Ultimo fin de
semana de septiembre. No hay mucho para decir de este mes que está próximo a
concluir, a título personal creí necesario dejar la queja de lado y empezar a
disfrutar todo lo que pueda de lo que me brinda cada día, trabajando para
seguir adelante con mi emprendimiento que me otorga sustento desde hace casi 10
años. Tengo la percepción de que la gente lee cada vez menos, y el desafío para
aquellos que tenemos un portal de noticias es redactar textos más breves sin
sacrificar la calidad y rigurosidad de la información. Ayer estuve en Rock al
Parque y realmente me pareció que es un evento que cuenta con mucho potencial,
tal vez haya que ajustar algunos detalles, pero ya se ha ganado un lugar en el
acervo cultural de Lobos. Estuve en el predio dos veces, la primera fue cerca
de las tres de la tarde, y la segunda recorrida la hice pasadas las cinco y
media. Por supuesto, no todos pueden dedicar un sábado a escuchar bandas de
rock porque tienen que trabajar y cumplir con sus obligaciones, y como para este
domingo había pronóstico de lluvia (que finalmente se cumplió), hubo que
reprogramar la agenda para viernes y sábado. Desde los aspectos técnicos, el
sonido y la iluminación fueron impecables, el escenario que se instaló fue
súper profesional, y estuvieron dadas todas las condiciones para que cada una
de las bandas dieran a conocer su repertorio. En ese sentido, quizás habría que
volver a la antigua premisa de no permitir los covers, sólo composiciones
originales, pero debe ser difícil llegar a un acuerdo en ese punto. Lo que yo
noté el sábado fue que había gente, pero que estaba muy dispersa dentro del
predio, con lo cual se dificultaba hacer una estimación. Ofrecer un festival
gratuito en el pulmón verde de la ciudad es una excelente oportunidad para que
el común de los lobenses podamos conocer a grupos que durante el resto del año
no cuentan con posibilidades de tocar en vivo en un espacio de esa magnitud.
Hablando con gente vinculada a la organización, coincidimos en que la edición
más convocante fue inmediatamente después de que se levantara la pandemia.
Luego de más de un año con restricciones que limitaban las concentraciones
masivas de público, aquel Rock al Parque de 2021 o 2022 (no recuerdo bien) tuvo
un marco imponente, nunca había visto que tanta gente se congregara para
escuchar música. Ha corrido mucha agua bajo el puente, las prioridades han
cambiado, y por ese motivo es oportuno hacer un relanzamiento, abriendo la
posibilidad a que participe algún grupo consagrado de la escena nacional, sin restarle
méritos ni lugar a las bandas locales.
La verdad es que
me cansa bastante la gente que se queja de todo y no es capaz de aportar una
mísera propuesta para el mejoramiento de la ciudad. Antes que digan nada, debo
reconocer que soy quejoso, pero no es un rasgo de mi personalidad del cual esté
orgulloso, y estoy dispuesto a cambiar. Si nos ponemos a pensar, el estadio
municipal casi no se utiliza, y es un espacio inmejorable para realizar eventos
y espectáculos. El parque debe seguir siendo un lugar de acceso libre y
gratuito, pero se puede concesionar el estadio para algunas actividades
específicas. Esto significaría un ingreso de dinero que podría volcarse en el
embellecimiento de un espacio tan representativo para los lobenses.
Tema 2: Lo que
estaba mencionando al principio, respecto de los portales de noticias, tiene
que ver con el impacto de las redes sociales y de la IA. Hay ejemplos muy
burdos de textos que han sido elaborados íntegramente con la Inteligencia
Artificial, y ese proceder va en detrimento de los periodistas profesionales
que tuvimos que capacitarnos y recibir una formación para aprender a redactar.
A modo de
ejemplo, puedo mencionar que durante este año empecé a darle más bola al
Instagram de mi portal LOBOS 24, y comprobé que subir unas cuantas fotos muchas
veces genera una interacción y un tráfico en la Web que no se logra con una
crónica periodística. Sea como fuere, tengo bien en claro que es un gran
desafío para continuar con nuestra profesión, que está siendo cuestionada como nunca
antes. Cualquiera se cree con el derecho de matar al mensajero, como suele
decirse. De hecho, no critican a aquel que hace declaraciones desafortunadas o
repudiables, sino al que las reproduce en un medio de prensa. Desde el Gobierno
Nacional se ha vuelto una constante tildar de “ensobrados” a los periodistas
que expresan sus reparos contra el rumbo de la caótica gestión mileísta. Yo no
sé cómo va a terminar esto, pero la escalada de violencia que se está viviendo
es preocupante. Por ese motivo, sería bueno que aprendamos a bajar el nivel de
confrontación para evitar mayores consecuencias y que la sangre llegue al río.
En mi caso, desde
muy chico supe que quería ser periodista, pese a que sabía que no me iba a
asegurar un buen pasar económico. Esto hace que no llegue muy holgado a fin de
mes, pero creo que estoy en una etapa que me da empuje para seguir creciendo.
Trato de brindar a mis clientes un servicio que les permita darse a conocer e
incrementar sus ventas, aunque hay determinados rubros que requieren de otras
estrategias para alcanzar ese objetivo. Tengo casi 50 años, por lo cual mi
trabajo está lejos de ser hobby o algo a lo cual dedico mi tiempo libre: Por el
contrario, lo tomo como mi principal fuente de ingresos. Por esa razón continúo
invirtiendo para que cada lector se lleve la mejor impresión posible. Mi
mirada de la economía doméstica no es optimista, pero admito que esa visión está
sustentada en una percepción personal. Hay muchas personas que han tenido que
endeudarse para poder comprar insumos básicos de la canasta familiar. Los
precios siguen subiendo, no a la velocidad de antes, pero cualquiera que tenga
como hábito la compra de un mismo producto puede encontrar en las góndolas
remarcaciones que oscilan el 10 %. El modelo que proponen los libertarios está
dando señales de agotamiento, y las cifras del INDEC, que marcan un crecimiento
de la pobreza y la indigencia, están dejando al desnudo una realidad que desde
diciembre de 2023 muchos eligieron ocultar. Las cuentas tienen que cerrar, pero
no a cualquier costo como estamos viendo hoy, con un desplome de la producción
y el cierre masivo de industrias y fábricas, que son las principales
generadoras de fuentes de trabajo. El presidente no puede articular dos
palabras seguidas, no tiene la menor idea de la realidad que vive la gente en
la calle, y su única preocupación está en cumplir las metas de los organismos
multilaterales de crédito. Mientras se abraza a EE.UU. e Israel, el consumo
interno continúa cayendo y no encuentra piso. Hasta que los salarios no se
actualicen conforme la canasta básica, no será posible que el dinero alcance
para una recuperación de la economía. El kirchnerismo tuvo muchos aspectos
objetables, pero lo que vino después tampoco pudo posicionarse como un modelo superador
hacia una mejor calidad de vida. Estamos transitando por un período difícil, y
ya es tiempo de que la agenda de los funcionarios deje de lado la “macro” para
comenzar a brindar incentivos al bolsillo de quienes paramos la olla todos los
días. Mientras tanto, a casi dos meses para que termine el año, cada uno podrá
ir haciendo un balance personal de este ciclo que para muchos ha resultado
esquivo. Pensar en lo que nos habíamos propuesto a comienzos de 2026 puede dar
lugar a la frustración, pero si lo aceptamos como algo que excede nuestras posibilidades,
una parte de ese malestar se verá mitigado. No es ni más ni menos que una
postergación natural que surge de la incapacidad de planificar en un país que
se ha convertido en un reservorio de lo imprevisible. Nos estamos viendo
pronto. Punto final.