Domingo por la
mañana en la ciudad. Esta es la primera nota que escribo en lo que va del mes.
Me parece que la comunicación es un proceso que debe darse cuando uno tiene
algo para contar, pero también es importante que aprendamos a respetar los
silencios. Podríamos afirmar que la verborragia no siempre representa una
virtud si no nos permite una conexión con lo cotidiano. Mucha gente
que no para de hablar intenta llenar con palabras sus carencias más recónditas,
y la verdad es que se necesita una gran dosis de temple y amor propio para
cultivar el arte de callar. No intervenir en nada, dejar que las cosas fluyan
naturalmente, sin forzar ninguna situación.
Cuando vos tenés
en claro lo que querés, todo lo demás se vuelve más fácil, porque se presume
que vas a transitar en la misma dirección que tus objetivos. Pero en el medio
pueden pasar un montón de cosas, y eso es algo que no siempre tenemos en
cuenta. Para mí es importante mantener en pie ese combustible espiritual que
nos motiva a seguir adelante. Tengo una edad en la cual ya no me queda mucho
margen para la duda y la indecisión. Mis mayores logros en los últimos años han
sido tener una continuidad con el programa de tele, haber escrito un libro, y
desarrollar mi vocación superando un montón de obstáculos que socavaron mi
voluntad. Hace un tiempo me dije: “Voy a tomarme todo el tiempo que sea
necesario hasta que vuelva a sentirme bien”. Básicamente mi intención era
disponer de un espacio para cultivar la introspección, mirar hacia adentro,
fomentar el autoconocimiento. Por supuesto, ese tiempo que nos concedemos no se
puede prolongar indefinidamente. De hecho, yo nunca dejé de hacer mi trabajo
pese a las dificultades que se me fueron presentando.
Por otra parte, sería un error suponer que se puede transitar esa etapa sin tener la ayuda del entorno. Necesitamos el aporte de una mirada honesta y objetiva que nos permita tener conciencia de nuestras fortalezas y debilidades. En ese sentido, mi experiencia personal me dice que hacer terapia contribuye a dar claridad en esa búsqueda. Hace más de 10 años que veo a mi psicóloga una vez por semana, y es una satisfacción sentirme acompañado por una profesional que me conoce y me incentiva a mejorar. Mi familia es otro pilar fundamental, me bancan en todo, pero no son obsecuentes: Si me mando una cagada no tengo dudas de que me lo harán saber. Yo diría que compartir experiencias nos posiciona en un lugar que nos despoja de protagonismo y nos conduce a socializar problemáticas que son más comunes y frecuentes de lo que creemos. Comprender que no estamos solos ante la adversidad nos otorga un mayor grado de empatía. Hay mucha gente que la está pasando mal y que no tiene la capacidad de poder expresarlo, vive encerrada en su propia frustración, desgastada por la rutina, sin entusiasmo ni interés por lo cotidiano. Por eso es fundamental que tengamos la capacidad de mejorar la comunicación, de transmitir lo que nos pasa con total franqueza, estableciendo prioridades que nos ordenen. En mi caso, me gustaría publicar un segundo libro, para lo cual deberé pulir los manuscritos que tengo dando vueltas por ahí, darles forma, corregir lo que sea necesario, para que sea un digno sucesor del primer ejemplar. Desde que comencé a escribir lo hice con la premisa de redoblar la apuesta para que el nuevo material sea superior a lo que venía haciendo antes, así que vamos a ver qué sale de todo esto.
Hay muchos
buenos escritores en Lobos, no me caben dudas de ello, y mi idea nunca fue
compararme con nadie. Hace muchísimos años que cultivo el hobby de escribir
relatos breves, pero poner esos textos a consideración del público es algo
diferente. Sea como fuere, es una buena oportunidad para que en los momentos de
ocio uno pueda establecer un vínculo con su propia literatura. Si me preguntan
por la inspiración o la creatividad, creo que no podemos quedarnos en una
actitud pasiva esperando que se nos caiga una idea. Además, hay que leer a los
grandes autores, aquellos que han trascendido a su tiempo y que continúan
siendo referentes para las nuevas generaciones. Más allá de que mis
pretensiones sean modestas, para concebir una expresión artística debemos soñar
en grande, no subestimar al lector, y superar nuestras limitaciones con
perseverancia y dedicación. De manera que ya es tiempo de dejar atrás la comodidad
para comenzar a ser artífices de nuestro destino, que no es ni más ni menos que tomar las riendas
de nuestra propia vida. Nos estamos viendo pronto. Punto final.