3 de octubre.
Hace varios días que tenía la intención de escribir un nuevo posteo para el
blog, lo que sucede es que me embarga la sensación de que me estoy repitiendo
involuntariamente. Todo lo que yo pueda expresar ya lo he hecho antes, pero
pese a ello, no soy el mismo. Me enfrento a una realidad muy diferente a la de
los últimos años, y lo mejor que se me ocurre hacer es tratar de adaptarme a
esta nueva situación. Hay que aceptar que las cosas no siempre salen como las
planificamos, es algo obvio y natural. Probablemente, lo que yo me propuse a
comienzos de este 2026 tenga que ver con eso. Fue una expresión de deseo, y no
hubo un compromiso real y evidente para cambiar el rumbo. Ahí estuvo el error,
en no haberme puesto las pilas, y mientras eso siga sucediendo, los resultados
tardarán en llegar. Pero sería injusto afirmar que todo lo acontecido en los
últimos diez meses fue tiempo perdido, porque en el transcurso de ese lapso seguí
laburando como siempre, pude hacer unos programas de tele bastante
interesantes, y me esforcé por ir mejorando para brindar un producto cada día
más sólido. Quizás no le he dado valor a lo que significa contar con un espacio
televisivo gratuito. Mucha gente, para hacer un programa que en muchos casos no
mira nadie, tiene que pagarle al canal, y esa experiencia ni siquiera resulta
satisfactoria, porque hay que conseguir sponsors para bancar el costo del
espacio. Por supuesto, hay ciclos que se disfrutan más que otros, pero en la
vida no es todo disfrute o diversión, creo que si eso pasara estaríamos yendo
por el camino equivocado.
A medida que
vamos creciendo, los objetivos cambian. Buscamos tener hijos, formar una
familia, tener un hogar, un trabajo estable, y son expectativas razonables, porque
antes de cumplir los 50 es momento de consolidar todo lo que cada uno estuvo
sembrando en los años previos. Tengo la impresión de que antes era más sencillo
llegar a cierta edad y conseguir algunas de esas metas que mencioné. Esto tiene
que ver con las dificultades económicas del país, que se han agudizado en las
últimas décadas, lo cual hace que comprar un lote o construir una vivienda se
conviertan en escenas de ciencia ficción. Fuera de esas carencias, no me puedo
quejar, porque tengo para comer todos los días, pude dedicar mi vida a laburar
de los que estudié, no padezco problemas de salud, y he podido transitar mi
vida razonablemente bien. En ese sentido, estoy convencido de que ejercitar y
cultivar la gratitud también debe ser parte del cambio que cada uno se proponga
hacer. No se trata de caer en el conformismo, sino de tener una mirada honesta
de lo que hemos podido alcanzar. Nos pasamos mucho tiempo quejándonos de
cualquier cosa, y nos comprendemos que esa actitud nos aleja de toda
posibilidad de vincularnos: A nadie le interesa permanecer al lado de una
persona que en una conversación lo único que hace es expresar su desagrado por
todo lo que la rodea. Cuando aprendés a agradecer, estás dando el primer paso
hacia una transformación que, como primera medida, requiere cambiar la forma de
pensar. Ustedes recordarán que en notas anteriores yo hacía referencia a
“cambiar el chip”. Bueno, en esencia es lo mismo. Las oportunidades van a estar
siempre, probablemente sea necesario asumir el riesgo y dejar de lado la
comodidad para animarse a nuevas experiencias. Si vos estás 100 % conforme con
tu vida, no vas a encontrar motivos para cambiar, aunque tarde o temprano
tengas que atravesar el duelo de una pérdida, y esa aparente seguridad que
pacientemente pudiste construir se desmorona en cuestión de segundos, por lo
cual podemos concluir que nada es tan previsible como parece, y menos aún en un
país como el nuestro.
Este 2026 fue el
año del Mundial, una competencia que se vivió intensamente en la Argentina,
porque la Selección volvió a llegar a la final y perdió el partido decisivo con
una actuación que para algunos pareció sospechosa, sobre todo teniendo en
cuenta que en el match anterior, frente a Inglaterra, había mostrado una garra
y una actitud que luego no se pudo repetir. Podrán decir lo que quieran, pero
lo cierto es que el representativo local sigue brindando alegrías y
satisfacciones que están totalmente ausentes en la clase política. El año
pasado, más o menos para esta fecha, tuvimos dos actos eleccionarios. A título
personal, para poder brindar una buena cobertura, me exigí muchísimo, pero
hasta el día de hoy estoy satisfecho de haber podido cumplir con las expectativas.
Creo que Kicillof tiene buenas chances de ser Presidente en 2027, pero por
supuesto, para lograrlo deberá cosechar adhesiones que trasciendan los límites
del peronismo o kirchnerismo, del mismo modo que lo hizo Milei, siendo un
outsider, para ganar el ballotage de 2023. Fueron casi cuatro años de
destrucción y desmantelamiento del Estado, de un ajuste feroz cuyas
consecuencias todavía continúan empobreciendo a la población como la onda
expansiva de un artefacto explosivo. La premisa que un futuro gobierno debe
tener, si busca incentivar el consumo, es reducir los impuestos, que
representan una gran carga para los asalariados y trabajadores independientes. Y
yo no sé si Kicillof es el más indicado como para emprender una transformación
en ese sentido. De todas formas, todavía faltan varios meses como para esbozar
un posible escenario dentro del mapa político. Más allá de esas
consideraciones, lo que yo me planteo hoy por hoy es cerrar este ciclo de la
mejor manera posible, sin sobredimensionar las frustraciones, aceptando los
obstáculos, y trazando una mirada optimista respecto a lo que vendrá. Ojalá que
este tramo final del año nos encuentre con más motivación para seguir adelante,
reforzando los vínculos, y sin bajar los brazos ante cualquier dificultad que
pueda surgir. Nos estamos viendo pronto. Punto final.