10 de febrero de 2026

El gusto no se discute, el talento tampoco

 

Me gustaría pensar que lo que me queda por conseguir en el futuro no es una continuidad de lo ya recorrido, sino que representa experiencias nuevas que merecen ser vividas. Cuando miro hacia atrás, ya no me detengo a pensar si he dejado pasar momentos u oportunidades. Probablemente sea así, pero ese ejercicio revisionista no tiene mucho sentido en lo cotidiano. El pasado siempre estará sujeto a una autocrítica, a veces injusta o despiadada. Por eso, lo único que puede mitigar el impacto es tener la convicción o la tranquilidad de haber hecho todo lo posible. Creo que el escenario actual nos posiciona en un modo diferente. Los cambios que se han producido en esta era de la IA y del algoritmo requieren de personas dispuestas a emprender un sendero que tenga como fin último la capacidad y el compromiso. Por eso, cuando se habla tanto de “soltar”, yo lo entiendo como una forma de seguir viviendo sin ningún lastre. Siempre vamos a encontrar personas que –en apariencia- están mejor posicionadas que nosotros. Y cabe subrayar que eso es sólo en apariencia, porque son muy pocos los que están conformes de toda esa hoja de ruta que debieron seguir para llegar a un determinado objetivo. En el verano, por lo general, disponemos de más tiempo para pensar en nosotros mismos. Están quienes se habrán tomado vacaciones para disfrutar de un descanso que les permita recargar pilas y hacer frente nuevamente a la rutina. Parece que fuera ayer, pero ya pasó más de un mes desde que comenzó el año y lo que yo veo es que esa motivación se va diluyendo si no somos capaces de sostenerla en el día a día.


Desde hace unos meses, me propuse dosificar la queja. Tengo razones para que me embargue la insatisfacción, pero comprendí que todo lo que me generara molestia o incomodidad debía canalizarse en un espacio adecuado, como puede ser la terapia. Si me guío solamente por lo que he escrito en este espacio, quienes hayan leído mis notas podrán comprobar que traté de ampliar el enfoque, lo cual es muy útil si queremos evitar ser reiterativos. Luego de haber dejado pasar mucho tiempo, retomé el hábito de la lectura, y creo que es una buena manera de incorporar nuevos recursos al momento de escribir. Todavía conservo los manuscritos de lo que iba a ser mi próximo libro. Son todos cuentos escritos en 2024, y desde esa fecha no los he vuelto a tocar, aunque es lógico suponer que ameriten una revisión. Sea como fuere, en esta ocasión buscaré conseguir sponsors o instituciones que me den una mano para solventar la publicación. La realidad es que, hoy por hoy, no cualquiera puede comprar un libro, pero si logro obtener un subsidio o algo parecido, se puede reducir el precio de venta al público de cada ejemplar para hacerlo más accesible. Pero creo que va más allá de darse un gusto personal. Lo que pueda escribir tiene que superar a los relatos de mi primer libro, de lo contrario prefiero seguir puliendo el material hasta que esté en condiciones de afirmar que es de mayor valía. Por esa razón es bueno que alguien haya leído esos cuentos antes de decidirme a dar el próximo paso.

 

Lobos tiene buenos escritores, de eso no tengo dudas, y qué mejor que recibir una devolución de alguno de ellos que sea honesta y sincera. Digo esto porque si uno ya tiene todo listo y se dispone a hace una presentación, es lógico que en ese evento no haya críticas muy rotundas o categóricas. Nadie se pondría en un lugar que genere incomodidad hacia aquel que está con toda la ilusión por dar a conocer un nuevo libro. Yo no voy a hacer nombres, por supuesto, pero debo decir que me ha tocado cubrir muchas presentaciones desde que me dedico al periodismo, y más de una vez he pensado que el libro en cuestión no merecía un elogio contundente, quizás había algunas ideas interesantes, pero le faltaba el vuelo literario que hiciera de esa lectura una experiencia perdurable. En ese sentido, es bueno subrayar que yo nunca discuto el gusto de cada uno: Si todos tuviéramos las mismas preferencias, no habría mercado para el resto de las expresiones artísticas. Sigo creyendo que la escritura es un excelente cable a tierra, pero si el autor busca trascender dentro del universo de los lectores, debe dejar de lado ese abordaje terapéutico y egocentrista para hurgar un poco más profundo. Lo mismo pasa con la música, con el cine, con las artes plásticas. Es necesario emprender una búsqueda que tenga como finalidad afianzarse dentro de un estilo. Es un error frecuente pensar que los grandes escritores se regodean en su talento o capacidad innata. En el común de los casos, destinan varias horas al día a ir tramando su literatura, porque lo consideran un trabajo como cualquier otro. Desde luego que un escritor aficionado está lejos de considerar a la literatura como un empleo excluyente, pero lo principal es evitar la repetición, los lugares comunes, la obviedad, y la adjetivación innecesaria. Así que en eso estamos. Si logro avanzar, dentro de algunos meses quizás tenga novedades, por el momento es un trabajo en proceso. Vamos a ver si este verano puede marcar el comienzo de una etapa donde todos nos pongamos las pilas para darle vida a nuestros sueños. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

 

 

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