Sábado en la
ciudad. La semana se pasó rápido, por suerte volvió a salir el sol, y eso hace
que uno pueda encarar cada día con una perspectiva diferente. El último finde
largo transcurrió sin pena ni gloria, como mencioné alguna vez, no me llevo
bien con el ocio, no me gusta estar al pedo, por lo cual para mí es fundamental
contar con una rutina que me permita ordenarme mejor. Pronto vendrá la
primavera, volveremos a tener días más largos, y me parece importante tener
presente aquello que nos impulsa a soñar, a crecer, a ilusionarnos con un
futuro mejor. Digo esto porque en lo cotidiano, difícilmente nos detenemos a
pensar en ello, y no reparamos en esta coyuntura que nos exige tomar las
riendas de nuestra propia vida sin esperar a que alguien venga a golpearnos la
puerta. Es momento de hacernos cargo de lo que nos toca, sin dudas ni
vacilaciones, ni mucho menos con temor. Creo que a lo largo del tiempo he
logrado más de lo que imaginaba: Construir un emprendimiento que constituye mi
principal capital y fuente de ingresos, pese a más de una vez me queje de que
la plata no alcanza. No todos tienen la posibilidad de disfrutar de su trabajo,
y no debe haber carga más pesada que permanecer varios años haciendo un laburo
que te desagrada, más allá de la remuneración que vayas a percibir. En ese
sentido, creo que pude conseguir un equilibrio entre mi formación profesional y
una compensación económica razonable. Aprendí a no quejarme tanto y hacerme
responsable de mis errores. Tengo mucho por mejorar, y hasta el último suspiro
sé que continuaré bregando contra mis propias limitaciones. Pero al mismo
tiempo, es una motivación para seguir adelante.
Si tuviera que hace un repaso de lo que ha
sido agosto hasta ahora, la verdad es que no se me ocurre mencionar un hecho
puntual, pero a título personal, estoy en condiciones de afirmar que es el
inicio de una nueva etapa, buscando recuperar el entusiasmo, el placer, el
asombro, y todo lo que nos mantiene vivos y con conciencia plena de nosotros
mismos. Retomé las caminatas por el Parque, y decidí hacerlo porque cualquier
profesional de la salud pone énfasis en la actividad física. Mi estilo de vida
es el mismo desde hace años, pero soy consciente de que no es adecuado
continuar de esa manera. Por lo tanto, lo que esté por venir tiene que
significar una ruptura con los hábitos más arraigados y más difíciles de
desterrar. Todo lo que estoy dispuesto a hacer tiene como norte la búsqueda de
la plenitud, lo cual implica ampliar los horizontes, ver más allá de la
obviedad, no juzgarme con tanta severidad, reírme de mis propios errores sin
dramatizar. Hay un rasgo en particular que quiero quitarme de encima, y es que
me anticipo demasiado a los hechos, como si de esa forma pudiera tener algún
control sobre ellos. Por ejemplo, en un viernes ya estoy pensando lo que debo
hacer el próximo lunes, y lo más probable es que en el medio ocurran un montón
de cosas en las cuales no reparamos. El azar, el destino, y todo lo que nos
sucede no suele seguir una lógica establecida. Si fuera así, cualquiera podría
prever y planificar con más elementos para garantizarse su propia tranquilidad
y seguridad. Lo que estamos viviendo hoy como sociedad es muy complejo, y encarna
la frustración crónica que embarga a la mayoría de los argentinos. Pareciera
que siempre tenemos la necesidad de rotular a los demás por su forma de pensar,
de obligarlos a que se definan, a que nos digan “de qué lado estás”. Esa
percepción errónea y sesgada se acrecienta más en los pueblos chicos. No sé, yo
puedo decir que estoy satisfecho de mi desempeño como periodista, más allá de
que siempre hay aspectos por pulir. De hecho, el último programa de tele que
grabé fue nada más y nada menos que una entrevista al Intendente. Lo hicimos en
la Municipalidad, y estaba un poco nervioso, porque fue la primera vez que
salió al aire un programa fuera de los estudios del canal. Pude preguntar lo
que yo quisiera, nadie me condicionó, y para mí eso tiene mucho valor. En
cuanto a las repercusiones, lo que pude saber, también fue del agrado de la
audiencia. Desde el primer minuto que comencé con la nota, supe que debía dar
lo mejor de mí para que el resultado fuera el que yo esperaba. Como los
lectores saben, desde que comencé a dar mis primeros pasos cultivo un perfil
bajo: No me interesa hacer alarde de mis conocimientos, o de mi formación
académica, ni tampoco lo tomo como un trampolín para ocupar una determinada
posición. Para forjar vínculos sólidos es fundamental comportarse con humildad,
no dar nada por sentado, y confiar en que el público podrá esclarecer sus dudas
e inquietudes con lo que se diga en el transcurso del reportaje. Es imposible
dejar a todos conformes, pero pese a esa condición, mi premisa fue trasladar
las consultas más comunes que se hace el vecino de a pie. Mientras yo tenga la
convicción de que di lo mejor, todo lo demás queda relegado a un segundo plano.
Y mantener en el aire una propuesta periodística por más de 7 años, supera
holgadamente mis expectativas. Aunque muchos no lo perciban, considero que
mejoré bastante, dado que no es fácil hacer televisión, cumplir con una agenda
todas las semanas, y llevar adelante la conducción de un ciclo que sea de
interés para los abonados del cable. Por lo menos, si en algún momento me toca
dejar atrás todo lo que ha sido esta experiencia y dar un paso al costado, me
quedará la satisfacción de decir que me animé a incursionar en un formato que
resultó un hallazgo y una novedad para mí. En este contexto socioeconómico tan
difícil, el único paliativo que nos queda son las ganas de emprender, y
aprovechar el envión de una buena racha para fortalecer los
vínculos que nos sostienen. Ya habrá más novedades para este boletín. Nos estamos
viendo pronto. Punto final.