Suena extraño hablar de “campaña antiargentina”, cuando esa fue precisamente la terminología empleada por la última dictadura militar, hace casi 50 años, para desacreditar las denuncias por violaciones a los Derechos Humanos. En fin, lo cierto es que no deja de llamar la atención la escalada de violencia y odio hacia los argentinos, perpetrada por figuras del arte y de la cultura, y también por anónimos escribas que proliferan en las redes sociales. Los mensajes agresivos comenzaron a circular durante el Mundial: Para ser exactos, todos los países latinoamericanos preferían que ganara cualquier rival de la Selección en detrimento de nuestro equipo. Las sospechas de favoritismo, que nunca podrán ser probadas, encendieron las alarmas de la prensa internacional, que comenzó una andanada de hostigamientos que, por esa tendencia a generalizar todo, rápidamente salpicaron a todos los argentinos, en un fenómeno muy difícil de analizar desde la sociología. La propagación de rumores infundados, las falsas denuncias de racismo para un país que le ha abierto las puertas desde hace siglos a todos los extranjeros, promoviendo la diversidad y la igualdad de oportunidades. No se trata de exacerbar el nacionalismo ni de encender la mecha de proclamas patrióticas que quedaron obsoletas. Para mí, no fue una buena idea de los jugadores haber enarbolado un trapo con consignas sobre Malvinas. Por supuesto, el reclamo por la soberanía no se discute, pero no es el ámbito apropiado para hacerlo. El propio Scaloni, en la previa, se cansó de decir: “Es sólo un partido de fútbol”. Estamos hablando de jugadores de elite, que ganan millones, la mayoría de ellos viven en Europa, y nunca en su puta vida se mostraron sensibles ante esa causa. Pero, para ser justos, desde mucho antes de ese episodio, muchos mexicanos creadores de contenido venían agitando la sospecha de un supuesto favoritismo de la FIFA para que la Selección fuera campeona otra vez, algo que no sucedió. Y que no sucediera nada, lejos de mitigar las críticas, fue el combustible para la hoguera de teorías conspirativas.
Claramente, la Argentina no salió a jugar la final con la misma actitud ofensiva que lo hizo contra Inglaterra, fue un partido raro, pero no
hay indicios suficientes como para suponer que algo espurio ocurrió. Entonces
uno se pregunta qué rol juegan en los algoritmos de las redes, personas que
alta exposición como Javier Bardem, Rosalía, Patti Smith, o Samuel Jackson.
Creo que se dejaron llevar por el rebaño, no es que ellos odien a los
argentinos, quizás lo que detestan es el estereotipo tan arraigado del porteño,
canchero, petulante, prepotente, pero eso es todo lo que diré porque no es mi
intención contribuir al sentimiento antiporteño que existe en casi todo el
interior del país. Cualquiera de nosotros, que tiene que parar la olla todos
los días para ganarse el mango, sabe que la Selección es uno de los pocos
motivos para enaltecer el orgullo nacional, porque es un equipo que pese a todo
y contra todos, llegó a la final de un Mundial por segunda vez consecutiva. Puede
haber personas que no sean amigables con los extranjeros, pero no representan a
la mayoría de los argentinos. Nosotros compramos frutas y verduras a los
bolivianos, también compramos prendas de vestir en tiendas que ellos
administran, vamos al supermercado chino, y no lo hacemos por quedar bien con
nadie, sino que lo hacemos porque los precios que tienen son competitivos o
accesibles. Lo que puede pasar es que exista la creencia de que Milei y su
pésimo gobierno representa a todo un país, cuando hay gente que no comulga en
absoluto con sus epítetos delirantes. Si odian a Milei o a sus funcionarios,
que lo digan expresamente, y que no metan a todos los argentinos en la misma
bolsa. Es muy desagradable lo que está pasando con las políticas de la actual
gestión, pero si hay algo que aprendimos, es a vivir en democracia, y a
respetar lo que decide la mayoría en las elecciones. Por otra parte, el que
votó a este mamarracho tampoco es el enemigo: En el común de los casos, es
alguien que se cansó de los abusos del populismo y que creyó que los
libertarios terminarían con la casta. Como bien sabemos, los mismos que están
ahora en la Rosada encarnan la casta y se siguen beneficiando con sus
privilegios. De hecho, el ajuste brutal en el gasto público afecta a los
sectores más humildes, y no a aquellos que están acostumbrados a vivir de la
política para enriquecerse y hacer negociados, como sigue ocurriendo hasta el
día de hoy.
Sean cuales fueren
los verdaderos motivos que fomentan los mensajes de odio hacia los argentinos,
quedó demostrado que exceden una rivalidad deportiva o futbolística. Muchos
opinólogos hablan desde el desconocimiento, o bien, como mencioné antes, creen que
los argentinos fuimos creados a imagen y semejanza del Peluca. No es cierto, no
salimos del mismo molde, porque el mismo tipo que en su discurso inaugural dijo
que “no había plata”, es el que busca sacar chapa en los foros internacionales
por su alineamiento incondicional a Estados Unidos e Israel, menospreciando y
soslayando la pertenencia a foros regionales, como el Mercosur. Y no se trata
de trazar antinomias entre derecha e izquierda, porque existen gobiernos de
derecha que son proteccionistas y defiende la industria nacional, algo que los
ideólogos del mileísmo no ven con buenos ojos. No todos somos ñoquis, no todos
somos chantas, ni corruptos: Entiendan eso y absténganse de generalizar si van
a lanzar proclamas desde el desconocimiento. Nos estamos viendo pronto. Punto
final.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario