Desde hace
alrededor de dos años, vengo llevando adelante un cambio que tiene que ver con
la aceptación y la tolerancia. El objetivo es no juzgarme tan severamente y
comenzar a adoptar enfoques que me permitan alcanzar un crecimiento y un desarrollo
que durante mucho tiempo me fueron esquivos, sobre todo por la falta de
convicción. Como los lectores habrán comprobado, en este lapso no he escrito
con tanta frecuencia en el blog, quizás porque muchas veces no encuentro la
forma más adecuada de expresar cómo me siento. Cuando uno cree que ya no hay
más cosas por aprender o incorporar, la vida nos sorprende y nos hace
reflexionar sobre la necesidad que implementar nuevas estrategias. Para avanzar
en esa dirección, es fundamental que uno aprenda a sincerarse, a dejar de lado
el egoísmo y la mediocridad. Lo único que existe es el momento presente, y por
ese motivo hay que darle valor a lo que vamos construyendo día a día. Quizás no
podamos advertir los resultados de un día para otro, pero si tenemos la
capacidad de mantener una disciplina sin desviarnos de nuestro camino,
estaremos dando pasos firmes hacia un logro más significativo.
Llega una edad en
la cual el tiempo se convierte en el principal limitante, porque es un recurso
que se va agotando casi sin que nos demos cuenta. Me cansé de postergar
proyectos: La procastinación no conduce a ningún lado, son excusas que nos
vamos poniendo para no dar el siguiente paso. Para mí, escribir sigue siendo
una actividad placentera, y aunque mis publicaciones sean más esporádicas,
nunca he dejado de hacerlo. Es una forma de dejar un testimonio que, quizás,
alguien esté dispuesto a develar alguna vez. No me considero más que nadie, soy
consciente de mis puntos débiles y también de lo que mejor sé hacer. Y mi
próximo objetivo es poder lograr una tranquilidad que me conduzca a una
transición más fluida hacia la persona que pretendo ser. Quienes me conocen
saben que mi labor profesional ha sido sin estridencias. No me importa lo que
los demás hagan, yo detesto la vanidad y la soberbia, y nunca me he comportado
de un modo petulante, porque representa lo opuesto a lo que en realidad soy.
Cultivar un perfil bajo tiene varias ventajas, y una de ellas es que te acerca
más a la gente que está en las antípodas ideológicas. No tengo ningún problema
en dialogar con cualquier persona, porque mi prioridad es evitar la
confrontación, salvo que reciba una agresión o un insulto totalmente
injustificado. Hay muchos que se creen importantes y que se dedican a pasear su
ego por foros que les son afines. Me tiene sin cuidado, cada uno sabe lo que
debe hacer, y no veo mal que cada uno haga su juego. En mi caso, no me gusta la
adulación ni que me soben el lomo: mientras yo esté convencido de que estoy haciendo
lo correcto, es una razón más que suficiente para seguir adelante.
Pienso que lo
fundamental es crear lazos que nos permitan fortalecer vínculos y otorgar un
espacio preponderante a las relaciones humanas, que es lo más valioso que
tenemos, en lugar de pasar horas embobados con la pantalla del celular. La
virtualidad y las redes sociales nos cambiaron la vida, al punto tal que han
derribado y echado por tierra todo lo que la sociedad fue construyendo durante
décadas. No podemos soslayar el contacto personal, la lectura, el acompañamiento
en los momentos de zozobra, el poder terapéutico de un abrazo. Estamos muy
cerca de llegar al tercer trimestre del año, y no dejo de tener presente mis
metas para este 2026. Cada vez que tengo la percepción de haberme alejado del
rumbo, vuelvo a leer aquellos párrafos que escribí en los primeros días de
enero, repletos de esperanza y entusiasmo, y que fueron concebidos como una
forma de ir avanzando en una dirección concreta y precisa. Todo lo que esté a
mi alcance hacer constituye un desafío para continuar transitando con confianza
y determinación este tramo del año. Lo único de lo cual me arrepiento es de no
haber hecho algún curso o taller, lo que pasa es que en marzo, cuando se abrió
la inscripción, no encontré nada que me interesara ni que me sirviera como
formación laboral. Cuando pasás los 40, conseguir un laburo se vuele mucho más
difícil, salvo que reúnas experiencia y conocimientos que sumen puntos a la
búsqueda que estás realizando. Por ahora, sigo siendo un trabajador
independiente, pero Lobos es un pueblo chico y vivir del periodismo es lo más parecido a una
utopía, sobre todo porque los ingresos que uno percibe están ligados a los
espacios publicitarios. En tiempos de crisis, muchos comercios y empresas toman
la decisión de suspender la pauta para recortar gastos, por eso la remuneración
que recibís a fin de mes no es fija ni estable. El primer paso que voy a dar es
actualizar mi currículum, e incorporar todo lo que me sea posible para crear un
perfil atractivo y competitivo. Ya tendremos novedades para este boletín. Nos
estamos viendo pronto. Punto final.