Domingo lluvioso en la ciudad. Llegamos a
noviembre. Me parece increíble que hayamos arribado a esta etapa, en un
contexto que no ha sido nada fácil para el común de la gente. Ya han comenzado
a aparecer en las góndolas de los supermercados algunos productos de la canasta
navideña, sobre todo pan dulce, lo cual es un signo del inminente final de un
año complicado.
Como ustedes
saben, he renunciado a toda posibilidad de hacer un balance de este ciclo, y si
ustedes intuyen que el saldo puede ser desfavorable, les sugiero que hagan lo
mismo para evitar caer en nuevas frustraciones. Por supuesto, es lógico suponer
que ha habido matices, por lo cual sería injusto afirmar que todo lo que
atravesamos fue un desastre. A pesar de las dificultades, he podido seguir
adelante con mi trabajo. Siempre pensé que en la vida es importante aprender a
disfrutar del laburo, dado que nos insume una carga horaria considerable y
sería una carga muy pesada tener que trabajar a regañadientes. Claro que no
todo es disfrute o diversión: Debemos lidiar todo el tiempo con situaciones
desagradables, que van socavando nuestra voluntad y nos plantean un escenario
muy distinto al que imaginábamos. De las notas periodísticas que hago a diario,
muy pocas son de mi interés, y quizás haya que aceptar que la vida pueblerina
tiene esas vicisitudes. No obstante, Lobos sigue siendo un lugar con una movida
cultural muy abundante, que supera holgadamente a las localidades vecinas. Pasa
lo mismo de siempre: No valoramos lo que tenemos. Y eso no hace más que acentuar la insatisfacción.
Sea como fuere, lo cierto es que ya estamos en noviembre, y es importante que podamos transitar el último tramo del año reconociendo lo que hemos podido lograr, por ínfimo que nos parezca, pero sin pretender hacer un análisis exhaustivo. Y por sobre todas las cosas, evitando ser víctimas de la ansiedad y el estrés. En ese sentido, es un gran avance que los grandes medios hayan comenzado a dedicar más espacio a la salud mental. Los que padecemos alguna problemática ya no nos sentimos tan solos, porque el sector público está destinando más recursos a contar con profesionales que brinden acompañamiento y contención. Si queremos rendir mejor en el trabajo y en la vida cotidiana, deberíamos pensar que nada de eso es posible sin gozar de buena salud. Alcanzar el bienestar es una meta que no se negocia, porque constituye un derecho adquirido. Podríamos reflexionar, entonces, cómo nos sentíamos a principios de año y cómo nos sentimos hoy. Y más allá del resultado, para poder sostener la plenitud es necesario cultivar la tolerancia y la aceptación. Escribir lo que nos pasa nos permite contar con un registro de nuestras emociones. No siempre el crecimiento personal es constante, hay muchos obstáculos en el medio, y debemos tener las herramientas adecuadas para poder identificarlos. Por lo general, muchas veces contamos con el impulso y la motivación para mejorar y progresar, pero al cabo de un tiempo ese ímpetu se va diluyendo, y volvemos otra vez a foja cero. Vamos postergando, procastinando, y así se nos pasa la vida, sin que podamos lograr un objetivo superador. Sin embargo, no todo está perdido, en la medida que podamos reconocer lo que nos está pasando. Todavía estamos con chances de lograr un cambio antes de que bajemos la persiana de 2026. Lo ideal es empezar dando pequeños pasos, sin dejarnos llevar por la ambición. A título personal, me gustaría seguir mejorando en mi trabajo, construir nuevos vínculos, y rodearme de gente que sume. No me interesa remar una conversación o un encuentro en una relación tóxica. Cuando hemos llegado a cierta edad, quizás no tenemos en claro en qué dirección ir, pero sí sabemos que no podemos continuar esperando que las cosas sucedan por arte de magia, sin hacer nada de nuestra parte. No naturalicemos el estancamiento: Es posible que sea un estado transitorio, y en tal caso, démonos un tiempo razonable para sanar las heridas y seguir adelante. Para finalizar, les propongo recorrer lo que resta del año con tranquilidad, sin prisa, pero con convicción. No es tan difícil como parece, sólo hay que ponerse a caminar dejando atrás los miedos y las dudas que a menudo nos bloquean y condicionan. A nivel macro, la coyuntura socioeconómica que atraviesa el país dista de ser alentadora, pero esto viene de larga data, por lo cual me parece que no podemos seguir justificando nuestra inacción con ese argumento. También esto pasará. Y hasta que eso no ocurra, habrá que agudizar el ingenio y la creatividad para salir a flote y volver a tomar las riendas de nuestro destino. Nos estamos viendo pronto, seguramente con más novedades antes del 31 de diciembre. Punto final, y a no aflojar.