Me gustaría
pensar que lo que me queda por conseguir en el futuro no es una continuidad de
lo ya recorrido, sino que representa experiencias nuevas que merecen ser
vividas. Cuando miro hacia atrás, ya no me detengo a pensar si he dejado pasar
momentos u oportunidades. Probablemente sea así, pero ese ejercicio
revisionista no tiene mucho sentido en lo cotidiano. El pasado siempre estará
sujeto a una autocrítica, a veces injusta o despiadada. Por eso, lo único que
puede mitigar el impacto es tener la convicción o la tranquilidad de haber
hecho todo lo posible. Creo que el escenario actual nos posiciona en un modo
diferente. Los cambios que se han producido en esta era de la IA y del algoritmo requieren de personas dispuestas a
emprender un sendero que tenga como fin último la capacidad y el compromiso.
Por eso, cuando se habla tanto de “soltar”, yo lo entiendo como una forma de
seguir viviendo sin ningún lastre. Siempre vamos a encontrar personas que –en
apariencia- están mejor posicionadas que nosotros. Y cabe subrayar que eso es
sólo en apariencia, porque son muy pocos los que están conformes de toda esa
hoja de ruta que debieron seguir para llegar a un determinado objetivo. En el
verano, por lo general, disponemos de más tiempo para pensar en nosotros mismos.
Están quienes se habrán tomado vacaciones para disfrutar de un descanso que les
permita recargar pilas y hacer frente nuevamente a la rutina. Parece que fuera
ayer, pero ya pasó más de un mes desde que comenzó el año y lo que yo veo es
que esa motivación se va diluyendo si no somos capaces de sostenerla en el día
a día.
Desde hace unos
meses, me propuse dosificar la queja. Tengo razones para que me embargue la
insatisfacción, pero comprendí que todo lo que me generara molestia o
incomodidad debía canalizarse en un espacio adecuado, como puede ser la
terapia. Si me guío solamente por lo que he escrito en este espacio, quienes
hayan leído mis notas podrán comprobar que traté de ampliar el enfoque, lo cual
es muy útil si queremos evitar ser reiterativos. Luego de haber dejado pasar
mucho tiempo, retomé el hábito de la lectura, y creo que es una buena manera de
incorporar nuevos recursos al momento de escribir. Todavía conservo los
manuscritos de lo que iba a ser mi próximo libro. Son todos cuentos escritos en
2024, y desde esa fecha no los he vuelto a tocar, aunque es lógico suponer que
ameriten una revisión. Sea como fuere, en esta ocasión buscaré conseguir
sponsors o instituciones que me den una mano para solventar la publicación. La
realidad es que, hoy por hoy, no cualquiera puede comprar un libro, pero si
logro obtener un subsidio o algo parecido, se puede reducir el precio de venta
al público de cada ejemplar para hacerlo más accesible. Pero creo que va más allá
de darse un gusto personal. Lo que pueda escribir tiene que superar a los
relatos de mi primer libro, de lo contrario prefiero seguir puliendo el
material hasta que esté en condiciones de afirmar que es de mayor valía. Por
esa razón es bueno que alguien haya leído esos cuentos antes de decidirme a dar
el próximo paso.
Lobos tiene
buenos escritores, de eso no tengo dudas, y qué mejor que recibir una
devolución de alguno de ellos que sea honesta y sincera. Digo esto porque si
uno ya tiene todo listo y se dispone a hace una presentación, es lógico que en
ese evento no haya críticas muy rotundas o categóricas. Nadie se pondría en un
lugar que genere incomodidad hacia aquel que está con toda la ilusión por dar a
conocer un nuevo libro. Yo no voy a hacer nombres, por supuesto, pero debo
decir que me ha tocado cubrir muchas presentaciones desde que me dedico al
periodismo, y más de una vez he pensado que el libro en cuestión no merecía un
elogio contundente, quizás había algunas ideas interesantes, pero le faltaba el
vuelo literario que hiciera de esa lectura una experiencia perdurable. En ese
sentido, es bueno subrayar que yo nunca discuto el gusto de cada uno: Si todos
tuviéramos las mismas preferencias, no habría mercado para el resto de las
expresiones artísticas. Sigo creyendo que la escritura es un excelente cable a
tierra, pero si el autor busca trascender dentro del universo de los lectores,
debe dejar de lado ese abordaje terapéutico y egocentrista para hurgar un poco más profundo.
Lo mismo pasa con la música, con el cine, con las artes plásticas. Es necesario
emprender una búsqueda que tenga como finalidad afianzarse dentro de un estilo.
Es un error frecuente pensar que los grandes escritores se regodean en su
talento o capacidad innata. En el común de los casos, destinan varias horas al
día a ir tramando su literatura, porque lo consideran un trabajo como cualquier
otro. Desde luego que un escritor aficionado está lejos de considerar a la
literatura como un empleo excluyente, pero lo
principal es evitar la repetición, los lugares comunes, la obviedad, y la
adjetivación innecesaria. Así que en eso estamos. Si logro avanzar, dentro de
algunos meses quizás tenga novedades, por el momento es un trabajo en proceso. Vamos
a ver si este verano puede marcar el comienzo de una etapa donde todos nos
pongamos las pilas para darle vida a nuestros sueños. Nos estamos viendo
pronto. Punto final.
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