Mayo se me hizo
más largo que lo habitual, no sé bien los motivos. Dentro de todo, estimo que podré llegar al final de este ciclo un poco más holgado económicamente, y en ese
sentido cabe mencionar que pude cobrar una pauta anual de un cliente de esos que no abundan. Lo primero que hice fue cancelar varios gastos que son inherentes al mantenimiento de un diario digital, como el
hosting, un servicio que también se renueva todos los años y que cada vez es
más costoso, pero si yo decido continuar pagando, es porque sigo apostando a
brindar información de calidad, es parte del compromiso que uno tiene con el
proyecto periodístico que representa. Falta muy poco para que comience el
Mundial, pero mi percepción es que no hay demasiada euforia, lo cual
probablemente tenga que ver con que pocos creen que la Selección pueda consagrarse
Campeón en dos Copas del Mundo consecutivas. Sea como fuere, cuando se aproxima
el certamen, suele haber un repunte en las ventas de televisores. Si ya tenías en mente la idea de cambiar tus electrodomésticos, puede considerarse una buena opción. Más allá de cuál sea el seleccionado que levante el trofeo, es una
buena oportunidad para ser testigos de resultados que desafían la lógica y los
antecedentes de cada uno de los participantes. El fútbol, pese al VAR y a las
nuevas tecnologías que repercuten en lo que sucede en el campo de juego, sigue
siendo un deporte imprevisible, ya que un ignoto equipo africano puede
imponerse frente a la opulencia y el estirpe de los europeos. Mientras tanto, lo
que sí resulta evidente es que la venta de figuritas va viento en popa, es un
pasatiempo propio del siglo pasado que resiste estoicamente en tiempos donde la
virtualidad y la Inteligencia Artificial han calado hondo en cada aspecto de
nuestras vidas. Claro que, para completar el álbum, se estima que será
necesario desembolsar casi 2 millones de pesos. Sinceramente no recuerdo si en
mi infancia tenía avidez por el coleccionismo de figuritas, pero siempre hubo estampas
más difíciles de conseguir. En determinados casos, cuando llenabas el álbum
podías canjearlo en el kiosco por algún premio que siempre tenía sabor a poco,
teniendo en cuenta todo el esfuerzo y el dinero que eran necesarios para
acceder a ese cometido.
A título
personal, y retomando lo que manifestaba en el comienzo del posteo, creo que mi
gran apuesta tiene que ver con recuperar la calma, y no permitir que la
ansiedad o los impulsos tomen el control, porque ninguna decisión será la mejor
si nace condicionada por esos factores. Hablaba del hábito de coleccionar, y
siempre me pareció medio al pedo el frenesí acumulativo. Hasta hace unos años,
yo compraba muchos CD’s, realmente me gustaba tener en formato físico a la
música que fue marcando mi vida, pero hoy por hoy, creo que es mejor transitar
nuestro paso por este mundo, con un equipaje liviano y sin estridencias, si al
final de cuentas todos vamos a terminar en el mismo lugar, y las pertenencias
que nos queden en este plano se las repartirán nuestros herederos. Si
aprendemos a cultivar el desapego, pienso que todo nos resultará más fácil.
¿Cuántas canciones almacenan los servicios de streaming como Spotify? ¿Alguien
recuerda qué pasó con los reproductores de MP3 que todos usábamos hace 20 años?
Bueno, la única certeza que tenemos, es que la música sigue ocupando un lugar
fundamental en lo cotidiano, y ese es el secreto del éxito de radios como Aspen
o Blue, con muy pocos programas fijos, y escasa intervención de los locutores.
Me pasa cuando voy a algún bar a tomar un café: El dueño decidió que era más
fácil sintonizar una de esas emisoras con repertorio "Adult Contemporary" y no
complicarse la paciencia. Y si hablamos de paciencia, tengo la convicción de
que constituye una de las principales virtudes que podemos llegar a conseguir.
Como mencionaba en otra nota, hay que domesticar al tigre, comprender que
debemos respetar ciertos plazos o procesos para llegar hacia donde queremos ir.
Tenemos la
tendencia a vivir demasiado apresurados, y no comprendemos que los días se nos
escapan como arena entre los dedos. La única forma que tenemos para ejercitar
la conciencia plena es entendiendo que nada se logra de un día para el otro,
por lo cual todavía estamos a tiempo de volver a lo esencial. Pocas cosas son
realmente importantes como para que aceptemos
negociar nuestro derecho a ser felices. Por supuesto, todos tenemos que
laburar y pagar las cuentas para que no nos corten la luz o el gas, pero si
contamos con los recursos para hacerlo, debería dejar de ser un motivo de
preocupación. La Argentina está atravesando por una etapa que profundas
transformaciones, que a mi criterio no son alentadoras, pero si el año que
viene asume alguien de otra fuerza política, quizás podamos recuperar la senda
que nunca debimos haber perdido. Y hasta que ello no ocurra, habrá que
reflexionar sobre lo que nos bloquea, nos inmoviliza, y nos impide avanzar,
para no tropezar dos veces con la misma piedra. Nos estamos viendo pronto. Punto final.