23 de julio de 2026

¿Campaña antiargentina?

 

Suena extraño hablar de “campaña antiargentina”, cuando esa fue precisamente la terminología empleada por la última dictadura militar, hace casi 50 años, para desacreditar las denuncias por violaciones a los Derechos Humanos. En fin, lo cierto es que no deja de llamar la atención la escalada de violencia y odio hacia los argentinos, perpetrada por figuras del arte y de la cultura, y también por anónimos escribas que proliferan en las redes sociales. Los mensajes agresivos comenzaron a circular durante el Mundial: Para ser exactos, todos los países latinoamericanos preferían que ganara cualquier rival de la Selección en detrimento de nuestro equipo. Las sospechas de favoritismo, que nunca podrán ser probadas, encendieron las alarmas de la prensa internacional, que comenzó una andanada de hostigamientos que, por esa tendencia a generalizar todo, rápidamente salpicaron a todos los argentinos, en un fenómeno muy difícil de analizar desde la sociología. La propagación de rumores infundados, las falsas denuncias de racismo para un país que le ha abierto las puertas desde hace siglos a todos los extranjeros, promoviendo la diversidad y la igualdad de oportunidades. No se trata de exacerbar el nacionalismo ni de encender la mecha de proclamas patrióticas que quedaron obsoletas. Para mí, no fue una buena idea de los jugadores haber enarbolado un trapo con consignas sobre Malvinas. Por supuesto, el reclamo por la soberanía no se discute, pero no es el ámbito apropiado para hacerlo. El propio Scaloni, en la previa, se cansó de decir: “Es sólo un partido de fútbol”. Estamos hablando de jugadores de elite, que ganan millones, la mayoría de ellos viven en Europa, y nunca en su puta vida se mostraron sensibles ante esa causa. Pero, para ser justos, desde mucho antes de ese episodio, muchos mexicanos creadores de contenido venían agitando la sospecha de un supuesto favoritismo de la FIFA para que la Selección fuera campeona otra vez, algo que no sucedió. Y que no sucediera nada, lejos de mitigar las críticas, fue el combustible para la hoguera de teorías conspirativas. 


Claramente, la Argentina no salió a jugar la final con la misma actitud ofensiva que lo hizo contra Inglaterra, fue un partido raro, pero no hay indicios suficientes como para suponer que algo espurio ocurrió. Entonces uno se pregunta qué rol juegan en los algoritmos de las redes, personas que alta exposición como Javier Bardem, Rosalía, Patti Smith, o Samuel Jackson. Creo que se dejaron llevar por el rebaño, no es que ellos odien a los argentinos, quizás lo que detestan es el estereotipo tan arraigado del porteño, canchero, petulante, prepotente, pero eso es todo lo que diré porque no es mi intención contribuir al sentimiento antiporteño que existe en casi todo el interior del país. Cualquiera de nosotros, que tiene que parar la olla todos los días para ganarse el mango, sabe que la Selección es uno de los pocos motivos para enaltecer el orgullo nacional, porque es un equipo que pese a todo y contra todos, llegó a la final de un Mundial por segunda vez consecutiva. Puede haber personas que no sean amigables con los extranjeros, pero no representan a la mayoría de los argentinos. Nosotros compramos frutas y verduras a los bolivianos, también compramos prendas de vestir en tiendas que ellos administran, vamos al supermercado chino, y no lo hacemos por quedar bien con nadie, sino que lo hacemos porque los precios que tienen son competitivos o accesibles. Lo que puede pasar es que exista la creencia de que Milei y su pésimo gobierno representa a todo un país, cuando hay gente que no comulga en absoluto con sus epítetos delirantes. Si odian a Milei o a sus funcionarios, que lo digan expresamente, y que no metan a todos los argentinos en la misma bolsa. Es muy desagradable lo que está pasando con las políticas de la actual gestión, pero si hay algo que aprendimos, es a vivir en democracia, y a respetar lo que decide la mayoría en las elecciones. Por otra parte, el que votó a este mamarracho tampoco es el enemigo: En el común de los casos, es alguien que se cansó de los abusos del populismo y que creyó que los libertarios terminarían con la casta. Como bien sabemos, los mismos que están ahora en la Rosada encarnan la casta y se siguen beneficiando con sus privilegios. De hecho, el ajuste brutal en el gasto público afecta a los sectores más humildes, y no a aquellos que están acostumbrados a vivir de la política para enriquecerse y hacer negociados, como sigue ocurriendo hasta el día de hoy.


Sean cuales fueren los verdaderos motivos que fomentan los mensajes de odio hacia los argentinos, quedó demostrado que exceden una rivalidad deportiva o futbolística. Muchos opinólogos hablan desde el desconocimiento, o bien, como mencioné antes, creen que los argentinos fuimos creados a imagen y semejanza del Peluca. No es cierto, no salimos del mismo molde, porque el mismo tipo que en su discurso inaugural dijo que “no había plata”, es el que busca sacar chapa en los foros internacionales por su alineamiento incondicional a Estados Unidos e Israel, menospreciando y soslayando la pertenencia a foros regionales, como el Mercosur. Y no se trata de trazar antinomias entre derecha e izquierda, porque existen gobiernos de derecha que son proteccionistas y defiende la industria nacional, algo que los ideólogos del mileísmo no ven con buenos ojos. No todos somos ñoquis, no todos somos chantas, ni corruptos: Entiendan eso y absténganse de generalizar si van a lanzar proclamas desde el desconocimiento. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

20 de julio de 2026

La fiesta terminó

 

La ilusión por alcanzar la cuarta estrella quedó atrás. La Selección se despidió del Mundial con una dura derrota ante España, que fue un baño de realidad para las desmedidas expectativas que existían en la previa del partido. El equipo tuvo un recorrido que fue de menor a mayor: En los dos últimos partidos mostró temple, personalidad y coraje, aunque ninguno de esos atributos fue suficiente para compensar el déficit en el campo de juego. La Argentina casi ni llegó al arco rival, dejó que la iniciativa quedara en manos de los españoles, y el desarrollo del match reflejó esa disparidad entre ambas selecciones. El combinado local logró mantener la valla en cero durante buena parte del match gracias a las atajadas del Dibu, pero relegó su vocación ofensiva. No hubo chances tampoco de apelar a un contraataque: El equipo se replegó y resignó buena parte de su potencial, Messi fue una sombra, y los delanteros no tuvieron gravitación en el juego. El marcador podría haber sido más abultado a favor de España, y la esperanza de la Argentina era aguantar hasta los penales, donde se presume que podría haber tenido mayores chances. Pero quedó demostrado que no se puede especular con un hipotético escenario favorable a la selección, sin tener en cuenta las condiciones del adversario.

 

Siempre me pareció excesiva la dependencia que el plantel mostraba ante la figura de Messi, más allá de que fue el Capitán y el conductor. Pero lo cierto es que el equipo no brindó respuestas desde lo estrictamente futbolístico para torcer la racha y ganarse un lugar en la historia. España, además de consagrarse Campeón, terminó el Mundial invicto, con un solo gol en contra en 8 partidos, y una solidez que se puso de manifiesto desde los primeros minutos de la Final. Obviamente, mi deseo era que ganara la Scaloneta, pero no se puede tapar el sol con una mano. De hecho, Argentina sólo tuvo rivales de jerarquía desde las semifinales en adelante. Más allá de la lectura que cada uno desee hacer, lo sucedido en el estadio de New Jersey marca el fin de un ciclo que supo de derrotas y triunfos, pero que ya presentaba signos de desgaste y de agotamiento. A partir de ahora, hay que pensar en un equipo sin Messi, con figuras jóvenes que prioricen el funcionamiento colectivo por sobre el lucimiento individual. Con una derrota tan reciente en la memoria, es difícil hacer futurología, pero Scaloni ha demostrado ser un entrenador que aporta mucha motivación y que tiene la capacidad de conducir a un grupo hacia la gloria, como lo hizo en 2022. Ahora es momento de barajar y dar de nuevo, pensando en que nunca antes se le dedicó tanto espacio en la agenda mediática al partido de ayer. A mi modo de ver, superó ampliamente el lugar que ocuparon todas las finales anteriores. En los días previos, era imposible buscar en los canales de noticias otro tema que no fuera la Final. Otorgar una cobertura tan hegemónica a un evento deportivo nos pone en una posición muy endeble, porque la posibilidad de perder siempre existió, desde el primer minuto de juego. Y cuando eso sucede, nos quedamos con las manos vacías, por haber apostado las últimas fichas a todo o nada. 

Por una cuestión generacional, es lógico pensar que la era dorada de Messi llegó a su fin, cronológicamente ya cumplió una etapa, y ese planteo también es válido para varios jugadores que ya deberán ceder su lugar a las nuevas camadas que van consolidándose en sus respectivos clubes, tanto de Argentina como de Europa. Nos quedamos sin piernas, sin respuestas desde lo futbolístico, y podríamos sentirnos afortunados de haber perdido solamente por un gol de diferencia. España no cesó ni un segundo en atacar, puso en el campo todo su poderío ofensivo, y cualquiera que vuelva a ver el partido podrá comprobar que no se trata de un juicio de valor exagerado. Pero todos sabemos que la derrota es huérfana, y nadie quiere hacerse cargo de ella. Por otra parte, durante los 40 días que duró el Mundial vivimos con el espejismo de un equipo que pudo suplir nuestras notorias carencias en el plano político, económico e institucional. Es decir que seguiremos siendo un país subdesarrollado, con la mayoría de su población desempleada, sumida en la pobreza, o que ni siquiera gana lo suficiente como para llegar a fin de mes. Quizás este sea el comienzo de un nuevo despertar, de un renacer, aunque no haya señales de que podemos iniciar una nueva etapa apelando a viejas recetas que ya mostraron claros indicios de ineficacia. Llegó, pues, el momento de imaginar la vida post-Mundial, sin tanta alharaca ni cotillón, y sin otro baluarte de confianza que no seamos nosotros mismos. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

13 de julio de 2026

Que el árbol no nos impida ver el bosque

 

Estamos la recta final del Mundial. Sólo quedan cuatro partidos (dos semifinales, la final, y el partido por el tercer puesto). Y más allá de que haya habido cierto favoritismo hacia la Selección, lo cierto es que recién ahora se enfrentará a rivales de jerarquía, como es el caso de Inglaterra. Algunas decisiones arbitrales, como los penales, los goles anulados, o las expulsiones, han allanado el camino para que el equipo argentino pudiera llegar a esta instancia. Pero yo no creo que nadie de la AFA o de la FIFA haya tenido intervención directa en esos fallos, simplemente digo que esas decisiones terminaron por torcer la balanza a favor de la Scaloneta. Esto no quita que el equipo haya mostrado un gran nivel, con figuras gravitantes en los 90 minutos, como Julián Alvarez, el propio Messi, o Paredes. Por otra parte, es difícil abstraerse del resultado final de cada cotejo y pensar si Argentina hizo méritos para haberse sobrepuesto a la adversidad. Obviamente, mi deseo es que podamos llegar a la final y ser Campeones otra vez. Pero, como mencioné al comienzo, hasta ahora los rivales no han sido selecciones de peligro. Hemos enfrentado a Cabo Verde, Egipto, y Suiza, que también han hecho lo suyo para llegar hasta donde llegaron. Pensemos que en el ’86 y en el ’90, Argentina se enfrentó en fase de eliminación a Brasil, Italia, Uruguay, y tantos otros representativos que tienen una trayectoria que los respalda. Lo bueno es que ahora sí podríamos afirmar que llegó la hora de la verdad. Cada minuto cuenta para imponerse sobre el adversario y demostrar el fuego sagrado que ha distinguido al equipo desde que Scaloni asumió como entrenador. A mí lo que no me gusta es que, cuando transitoriamente están en ventaja, empiezan a replegarse y a jugar para atrás, sin vocación ofensiva, regulando la marcha, caminando en el campo de juego, como si no tuvieran suficiente con la pausa de hidratación. También llama la atención que todos los países latinoamericanos expresen su animadversión con la Selección, deseando una derrota que nos deje fuera de la pelea. No tiene sentido, porque a mi modo de ver los jugadores no son soberbios ni arrogantes, es un equipo que se fue consolidando desde 2022, y de hecho, la mayoría de los Campeones de Qatar siguen vistiendo la camiseta en este Mundial.


Históricamente, los Mundiales han sido funcionales a las cortinas de humo de los gobiernos de turno, que sacan provecho del fervor colectivo para ocultar de la agenda medidas polémicas que afectan nuestra calidad de vida. Ya se está hablando de una hipotética reelección de Milei, y yo creo que va a alcanzar un nuevo mandato, porque la oposición no existe, no tiene peso en el electorado, con la excepción de algunos bastiones que conserva el peronismo. Ojo, yo no soy partidario del Peluca, por ese motivo cabe aclarar que no se trata de una expresión de deseo, sino de analizar objetivamente cómo se moverán las piezas del tablero político.


Inglaterra es un rival que siempre tiene una connotación especial, por varios antecedentes que son harto conocidos, pero sea cual fuere el resultado, la vida continúa. Por supuesto, no es lo mismo ganar que perder, y como ya dejamos atrás la fase de grupos, uno de los dos se quedará afuera. Podemos soñar con ganarle a los ingleses y disputar un nuevo duelo en la final con Francia, la verdad es que sería buenísimo que los finalistas del 2022 vuelvan a verse las caras. De algún modo, el fútbol nos une, porque es el deporte más popular, y atraviesa las clases sociales, un fenómeno que casi no se da en ningún país del Primer Mundo. En Brasil, la temprana eliminación del equipo se vivió como una tragedia y un fracaso rotundo, sin embargo, creo que nosotros hemos fracasado tantas veces que algo hemos aprendido. O al menos, así tendría que ser en teoría. Nadie juega para perder y sin duda todo el país espera un triunfo que nos haga olvidar transitoriamente nuestras frustraciones, porque seguimos siendo un país pobre, subdesarrollado, sumido en la pobreza, la corrupción, y la marginalidad, una espiral de decadencia que se viene dando desde hace por lo menos 50 años, sin que podamos salir a flote. El modelo kirchnerista parece estar agotado, pero la extrema derecha con el Estado ausente que propone Milei va a derivar –más tarde o más temprano- en un estallido social. Venimos de procesos inflacionarios que han pulverizado el poder adquisitivo de los salarios, y lo más preocupante es que los libertarios siguen sin dimensionar la magnitud de la crisis. Vamos Argentina, a ganar, pero que el árbol no nos impida ver el bosque. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

 

 

5 de julio de 2026

Salir de la melancolía

 

Domingo 5 de julio. Venía surfeando la ola de frío polar razonablemente bien, hasta que ayer no tuve mejor idea que salir unos minutos en bicicleta. El resultado: Me enfermé casi inmediatamente, de hecho, anoche no pude dormir, terminé hecho pedazos. Desde que comenzó el mes, o incluso unos días antes, las bajas temperaturas no nos han dado tregua, pero recién ahora empiezo a padecer las complicaciones de un invierno que promete ser más crudo que los anteriores. Creo que mañana me voy a quedar guardado y voy a salir solamente para finalizar con algunas cobranzas que me quedaron pendientes por hacer. La verdad es que no tengo ganas de pensar en nada, porque sé que si le doy lugar a los pensamientos recurrentes, voy a pasarlo peor todavía. Mientras tanto, sigo trabajando desde mi casa, la labor periodística no se ha visto afectada hasta el momento, y hasta el día de hoy continúa siendo mi principal fuente de ingresos. Soy consciente de que estoy escribiendo menos en el blog respecto de años anteriores, pero quizás antes tenía más cosas para decir. En cambio, hoy por hoy, siento que todo lo que me pueda suceder ya me ha pasado antes, con lo cual no hay ningún atisbo de novedad.


En fin, más allá de estas consideraciones, creo que en el último tiempo he logrado más de lo que imaginaba en un principio. Cada vez que siento flaquear mis esfuerzos, vuelvo a leer lo que escribí a comienzos de 2026, y esa declaración de principios me brinda motivación para no fallarme a mí mismo. La vida cotidiana carece de experiencias memorables, por lo general consiste de algunas situaciones aisladas que nos otorgan satisfacción, y a esta altura, ya deberíamos aceptar que seguirá siendo así. No obstante, hay algunos proyectos que pueden llegar a concretarse. Es mejor no decir nada por ahora, pero sólo diré que mi gran meta es alcanzar una mayor independencia, y para lograrlo es necesarios dar pasos firmes y decididos. Muchos de mis contemporáneos ya viven solos o alquilan alguna casa, y yo sigo haciendo números para ver cuál opción está más cerca de mi presupuesto. Puede sonar un poco desalentador, pero lo cierto es que antes de quemar las naves, hay que achicar gastos, de lo contrario siempre va a haber un déficit que nos impedirá acercarnos a aspiraciones más elevadas. Como le sucede a la mayoría, a veces no sé si estoy yendo por el camino correcto, pero es mucho peor quedarse en la cama sin hacer nada, esperando que alguien nos toque la puerta para darnos una noticia que nos saque de la abulia.


Como les comentaba en los primeros párrafos, mi salud ya no es la misma de cuando tenía 20 años, y es lógico suponer que con el envejecimiento uno está más expuesto a los achaques. No sirve de nada tratar de determinar si uno sigue siendo viejo o joven. Obviamente, sé que ya dejé atrás la adolescencia y buena parte de mi juventud, eso lo tengo en claro, y por esa razón tengo la convicción de que no me queda mucho tiempo. No puedo resignar ni un día porque seguramente cuando la vejez me alcance, me voy a arrepentir de no haber vivido con plenitud, disfrutando cada momento con mis seres queridos y con la gente que realmente me importa. 


Todavía no he tenido que lamentar ninguna pérdida importante en mi familia, y -si vamos al caso- no tiene sentido teorizar al respecto, porque cuando realmente suceda, será un mazazo muy duro de sobrellevar. Por mucho que pienses que estás preparado, la realidad te supera por completo, te golpea donde más duele, te arrebata a las personas con las que imaginaste ideas y proyectos, y te devuelve a un sitial de máxima vulnerabilidad. Sí, esa es la palabra clave: Cada vez nos sentimos más vulnerables, más indefensos, más solos. Crecimos construyendo un proyecto de vida que se torna débil en los cimientos, esos mismos cimientos que creíamos sólidos e inalterables. Por eso perdemos el entusiasmo y nos dejamos ganar por la depresión. 


Nada ocurre porque sí, siempre hay algún motivo para que los hechos se vayan dando de una determinada forma, excepto ante la pérdida física de nuestros amigos y familiares. Vamos por la vida creyendo que tenemos la sartén por el mango, y de un momento a otro, todo se derrumba. La salud mental se deteriora, los tratamientos duran meses, años, décadas, y nada parece mejorar tragando pastillas. No sabemos cuánto tiempo vamos a estar en este mundo, y ni siquiera las religiones nos otorgan un consuelo, por eso la Fe va perdiendo adeptos, aunque en el fondo a todos nos gustaría que existiera una doctrina que nos brinde confianza en un futuro mejor. La mayoría de las enfermedades son psicosomáticas: Te afectan el cerebro y después tu físico, vos no te das cuenta porque ni siquiera tenés ganas de verte al espejo, pero a ojos de los demás te convertís en una ruina. Más de una vez he visto personas otrora felices, que están desaliñadas, se les caen los dientes, el pelo, y ya ni les importa la mirada del otro, ni cómo los demás las puedan ver. Son víctimas de la depresión, han caído en un pozo del cual cuesta mucho salir, puedo afirmarlo porque alguna vez me ha pasado y me sentí con mucho miedo al encontrarme sin proyectos, ni deseos, ni motivación. Pese a todas las dificultades, los duelos, el desamor, la soledad, y los prejuicios que aún existen sobre la salud mental, la vida vale la pena. Siempre es mejor luchar por alcanzar las utopías antes que estar muerto y enterrado. Y siempre se está a tiempo de forjar vínculos duraderos, inclusive en esta época dominada por el auge de la virtualidad, la Inteligencia Artificial, y la falta de incentivos que premien y valoren el esfuerzo por lograr la superación personal. Cuando el hombre cree que todo está perdido, aparece un instinto de supervivencia que constituye la fuerza más primitiva y primigenia de los humanos, pero que resulta útil para no rendirse y salir del atolladero. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

¿Campaña antiargentina?

  Suena extraño hablar de “campaña antiargentina”, cuando esa fue precisamente la terminología empleada por la última dictadura militar, hac...