31 de julio de 2026

Todavía estamos a tiempo de alcanzar el último vagón del tren

 

Desde hace alrededor de dos años, vengo llevando adelante un cambio que tiene que ver con la aceptación y la tolerancia. El objetivo es no juzgarme tan severamente y comenzar a adoptar enfoques que me permitan alcanzar un crecimiento y un desarrollo que durante mucho tiempo me fueron esquivos, sobre todo por la falta de convicción. Como los lectores habrán comprobado, en este lapso no he escrito con tanta frecuencia en el blog, quizás porque muchas veces no encuentro la forma más adecuada de expresar cómo me siento. Cuando uno cree que ya no hay más cosas por aprender o incorporar, la vida nos sorprende y nos hace reflexionar sobre la necesidad que implementar nuevas estrategias. Para avanzar en esa dirección, es fundamental que uno aprenda a sincerarse, a dejar de lado el egoísmo y la mediocridad. Lo único que existe es el momento presente, y por ese motivo hay que darle valor a lo que vamos construyendo día a día. Quizás no podamos advertir los resultados de un día para otro, pero si tenemos la capacidad de mantener una disciplina sin desviarnos de nuestro camino, estaremos dando pasos firmes hacia un logro más significativo.


Llega una edad en la cual el tiempo se convierte en el principal limitante, porque es un recurso que se va agotando casi sin que nos demos cuenta. Me cansé de postergar proyectos: La procastinación no conduce a ningún lado, son excusas que nos vamos poniendo para no dar el siguiente paso. Para mí, escribir sigue siendo una actividad placentera, y aunque mis publicaciones sean más esporádicas, nunca he dejado de hacerlo. Es una forma de dejar un testimonio que, quizás, alguien esté dispuesto a develar alguna vez. No me considero más que nadie, soy consciente de mis puntos débiles y también de lo que mejor sé hacer. Y mi próximo objetivo es poder lograr una tranquilidad que me conduzca a una transición más fluida hacia la persona que pretendo ser. Quienes me conocen saben que mi labor profesional ha sido sin estridencias. No me importa lo que los demás hagan, yo detesto la vanidad y la soberbia, y nunca me he comportado de un modo petulante, porque representa lo opuesto a lo que en realidad soy. Cultivar un perfil bajo tiene varias ventajas, y una de ellas es que te acerca más a la gente que está en las antípodas ideológicas. No tengo ningún problema en dialogar con cualquier persona, porque mi prioridad es evitar la confrontación, salvo que reciba una agresión o un insulto totalmente injustificado. Hay muchos que se creen importantes y que se dedican a pasear su ego por foros que les son afines. Me tiene sin cuidado, cada uno sabe lo que debe hacer, y no veo mal que cada uno haga su juego. En mi caso, no me gusta la adulación ni que me soben el lomo: mientras yo esté convencido de que estoy haciendo lo correcto, es una razón más que suficiente para seguir adelante.

 

Pienso que lo fundamental es crear lazos que nos permitan fortalecer vínculos y otorgar un espacio preponderante a las relaciones humanas, que es lo más valioso que tenemos, en lugar de pasar horas embobados con la pantalla del celular. La virtualidad y las redes sociales nos cambiaron la vida, al punto tal que han derribado y echado por tierra todo lo que la sociedad fue construyendo durante décadas. No podemos soslayar el contacto personal, la lectura, el acompañamiento en los momentos de zozobra, el poder terapéutico de un abrazo. Estamos muy cerca de llegar al tercer trimestre del año, y no dejo de tener presente mis metas para este 2026. Cada vez que tengo la percepción de haberme alejado del rumbo, vuelvo a leer aquellos párrafos que escribí en los primeros días de enero, repletos de esperanza y entusiasmo, y que fueron concebidos como una forma de ir avanzando en una dirección concreta y precisa. Todo lo que esté a mi alcance hacer constituye un desafío para continuar transitando con confianza y determinación este tramo del año. Lo único de lo cual me arrepiento es de no haber hecho algún curso o taller, lo que pasa es que en marzo, cuando se abrió la inscripción, no encontré nada que me interesara ni que me sirviera como formación laboral. Cuando pasás los 40, conseguir un laburo se vuele mucho más difícil, salvo que reúnas experiencia y conocimientos que sumen puntos a la búsqueda que estás realizando. Por ahora, sigo siendo un trabajador independiente, pero Lobos es un pueblo chico y vivir del periodismo es lo más parecido a una utopía, sobre todo porque los ingresos que uno percibe están ligados a los espacios publicitarios. En tiempos de crisis, muchos comercios y empresas toman la decisión de suspender la pauta para recortar gastos, por eso la remuneración que recibís a fin de mes no es fija ni estable. El primer paso que voy a dar es actualizar mi currículum, e incorporar todo lo que me sea posible para crear un perfil atractivo y competitivo. Ya tendremos novedades para este boletín. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

No hay comentarios.:

Por qué vale la pena invertir en uno mismo

  Sábado en la ciudad. La semana se pasó rápido, por suerte volvió a salir el sol, y eso hace que uno pueda encarar cada día con una perspec...