20 de septiembre de 2026

Vísperas de primavera, un escenario para reflexionar

 

Un nuevo domingo, sin mayores novedades en la superficie. Al haberse suspendido Rock al Parque, tuve que buscar otras actividades para cubrir durante este fin de semana, pero que no tienen el mismo grado de interés que cualquier lector esperaría. Cambiando de tema, asusta un poco pensar cómo se ha ido consumiendo este año. Quedan apenas tres meses para que bajemos la persiana de 2026, y el pescado sigue sin vender. Hasta ahora no he podido concretar nada relevante como para decir que ha sido un ciclo positivo. Pero también hay que mencionar que yo no he hecho demasiado para que las cosas cambien. Una de las razones por la que escribo en el este blog es porque puedo aprender a conocerme y a efectuar un contraste con mi forma de pensar en el pasado. Para ser sincero, esa comparación me permitió descubrir que he tenido muchas contradicciones. Conductas que antes aborrecía o rechazaba comencé a aceptarlas y naturalizarlas, del mismo modo que hubo hábitos que me entusiasmaban y que con el tiempo dejaron de formar parte de la rutina.


Allá por marzo empecé a tomar clases de yoga, pero en el último mes decidí no continuar porque aumentaron el costo del abono y me pareció excesivo. Cada uno puede ponerle a su trabajo el valor que le plazca, eso no se discute, pero si a mi modo de ver es demasiado elevado, la única alternativa que queda es buscar otras opciones. Me cuesta activarme, y para lograrlo necesito un impulso que me otorgue la energía y la voluntad para dar el siguiente paso. Conozco personas que tienen una voluntad admirable, que han podido concretar logros importantes y forjar vínculos sanos con su entorno. La verdad es que no sé cómo hacen, porque a mí no me resulta nada fácil sostener una actividad y mantener un espacio para el bienestar. Por ese motivo, como mencioné en otro escrito, sigo creyendo que todos merecemos una segunda oportunidad. El año pasado conté con la presencia de un acompañante terapéutico que me ayudó bastante a ponerme las pilas. Recuerdo que arranqué este 2026 con todas las esperanzas y expectativas puestas en lo que estaba por venir. Hoy, escribiendo estas líneas, me encuentro con que han transcurrido nueve meses y no he podido conseguir muchas de las cosas que me había planteado. No obstante, para hacer una valoración más completa y objetiva, quizás haya que hilar más fino. No creo que todo haya sido tiempo perdido, la vida tiene matices, y no todo es blanco o negro. Por ejemplo, la buena noticia que tengo es que, si todo sale bien, en el lapso de las próximas dos semanas tendré que grabar entre 4 y 6 programas nuevos para la tele, ya que el productor se toma vacaciones y necesita material para emitir en el canal durante ese período. Por supuesto, no lo haré gratis, me van a pagar una compensación económica, un dinero que no viene nada mal. Como estoy acostumbrado a hacer un solo programa por semana, creo que será un desafío importante, porque no se trata de mirar a la cámara y hablar, requiere una preparación específica según quién sea el invitado. Espero que sea una experiencia de la que pueda rescatar un saldo positivo o favorable. Tengo confianza en que puedo dar más y superarme ante esta nueva posibilidad que surgió sin que yo lo esperara. Y pese al diagnóstico poco alentador que hice al comienzo, pongo en juego todas las fichas para que en los meses que restan pueda revertir la mala racha y obtener un resultado superador. Más allá de todos mis defectos, si hay un rasgo que me define es la capacidad de adaptarme ante situaciones límite. Sé que el mes que viene mis ingresos serán menores, porque algunas publicidades que venía cobrando no van a seguir, pero tengo la convicción de que podré acostumbrarme a esta nueva realidad de bolsillos flacos y presupuesto gasolero. Mientras tengamos yerba para el mate, todo lo demás puede esperar. Sólo nos resta recibir a la primavera con plena conciencia de lo que significa disfrutar de cada momento en contacto con la naturaleza, una experiencia que ninguna aplicación de IA puede recrear o imitar. Mientras tanto, seguiré escribiendo y haciendo periodismo, una profesión que me ha dado muchas satisfacciones desde que decidí dedicarme a ella a tiempo completo. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

14 de septiembre de 2026

El desafío de encontrar el sentido de la vida

 

Lunes por la mañana en la ciudad. Durante el fin de semana tuve bastante trabajo, y la verdad es que me motiva la idea de recuperar el control de una agenda que últimamente se me había hecho esquiva. Tenía la intención de escribir acá hace unos días, pero como no se me ocurría nada en concreto, decidí empezar desde cero para ver si hoy puedo lograr ese objetivo. Climáticamente hablando, venimos de unos días espectaculares, a pleno sol, aunque entre ayer y hoy hemos tenido un brusco descenso de temperatura. Volviendo a lo que mencionaba en las primeras líneas de esta nota, creo que hace unos años había más actividad en Lobos, aunque no sabría precisar los motivos. El pueblo tiene una abundante oferta cultural, pero quizás el problema sea que esos eventos no consiguen impulsar la asistencia de público. La semana que viene tenemos Rock al Parque, un festival que ha podido mantenerse dentro de la consideración de los lobenses por más de 20 años. En sus últimas ediciones, Rock al Parque se ha convertido en un evento multitudinario, que abarca dos jornadas, con participación de bandas que ven en este festival una oportunidad para darse a conocer o ampliar su base de seguidores. La verdad es que no es nada simple trascender los límites del under para ampliar la audiencia y llegar a un público más amplio. Lobos no cuenta con muchos espacios para tocar, y ya no abundan tantos bares o boliches como hace 25 o 30 años. La mayoría de los grupos que van surgiendo buscan llegar al streaming, subiendo sus canciones a alguna plataforma como Spotify, lo cual tiene un costo mucho menor al de editar un álbum en formato físico. Por otra parte, últimamente se habla de un resurgimiento del CD, un soporte que nunca debió haber sido ninguneado o relegado, porque es cómodo, barato, y fácil de transportar. Durante los años dorados del vinilo, los CD se liquidaban a precios irrisorios porque casi nadie los quería juntando polvo en su hogar. Pero sigue siendo más accesible más conseguir un reproductor boombox o "chanchita" que invertir una pequeña fortuna en un tocadiscos. Pero sea como fuere, nunca me interesó el coleccionismo, no me parece que tenga sentido acumular objetos con los cuales ni siquiera interactuás. En el pasado, compré discos que rara vez he vuelto a escuchar, o libros que me da pereza leer. Por esa razón, insisto con lo que planteaba en un posteo anterior: La necesidad de volver a lo esencial y conservar sólo aquellas cosas con las cuales nos relacionamos en lo cotidiano. 


Cuando una persona muere, sus deudos suelen encontrar en la casa donde vivía varios objetos que van a parar a la basura casi sin escalas. Nuestro paso por el mundo es demasiado fugaz como para suponer que dejaremos algo que tenga valor. Lo único que dejamos es un recuerdo, que también se va esfumando con el tiempo, cuando ya nadie vaya a visitar nuestra tumba o sepultura, porque nuestros familiares han dejado atrás el duelo para seguir adelante con sus vidas. La única manera de superar una pérdida es aceptando que ya nada será igual, pero que pese a todo nos quedan motivos para continuar. Dicho así parece una mágica solución de manual, pero lo cierto es que cualquiera de nosotros sabe que no es nada fácil transitar ese proceso.


Creo que me fui de tema, pero lo importante a tener en cuenta es que la razón para vivir representa una decisión y un proceso individual. Mucha gente encontrará en sus hijos una forma de dotar de sentido a sus vidas, pero me parece que hay que pensar más en uno mismo y no delegar en los demás la responsabilidad de la subsistencia. Por ejemplo, hoy tuve que ir al Hospital, para lo cual me levanté más temprano que lo habitual, y obviamente lo que uno suele ver es gente enferma que requería la atención de un profesional. Lo mío era una cirugía menor, nada grave, pero conviví en el mismo pabellón con personas que ya no podían seguir esperando para sentirse bien, y que necesitaban recuperar la salud porque es el bien más preciado para tener una mejor calidad de vida. Por eso, en lugar de quejarme porque tuve que esperar más de tres horas (lo cual es cierto), me puse a pensar en la importancia del sistema de salud público. Pensá que si te accidentás en la vía pública, el primer lugar al que te llevan es al Hospital. Y acceder a una atención médica gratuita es un beneficio que los argentinos no valoramos lo suficiente. En otro país, incluso los más desarrollados, cualquier consulta en una clínica cuesta cientos o miles de dólares según la complejidad, por esa razón no se aconseja viajar al Exterior sin un seguro médico que permita cubrir cualquier eventualidad. Pero el meollo del asunto es, a veces, solo los que han pasado por situaciones límite tienen la capacidad de aprender a valorar lo que han conseguido, ser más empáticos en el día a día, ejercitar la gratitud hacia todo lo que nos rodea. Para muchos de nosotros, el sentido de la vida es un gran interrogante, pero mientras proseguimos en esa búsqueda, hay detalles maravillosos que no conviene perderse, ya que este viaje lo hacemos una sola vez. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

2 de septiembre de 2026

Sombras nada más

 

Ya estamos en septiembre. Si miramos hacia atrás, a más de uno le parecerá increíble haber arribado otra vez a la recta final del año. La verdad es que esa percepción que tenemos del paso del tiempo constituye una evidencia más valedera que el devenir de las hojas del almanaque. Hemos llegado a una instancia que nos deja poco margen para el error o el cálculo: Los días comenzaron a estirarse, con atardeceres largos e intensos que representan un preludio de lo que será el verano en estas latitudes. Retomé las caminatas por el Parque y empecé a activarme, pensando en que todavía nos queda la posibilidad de tener una valoración positiva de este ciclo que nos toca afrontar. Siento que durante agosto no pude lograr todo lo que pretendía, pero fue necesario transitar esa etapa para arrancar este nuevo mes con otro chip, sin ánimo de buscar excusas o pretextos para intentar justificarme. Las principales limitaciones que se suelen encontrar parten de uno mismo, más allá de la incidencia que tengan los factores externos. Ya hemos hablado en este mismo blog del efecto contraproducente que provoca la queja constante, dado que nos convierte en personas insoportables para nuestro entorno. De hecho, yo podría quejarme de varias cuestiones que no se dieron como lo esperaba, pero prefiero postergar esas demandas para un próximo texto. Me parece importante que podamos ser conscientes de nuestras propias debilidades: Es el camino más virtuoso para desarrollar una actitud que nos impulse a superarnos, a ser mejores, a seguir adelante con renovadas expectativas.


Hace tiempo que la situación del país no es alentadora, y a decir verdad, no recuerdo cuándo fue la última vez que las cosas marchaban razonablemente bien. Quizás han pasado tantos años que aquella semblanza ha quedado sepultada por el piadoso manto del olvido. El consumo minorista sigue cayendo, la escalada de las tarifas del transporte público impacta directamente en el bolsillo del laburante, los sueldos no suben lo suficiente como para ganarle a la inflación, y el Presidente se comporta como el bufón de la Corte. Claramente, sus insultos y descalificaciones le hacen un flaco favor a la convivencia en sociedad. Y no se trata de cuidar las formas, sino de actuar como se espera de un Jefe de Estado. La mayoría de la gente ha tenido que endeudarse para cubrir sus necesidades básicas, no estamos hablando de fondos buitres o especuladores. El costo de la canasta de alimentos trepó tanto en los últimos meses, que no hay plata que alcance para llegar a fin de mes. Para mí, la principal diferencia con los años K es que antes había plata circulando en la calle y la gente gastaba, y digo esto más allá de que esas variables puedan contribuir a una suba de la inflación. Cualquiera que va a un supermercado podrá advertir que nada vale menos de 1.000 o 2.000 pesos, por eso un billete de 10.000 fue quedando chico y se hizo necesario imprimir un papel de 20.000 pesos. Quienes me conocen saben que, desde mi modesto lugar, he sido muy crítico del kirchnerismo, pero esa postura no implica darle la bendición a cualquier outsider con perfil disruptivo que se comporte como mono con navaja.

 

Los primeros dos años de gestión libertaria fueron demoledores, arrasando con el rol indelegable del Estado y con todo lo que encontraron a su paso, dejando a miles de laburantes en la calle, desmantelando empresas como el Correo Argentino o los ferrocarriles, quitando subsidios, y generando una crisis sin precedentes, que muchos optan por no reconocer mientras los números y las cuentas cierren. Lo que quiero plantear es que se puede hacer un ajuste que contemple el costo social de las medidas, priorizando una contención a los sectores más postergados. Puedo mencionar, por citar un caso, a los emprendedores que tengo como sponsors en mi portal de noticias. Casi todos me dicen que no se está vendiendo nada, y la mercadería que ellos producen permanece juntando polvo en una góndola, hasta que no haya más alternativa que liquidar todo cuando se acerque la fecha de vencimiento. Va a llevar mucho tiempo revertir el vaciamiento a la industria nacional que está propiciando este Gobierno con la apertura indiscriminada de las importaciones. También hay que decir que muchos industriales sacaron provecho del contexto económico durante años para cobrar a los argentinos precios exorbitantes e irrisorios por su elevado valor. Esto no pretende ser un reclamo ni una queja, sino un diagnóstico de la realidad. Haber desmantelado el cepo al dólar puede considerarse una medida positiva, pero lo cierto es que las restricciones que existían fueron concebidas para limitar la especulación y la timba financiera. La Argentina se ha transformado en un hazmerreír del mundo por tener como Presidente a un tipo que no puede pronunciar dos palabras seguidas sin equivocarse, y mucho menos dar un discurso coherente. A pesar de todo, lo más probable es que Milei termine siendo reelecto en 2027, con lo cual podemos pronosticar que el saqueo y la malaria continuarán por varios años más. Los jubilados siguen cobrando un miserable bono de 70.000 pesos, y no hace falta ser un economista para comprobar que esa plata no alcanza para nada. Si tienen que hacerse cargo del costo de su medicación, ese solo ítem se vuelve inviable con el valor del bono. La premisa para el futuro del país, a mi modo de ver, debe ser un punto medio, cuidando las cuentas públicas y el superávit, pero no a costa del desfinanciamiento de la clase media, y a esta altura yo no estoy dispuesto a sacrificarme y ajustarme el cinturón una vez más para que la casta, de la cual tanto reniegan, se siga enriqueciendo con la teta del Estado. Nos estamos viendo pronto, y ojalá que lo que resta de 2026 nos brinde más motivos para sonreír. Punto final.

Vísperas de primavera, un escenario para reflexionar

  Un nuevo domingo, sin mayores novedades en la superficie. Al haberse suspendido Rock al Parque, tuve que buscar otras actividades para cub...