17 de mayo de 2026

Qué hacer cuando la necesidad de adaptarse nos lleva a cometer errores no forzados

 

Desde hace aproximadamente dos años, estoy escribiendo menos en el blog, no sé si se debe a alguna razón en particular o si simplemente se dio así. Pero lo cierto es que ya perdió mi interés comentar sobre banalidades o hechos cotidianos que no aportan sustento a lo que pretendo expresar. Por supuesto, esperar a que suceda algo trascendental que nos marque un quiebre también sería un error.


Lo que más me preocupa en este momento es ir construyendo un futuro a corto y mediano plazo, y creo que transitar por ese proceso constituye una buena razón para continuar. Estamos atravesando un contexto difícil, con mucha gente que no llega a fin de mes, una caída notable en el consumo, y una gran polarización en el espectro político, como si ya no hubiera lugar para los moderados y todo lo que marca tendencia fuera blanco o negro. El ajuste perpetrado a las arcas del Estado en la gestión de Milei afecta a los sectores más vulnerables, algo de eso ya se vislumbraba desde la aprobación de la Ley Bases. Conociendo lo que ha sido la manipulación histórica de las estadísticas en este país, cualquiera podría inferir que la pobreza y la indigencia han escalado a niveles muy superiores a los informados oficialmente por el INDEC. Aquellos que todavía tienen acceso al crédito se endeudan para cubrir gastos de la canasta básica. Los comedores o merenderos no dan abasto para asistir a la gente que ha perdido su empleo y que no tiene los recursos mínimos para su subsistencia. A título personal, esta es la primera crisis que me golpea de cerca, porque cuando sucedió la debacle de 2001 todavía estaba en un limbo y tenía otra perspectiva que contribuyó a mitigar el impacto. Es irónico que Milei insista en afirmar que “no hay plata”, cuando los diputados, senadores y ministros cobran sueldos abultados, por lo cual no hace falta ser un gurú de la política doméstica para comprobar que la casta goza de buena salud. Podemos pensar en el esfuerzo que le cuesta a un asalariado promedio ganar 10.000 o 20.000 pesos, y cómo ese dinero se evapora comprando dos boludeces en el supermercado. Por otra parte, el transporte público, los combustibles y los peajes siguen subiendo. Es casi un lujo viajar a Buenos Aires en combi, cuando hace 20 años una familia podía afrontar el costo de un paseo por los shoppings o por los bosques de Palermo sin las privaciones que hoy se han vuelto una desagradable costumbre. 


Como suele decirse, antes había plata para gastar, el consumo había alcanzado un pico sostenido, sobre todo en los primeros años del kirchnerismo, antes de que la inflación comenzara a erosionar el poder adquisitivo. Mientras tanto, tener un trabajo en blanco se convirtió en un privilegio más que en un derecho. El sistema previsional está colapsado al igual que el PAMI, y los futuros jubilados se encontrarán con un panorama aún más desolador. Los recortes en la cobertura de los medicamentos, golpean a una franja etaria que suele enfermarse con más frecuencia que la población en actividad. Sea como fuere, tampoco podemos caer en la mediocridad de culpar al gobierno de turno por cada cosa que no nos sale bien, eso es harina de otro costal, como suele decirse. De hecho, yo creo que Milei va a ser reelecto. Más allá de que está en las antípodas de mi pensamiento, es una estimación que tengo porque la mayoría de la gente está convencida de que antes estábamos peor. Para ser francos, como mencioné antes, el ajuste salvaje de los libertarios me sorprende en un momento en el cual yo pensé que podía expandirme y seguir apostando al trabajo que tantas satisfacciones me ha dado. Es verdad que he pasado por tragos amargos, pero los buenos momentos lo compensar con creces. Cómo ocurre con cualquiera de ustedes, no me queda otra que aceptar lo que me toca y seguir adelante. Es decir, no quiero trasladar mis frustraciones hacia una determinada gestión de gobierno. Por el contrario, lo único que puedo hacer es administrar mejor mis ingresos para no tener que llegar a cada mes con la lengua afuera. Y aunque hablar de un ahorro suena a una utopía,cualquier gasto imprevisto se convierte en un dolor de cabeza si no contás con un mínimo excedente que te permita salir del paso con mayor comodidad.


En este mes se produjo un cambio con los anunciantes, lo cual hizo que tuviera que modificar varios banners publicitarios de mi diario digital. Todo eso lo hace un diseñador, por lo cual tiene un costo, que se puede amortizar con la plata que ingresa en concepto de publicidad. Para las grandes empresas, los valores que estoy manejando no representan una erogación significativa, pero cuando cobro todos los meses, lo hago tanto con el almacén, el kiosco, el remisera, o a quien fuere. Curiosamente, los clientes más fieles suelen ser los que menos pagan, pero esa perdurabilidad hace que uno sea más cauteloso al momento de aplicar un aumento. Yo confío en que, a pesar del contexto adverso, pueda seguir dándole volumen a los sueños e ilusiones que todos compartimos en los primeros minutos de 2026. Mientras tanto, por lo menos vamos a tener el escapismo del Mundial. Falta menos de un mes para que arranque una nueva Copa del Mundo, y aunque no le cambiará la vida a nadie, es la única oportunidad que tenemos cada 4 años para poder ver fútbol de calidad por TV. Los pibes que coleccionan figuritas no dejan de ser un fenómeno digno de análisis, ya que le aportan una mística y colorido a un hobby que uno ya creía completamente sepultado por la virtualidad y el auge de la IA. Nos estamos viendo pronto, con más novedades para este boletín, en un otoño que en este rincón del mundo siempre se vive de una forma muy particular. Punto final, hasta que el destino nos vuelva a encontrar en el laberinto de los algortimos.

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