Martes en la
ciudad. Ya arrancamos la semana. Ayer lunes, minutos antes de levantarme, pude
ver por las rendijas de la persiana algunos tímidos rayos de luz que hacían
suponer el fin de casi dos semanas de cielo nublado, una situación sin
precedentes para lo que suele esperarse de la primavera. Efectivamente, el sol
salió durante buena parte de la mañana, pero no duró mucho:
Pasado el mediodía, volvieron a aparecer las nubes y me dio la sensación de
estar ante la presencia de un nuevo deja vu. Como ustedes habrán notado, hace
tiempo que no escribía nada nuevo por aquí, y en ese lapso no hubo novedades
que me dieran un estímulo para hacerlo. Pero en lugar de permanecer en una
actitud de eterna espera, creí oportuno volver al teclado de la computadora
para esbozar algunas ideas. Hace exactamente un año, me sentía bastante
agotado. De hecho, ya para octubre había bajado el telón de 2025 aunque
quedaran dos meses por delante. En cambio, en este ciclo creo que es diferente.
Sospecho que no tengo ningún apuro por quemar los últimos cartuchos, y tampoco
me he detenido a hacer en una suerte de balance. A priori tengo la presunción
de que si lo hiciera, el resultado no sería muy favorable. Pero pese a todo,
tengo la capacidad de reflexionar, de analizar la realidad, de decodificar lo
que sucede. Eso se mantiene, y podría decir que en ese sentido, la magia sigue
intacta.
Anímicamente, este año me mantuve más estable respecto de su predecesor, y eso tiene que ver con haber comprendido que los altibajos son inherentes a la vida: Todo el tiempo nos toca afrontar situaciones ingratas que nos llenan de bronca, miedo o incertidumbre. Obviamente, no podemos evitar lo que viene de afuera, pero sí contamos con la capacidad de adoptar reacciones que nos conduzcan a mitigar el impacto. Por eso, retomando lo que decía en otra nota, es bueno no quejarse de todo, como si fuéramos las únicas personas que deben lidiar con malos tragos. No obstante, creo que la queja sirve como un desahogo, una válvula de escape, porque si acumulás bronca y resentimiento y no tenés un cable a tierra, vas a explotar en cualquier momento con quien menos se lo merece. No me parece mal que le plantees un problema a alguien de tu confianza, porque nadie tiene respuestas ni soluciones para todo. Hay gente que pide opiniones o consejos pero luego termina haciendo lo opuesto a lo que le dijeron, es una actitud muy contradictoria. Por supuesto, esto no significa hacer exactamente lo que los demás pretenden, si así fuera nos convertiríamos en marionetas carentes de todo criterio.
En este tramo final del año, estamos ante una ocasión propicia para
escaparle a la vorágine y transitar lo que nos queda manteniendo la calma y la
serenidad. Esta vez no tengo prisa por cerrar ningún balance, las cosas son
como son, y no puedo hacer nada para impedirlo. Si hay algo que está a nuestro
alcance, es adoptar una postura distinta ante lo que nos supera, sofoca y
limita. Y también eso pasará: Tarde o temprano, esos momentos de zozobra
quedarán atrás, y será tiempo de volver a florecer, con algunas heridas del
campo de batalla, pero completando ese círculo virtuoso como ocurre en la
naturaleza y en la vida misma. Nadie quiere llegar al final de su existencia
con la sensación de que su vida ha sido en vano, por eso perseguimos la
búsqueda de un sentido, de una señal que nos indique que vamos por la senda
correcta. Es interesante que tengamos la capacidad de cuestionar aquello que en
apariencia no admite ninguna duda ni vacilación. Podríamos afirmar que la vida
no se construye de certezas, sino de un precario equilibrio que nos sostiene en
lo cotidiano.
Hoy me sometí a una pequeña cirugía programada en el Hospital. Me extrajeron dos quistes sebáceos que tenía en la espalda, se me habían infectado y me provocaban mucho dolor y malestar. La operación fue breve, duró menos de una hora. De hecho, podría decir que los preparativos llevaron más tiempo que la cirugía propiamente dicha. Por suerte, todo salió bien. La recuperación llevará unos días hasta que me saquen los puntos, pero lo importante es que ya dejé atrás un problema o una complicación, como ustedes gusten llamarlo. Hoy sí promete ser un día primaveral en Lobos. Y por lo tanto, hay que vivirlo y disfrutarlo a pleno, porque es lo único que tenemos. Ese sol que nos abraza con su tibieza, que nos brinda energías para seguir adelante a pesar de la adversidad. Estoy convencido de que deberíamos ser más agradecidos por todo lo que tenemos, en lugar de estar viendo siempre el vaso medio vacío. No podemos estar lamentándonos permanentemente, no me parece que contribuya a nuestra salud mental. Estamos viviendo momentos muy complejos y difíciles, y en medio de tanta malaria, necesitamos un poco de distensión, aflojar la angustia, darle lugar al placer de las pequeñas cosas. Una vez, en este mismo blog, mencioné que la vida había sido demasiado generosa conmigo. Y lo sigo sosteniendo. Tengo más de lo que me merezco. Por ese motivo, en lugar de pensar en todo lo que supuestamente nos hace falta, creo que es tiempo de darle valor a lo que hemos podido conseguir. Esto nos permitirá poner las cosas en su lugar. No dejemos que lo que resta de 2026 se nos escape entre los dedos. Aunque supongamos que no hay nada nuevo bajo el sol, todo está por verse, y cada día representa un nuevo desafío. Nos estamos viendo pronto. Punto final.