Los que abrazamos el periodismo desde que éramos adolescentes nos encontramos ante un contexto muy distinto al de nuestros comienzos. Antes escribíamos crónicas que iban dirigidas a una publicación con soporte papel. En cambio, lo que vemos hoy está dominado por el auge de las redes sociales y la necesidad de implementar una síntesis en el desarrollo de la noticia. El tiempo que el común de la gente dedica a la lectura ha ido decreciendo, por lo cual la atención de los lectores es muy volátil, se desvanece rápidamente. Todo ello hace que se vuelva imperioso apelar a diversos recursos que faciliten el acceso y la llegada de la información, y el mayor problema radica en que es muy difícil saber quién te está leyendo. No es lo mismo una persona de más de 50 años que un adolescente de 18. Supongo que una transformación parecida habrá ocurrido con la irrupción masiva de la televisión en los hogares. Cuando voy a tomar un café, el contacto con el diario en papel significa una experiencia diferente a lo que era hace unos años. Los redactores actuales priorizan otro abordaje, porque un diario impreso pierde terreno ante la inmediatez que hoy brindan otros medios de prensa. Por ejemplo, si en las primeras horas de la mañana ocurrió algún hecho que conmociona a la sociedad, el periódico no lo reflejará sino hasta el día siguiente, con lo cual el lector se informará antes por los portales de Internet o bien por otros canales más tradicionales como la radio o la televisión. De todas maneras, lo cierto es que los que venimos del palo de la gráfica hoy debemos apelar a nuevas estrategias que nos conduzcan a consolidar una audiencia. La brevedad se impone como un requisito insoslayable para acceder a un público más amplio. Y muchas veces, ese afán por sintetizar el contenido termina yendo en desmedro de lo que pretendemos expresar. Pese a todo, mi impresión es que Lobos sigue siendo una ciudad donde la lectura ocupa un rol destacado. No es casualidad que haya tantos buenos escritores, y que siga consolidándose la aspiración a publicar un libro. Desde luego, escribir un libro no es una empresa imposible si se dispone del dinero para hacerlo, pero aun así, el objetivo es que ese ejemplar sea leído, que obtenga una repercusión en diversos ámbitos, y en ese sentido yo no sé si los lobenses le damos bola a los nuevos autores. Yo escribo desde muy chico, pero mucho de ese material me resulta obsoleto, no refleja quién soy hoy, y la única posibilidad de conservar esos textos es desarrollar un relato de ficción. Espero que se alineen los planetas y que la creatividad vuelva a florecer, no me caben dudas de que es una etapa transitoria, pero siempre es bueno ser consciente de lo que nos pasa. Más de una vez nos embarga la sensación de que permanecemos estáticos, sin poder avanzar en una dirección concreta, y necesitamos que alguien nos oriente para recuperar la senda que hemos perdido. El problema es que, si no nos damos esa oportunidad, vamos a continuar encerrados en nuestros pensamientos que no aportan claridad, sino más confusión. Hoy más que nunca, vivimos confundidos, pero no por una falta de información, sino por una saturación de ella. Esos son los riesgos de absorber todo lo que viene de afuera como si fuéramos una esponja. No queda otra opción que aprender a elegir. Nos estamos viendo pronto. Punto final.