20 de octubre de 2026

La magia sigue intacta

 

Martes en la ciudad. Ya arrancamos la semana. Ayer lunes, minutos antes de levantarme, pude ver por las rendijas de la persiana algunos tímidos rayos de luz que hacían suponer el fin de casi dos semanas de cielo nublado, una situación sin precedentes para lo que suele esperarse de la primavera. Efectivamente, el sol salió durante buena parte de la mañana, pero no duró mucho: Pasado el mediodía, volvieron a aparecer las nubes y me dio la sensación de estar ante la presencia de un nuevo deja vu. Como ustedes habrán notado, hace tiempo que no escribía nada nuevo por aquí, y en ese lapso no hubo novedades que me dieran un estímulo para hacerlo. Pero en lugar de permanecer en una actitud de eterna espera, creí oportuno volver al teclado de la computadora para esbozar algunas ideas. Hace exactamente un año, me sentía bastante agotado. De hecho, ya para octubre había bajado el telón de 2025 aunque quedaran dos meses por delante. En cambio, en este ciclo creo que es diferente. Sospecho que no tengo ningún apuro por quemar los últimos cartuchos, y tampoco me he detenido a hacer en una suerte de balance. A priori tengo la presunción de que si lo hiciera, el resultado no sería muy favorable. Pero pese a todo, tengo la capacidad de reflexionar, de analizar la realidad, de decodificar lo que sucede. Eso se mantiene, y podría decir que en ese sentido, la magia sigue intacta.


Anímicamente, este año me mantuve más estable respecto de su predecesor, y eso tiene que ver con haber comprendido que los altibajos son inherentes a la vida: Todo el tiempo nos toca afrontar situaciones ingratas que nos llenan de bronca, miedo o incertidumbre. Obviamente, no podemos evitar lo que viene de afuera, pero sí contamos con la capacidad de adoptar reacciones que nos conduzcan a mitigar el impacto. Por eso, retomando lo que decía en otra nota, es bueno no quejarse de todo, como si fuéramos las únicas personas que deben lidiar con malos tragos. No obstante, creo que la queja sirve como un desahogo, una válvula de escape, porque si acumulás bronca y resentimiento y no tenés un cable a tierra, vas a explotar en cualquier momento con quien menos se lo merece. No me parece mal que le plantees un problema a alguien de tu confianza, porque nadie tiene respuestas ni soluciones para todo. Hay gente que pide opiniones o consejos pero luego termina haciendo lo opuesto a lo que le dijeron, es una actitud muy contradictoria. Por supuesto, esto no significa hacer exactamente lo que los demás pretenden, si así fuera nos convertiríamos en marionetas carentes de todo criterio. 


En este tramo final del año, estamos ante una ocasión propicia para escaparle a la vorágine y transitar lo que nos queda manteniendo la calma y la serenidad. Esta vez no tengo prisa por cerrar ningún balance, las cosas son como son, y no puedo hacer nada para impedirlo. Si hay algo que está a nuestro alcance, es adoptar una postura distinta ante lo que nos supera, sofoca y limita. Y también eso pasará: Tarde o temprano, esos momentos de zozobra quedarán atrás, y será tiempo de volver a florecer, con algunas heridas del campo de batalla, pero completando ese círculo virtuoso como ocurre en la naturaleza y en la vida misma. Nadie quiere llegar al final de su existencia con la sensación de que su vida ha sido en vano, por eso perseguimos la búsqueda de un sentido, de una señal que nos indique que vamos por la senda correcta. Es interesante que tengamos la capacidad de cuestionar aquello que en apariencia no admite ninguna duda ni vacilación. Podríamos afirmar que la vida no se construye de certezas, sino de un precario equilibrio que nos sostiene en lo cotidiano.


Hoy me sometí a una pequeña cirugía programada en el Hospital. Me extrajeron dos quistes sebáceos que tenía en la espalda, se me habían infectado y me provocaban mucho dolor y malestar. La operación fue breve, duró menos de una hora. De hecho, podría decir que los preparativos llevaron más tiempo que la cirugía propiamente dicha. Por suerte, todo salió bien. La recuperación llevará unos días hasta que me saquen los puntos, pero lo importante es que ya dejé atrás un problema o una complicación, como ustedes gusten llamarlo. Hoy sí promete ser un día primaveral en Lobos. Y por lo tanto, hay que vivirlo y disfrutarlo a pleno, porque es lo único que tenemos. Ese sol que nos abraza con su tibieza, que nos brinda energías para seguir adelante a pesar de la adversidad. Estoy convencido de que deberíamos ser más agradecidos por todo lo que tenemos, en lugar de estar viendo siempre el vaso medio vacío. No podemos estar lamentándonos permanentemente, no me parece que contribuya a nuestra salud mental. Estamos viviendo momentos muy complejos y difíciles, y en medio de tanta malaria, necesitamos un poco de distensión, aflojar la angustia, darle lugar al placer de las pequeñas cosas. Una vez, en este mismo blog, mencioné que la vida había sido demasiado generosa conmigo. Y lo sigo sosteniendo. Tengo más de lo que me merezco. Por ese motivo, en lugar de pensar en todo lo que supuestamente nos hace falta, creo que es tiempo de darle valor a lo que hemos podido conseguir. Esto nos permitirá poner las cosas en su lugar. No dejemos que lo que resta de 2026 se nos escape entre los dedos. Aunque supongamos que no hay nada nuevo bajo el sol, todo está por verse, y cada día representa un nuevo desafío. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

 

 

 

10 de octubre de 2026

Una primavera insual, que nos sigue interpelando para alcanzar la plenitud

 

Fin de semana en la ciudad. Llevamos varios días nublados y lluviosos, y la verdad es que el común denominador indica que ya ha sido suficiente. Debido a las condiciones climáticas, hace bastante tiempo que no voy al parque, y como primer paliativo, lo único que se me ocurre es emprender una caminata por las calles pavimentadas de la ciudad. Todos sabemos que el ideal de la primavera está representado por una etapa del año en la cual todo tiende a florecer, como un súbito despertar de la conciencia, pero hasta ahora eso no ha sucedido. A raíz de la experiencia reciente, creo que deberíamos pensar en trazarnos objetivos que resulten realizables y que podamos sostener. El mayor desafío que cualquier persona pueda plantearse consiste en superar las limitaciones y alcanzar la plenitud. Por ese motivo, es necesario fortalecer la resiliencia, aceptar lo que nos marca el destino, y aprender a considerar esas vicisitudes como parte de un proceso. 

A esa altura de mi vida, mi principal aspiración es ser construir a partir de lo que lo que he podido conseguir, por mucho o poco que parezca. Siempre existe la tentación de mirar hacia atrás y anhelar ese pasado en el cual supuestamente la vida nos sonreía y todo parecía estar en su lugar, pero probablemente no sea más que un espejismo. Más allá de lo que la lectura que cada uno haga, no hay ninguna posibilidad de volver a la infancia o a la adolescencia que no sea con los recuerdos. En líneas generales, tenemos la presunción de que hace unos años no teníamos complicaciones y que el devenir cotidiano hacía que todo fuera más sencillo, pero sospecho que no siempre fue así. Es cierto que los grandes cambios y avances tecnológicos se suceden con una velocidad sin precedentes. En las últimas décadas, las comunicaciones, el entretenimiento y la industria cultural tuvieron profundas modificaciones que nos obligaron a adaptarnos a una nueva realidad, hasta entonces desconocidas. Basta con ver lo que representa hoy tener un teléfono celular, y lo que era a principios de los ’90. Tener la conectividad y el acceso a Internet en un dispositivo que cabe en la palma de la mano relegó a la computadora de escritorio a un segundo plano, sumado a las aplicaciones que permiten administrar las cuentas bancarias y efectuar transferencias mediante el home banking. En este contexto de profundas transformaciones, creo que estamos ante una buena oportunidad de parar la pelota y empezar a analizar con mayor profundidad lo que implica este nuevo escenario. Vamos postergando nuestro bienestar personal casi sin darnos cuenta, y si seguimos ejerciendo esa procastinación, llegará el día en el cual ya será demasiado tarde, porque los hijos crecen, los hábitos y costumbres van mutando, y nos encontraremos con la amarga certeza de que nunca hemos dedicado tiempo a nosotros mismos.

Nos pasamos la vida esperando que nos sorprenda un gran acontecimiento que nos colme por completo, y en ese afán, pasamos por alto las pequeñas satisfacciones que nos brindan estímulo en el día a día. Quizás ya sea hora de aprender a darle valor a esos momentos, que son lo más parecido a la felicidad que vamos a tener en el corto plazo. En lo que a mí respecta, muchas veces hago mi trabajo en piloto automático, sin dar lugar para el disfrute, pese a que tengo la fortuna de laburar de lo que me gusta. Tuve varios empleos a lo largo de mi vida: Trabajé en una agencia de autos, en una compañía de seguros, en un diario, en las escuelas… Pero llegó un punto en el cual logré ser independiente, con un diario digital, con producción periodística propia, y sin que nadie me diga cómo tener que escribir nada. Por supuesto, no todo lo que reluce es oro, pero sigo pensando que es la mejor opción a la que pude arribar. Cuando miro hacia atrás, y veo todo lo que hice, más de una vez me arrepiento y me pongo mal, porque cometí muchos errores, o desperdicié tiempo con proyectos que no funcionaron como yo me imaginaba. Por lo tanto, el pasado no sólo sirve para dar lugar a la nostalgia de los años felices, sino también para recordar que nadie se baña dos veces en el mismo río. De todos modos, tengo el consuelo de pensar que luego de cada paso en falso hice lo posible para superar la adversidad.  Y en ese recorrido, me acompañaron mi familia, mis médicos, mis amigos, todos los que forman (o formaron) parte de mi entorno. Y aunque hoy ya no tengo la creatividad y la lucidez de antaño, sigo adelante con la premisa de observar y analizar lo que me rodea, para volcar esas impresiones en cada nota o crónica que me toque escribir. Seamos sinceros: El presente puede no ser muy alentador, pero es lo único que tenemos, y reconciliarnos con lo que nos toca en suerte nos posiciona en otra perspectiva. Nos saca del eterno lamento y nos incentiva a ocupar un nuevo rol, asumiendo un protagonismo sin delegar en terceros esa responsabilidad ante la propia vida. A dos meses para finalizar 2026, sigo teniendo la convicción de que no todo ha sido en vano. Pero debo advertirles, como lo hice al comienzo de este posteo, que mantener la vara muy alta es un factor de riesgo para caer en la frustración. Nos estamos viendo pronto, buscando la mejor versión que nos conduzca a reinventarnos día a día. Punto final.

 

 

 

3 de octubre de 2026

Hoy más que nunca, aprendamos a vivir con gratitud

 

3 de octubre. Hace varios días que tenía la intención de escribir un nuevo posteo para el blog, lo que sucede es que me embarga la sensación de que me estoy repitiendo involuntariamente. Todo lo que yo pueda expresar ya lo he hecho antes, pero pese a ello, no soy el mismo. Me enfrento a una realidad muy diferente a la de los últimos años, y lo mejor que se me ocurre hacer es tratar de adaptarme a esta nueva situación. Hay que aceptar que las cosas no siempre salen como las planificamos, es algo obvio y natural. Probablemente, lo que yo me propuse a comienzos de este 2026 tenga que ver con eso. Fue una expresión de deseo, y no hubo un compromiso real y evidente para cambiar el rumbo. Ahí estuvo el error, en no haberme puesto las pilas, y mientras eso siga sucediendo, los resultados tardarán en llegar. Pero sería injusto afirmar que todo lo acontecido en los últimos diez meses fue tiempo perdido, porque en el transcurso de ese lapso seguí laburando como siempre, pude hacer unos programas de tele bastante interesantes, y me esforcé por ir mejorando para brindar un producto cada día más sólido. Quizás no le he dado valor a lo que significa contar con un espacio televisivo gratuito. Mucha gente, para hacer un programa que en muchos casos no mira nadie, tiene que pagarle al canal, y esa experiencia ni siquiera resulta satisfactoria, porque hay que conseguir sponsors para bancar el costo del espacio. Por supuesto, hay ciclos que se disfrutan más que otros, pero en la vida no es todo disfrute o diversión, creo que si eso pasara estaríamos yendo por el camino equivocado.


A medida que vamos creciendo, los objetivos cambian. Buscamos tener hijos, formar una familia, tener un hogar, un trabajo estable, y son expectativas razonables, porque antes de cumplir los 50 es momento de consolidar todo lo que cada uno estuvo sembrando en los años previos. Tengo la impresión de que antes era más sencillo llegar a cierta edad y conseguir algunas de esas metas que mencioné. Esto tiene que ver con las dificultades económicas del país, que se han agudizado en las últimas décadas, lo cual hace que comprar un lote o construir una vivienda se conviertan en escenas de ciencia ficción. Fuera de esas carencias, no me puedo quejar, porque tengo para comer todos los días, pude dedicar mi vida a laburar de los que estudié, no padezco problemas de salud, y he podido transitar mi vida razonablemente bien. En ese sentido, estoy convencido de que ejercitar y cultivar la gratitud también debe ser parte del cambio que cada uno se proponga hacer. No se trata de caer en el conformismo, sino de tener una mirada honesta de lo que hemos podido alcanzar. Nos pasamos mucho tiempo quejándonos de cualquier cosa, y nos comprendemos que esa actitud nos aleja de toda posibilidad de vincularnos: A nadie le interesa permanecer al lado de una persona que en una conversación lo único que hace es expresar su desagrado por todo lo que la rodea. Cuando aprendés a agradecer, estás dando el primer paso hacia una transformación que, como primera medida, requiere cambiar la forma de pensar. Ustedes recordarán que en notas anteriores yo hacía referencia a “cambiar el chip”. Bueno, en esencia es lo mismo. Las oportunidades van a estar siempre, probablemente sea necesario asumir el riesgo y dejar de lado la comodidad para animarse a nuevas experiencias. Si vos estás 100 % conforme con tu vida, no vas a encontrar motivos para cambiar, aunque tarde o temprano tengas que atravesar el duelo de una pérdida, y esa aparente seguridad que pacientemente pudiste construir se desmorona en cuestión de segundos, por lo cual podemos concluir que nada es tan previsible como parece, y menos aún en un país como el nuestro.


Este 2026 fue el año del Mundial, una competencia que se vivió intensamente en la Argentina, porque la Selección volvió a llegar a la final y perdió el partido decisivo con una actuación que para algunos pareció sospechosa, sobre todo teniendo en cuenta que en el match anterior, frente a Inglaterra, había mostrado una garra y una actitud que luego no se pudo repetir. Podrán decir lo que quieran, pero lo cierto es que el representativo local sigue brindando alegrías y satisfacciones que están totalmente ausentes en la clase política. El año pasado, más o menos para esta fecha, tuvimos dos actos eleccionarios. A título personal, para poder brindar una buena cobertura, me exigí muchísimo, pero hasta el día de hoy estoy satisfecho de haber podido cumplir con las expectativas. Creo que Kicillof tiene buenas chances de ser Presidente en 2027, pero por supuesto, para lograrlo deberá cosechar adhesiones que trasciendan los límites del peronismo o kirchnerismo, del mismo modo que lo hizo Milei, siendo un outsider, para ganar el ballotage de 2023. Fueron casi cuatro años de destrucción y desmantelamiento del Estado, de un ajuste feroz cuyas consecuencias todavía continúan empobreciendo a la población como la onda expansiva de un artefacto explosivo. La premisa que un futuro gobierno debe tener, si busca incentivar el consumo, es reducir los impuestos, que representan una gran carga para los asalariados y trabajadores independientes. Y yo no sé si Kicillof es el más indicado como para emprender una transformación en ese sentido. De todas formas, todavía faltan varios meses como para esbozar un posible escenario dentro del mapa político. Más allá de esas consideraciones, lo que yo me planteo hoy por hoy es cerrar este ciclo de la mejor manera posible, sin sobredimensionar las frustraciones, aceptando los obstáculos, y trazando una mirada optimista respecto a lo que vendrá. Ojalá que este tramo final del año nos encuentre con más motivación para seguir adelante, reforzando los vínculos, y sin bajar los brazos ante cualquier dificultad que pueda surgir. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

La magia sigue intacta

  Martes en la ciudad. Ya arrancamos la semana. Ayer lunes, minutos antes de levantarme, pude ver por las rendijas de la persiana algunos tí...