10 de febrero de 2026

El gusto no se discute, el talento tampoco

 

Me gustaría pensar que lo que me queda por conseguir en el futuro no es una continuidad de lo ya recorrido, sino que representa experiencias nuevas que merecen ser vividas. Cuando miro hacia atrás, ya no me detengo a pensar si he dejado pasar momentos u oportunidades. Probablemente sea así, pero ese ejercicio revisionista no tiene mucho sentido en lo cotidiano. El pasado siempre estará sujeto a una autocrítica, a veces injusta o despiadada. Por eso, lo único que puede mitigar el impacto es tener la convicción o la tranquilidad de haber hecho todo lo posible. Creo que el escenario actual nos posiciona en un modo diferente. Los cambios que se han producido en esta era de la IA y del algoritmo requieren de personas dispuestas a emprender un sendero que tenga como fin último la capacidad y el compromiso. Por eso, cuando se habla tanto de “soltar”, yo lo entiendo como una forma de seguir viviendo sin ningún lastre. Siempre vamos a encontrar personas que –en apariencia- están mejor posicionadas que nosotros. Y cabe subrayar que eso es sólo en apariencia, porque son muy pocos los que están conformes de toda esa hoja de ruta que debieron seguir para llegar a un determinado objetivo. En el verano, por lo general, disponemos de más tiempo para pensar en nosotros mismos. Están quienes se habrán tomado vacaciones para disfrutar de un descanso que les permita recargar pilas y hacer frente nuevamente a la rutina. Parece que fuera ayer, pero ya pasó más de un mes desde que comenzó el año y lo que yo veo es que esa motivación se va diluyendo si no somos capaces de sostenerla en el día a día.


Desde hace unos meses, me propuse dosificar la queja. Tengo razones para que me embargue la insatisfacción, pero comprendí que todo lo que me generara molestia o incomodidad debía canalizarse en un espacio adecuado, como puede ser la terapia. Si me guío solamente por lo que he escrito en este espacio, quienes hayan leído mis notas podrán comprobar que traté de ampliar el enfoque, lo cual es muy útil si queremos evitar ser reiterativos. Luego de haber dejado pasar mucho tiempo, retomé el hábito de la lectura, y creo que es una buena manera de incorporar nuevos recursos al momento de escribir. Todavía conservo los manuscritos de lo que iba a ser mi próximo libro. Son todos cuentos escritos en 2024, y desde esa fecha no los he vuelto a tocar, aunque es lógico suponer que ameriten una revisión. Sea como fuere, en esta ocasión buscaré conseguir sponsors o instituciones que me den una mano para solventar la publicación. La realidad es que, hoy por hoy, no cualquiera puede comprar un libro, pero si logro obtener un subsidio o algo parecido, se puede reducir el precio de venta al público de cada ejemplar para hacerlo más accesible. Pero creo que va más allá de darse un gusto personal. Lo que pueda escribir tiene que superar a los relatos de mi primer libro, de lo contrario prefiero seguir puliendo el material hasta que esté en condiciones de afirmar que es de mayor valía. Por esa razón es bueno que alguien haya leído esos cuentos antes de decidirme a dar el próximo paso.

 

Lobos tiene buenos escritores, de eso no tengo dudas, y qué mejor que recibir una devolución de alguno de ellos que sea honesta y sincera. Digo esto porque si uno ya tiene todo listo y se dispone a hace una presentación, es lógico que en ese evento no haya críticas muy rotundas o categóricas. Nadie se pondría en un lugar que genere incomodidad hacia aquel que está con toda la ilusión por dar a conocer un nuevo libro. Yo no voy a hacer nombres, por supuesto, pero debo decir que me ha tocado cubrir muchas presentaciones desde que me dedico al periodismo, y más de una vez he pensado que el libro en cuestión no merecía un elogio contundente, quizás había algunas ideas interesantes, pero le faltaba el vuelo literario que hiciera de esa lectura una experiencia perdurable. En ese sentido, es bueno subrayar que yo nunca discuto el gusto de cada uno: Si todos tuviéramos las mismas preferencias, no habría mercado para el resto de las expresiones artísticas. Sigo creyendo que la escritura es un excelente cable a tierra, pero si el autor busca trascender dentro del universo de los lectores, debe dejar de lado ese abordaje terapéutico y egocentrista para hurgar un poco más profundo. Lo mismo pasa con la música, con el cine, con las artes plásticas. Es necesario emprender una búsqueda que tenga como finalidad afianzarse dentro de un estilo. Es un error frecuente pensar que los grandes escritores se regodean en su talento o capacidad innata. En el común de los casos, destinan varias horas al día a ir tramando su literatura, porque lo consideran un trabajo como cualquier otro. Desde luego que un escritor aficionado está lejos de considerar a la literatura como un empleo excluyente, pero lo principal es evitar la repetición, los lugares comunes, la obviedad, y la adjetivación innecesaria. Así que en eso estamos. Si logro avanzar, dentro de algunos meses quizás tenga novedades, por el momento es un trabajo en proceso. Vamos a ver si este verano puede marcar el comienzo de una etapa donde todos nos pongamos las pilas para darle vida a nuestros sueños. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

 

 

4 de febrero de 2026

¿Por qué es útil tener una rutina?

 

Luego de varios días de un calor agobiante, el clima parece habernos dado un respiro. No hemos tenido una lluvia abundante, aunque los escasos milímetros que cayeron ayer fueron suficientes para conseguir el ansiado descenso de las temperaturas. Hoy no fui a caminar al Parque, pero estimo que si no hay mucho barro, para mañana reanudaré la actividad. Mientras tanto, hay que seguir adelante con el laburo, tratando de brindar a los lectores todas las noticias de actualidad que marquen la diferencia. Pensándolo bien, mi fuerte nunca ha sido la primicia, sino las columnas en las cuales he volcado un análisis más profundo sin dejar de lado la opinión. Lo ideal es tener presencia en todos los frentes, porque uno nunca sabe qué tipo de noticias busca cada persona que ingresa al portal web. Los policiales, por lo general, tienen bastante audiencia, aunque no es excluyente de las demás categorías. El principal desafío pasa por ofrecer un contenido de calidad, que privilegie tanto la inmediatez como el seguimiento de los hechos, según del tema que se trate, pero sin descuidar a aquel público que busca la noticia sin conocer sus antecedentes. 


Estoy tomando clases de Yoga, algo nuevo no sólo para mí, sino para aquellos que suelen leer mis publicaciones en este espacio. Una amiga me invitó a sumarme a un grupo, y acepté porque consideré que no tenía nada que perder. Cuando me hacen una propuesta que no me convence, puedo buscar alguna excusa para no ir, pero no quería apelar a un recurso berreta para decir que no. En fin, la cuestión es que ya hace dos clases que voy, y si bien no tengo la agilidad que quisiera para hacer todas las posturas, creo que debía darme la oportunidad de intentarlo. Debo incorporar más entrenamiento para que mi cuerpo no parezca un adoquín.


Todo lo que puedo decir es que se trata de una buena manera de conectar con ese bienestar que nos hace tanta falta a todos, y que es consecuencia de vivir el día a día cargados de estrés, por no mencionar las malas decisiones que no priorizan nuestro propio equilibrio. Si uno le da una continuidad a cualquier actividad que desee emprender, al cabo de un tiempo podrá llegar a una conclusión, y en base a ello, resolver si conviene seguir adelante o no. Más allá de que sea necesario un tiempo para determinarlo, durante ese proceso está bueno disfrutar del contacto con uno mismo a través de la meditación. Cuando salís de una clase, te das cuenta de lo contaminados que estamos todos, absorbiendo la toxicidad de la televisión o de la música berreta que encabeza las listas de reproducciones, pero que no tiene el menor vuelo artístico en plena era de la IA. En una sociedad que privilegia y valora el talento, no es posible que Bad Bunny gane un Grammy a Mejor Álbum del Año. Lo que pasa es que el entretenimiento no persigue como objetivo la trascendencia, sino la superficialidad. Por un lado, es aceptable contar diariamente con una cuota de distensión y escapismo, pero lo más recomendable es que ello no nos lleve a resignar la búsqueda de bienestar.


Seguramente, cada uno de los que integramos el grupo habrá tenido un acercamiento distinto hacia el Yoga. Cuando estás abrumado por preocupaciones cotidianas, siempre es bueno encontrar un cable a tierra. Algunos lo podrán conseguir cultivando un hobby, haciendo ejercicio físico, o leyendo un libro. Pero es importante entender que, para obtener resultados confiables, no alcanzan con una o dos clases. Otro factor a tener en cuenta es saber qué nos sucede cuando dejamos pasar un tiempo sin mantener una regularidad. Por ejemplo, hasta hace unos años tenía bastante fluidez para hablar en inglés o interpretar un texto, dediqué muchos años a estudiar el idioma. Las cosas de la vida hicieron que todo quedara en stand by, y la falta de práctica hace que actualmente me cueste bastante entender una película o algunas canciones. El cerebro es como un atleta que se prepara para una competencia, hay que ejercitarlo constantemente. Por ese motivo, lo que yo hago cada vez que decido incursionar en algo nuevo, es obligarme a ir, porque descubrí que es lo único que a mí me funciona para ser constante. La única obligación real que tengo es el trabajo, pero cuando finaliza la jornada laboral, uno no puede quedar en punto muerto. Quizás lo ideal sea establecer horarios precisos para conferirle otro sentido a la rutina. Para concluir: Yo no sé aún cuánto tiempo voy a destinar al yoga, pero sí tengo en claro que es un hábito saludable, por lo cual la respuesta podría ser que lo seguiré sosteniendo mientras pueda obtener un saldo positivo. Todo lo que nos permita desenchufarnos y tener un registro pleno de nuestra conciencia es bienvenido. Pensá que a nadie le interesa escuchar tus problemas, y que si logramos construir relaciones con vínculos sanos, buena parte del trabajo para mejorar nuestra calidad de vida ya está hecho. Nos estamos viendo pronto, en lo que resta de este febrero ciclotímico e inestable. Punto final.

2 de febrero de 2026

El final es en donde partí

 

Quizás en el pasado, hice cosas de las cuales no estoy orgulloso, o que siento que no me representan hoy. Por ese motivo, creo que mirar hacia atrás sólo es válido si nos permite no repetir conductas equivocadas. Desde luego, esa mirada también está atravesada por recuerdos, sensaciones, anécdotas, que hoy guardan un lugar destacado en nuestra memoria. Personas que ya no están porque se nos adelantaron en el camino. El aroma de la cocina de la abuela. Aquellos años que compartimos en el aula de la escuela. El primer amor. El primer trabajo. El primer sueldo. Por lo general, la primera vez que hacemos algo tiene un impacto significativo en lo que vendrá después. Pero fuera de esos casos que mencioné a modo de ejemplo, yo no sé si quisiera volver a recuperar esos momentos. La nostalgia cobra una dimensión desmedida si dejamos que aparezca la melancolía, o la tristeza que nos embarga al encontrarnos con las manos vacías, sin la presencia de esos seres queridos que nos ayudaron a recorrer un sendero que, de no haber sido por ellos, hubiera sido mucho más difícil de afrontar. Nos sucede con frecuencia que idealizamos el pasado, y por eso quisiéramos volver, pero lo cierto es que, desde un punto de vista objetivo, estuvo muy lejos de ser un lecho de rosas. Cuando me detengo a analizar cómo pensaba antes, esas expectativas arrojaron como resultado lo que fui construyendo a lo largo del tiempo. Creo que cualquiera de nosotros tiene ese sabor agridulce al efectuar un contraste entre el ayer y el hoy. Pero yo entendí desde hace bastante que mi momento es ahora.


En los primeros días de enero traté de romper con esa falsa y estéril añoranza para focalizarme en todo aquello que yo puedo corregir y modificar en el corto plazo. En realidad, decidí tomar la iniciativa y pasar a la acción en lugar de esperar que los acontecimientos vayan decantando solos. Como tengo algunos problemas de salud, sé que la responsabilidad de cuidarme es únicamente mía. Para toda persona adulta se trata de un ejercicio indelegable, y en ese sentido, se me ocurre pensar que el error está en recurrir a soluciones cortoplacistas que sólo nos brindan una satisfacción breve y transitoria.


Todos sabemos que en la vida nos toca atravesar duelos, que están ligados a una situación de pérdida. Sin embargo, en muchos casos, es necesario resignar algo para poder seguir adelante con un equipaje más liviano, sin ningún lastre ni condicionamiento. Por lo que yo recuerdo, hace 20 o 30 años no se le daba importancia a la salud mental, los pacientes que ya habían recibido un diagnóstico debían tomar una determinada medicación para paliar su enfermedad y no recibían una mirada empática de la sociedad. Ahora eso ha cambiado, afortunadamente, porque muchas figuras del deporte o del espectáculo que tienen una enorme presencia en los medios, han hablado abiertamente de las dificultades que han tenido que sortear. Ser una persona pública ha sido siempre un estigma para muchos que se han encontrado repentinamente con la fama. Más de eso no puedo conjeturar, es una situación que me excede, pero sí es cierto que podemos lograr un mayor grado de visibilización de estas problemáticas cuando alguien logra trascender y aprovecha esa popularidad para expresarse sin tapujos. Por esa razón, en los albores del Siglo XXI, dejamos atrás ese enfoque prejuicioso y sectario que predominaba en la agenda mediática, y que yo nunca avalé dentro de la profesión. 


No todo tiempo pasado fue mejor: En los años ’90, había mucha discriminación hacia los homosexuales, el rol de la mujer no era valorado, el consumo de estupefacientes había crecido exponencialmente y los adictos no tenían espacios terapéuticos para ser escuchados y poder lidiar con sus adicciones. Las personas con discapacidad no tenían ninguna posibilidad de inclusión, porque aún no se había tomado conciencia de las capacidades diferentes que posee cada individuo. Vale decir que avanzamos muchísimo, por supuesto que aún queda un largo camino por recorrer, pero yo creo que esto no es socialismo ni agenda Woke como suele proclamar Milei en los foros internacionales, es un cambio que llegó para quedarse, y las minorías que se ganaron un lugar luego de varios años de lucha ya no podrán ser silenciadas. 


Si tenemos una mirada amplia y honesta, con esos antecedentes nos sobran los argumentos para que esa vuelta a un pasado supuestamente perfecto empiece a mostrar fisuras, ya que no era más que una cáscara bajo la cual los derechos humanos eran sistemáticamente vulnerados. Y quienes perpetraban ese ninguneo no eran otros que aquellos que se jactaban de su “normalidad”, un concepto que ya nadie se atrevería a esgrimir en la actualidad. El hecho de que un comportamiento sea adoptado por la mayoría no significa que se trate de algo normal o que merezca ser replicado por el resto.


En 2026, lo que podemos decir es que todo lo nos quede por delante debe ser vivido desde una perspectiva de gratitud. En la medida que aprendamos a cultivar la aceptación y a no romperle la paciencia a los demás por lo que consideramos urgente, vamos a lograr ese ansiado reencuentro con nosotros mismos. La gente no tiene tiempo para escuchar problemas ajenos, está muy ocupada con sus propias demandas o carencias, y ser conscientes de ello nos posiciona en otro lugar. Todos los días veo personas que, aunque no me lo digan, no la están pasando nada bien. No obstante, ese padecimiento silencioso en algún momento mutará en una superación, porque nadie elige el sufrimiento o el hastío, y así como parece ser un estado mental dominante, en determinado momento llega a su fin. Ser parte de ese proceso es necesario para entender todo lo demás, y cada cual lo vive a su manera. Si tenemos la capacidad de respetar y entender los tiempos que son propios de cada individuo sin levantar el dedo acusador, estaremos contribuyendo a no juzgar a nadie por su situación. Y, sin duda, los libros de autoayuda no aportan sabiduría ni conocimiento cuando las papas queman. El arte de vivir, tal como las culturas orientales lo definen, nos lleva toda una vida dedicada al autoconocimiento. Nos estamos viendo pronto. Punto final.  


27 de enero de 2026

Transpirar la camiseta es la única alternativa posible

 

Estamos transitando los últimos días de enero. Este tramo inicial se hace un poco cuesta arriba, y a decir verdad, la ola de calor tampoco ayuda. Pero si tenemos presente esas palabras de esperanza y buenos augurios que decíamos al comienzo de este ciclo, podremos tener una perspectiva más amplia. Como les estaba diciendo, me da la impresión de que este mes no se termina nunca, pero cuando lleguemos a la última hoja del calendario y nos toque arrancar febrero, vamos a notar que todo transcurre con más rapidez. Por supuesto, se trata de una valoración subjetiva: Todos los días tienen las mismas horas, más allá del período que pretendamos analizar. No es posible imaginar un tiempo de descuento como sucede en un partido de fútbol. 


Lo más complicado es mantener un equilibrio, aunque a muchos les parezca una tontería. Cualquiera puede tener una reacción desmedida, y ello no traería ninguna consecuencia, si no fuera porque nuestro comportamiento está dirigido hacia un determinado entorno. Tener conciencia de esto nos permite pasar por un filtro o un tamiz aquello que vamos a decir, para alcanzar un grado de comunicación más efectivo. Si nos ponemos violentos o agresivos, vamos a recibir una respuesta del mismo tenor, que irá escalando cada vez más, en parte porque nadie quiere dar el brazo a torcer o admitir públicamente que está equivocado. Para que quede más claro, podemos pensar al revés. Es decir, que seamos nosotros los depositarios de un mensaje lleno de bronca o resentimiento. Más allá de que lo juzguemos inmerecido, nos toca absorber una reacción totalmente extemporánea, y en lugar de preguntar a nuestro interlocutor los motivos, lo único que se nos ocurre hacer es redoblar la apuesta. Obviamente, nada justifica una situación de maltrato, lo que digo es que si seguimos la corriente, las cosas no van a terminar bien.


Creo que, por esa razón, es bueno que tengamos presente aquello que nos propusimos al comienzo del año. En mi caso, soy consciente de eso, porque lo escribí con claridad y cada vez que me embargan las dudas y la indecisión lo sigo sosteniendo. Más adelante se verá si lo pude lograr o no. Es importante hacer la salvedad de los sucesos imprevistos, que no constituyen un dato menor: En líneas generales, uno supone que tiene la sartén por el mango, pero debemos reconocer que hay cuestiones que escapan a nuestra responsabilidad.


Poner un límite nos otorga más chances para despejar el caminos de presiones o condicionamientos. No tiene ningún sentido engañarnos a nosotros mismos. Si tenemos la expectativa de alcanzar la longevidad, lo menos que podemos pedir es llegar a la vejez con la tranquilidad de saber que todo lo que hicimos no ha sido en vano, más allá de las limitaciones que cada cual pueda tener en cuanto al dinero u otras variables.


Hoy hice el primer programa de TV de la temporada, y para mí significó mucho arrancar con el pie derecho. Cuando uno no irradia confianza y actitud, el público percibe esa falta de convicción, más que uno intente disimularlo. La audiencia que esperamos alcanzar se sustenta en la credibilidad. La gente que te escucha en la radio o te mira en la tele lo hace porque confía en que vos tenés algo que vale la pena decir. Es un punto a favor contar con un invitado que valora la oportunidad que le das de participar de una entrevista. Yo nunca me dejo llevar por la vanidad, ni me ubico en un pedestal. Puede que en algún punto tenga más posibilidades que el resto, pero en todo caso, yo destino ese capital a lograr un mejor resultado. El espacio televisivo, como cualquier otro, no representa mucho si vos no lo aprovechás para marcar la diferencia. Con el auge de las nuevas tecnologías, no sé cuántas personas continúan consumiendo los medios de comunicación tradicionales. Pero eso también es consecuencia de la escasa producción que se puede advertir en los formatos actuales, sobre todo en los canales de aire. Lo que yo busco en cada nueva emisión es generar un clima distendido con el invitado, me parece un factor clave para que la conversación transite con fluidez. Es verdad que hay un desgaste que proviene de los años anteriores, pero en cada comienzo de temporada hay que dejar todo en la cancha.


No puedo saber lo que sucederá dentro de dos o tres meses, lo que sí puedo afirmar es que la buena vibra se contagia. Cualquiera que haga su laburo a desgano termina padeciéndolo más, y a esta altura de mi vida, lo único que pido es disfrutar del viaje. Voy a trabajar hasta que llegue mi jubilación, pero si puedo sentirme a gusto con lo que hago, no voy a renunciar a esa aspiración. Si tuviera 20 años, estaría dispuesto a comenzar desde cero sin demasiados rodeos. Lo cual es lógico, porque a esa edad uno tiene todo por delante, las ilusiones permanecen intactas, estás en el mejor momento de la vida. Bueno, aunque ya haya dejado atrás mi juventud y sea más cauteloso, puedo ver con mayor claridad qué es lo que quiero hacer, precisamente porque no me sobra el tiempo, y mis prioridades deben ser una brújula que me indique hacia dónde seguir. En cuanto a los riesgos, siempre están presentes, a cualquier edad. El temor a lo desconocido nos bloquea, nos llena de incertidumbre, nos provoca una inquietud que es muy difícil de morigerar. Pero si aprendemos a aceptar que debemos librar una batalla todos los días, vamos a incorporar esa dosis de lucha y perseverancia con más naturalidad. Si no tuviéramos ese combustible que nos impulsa a continuar detrás de la trinchera, todo lo que hoy conocemos y damos por sentado sería objeto de debate y discusión. Por eso es necesario reforzar las creencias que alimenten ese fuego sagrado y que nos lleven a construir el futuro que soñamos. Ojo con esto, porque es lo único que nos sostiene. Nadie quiere ver cómo se baja el telón antes de que llegue el final de la función. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

21 de enero de 2026

Mitad de semana, pensando en el futuro de la ciudad

 

Miércoles 21 en la ciudad. La semana arrancó con una jornada bastante fresca, hubo temperaturas muy bajas por la mañana (entre 10 y 15 grados), un fenómeno poco frecuente en pleno verano. Con el transcurso de los días, el termómetro fue subiendo, y crece la amenaza de una nueva ola de calor. Desde un análisis objetivo, podríamos afirmar que quizás este verano no sea muy diferente a los anteriores. Pero debemos entender que el cambio está en uno mismo, más allá de que algunos hayan salido a vacacionar y otros continúen estoicamente con la rutina del año pasado. Finalmente, la semana próxima voy a reanudar el programa de tele, será la séptima temporada en el aire, lo cual siempre representa un gran desafío a nivel personal. El principal objetivo es brindar a la audiencia la posibilidad de conocer la silenciosa labor que realizan muchos vecinos. Por supuesto, otro aspecto en el que debo trabajar es en renovar la grilla, para tener la participación de invitados que no hayan estado antes. No es tan fácil como parece, porque el formato sigue siendo el mismo, y a veces se complica lograr el resultado que uno espera. Pero este es el momento de hacer un mayor esfuerzo, precisamente porque en esta época muchos se han tomado un descanso y cuentan con una mayor disponibilidad horaria. 


Tenía la posibilidad de empezar un poco más más tarde, a partir de febrero, como fue en 2025, pero ello no hace a la diferencia, creo que lo importante es generar un buen clima en el estudio para que la gente se sienta cómoda y distendida. Si algo no sale bien, se puede editar, esa es la ventaja que ofrece un programa grabado. No obstante, en alguna ocasión estaría bueno pensar en salir en vivo, o en hacer un programa especial si la situación lo amerita. Lo que no quisiera que pasara es tener que renegar otra vez con los horarios de grabación, o lidiar con imponderables que nunca faltan, pero que no te predisponen de la mejor manera. Uno se da cuenta enseguida cuando la entrevista fluye, porque ni vos ni el invitado están mirando el reloj, la charla es amena, e incluso quedan temas pendientes porque no alcanzó el tiempo. Yo prefiero eso, antes que tener que remarla para poder cumplir con una duración de 40 o 45 minutos que parecen no llegar nunca.


El año pasado invité a varios referentes políticos porque tuvimos elecciones y estábamos en una coyuntura propicia para hacerlo, pero obviamente, en ese aspecto, este año será más tranquilo, es una etapa de transición donde los intereses del público son diferentes. Sea como fuere, para mí la prioridad siempre estuvo en dar a conocer historias de lobenses solidarios, porque si hay algo que me hace creer que no todo está perdido, es labor de tantos conciudadanos de bajo perfil que siguen apostando por una sociedad mejor. Donde no llega el Estado, por desidia o por indiferencia, ellos vienen a suplir esas carencias. Si no hubiera necesidades, no habría motivos para que existan merenderos, o colectas para asistir a alguien que requiere una intervención médica de alta complejidad. Por eso, creo que desde los medios podemos dar una mano brindando difusión a los festivales o eventos que se organizan para recaudar fondos. Después cada uno decidirá si quiere colaborar o no.


En fin, si hay algo que puedo rescatar, es que se ha reactivado la agenda. A partir de hoy, tengo casi todos los días ocupados. Conseguí gestionar algunas entrevistas con funcionarios municipales, y la idea es que esos encuentros sirvan para evacuar las dudas y consultas que la mayoría de los lectores suele tener. Más allá de lo que cada uno piense, todo lo que me permita sumar material a la producción periodística es bienvenido. No siempre se da la ocasión de hablar mano a mano con una determinada autoridad política. Por ese motivo, creo que es conveniente llevar anotadas algunas preguntas que se vayan a hacer, porque de lo contrario la conversación puede terminar en cualquier lado y lo único que se logrará es desperdiciar una oportunidad casi sin darnos cuenta. 


En lo que respecta al turismo, Lobos se va posicionando a nivel regional, pero todavía queda mucho por hacer. En los últimos años, el mayor porcentaje de visitantes provino del Gran Buenos Aires, pero como el servicio ferroviario no está funcionando, ha habido una merma de ese segmento de la población, que por lo general iba a la Laguna a pescar o a pasar el día y regresaba en el mismo tren del que había partido. La ausencia de trenes no sólo trae consigo estos efectos colaterales, sino que también nos provoca una gran incertidumbre. Estamos cada vez más incomunicados, yo no sé si el ferrocarril sigue siendo un emblema de progreso, pero con los millones que se han gastado en la renovación y reparación de las vías, lo menos que se puede esperar es que las formaciones puedan hacer su recorrido a una velocidad crucero, para que los pasajeros puedan llegar a destino en un plazo razonable. Para pensar seriamente en Lobos como un pueblo turístico, es necesario que sus habitantes sepan cómo tratar a quienes nos visitan, de forma tal que se sientan a gusto y tengan el deseo de volver en un futuro. Entre otras cosas, hay que ofrecer precios competitivos, y sumar espectáculos gratuitos que fomenten una estadía larga. Por lo tanto, si queremos que los turistas elijan nuestra ciudad, tenemos que brindarles una variedad de recursos que puedan adaptarse a todos los bolsillos y presupuestos, tanto a los más “gasoleros” como al Premium que se va a pernoctar en un Spa. Es un tema que siempre me resulta interesante de abordar, porque si realmente nos desvela alcanzar un despegue definitivo, resulta fundamental que seamos conscientes de nuestras fortalezas y limitaciones. Nada se construye desde la improvisación. Ser buenos anfitriones es un factor clave para que el visitante no sienta que alguien le está metiendo la mano en el bolsillo, y eso es apenas el comienzo. Ya habrá novedades para este boletín. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

 

17 de enero de 2026

Una segunda quincena que arranca con dudas e interrogantes

 

Ya entramos en la segunda quincena de enero. Por lo general, tengo la percepción de que el tiempo pasa demasiado rápido, aunque en este caso no sé si ha sido así. El primer mes siempre parece ser un poco más largo, hasta que uno se va acostumbrando al trajín cotidiano. Todavía no hay muchas noticias para cubrir, pero tengo la expectativa de que todo comience a reactivarse en los próximos días. Mientras tanto, estoy empezando a hacer notas o entrevistas, porque es lo que me permite tener material que surge de una producción periodística propia. Por otra parte, es una buena ocasión para ir armando una grilla de invitados, pensando en el regreso del programa de tele, que estimo que podrá darse a partir de febrero. No he hablado aún con la gente del canal, pero si tenemos en cuenta cómo fue el inicio de las temporadas anteriores, sería un buen momento para arrancar con el séptimo capítulo de este ciclo.


El Dakar finalizó hoy. A pesar de algunos contratiempos, el lobense Manu Andújar tuvo una buena participación durante la competencia. La gente lo banca y lo apoya porque es un joven con mucho futuro, y que siempre lleva bien el alto el nombre de nuestra ciudad. Tuve la oportunidad de hablar dos o tres veces con él y me dejó una excelente impresión. Ojalá que pueda conseguir todos los logros que se proponga, es un piloto con una gran proyección. Los grandes medios no les  han dado mucha bola al rally, pese a que han competido muchos argentinos en esta edición. La información más confiable la han brindado los portales dedicados al automovilismo, como Carburando o Campeones. Correr en el medio del desierto no es para cualquiera, se trata de una competencia muy exigente. Luego de que eliminaran la categoría de cuatriciclos, en la cual consiguió dos títulos, Manu siguió participando, y eso es muy alentador.


Aquellos que tenemos el hábito de ver fútbol por TV, nos encontramos con que los partidos de verano se disputan en su mayoría en Uruguay, a diferencia de lo que históricamente fueron los amistosos en Mar del Plata. Si no tenés un servicio Premium, tampoco los podés encontrar fácilmente en la pantalla. De todos modos, el torneo oficial comienza el 22 de enero, así que veremos si Boquita levanta cabeza y nos puede dar la alegría de un nuevo título. Como podrán comprobar, me conformo con poco.


Este año tenemos la gran cita del Mundial, que tendrá la particularidad de celebrarse en tres países diferentes: México, EE. UU., y Canadá. Cada nuevo Campeonato van agregando boludeces, que tienen como única finalidad recaudar más y ampliar la oferta de destinos exóticos, como lo fue Qatar en 2022. Nunca fui muy fanático del fútbol, pero prefiero ver un buen partido en directo antes que un programa de chimentos, de eso no hay dudas. La televisión de verano no brinda grandes producciones. Hay muchas “latas” (El Chavo, El Agente 86, La Familia Ingalls), y la única alternativa que uno tiene para levantar un poco la puntería son los servicios de streaming, que por supuesto tienen un costo que no tengo interés en afrontar.


En la temporada estival los cortes de luz se dan con más frecuencia, ya hemos tenido dos o tres interrupciones del servicio en los primeros días del año, y eso es una señal clara de una falta de inversión y planificación. La demanda de energía se incrementa, y el resultado anunciado es el colapso de la red. Lo único que tengo para paliar esa situación es una radio a pilas, que sin dudas te salva de permanecer ajeno a lo que está sucediendo.


Una de las noticias más impactantes hasta el momento es del plano internacional, y tiene que ver con la invasión de los yanquis a Venezuela para capturar a Maduro y asumir el control del país. No debe ser fácil para los venezolanos atravesar una transición de gran debilidad institucional. La voracidad expansionista e imperialista que ha mostrado la presidencia de Trump no tiene precedentes, ya que los anteriores mandatarios por lo menos se ocupaban de ser más sutiles y mantener las formas en su afán intervencionista en el Continente. Obama, Biden, o el propio Bill Clinton, no tenían su agenda de política exterior pensando en pisar la cabeza de los líderes de Latinoamérica que tuvieran tendencias socialistas o de izquierda. Todo este rollo de que quieren apoderarse de Groenlandia parece una locura, pero no me sorprendería que estén dispuestos a hacer un desembarco para lograr ese cometido. Aun así, un ataque de esa magnitud sería más difícil de justificar que el perpetrado en el país caribeño. 


Todas las sospechas que el común de la gente tenía respecto del codiciado recurso del petróleo terminaron de confirmarse cuando quedó en claro que Venezuela se ha convertido en el principal proveedor para el mercado yanqui. Es una incógnita qué pasará con Cuba, pero no es un objetivo geopolítico de interés para ellos porque la isla no tiene grandes recursos naturales. Trump se comporta como un demente, una persona con su nivel de megalomanía totalmente desquiciado. Cuesta creer que sea el presidente de la primera potencia mundial. Al igual que Milei, no se caracteriza por ejercer la diplomacia, y en los últimos años han llegado al poder en todo el hemisferio líderes que se distinguen por pertenecer ideológicamente a la derecha. Esto rompe con el paradigma que uno ya conocía post 2001 y que estaba más vinculado a la centroizquierda en el Cono Sur. Y no vendría mal analizar las causas de este fenómeno. El desencanto del electorado es lo que facilita la irrupción de estos personajes en la política. Analizando la marcha de la economía argentina, se puede entender este viraje. Décadas de inflación altísima. Una carga impositiva asfixiante. Pobreza y desempleo creciente. El dólar sin control. Falta de inversión privada. Y podríamos seguir enumerando. Lo que sí es cierto, es que los libertarios no han brindado ninguna solución a estas variables. La inflación bajó, pero aun así está entre las más altas del mundo. Y más allá de las mediciones que hace el INDEC, los precios al consumidor siguen subiendo, superando holgadamente el 32 % interanual. Podemos tomar como ejemplo los alquileres, o las tarifas del transporte público. Es un combo explosivo, con aumentos de casi el 70 %. Pensá en cuánta plata se te va todos los meses en pagar el alquiler de tu vivienda y tomar un colectivo para llegar al trabajo. Eso sin contar la comida, los impuestos, y otros gastos corrientes.


Si comparamos a Milei con Macri, por ejemplo, llegaríamos a la conclusión de que el Peluca es más audaz. Y eso es lo que lo sostiene. Llegó para arrasar con todo: Discapacitados, jubilados, minorías sexuales. Si la recesión se agudiza, la consecuencia más inmediata es que muchos que todavía lo bancan le retirarán su apoyo. Supo hacer buenas migas con el campo y con varios sectores del empresariado. Los principales medios de comunicación ni siquiera ocultan sus relaciones carnales con este experimento que ha sumido al país en una volatilidad creciente. Como ya mencionamos, después del colapso de 2001, era lógico que la futura clase política argentina oscilara hacia la izquierda. Claro que, probablemente, hablar en términos de izquierda o derecha suene anacrónico, porque no es suficiente para entender este fenómeno. 


El kirchnerismo tuvo muchos puntos discutibles a lo largo de casi 20 años, pero eso no significa que lo que vino después merezca obtener un respaldo incondicional. Si cualquiera que asuma entendiera que la principal preocupación de la gente es la economía, estaría más cerca de forjar un vínculo con la ciudadanía. Lo que estamos viendo ahora es el resultado de varios años de frustraciones y descontento. Como ya hubo elecciones en 2025, lo único que podemos hacer ahora es esperar hasta 2027, para reflexionar si es necesario dar un nuevo golpe de timón, y votar en consecuencia. En el tiempo que resta para llegar a ese período, pueden pasar muchas cosas que terminen provocando una agitación social. Recordemos que en septiembre del año pasado, hubo una corrida cambiaria que se tradujo en una suba incontenible del dólar y del riesgo país. Milei pudo zafar cuando fue a pedirle la escupidera a su “amigo” Trump, pero ningún favor es gratis. Tampoco lo es la intervención del Tesoro de EE. UU. en el mercado de divisas. Con los resultados de 2025 todavía frescos en la memoria colectiva, sólo nos queda pensar que al finalizar su mandato, Milei puede obtener un apoyo que priorice un frágil estabilidad económica y el posicionamiento a nivel regional, a costa del desmantelamiento del Estado tal como lo conocíamos. Este año será decisivo en la consideración pública para imaginar un escenario en el cual el niño rebelde del culo del mundo pueda alcanzar una reelección. Así que sólo nos resta esperar, ya no como protagonistas, sino como pacientes involuntarios de una cirugía mayor sin anestesia. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

14 de enero de 2026

Con la panza llena, es fácil romantizar cada aspecto de la vida (Parte 1)

 

En la vida no siempre uno obtiene lo que merece, o lo que cree merecer. Seguramente, quien esté leyendo esto alguna vez se habrá preguntado “por qué me tocó esto a mí”. Ya desde el vamos, cargamos con una mochila muy pesada, y no podemos evitar ver cómo otra gente parece haber sido bendecida por el destino. Llega una etapa en la cual nos acostumbramos a tomar decisiones bajo presión, con muy pocas alternativas disponibles, y ni siquiera estamos convencidos de haber elegido la opción correcta. Como no tenés muchas cartas en el mazo, lo único que podés pensar es en minimizar el impacto. Es decir, lo que conocemos como el mal menor. Nunca me interesó compararme con los demás, pero sí me llama la atención ver cómo otras personas pueden resolver con mayor criterio muchos de los escollos que se les presentan. Hay gente que ha debido atravesar por muchas pérdidas, por duelos que no dan tregua, y se hace cuesta arriba seguir adelante y levantar vuelo otra vez. Pese a todo, tienen la capacidad de dar vuelta de página y continuar con sus vidas. Probablemente tenga que ver con la resiliencia, no lo sé. Podemos imaginar que a dos sujetos les presentan una misma situación problemática, y que deben decidir rápidamente, como si se tratara de un ejercicio matemático. Cada uno lo resolverá a su modo, con las herramientas que tenga a mano, con su propio criterio, y poniendo en contexto sus creencias y valores, que pueden ser totalmente opuestas entre una persona y otra. Si tenemos en cuenta todos esos factores, estamos en condiciones de comprender mejor por qué hay gente que tiene más capacidad de afrontar y sobrellevar sus problemas.


Imaginate a alguien que le tocó padecer una discapacidad congénita. No vamos a entrar en detalles porque no es necesario, pero esa persona se habrá interpelado más de una vez, por qué le tocó nacer con esas limitaciones. Hay casos de figuras muy talentosas que desde que salieron del vientre materno tuvieron que convivir con ceguera o hipoacusia, por citar dos ejemplos aleatorios. La sociedad sigue siendo muy desigual, porque todo lo que fue creado (edificios, calles, automóviles, oficinas, etc) no fue pensado para atender problemáticas que piden a gritos una mayor inclusión. Pero, para no irnos de tema, podemos decir que es muy difícil crecer en un contexto de escasas oportunidades hacia las personas con capacidades diferentes. Obviamente, nadie se merece esto. Vivimos con la falsa ilusión de que se nos recompensará por nuestras acciones, o que vamos a recibir lo que creemos que nos corresponde. Pero nunca es así. Si vos actuás de determinada manera, ese proceder tiene que ser lo que vos considerás que es correcto, y esa es la única tranquilidad que vas a tener en tu conciencia. No hay mucho más bajo el sol.


En la cultura occidental, si vos supuestamente te esforzás, trabajás duro, y te preocupás por adquirir nuevos conocimientos, vas a progresar. Bueno, no siempre es así, de lo contrario, no habría ingenieros o arquitectos manejando un taxi. Los que llegan a triunfar son una ínfima parte de todos los que tenían aptitudes para seguir en carrera. En el cine comercial, en la industria del entretenimiento, las historias de “perdedores” no venden. Nadie paga una entrada para ver en la pantalla a un tipo que es un desastre, un fracaso tras otro para los estándares de las ficciones de Hollywood. No abundan las películas que muestren a alcohólicos, ludópatas o drogadictos. Y en el caso de que los muestren, es porque se trata de una historia de redención. Al cabo de 90 minutos de proyección, el tipo se recupera, forma una familia, se compra un auto y una linda casa. El sueño americano al palo. En las series, es raro que aparezca un personaje que apenas llega a fin de mes, o que lo desalojan porque no puede pagar el alquiler. Podemos mencionar a Seinfeld o Friends. Están todo el tiempo al pedo, tomando café o hablando boludeces. La vida real no es así. Si tenemos que echarle agua al shampoo para que nos rinda más, imagínate lo lejos que estamos de hacer filosofía barata en una mesa de café.


Creo que una forma de ser más felices es aprender a aceptar lo que nos toca en suerte. Vivir con eso, sin la envidia que nos provoca mirar el entorno, quizás porque siempre vas a encontrar a alguien que –en apariencia- está mejor que vos. Y no hablo solamente de guita. Hay determinadas personas que tienen bien en claro lo que quieren y que no pierden de vista ese objetivo. Es un punto a favor: Si vos sabés lo que querés, ya tenés buena parte del problema resuelto.


Cuando sos adolescente, todavía no sabés qué dirección hay que seguir, vas casi en piloto automático. Muchos pibes tienen que laburar a una corta edad, otros son mantenidos por sus padres hasta que llegan a la adultez, cuando ya pueden pagar sus propios gastos e independizarse. Por eso, yo no sé si sirve de algo darnos rosca con lo que “merecemos”. Nadie merece morir solo en la cama de un hospital, nadie se merece atravesar por una enfermedad terminal y que los médicos le digan que ya no hay más nada que hacer. Dejémonos de joder. Si entendemos que nuestro tiempo es limitado, y que ya no nos queda mucho hilo en el carretel, podemos comprender la inutilidad de romantizar pavadas que están ligadas a una literatura de autoayuda barata. ¿Nunca te pusiste a pensar lo paradójico del mundo en que vivimos? Cada vez hay más nutricionistas que te educar para mejorar tu alimentación, mientras hay gente que no tiene recursos ni para recibir un plato de comida por día. ¿A vos te parece que los habitantes de Etiopía o de Zimbabue se van a sentir mejor por leer a Bucay o a Rolón? Ellos luchan por sobrevivir. Reciben toda la basura de los países industrializados y tienen que vivir con eso. Los fardos de ropa usada que descartan los yanquis y europeos van a parar allí. Todo esto nos hace pensar lo siguiente: Nunca creas que si conseguiste algo es porque te lo merecés. Por supuesto, quizás tenga algo que ver con tu esfuerzo, pero si podemos surfear con lo azaroso y causal, y aprender que es parte del viaje, nos vamos a sentir liberados de cumplir con los mandatos y expectativas. Nos estamos viendo pronto. Punto final.    

 

 

 

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