario digital. La idea es contar con clientes estables, que conozcan cómo funciona la publicidad, y digo esto porque a veces, es común escuchar reclamos del tipo “no me llamó nadie”. Que tus ventas no se hayan incrementado o que no te hayan llamado por tus servicios no significa que la publicidad no funcione. Hay que darle tiempo, como mínimo tres meses, hasta que la gente comience a asociar tu nombre al de tu negocio. Como mencioné alguna vez, no sirve de mucho sostener una pauta con un anunciante que ni siquiera está convencido de lo que está haciendo. Prefiero cobrar tarifas económicas, pero que me permitan asegurarme una continuidad a mediano o largo plazo. 


Hace rato que vengo percibiendo una caída en las ventas, la cual afecta a casi todos los rubros, y mi caso no es la excepción. Por eso es importante tener en claro cuánta plata cobrás todos los meses y qué excedente te queda disponible luego de pagar todos los gastos fijos. Por ejemplo, si vivís solo, la prioridad es pagar el alquiler, los servicios, los impuestos, y la comida. Una vez que pudiste separar el dinero para esos menesteres, no es extraño que te sobren apenas unas monedas para tirar durante todo el mes. Si tenés la mala suerte de enfermarte, vas a tener que gastar en medicamentos, que no son nada baratos, por lo cual esa pequeña reserva que uno posee ante cualquier imprevisto se verá reducida a su mínima expresión.


Cuando pasás la primera quincena, se comienza a complicar el asunto, porque ya cobraste todo lo que te correspondía y no queda otra alternativa que arreglarse con eso para tirar lo que resta del mes. Al final, yo no sé si antes la plata rendía más, probablemente sea una percepción errónea, lo que sí puedo decir es que hace 10 o 15 años había un mayor consumo, pese a que teníamos índices de inflación bastante elevados. Por ese motivo, aunque hoy la inflación mensual es de un dígito y el riesgo país está por debajo de los 500 puntos, no hay una recuperación en el salario real que se vuelque en el comercio minorista. Con sueldos que raras veces superan el millón de pesos, y con jubilaciones de hambre, cualquier persona sabe que no están dadas la condiciones para llenar el changuito. Todo esto hace que nos tengamos que resignar a vivir al día, comprando lo justo y necesario, y a veces ni siquiera nos alcanza para ese objetivo. Está claro que el costo del ajuste no lo pagan todos por igual, y el impacto se siente con mayor magnitud en la clase media/baja. En los primeros años del kirchnerismo (2005 o 2006, por citar un ejemplo) hubo una recuperación de la economía que también alcanzó a los sectores más postergados, pero no se pudo sostener por mucho tiempo. Hoy lo que necesitamos es un Estado presente que brinde contención a los argentinos, porque la matriz ideológica de los libertarios que nos gobiernan va en el sentido opuesto. Ya estamos viendo las consecuencias de la desregulación de la economía, con una apertura indiscriminada de las importaciones que está destruyendo la industria nacional. Contratos basura para los trabajadores y despidos express. Una cobertura precaria e insuficiente para las personas con discapacidad.


A pesar de este contexto desalentador, podemos afirmar que detrás de una crisis nace una oportunidad. Hasta no hace mucho tiempo, yo creía que me había consolidado como referente de un medio de comunicación, pero todo parece indicar que voy a tener que seguirla remando. Nunca fue mi intención dormirme en los laureles, de hecho, todos los días pienso en reinventarme para ofrecer a los lectores información relevante de Lobos y la zona. Mi única aspiración era poder capitalizar la trayectoria que uno fue forjando a lo largo de más de dos décadas en el periodismo. Sin embargo, este escenario poco promisorio que estamos atravesando me obliga a tomar las riendas y asumir un rol protagónico para enfrentar una realidad que, si no tenemos una estrategia clara, nos va a pasar por encima sin miramientos. No es momento para débiles o pusilánimes, hay que repartir los naipes y volver a jugar otra vez. Siempre mantuve un perfil bajo, e hice mi laburo sin alardes ni estridencias. Pero las circunstancias actuales requieren de una toma de posición que se imponga por sobre lo ya conocido. Es necesario ocupar un rol que nos permita apostar por un periodismo de calidad, teniendo en cuenta que la IA y las fake news de las redes sociales se erigen como las principales amenazas de la información veraz y confiable. Creo que, si no tomamos acciones concretas, nos vamos a quedar a mitad de camino. Por otra parte, si la gente renueva su confianza en los portales de noticias, buena parte del trabajo ya estará logrado. En esta coyuntura tan compleja para la prensa independiente, debemos responder a esta realidad que nos interpela todos los días con una propuesta superadora. Esto significa que habrá que convivir con las nuevas tendencias, pero sin descuidar un ápice en el tratamiento de la información, para que mantenga la rigurosidad y calidad que los lectores demanda. Vamos avanzando en esa dirección, luego les comentaré los resultados. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

18 de junio de 2026

Delivery de paciencia para afrontar la segunda quincena

 

Ya estamos cómodamente instalados en la segunda quincena de junio. Hace varios días que no escribía nada por aquí, de hecho, ni siquiera lo hice para fechas que son importantes para mí, como el Día del Periodista, o mi cumpleaños. En realidad, lo que trato de evitar es ser reiterativo o redundante, aunque pensándolo bien, lo más acertado sería renunciar a cualquier pretensión de originalidad, y aceptar que nos vamos repitiendo casi sin darnos cuenta.


Este año está atravesado por lo que representa el Mundial: El martes fue el esperado debut de la Selección, con un resultado categórico, y todos queremos que el equipo se vaya consolidando durante el desarrollo de la Copa del Mundo para seguir en carrera. No hay mucho que agregar, llegó la hora de la verdad y sólo resta esperar a los próximos rivales para ver si estamos en condiciones de pelear en lo más alto. La verdad es que un partido que comenzaba a las 22 hs, en un día de semana, era un poco incómodo para hacerse un hueco y resignar algunas horas de descanso frente al televisor, pero más allá de eso, pude ver los tres goles antes de buscar refugio en las sábanas. Bueno, en ese sentido, recuerdo que fue mucho más complicado seguir los partidos del Mundial de Corea/Japón, ese olvidable certamen que nos hizo permanecer desvelados de madrugada para presenciar la rápida eliminación del equipo en fase de grupos.


En la Argentina, todos sabemos que un Mundial representa la oportunidad perfecta para ocultar escándalos y negociados, pero el fútbol nos brinda satisfacciones que los grandes actores de la política difícilmente puedan equiparar. Hace unos días fue noticia el riesgo país, que alcanzó su valor más bajo en ocho años. Más allá de que sea cierto, para el bolsillo del asalariado ese indicador no significa ningún paliativo. La economía doméstica no repunta, la caída del consumo no encuentra piso, y los sueldos son demasiado bajos como para pensar en satisfacer el ego dándose un pequeño gusto. Las expectativas del común de la gente no son alentadoras en el corto plazo, las tarifas del transporte público suben casi todos los meses, y si necesitás del bondi o del tren para ir a laburar, todo ese combo representa un gasto fijo que hay que absorber recortando otros menos acuciantes. En ese contexto, yo no creo que podamos salir del atolladero en el corto plazo. Sin embargo, yo creo que la gente es más consciente de antes respecto al intento de generar una cortina de humo con la Scaloneta. De todos modos, una vez que finalice su participación, todo seguirá como antes. A título personal, estoy tratando de despojarme de preocupaciones superfluas o innecesarias para poder lograr una visión distinta de lo que me toca afrontar día a día.


Siempre sostuve que el principal capital que tenemos consiste en mantener la calma y la paz interior, que a menudo se ve amenazada por la intromisión de diversos factores externos que no sabemos bien cómo manejar. Pero si vos dejás que todo eso aparezca y te complique, vas a estar constantemente alterado, relegando a un segundo plano esos momentos de felicidad que no abundan, y que también te sorprenden cuando menos los esperás. Por supuesto, todos tenemos dificultades y problemas, el tema está en pensar qué hacés con eso, cómo se puede sostener una estructura a partir de cimientos que nunca suelen ser demasiado sólidos. Por ese motivo, a veces es útil hacer una pausa, bajarnos del caballo, y volver a pensar qué es lo que queremos conseguir. Si no tenemos un propósito o una razón que nos motive a vivir, todo lo demás se hará más cuesta arriba. Ese proceso de autoindagación requiere de un análisis honesto, porque sería una tontería engañarse a uno mismo adoptando una imagen que no le pertenece. Cuanto más certero sea el diagnóstico, más claro será nuestro propósito. Por ejemplo, yo este año acabo de cumplir 47, y no me queda otra opción que asumir que estoy finalizando una etapa, lo cual implica dejar atrás la juventud para dar paso a una instancia en la cual uno espera cosechar lo que ha sembrado durante tantos años. 


Obviamente, cuando te acercás a los 50 comprendés el tiempo no te sobra, y que aquellas cosas que te otorgaban envión y motivación ya no existen más. La vida está llena de vericuetos y vueltas de tuerca, y eso significa que nuestras expectativas se van renovando y adaptando a nuestra versión más reciente.  Y en ese sentido, si no logramos parar la pelota y recuperar la calma, no vamos a poder adoptar decisiones acertadas.


Cuando dejás que la ansiedad se apodere de tu ser, estás priorizando a la emoción por encima de la razón. No se trata de vivir sin emociones, sino de aprender a equilibrar ese plato de la balanza con un componente racional que te permita ser más consciente de tu realidad. Al cabo de un tiempo, uno se da cuenta de que la mayoría de las preocupaciones e inquietudes no son relevantes, y si tuviste que lamentar la pérdida de un ser querido, vas a comprender que la vanidad y la superficialidad son espejismos de la conciencia que te han mantenido ocupados sin ningún fundamento. Para quienes han leído otras notas del blog, cuando yo mencioné las ventajas de llevar “equipaje liviano”, me refería principalmente a no estar atado a nada, a aprender que estamos de paso, y que el momento para disfrutar del viaje es aquí y ahora. Te podés lamentar de no haber hecho algo que te quedó pendiente, pero eso no quiere decir que el tiempo que todavía te queda transcurrirá al pedo. El dinero no compra la felicidad, pero no padecer deudas ni privaciones hace que te saques un problema de encima, y te otorga la posibilidad de concentrarte en otros objetivos. Esa es, para mí, la única función verdadera de la guita en una sociedad capitalista. Es comprensible que la mayoría de la gente que tiene cuentas por pagar no pueda pensar en otra cosa, ya que llegar a fin de mes se ha convertido en una odisea para los sectores más postergados. A nadie le agrada ir acumulando deudas que luego se vuelve una carga muy pesada para el bolsillo cotidiano. Por eso, creo que es un buen momento para valorar lo que tenemos y aprender que seguir quejándose por boludeces es una afrenta al sentido común. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

5 de junio de 2026

No te olvides de vivir

 Primeros días de junio en la ciudad, sin mayores novedades en la superficie. Este mes es mi cumpleaños, y pienso que para la mayoría de nosotros representa una fecha que nos incita a reflexionar. Es una ocasión propicia para poner en valor todo lo que hemos podido lograr a lo largo de un año, lo cual seguramente tendrá una extensión superior a lo que imaginamos. Este ejercicio revisionista cobra sentido cuando aprendemos a emplear todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance para salir del estancamiento. Cada vez estoy más cerca de los 50, y debo decir que nunca creí que iba a llegar a esta edad. Por otra parte, es importante contar con una rutina que nos permita ordenar nuestros hábitos cada día. Cuando hablamos de rutina, hay que reconocer que es un término que no tiene buena prensa o reputación, pero que es necesario incorporar como una manera de lograr que cada jornada nos rinda más.


Hacer periodismo en una época en la cual el hábito de la lectura pierde terreno ante la virtualidad implica una adaptación hacia nuevas plataformas que van marcando tendencia, y que priorizan un componente audiovisual por encima de la palabra escrita. A decir verdad, la gente sigue leyendo, sólo que ahora lo hace desde la pantalla del celular, un formato que exige textos breves y que vayan directo al grano, sin grandes prolegómenos. Ser parte de esa transición me posiciona en un lugar distinto, porque desde que lancé el portal de noticias, pensé en concebirlo como un formato accesible para los dispositivos móviles. Pero hay que aceptar que, hoy por hoy, las redes sociales constituyen la principal fuente por la cual el público se informa, cuando antes era un mero complemento. Volviendo a lo que mencionaba al comienzo, cumplir años es mucho más que un festejo compartido con familiares y amigos, sobre todo cuando estás transitando la adultez. Básicamente, aparecen otros factores de peso como para inclinar la balanza en otra dirección. Lo único que pedimos es que los años que nos quedan por vivir sean con salud, sin achaques, y en pleno uso de nuestras facultades mentales. No es casualidad que cada vez más gente elija conectarse con el yoga, la meditación o el mindfullness. La idea es encontrar soluciones no farmacológicas que permitan alcanzar el bienestar. Probablemente, cuando tenía 20 o 23 años, no pensaba en nada de eso, pero es lógico aceptar que vamos cambiando nuestras prioridades e intereses. Lograr la estabilidad emocional, a mi modo de ver, es una de las aspiraciones que se posiciona como la más valorada en lo cotidiano. Hace poco, mencionaba en otra nota que muy pocas cosas son realmente importantes a medida que vamos desandando el camino. Los afectos, las relaciones humanas, ocupan un lugar preponderante como un recurso que propone un espacio para el desarrollo personal, contribuyendo a salir de la alienación y el aislamiento. A veces, me da la impresión de que andamos muy apurados y ansiosos: Nos vemos superados y desbordados por situaciones que no revisten verdadera relevancia, y una de las posibles causas tiene que ver con que no podemos establecer un equilibrio, como si fuéramos una hoja que se balancea por el capricho del viento. 


Yo descubrí que, para sentirme mejor, debía dejar de quejarme por lo que no me salía como yo esperaba y poner en valor todo lo que he conseguido. Y con respecto a mi profesión, me propongo seguir adelante en la búsqueda de ser una caja de resonancia de lo que acontece en la comunidad. Cuando sos un adolescente, tenemos la impresión de que el tiempo no se agota nunca, y que siempre se puede posponer o postergar una decisión. En resumen, esto pasa porque creemos que es un recurso infinito e inagotable. En cambio, al llegar a cierta edad, comprendemos que ya no nos queda margen para continuar dilatando decisiones. Cada día que dejamos pasar sin haber hecho algo por nosotros mismos, es tiempo que en algún momento vamos a lamentar por haberlo perdido. Por ese motivo, hoy más que nunca, es importante darnos un lugar para el disfrute, incluso dentro de nuestro trabajo. Haber laburado a conciencia para alcanzar un determinado propósito nos otorga la satisfacción de saber que nos esforzamos para poder verlo concretado. Ahora que estoy cerca de mi medio siglo de existencia, aprendí que todo lo que pueda conseguir es fruto de la voluntad y el empeño que yo ponga para lograrlo. Seguramente, a muchos de los que están leyendo estas líneas les sucederá lo mismo. Hemos atravesado pérdidas, duelos, desamores, frustraciones, y luego de haber sido testigos de ese proceso, podemos ver que lo único perdurable es aquello que se construye desde lo cotidiano. 


En definitiva, la vida es como una novela, con un comienzo y un final, sólo que no podemos adelantar páginas si la lectura se torna aburrida, porque transcurre en tiempo real. Resta por saber si ya está todo escrito o si tiene la estructura de esos libros destinados al público juvenil, al estilo de “Elige tu propia aventura”, con lo cual queda flotando la hipótesis de que existen varios caminos para que el lector vaya conduciendo su destino por encima de lo que, en apariencia, ya no admite ningún tipo de duda o indecisión. Sea como fuere, creo que es momento de jugársela, de apostar las fichas que nos quedan, de asumir riesgos, porque de lo contrario seguiremos creyendo que lo cómodo y previsible nos otorga confianza y seguridad, cuando en realidad es el síntoma de una forma de vivir carente de vértigo y de grandes conquistas. "Me olvidé de vivir", como el título de aquella balada que inmortalizó Julio Iglesias en el imaginario popular. Nos estaremos viendo pronto. Punto final.

27 de mayo de 2026

Equipaje liviano

 

Mayo se me hizo más largo que lo habitual, no sé bien los motivos. Dentro de todo, estimo que podré llegar al final de este ciclo un poco más holgado económicamente, y en ese sentido cabe mencionar que pude cobrar una pauta anual de un cliente de esos que no abundan. Lo primero que hice fue cancelar varios gastos que son inherentes al mantenimiento de un diario digital, como el hosting, un servicio que también se renueva todos los años y que cada vez es más costoso, pero si yo decido continuar pagando, es porque sigo apostando a brindar información de calidad, es parte del compromiso que uno tiene con el proyecto periodístico que representa. Falta muy poco para que comience el Mundial, pero mi percepción es que no hay demasiada euforia, lo cual probablemente tenga que ver con que pocos creen que la Selección pueda consagrarse Campeón en dos Copas del Mundo consecutivas. Sea como fuere, cuando se aproxima el certamen, suele haber un repunte en las ventas de televisores. Si ya tenías en mente la idea de cambiar tus electrodomésticos, puede considerarse una buena opción. Más allá de cuál sea el seleccionado que levante el trofeo, es una buena oportunidad para ser testigos de resultados que desafían la lógica y los antecedentes de cada uno de los participantes. El fútbol, pese al VAR y a las nuevas tecnologías que repercuten en lo que sucede en el campo de juego, sigue siendo un deporte imprevisible, ya que un ignoto equipo africano puede imponerse frente a la opulencia y el estirpe de los europeos. Mientras tanto, lo que sí resulta evidente es que la venta de figuritas va viento en popa, es un pasatiempo propio del siglo pasado que resiste estoicamente en tiempos donde la virtualidad y la Inteligencia Artificial han calado hondo en cada aspecto de nuestras vidas. Claro que, para completar el álbum, se estima que será necesario desembolsar casi 2 millones de pesos. Sinceramente no recuerdo si en mi infancia tenía avidez por el coleccionismo de figuritas, pero siempre hubo estampas más difíciles de conseguir. En determinados casos, cuando llenabas el álbum podías canjearlo en el kiosco por algún premio que siempre tenía sabor a poco, teniendo en cuenta todo el esfuerzo y el dinero que eran necesarios para acceder a ese cometido.


A título personal, y retomando lo que manifestaba en el comienzo del posteo, creo que mi gran apuesta tiene que ver con recuperar la calma, y no permitir que la ansiedad o los impulsos tomen el control, porque ninguna decisión será la mejor si nace condicionada por esos factores. Hablaba del hábito de coleccionar, y siempre me pareció medio al pedo el frenesí acumulativo. Hasta hace unos años, yo compraba muchos CD’s, realmente me gustaba tener en formato físico a la música que fue marcando mi vida, pero hoy por hoy, creo que es mejor transitar nuestro paso por este mundo, con un equipaje liviano y sin estridencias, si al final de cuentas todos vamos a terminar en el mismo lugar, y las pertenencias que nos queden en este plano se las repartirán nuestros herederos. Si aprendemos a cultivar el desapego, pienso que todo nos resultará más fácil. ¿Cuántas canciones almacenan los servicios de streaming como Spotify? ¿Alguien recuerda qué pasó con los reproductores de MP3 que todos usábamos hace 20 años? Bueno, la única certeza que tenemos, es que la música sigue ocupando un lugar fundamental en lo cotidiano, y ese es el secreto del éxito de radios como Aspen o Blue, con muy pocos programas fijos, y escasa intervención de los locutores. Me pasa cuando voy a algún bar a tomar un café: El dueño decidió que era más fácil sintonizar una de esas emisoras con repertorio "Adult Contemporary" y no complicarse la paciencia. Y si hablamos de paciencia, tengo la convicción de que constituye una de las principales virtudes que podemos llegar a conseguir. Como mencionaba en otra nota, hay que domesticar al tigre, comprender que debemos respetar ciertos plazos o procesos para llegar hacia donde queremos ir.


Tenemos la tendencia a vivir demasiado apresurados, y no comprendemos que los días se nos escapan como arena entre los dedos. La única forma que tenemos para ejercitar la conciencia plena es entendiendo que nada se logra de un día para el otro, por lo cual todavía estamos a tiempo de volver a lo esencial. Pocas cosas son realmente importantes como para que aceptemos  negociar nuestro derecho a ser felices. Por supuesto, todos tenemos que laburar y pagar las cuentas para que no nos corten la luz o el gas, pero si contamos con los recursos para hacerlo, debería dejar de ser un motivo de preocupación. La Argentina está atravesando por una etapa que profundas transformaciones, que a mi criterio no son alentadoras, pero si el año que viene asume alguien de otra fuerza política, quizás podamos recuperar la senda que nunca debimos haber perdido. Y hasta que ello no ocurra, habrá que reflexionar sobre lo que nos bloquea, nos inmoviliza, y nos impide avanzar, para no tropezar dos veces con la misma piedra. Nos estamos  viendo pronto. Punto final.

17 de mayo de 2026

Qué hacer cuando la necesidad de adaptarse nos lleva a cometer errores no forzados

 

Desde hace aproximadamente dos años, estoy escribiendo menos en el blog, no sé si se debe a alguna razón en particular o si simplemente se dio así. Pero lo cierto es que ya perdió mi interés comentar sobre banalidades o hechos cotidianos que no aportan sustento a lo que pretendo expresar. Por supuesto, esperar a que suceda algo trascendental que nos marque un quiebre también sería un error.


Lo que más me preocupa en este momento es ir construyendo un futuro a corto y mediano plazo, y creo que transitar por ese proceso constituye una buena razón para continuar. Estamos atravesando un contexto difícil, con mucha gente que no llega a fin de mes, una caída notable en el consumo, y una gran polarización en el espectro político, como si ya no hubiera lugar para los moderados y todo lo que marca tendencia fuera blanco o negro. El ajuste perpetrado a las arcas del Estado en la gestión de Milei afecta a los sectores más vulnerables, algo de eso ya se vislumbraba desde la aprobación de la Ley Bases. Conociendo lo que ha sido la manipulación histórica de las estadísticas en este país, cualquiera podría inferir que la pobreza y la indigencia han escalado a niveles muy superiores a los informados oficialmente por el INDEC. Aquellos que todavía tienen acceso al crédito se endeudan para cubrir gastos de la canasta básica. Los comedores o merenderos no dan abasto para asistir a la gente que ha perdido su empleo y que no tiene los recursos mínimos para su subsistencia. A título personal, esta es la primera crisis que me golpea de cerca, porque cuando sucedió la debacle de 2001 todavía estaba en un limbo y tenía otra perspectiva que contribuyó a mitigar el impacto. Es irónico que Milei insista en afirmar que “no hay plata”, cuando los diputados, senadores y ministros cobran sueldos abultados, por lo cual no hace falta ser un gurú de la política doméstica para comprobar que la casta goza de buena salud. Podemos pensar en el esfuerzo que le cuesta a un asalariado promedio ganar 10.000 o 20.000 pesos, y cómo ese dinero se evapora comprando dos boludeces en el supermercado. Por otra parte, el transporte público, los combustibles y los peajes siguen subiendo. Es casi un lujo viajar a Buenos Aires en combi, cuando hace 20 años una familia podía afrontar el costo de un paseo por los shoppings o por los bosques de Palermo sin las privaciones que hoy se han vuelto una desagradable costumbre. 


Como suele decirse, antes había plata para gastar, el consumo había alcanzado un pico sostenido, sobre todo en los primeros años del kirchnerismo, antes de que la inflación comenzara a erosionar el poder adquisitivo. Mientras tanto, tener un trabajo en blanco se convirtió en un privilegio más que en un derecho. El sistema previsional está colapsado al igual que el PAMI, y los futuros jubilados se encontrarán con un panorama aún más desolador. Los recortes en la cobertura de los medicamentos, golpean a una franja etaria que suele enfermarse con más frecuencia que la población en actividad. Sea como fuere, tampoco podemos caer en la mediocridad de culpar al gobierno de turno por cada cosa que no nos sale bien, eso es harina de otro costal, como suele decirse. De hecho, yo creo que Milei va a ser reelecto. Más allá de que está en las antípodas de mi pensamiento, es una estimación que tengo porque la mayoría de la gente está convencida de que antes estábamos peor. Para ser francos, como mencioné antes, el ajuste salvaje de los libertarios me sorprende en un momento en el cual yo pensé que podía expandirme y seguir apostando al trabajo que tantas satisfacciones me ha dado. Es verdad que he pasado por tragos amargos, pero los buenos momentos lo compensar con creces. Cómo ocurre con cualquiera de ustedes, no me queda otra que aceptar lo que me toca y seguir adelante. Es decir, no quiero trasladar mis frustraciones hacia una determinada gestión de gobierno. Por el contrario, lo único que puedo hacer es administrar mejor mis ingresos para no tener que llegar a cada mes con la lengua afuera. Y aunque hablar de un ahorro suena a una utopía,cualquier gasto imprevisto se convierte en un dolor de cabeza si no contás con un mínimo excedente que te permita salir del paso con mayor comodidad.


En este mes se produjo un cambio con los anunciantes, lo cual hizo que tuviera que modificar varios banners publicitarios de mi diario digital. Todo eso lo hace un diseñador, por lo cual tiene un costo, que se puede amortizar con la plata que ingresa en concepto de publicidad. Para las grandes empresas, los valores que estoy manejando no representan una erogación significativa, pero cuando cobro todos los meses, lo hago tanto con el almacén, el kiosco, el remisera, o a quien fuere. Curiosamente, los clientes más fieles suelen ser los que menos pagan, pero esa perdurabilidad hace que uno sea más cauteloso al momento de aplicar un aumento. Yo confío en que, a pesar del contexto adverso, pueda seguir dándole volumen a los sueños e ilusiones que todos compartimos en los primeros minutos de 2026. Mientras tanto, por lo menos vamos a tener el escapismo del Mundial. Falta menos de un mes para que arranque una nueva Copa del Mundo, y aunque no le cambiará la vida a nadie, es la única oportunidad que tenemos cada 4 años para poder ver fútbol de calidad por TV. Los pibes que coleccionan figuritas no dejan de ser un fenómeno digno de análisis, ya que le aportan una mística y colorido a un hobby que uno ya creía completamente sepultado por la virtualidad y el auge de la IA. Nos estamos viendo pronto, con más novedades para este boletín, en un otoño que en este rincón del mundo siempre se vive de una forma muy particular. Punto final, hasta que el destino nos vuelva a encontrar en el laberinto de los algortimos.

5 de mayo de 2026

Palabras cruzadas

 

Martes 5 de mayo. Llegó el frío a la ciudad. Hace tiempo que no escribía algo en este espacio, pero pienso que quizás no tenía mucho para decir, y era necesario bajar un cambio para aprender a mirar las cosas desde otra perspectiva. Es increíble lo rápido que pasa el tiempo, ya estamos cerca de mitad de año, y hemos dejado atrás varios capítulos de 2026 casi sin darnos cuenta. Lo más importante es no perder de vista aquello que nos hace sentirnos plenos, y obviamente, cada uno tendrá diferentes percepciones de cómo alcanzar el bienestar. En mi caso, dar una caminata de una hora diaria o hacer una entrevista para mi diario digital representan una forma de conectar con aquello que me da satisfacción, y a decir verdad, disfrutar de mi trabajo es una gran ventaja si tenemos en cuenta que la mayor carga horaria está destinada a las obligaciones laborales.


El fin de semana comencé las cobranzas a mis clientes, y estimo que terminaré a mitad de semana. Si bien en los primeros días uno parece contar con bastante dinero, lo cierto es que se trata de una percepción engañosa si entendemos que con lo recaudado hay que tirar todo el mes. A veces no queda otra alternativa que actualizar las tarifas, sobre todo si no alcanzan para cubrir los gastos básicos. Para comprar un kilo de carne, por citar un caso, se necesita un mínimo de 20.000 pesos. Eso implica hacer una erogación que conspira contra cualquier presupuesto mesurado que uno intente proyectar. No obstante, como dato positivo puedo afirmar últimamente logré llegar a fin de mes con más tranquilidad, sin deudas, y manejándome con el dinero que tengo disponible. A esta altura, habiendo dedicado más de 20 años a esta profesión, una de las prioridades es alcanzar una estabilidad que me permita consolidarme. Tal vez no tenga las ganas ni el empuje de aquellos primeros años, pero gané en experiencia, y ese es el mejor legado que puedo capitalizar. Como le sucede a la mayoría, he pasado por etapas de mayor prosperidad que otras, pero la diferencia es que antes no tenía bien en claro en qué dirección avanzar. Por ejemplo, al cabo de un tiempo, uno ya puede conocer qué tipo de noticias tienen más alcance e interés en los lectores. Es un ejercicio útil que permite concentrar los esfuerzos para brindar una cobertura más amplia y detallada. Claro que a veces hay fallas en ese cálculo, pero nunca está de más contar con una tendencia, es lo mismo que le pasará a cualquier comerciante que sabe cuáles son los productos más vendidos de su mercadería.


Todo lo que podamos hacer tiene fecha de vencimiento, lo único perdurable son los sueños y las ilusiones. Porque si no mantenemos viva la llama, seguir adelante carecería de sentido, y no hay nada peor que andar boyando como bola sin manija. Es necesario dotar a nuestras acciones de un combustible que nos impulse a levantarnos todos los días y salir a la calle sin pensarlo dos veces. Y mientras tanto, hasta que logremos sostener y apuntalar lo conseguido, hay que aceptar que la vida nos presenta dificultades y desafíos constantes, por lo tanto, no siempre vamos a poder rendir al 100 %. Yo no pienso igual que hace diez o quince años, mis prioridades cambiaron, y me parece natural que podamos darnos la oportunidad de analizar con otra mirada el tiempo que nos queda, que seamos conscientes de las discusiones y peleas estériles, de todo aquello que nos quita la voluntad y nos aleja de lo esencial. Son muy pocas las cosas que merecen realmente la pena, todo lo demás son prejuicios limitantes que sólo persisten por la vanidad y el egoísmo, que constituyen los principales escollos para emprender un nuevo camino. Me parece que lo más importante es poder reconocer si algo no nos está dando el resultado que esperábamos, y tratar de descubrir las causas que nos permitan encarar otro rumbo. Es una premisa válida, tanto para el ámbito laboral como para los momentos de ocio, pero de lo que estoy seguro, es que cuando tenés en claro los objetivos, el resto se vuelve mucho más fácil de concretar. De manera que para lo sucesivo, lo que nos salva del desgano y del desaliento es contar con la tranquilidad del deber cumplido. De esta forma, cuando lleguemos a los últimos días del año, no volveremos a sentir la desazón de no haber podido darle vida a lo que nos propusimos lograr. Por suerte, mi programa de TV sigue teniendo buena audiencia, y con respecto al portal digital, hay anunciantes interesados en promocionar sus productos y servicios. Mientras haya un público que valore el contenido de ambos emprendimientos, confío en que la gente continuará dándole el respaldo que siempre quise tener. De eso se trata, ni más ni menos que construir un espacio para favorecer la comunicación desde un punto de vista asertivo, con firmeza y convicción. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

22 de abril de 2026

Los cambios que estamos viendo son un signo de los tiempos

 

Miércoles en la ciudad. Luego de varios días de clima inestable, hoy el cielo se despejó y asomó el sol, aunque ya dejamos atrás las jornadas cálidas y estamos vivenciando registros típicos del otoño. Creo que lo más importante que podemos tener cada mañana al levantarnos de la cama es una razón para continuar, un motivo para seguir adelante y una mirada optimista encarar la vida desde otra perspectiva. Durante el tiempo que no escribí en este blog me propuse indagar sobre esta cuestión, pero aprendí que probablemente lo más provechoso sea dejar de buscarle vueltas al asunto y pasar a la acción. Mantener una rutina es útil para ordenarnos cada día, y creo que todo lo que tenga que ver con eso tiene una connotación negativa que es inmerecida. La educación financiera, por ejemplo, forma parte de ese orden, e implica llevar una contabilidad sencilla que nos permita saber cuánta plata ganamos por mes, qué gastos fijos tenemos, y cómo podemos ahorrar aunque sea un 10 % del total. Por supuesto, todos sabemos que el contexto actual no es favorable como para hacer una gran planificación, pero es necesario poner los números sobre la mesa. En mi caso, me puse más metódico en ese sentido, anotando en un cuaderno todo lo que cobro en concepto de publicidad, y en otra hoja, los egresos, que surgen de los gastos fijos de cada mes. Todo lo que no sea de primera necesidad, es susceptible de ser modificado. Como ustedes recordarán, en los últimos años he sido crítico de Milei y de los libertarios en general, pero por mucho que me queje, es algo que me excede y que no va a cambiar en el corto plazo. No tengo presente la última vez que tuviera la percepción de que estábamos bien. En honor a la coherencia, algunos datos de la economía parecen ajustarse a la normalidad, pero el problema es que esa supuesta recuperación no llega a los bolsillos de la clase media, o media/baja. La retracción en el consumo doméstico se da porque la gente que puede hacerlo, compra directamente por Mercado Libre, una plataforma cada vez más popular, y que sirve también como formadora de precios. Cualquiera de nosotros ha escuchado alguna vez a un conocido decir: “Está más barato en Mercado Libre”. Todo lo que tiene que ver con ropa y calzado es más difícil, porque si bien hay una tabla de talles en cada producto, muchas veces no se ajustan a la realidad, y el proceso de devolución es un tanto engorroso. Tanto en ML como en Shein o Temu, hay una gran variedad, y una buena opción para orientarse son los comentarios y opiniones que dejan los usuarios que ya han efectuado una compra online. En mi caso, depende del volumen de cada transacción. Los alimentos los compro en comercios de cercanía, si bien hay gente que prefiere otros canales de venta, pero quizás para otros artículos, como herramientas, libros, o determinados repuestos, sea más conveniente hacer una búsqueda más detallada de la relación precio/calidad. Por eso, hay que desconfiar de precios excesivamente baratos, y si ese producto tiene un gasto de envío, lo más lógico sería sumar ese importe para llegar a la conclusión de si nos conviene realizar una compra por las aplicaciones de e-commerce. Mirá, hoy por hoy, hasta para sacar un turno médico tenés que hacerlo por WhatsApp, es decir, desde la virtualidad. Hace unos días llamé a un 0-800 para ver el estado de una tarjeta de débito que me deben entregar, y seguí las instrucciones de la grabación telefónica, que se reducen a “marque 1”, o “marque 2”, y así sucesivamente, sin que llegues al final pudiéndote contactar con un humano. Si te realizás algún estudio como una ecografía o diagnóstico por imágenes, te mandan un código QR donde supuestamente está todo, por lo cual vale decir que si lo perdés, cagaste, a menos que desde ese lugar conserven los archivos por un tiempo prudencial. Las empresas de servicios, como Camuzzi o Eden, avanzan cada vez más en el cierre de sus sucursales físicas. Todos los trámites se hacen desde la burbuja de la virtualidad. Es más, en un futuro no muy lejano, todos los peajes serán automáticos, con lo cual no habrá nadie en una cabina para que vos le entregues el dinero de la tarifa y recibir un mísero ticket como constancia.


Si comprás un celular nuevo, toda tu información permanece “en la nube”, en una cuenta de Google, y es un requisito ineludible contar con ella para recuperar tus datos y contactos. Hay personas que ni siquiera recuerdan su propio número, cuando antes era habitual tener una libretita donde anotábamos los números de nuestros familiares o amigos, a quienes llamábamos regularmente por un aparato fijo. No sé, quizás todo lo que ya pasó y quedó obsoleto nos provoca una nostalgia mal entendida, porque eso no quiere decir que antes haya sido mejor. Cabe contemplar esa posibilidad, como también la decadencia del soporte papel, que sobrevive en los libros y en algunos útiles escolares, pero con la ominosa sospecha de que tiene fecha de vencimiento. Todo se terminará en algún momento, porque los cambios se dan a una velocidad inusitada, que supera nuestra capacidad para incorporarlos y adaptarnos en consecuencia. Pensá que un teléfono a disco sobrevivió durante más de 40 años como la única forma de efectuar una comunicación de larga distancia, y en un lapso relativamente breve, fue reemplazado por aparatos inalámbricos, luego por el celular, el mail, y los servicios de mensajería. Tampoco hace falta que te acuerdes de los cumpleaños de tus amigos, porque Facebook hace ese trabajo por vos, debe ser una de las pocas cosas que existe de aquella red social, que ya muestra señales de agotamiento para ser sustituida por Instagram. Hoy parece ser que es más importante contar con “seguidores” que con un entorno de personas reales. Las historias, los reels, los estados de Whatsapp, y un cúmulo de nuevas herramientas nos van arrojando sin escalas hacia un terreno fangoso en el cual todavía no podemos hace pie, y que se conoce como progreso. Porque, seamos sinceros, todos queremos progresar, aunque si siquiera sepamos cómo hacerlo. ¿Adoptando nuevas tecnologías? ¿Tiene sentido aprender algo que quedará obsoleto en un abrir y cerrar de ojos? Todos los sociólogos coinciden en que el impacto de la pandemia fue de tal magnitud, que nos vimos forzados a avanzar hacia nuevas formas de comunicarnos. Fue el despegue definitivo de aplicaciones como Zoom, Meet, o Classroom. No había otra manera de que los docentes pudieran dar clases, hasta las sesiones de terapia se hacían por videollamada, y la realidad es que muchos de esos cambios se mantuvieron en la post-cuarentena. A mí me costó aceptarlo, pero no había demasiadas alternativas disponibles, si no te acostumbrabas, quedabas en el camino. Fue todo muy rápido, en menos de dos años se produjo una transición impresionante que dejó fuera de circulación a muchos objetos físicos y tangibles. Podríamos ponernos nostálgicos de que ya nadie escribe cartas, por ejemplo, pero no sé si tiene sentido. En la actualidad, la única correspondencia postal que se recibe son las cartas documento, y lo mejor que te puede pasar en la vida es no recibirlas nunca, ya que no abundan las buenas noticias que podés encontrar allí. La vuelta hacia lo analógico nos permite entender otros fenómenos más evidentes, como el revival de los discos de vinilo, o la lenta agonía de los diarios impresos. Todo lo que puedo decir es que, de no haber sido por una situación excepcional que comprometía la salud de millones de personas, esos cambios se hubieran producido más gradualmente. Lo que nos salva de esa sensación de desamparo es llegar a la conclusión de que las próximas generaciones estarán en condiciones de incorporar hábitos, usos y costumbres con una facilidad y pragmatismo que a nosotros se nos hizo cuesta arriba, pero que, en definitiva, es un signo de los tiempos. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

Es momento de barajar y dar de nuevo

  Fin de mes en la ciudad. Más allá de lo que indica el almanaque, un indicio evidente del último tramo de este ciclo puede advertirse en cu...