27 de septiembre de 2026

Un país que se ha convertido en reservorio de lo imprevisible

 

Ultimo fin de semana de septiembre. No hay mucho para decir de este mes que está próximo a concluir, a título personal creí necesario dejar la queja de lado y empezar a disfrutar todo lo que pueda de lo que me brinda cada día, trabajando para seguir adelante con mi emprendimiento que me otorga sustento desde hace casi 10 años. Tengo la percepción de que la gente lee cada vez menos, y el desafío para aquellos que tenemos un portal de noticias es redactar textos más breves sin sacrificar la calidad y rigurosidad de la información. Ayer estuve en Rock al Parque y realmente me pareció que es un evento que cuenta con mucho potencial, tal vez haya que ajustar algunos detalles, pero ya se ha ganado un lugar en el acervo cultural de Lobos. Estuve en el predio dos veces, la primera fue cerca de las tres de la tarde, y la segunda recorrida la hice pasadas las cinco y media. Por supuesto, no todos pueden dedicar un sábado a escuchar bandas de rock porque tienen que trabajar y cumplir con sus obligaciones, y como para este domingo había pronóstico de lluvia (que finalmente se cumplió), hubo que reprogramar la agenda para viernes y sábado. Desde los aspectos técnicos, el sonido y la iluminación fueron impecables, el escenario que se instaló fue súper profesional, y estuvieron dadas todas las condiciones para que cada una de las bandas dieran a conocer su repertorio. En ese sentido, quizás habría que volver a la antigua premisa de no permitir los covers, sólo composiciones originales, pero debe ser difícil llegar a un acuerdo en ese punto. Lo que yo noté el sábado fue que había gente, pero que estaba muy dispersa dentro del predio, con lo cual se dificultaba hacer una estimación. Ofrecer un festival gratuito en el pulmón verde de la ciudad es una excelente oportunidad para que el común de los lobenses podamos conocer a grupos que durante el resto del año no cuentan con posibilidades de tocar en vivo en un espacio de esa magnitud. Hablando con gente vinculada a la organización, coincidimos en que la edición más convocante fue inmediatamente después de que se levantara la pandemia. Luego de más de un año con restricciones que limitaban las concentraciones masivas de público, aquel Rock al Parque de 2021 o 2022 (no recuerdo bien) tuvo un marco imponente, nunca había visto que tanta gente se congregara para escuchar música. Ha corrido mucha agua bajo el puente, las prioridades han cambiado, y por ese motivo es oportuno hacer un relanzamiento, abriendo la posibilidad a que participe algún grupo consagrado de la escena nacional, sin restarle méritos ni lugar a las bandas locales.


La verdad es que me cansa bastante la gente que se queja de todo y no es capaz de aportar una mísera propuesta para el mejoramiento de la ciudad. Antes que digan nada, debo reconocer que soy quejoso, pero no es un rasgo de mi personalidad del cual esté orgulloso, y estoy dispuesto a cambiar. Si nos ponemos a pensar, el estadio municipal casi no se utiliza, y es un espacio inmejorable para realizar eventos y espectáculos. El parque debe seguir siendo un lugar de acceso libre y gratuito, pero se puede concesionar el estadio para algunas actividades específicas. Esto significaría un ingreso de dinero que podría volcarse en el embellecimiento de un espacio tan representativo para los lobenses.


Tema 2: Lo que estaba mencionando al principio, respecto de los portales de noticias, tiene que ver con el impacto de las redes sociales y de la IA. Hay ejemplos muy burdos de textos que han sido elaborados íntegramente con la Inteligencia Artificial, y ese proceder va en detrimento de los periodistas profesionales que tuvimos que capacitarnos y recibir una formación para aprender a redactar.

 

A modo de ejemplo, puedo mencionar que durante este año empecé a darle más bola al Instagram de mi portal LOBOS 24, y comprobé que subir unas cuantas fotos muchas veces genera una interacción y un tráfico en la Web que no se logra con una crónica periodística. Sea como fuere, tengo bien en claro que es un gran desafío para continuar con nuestra profesión, que está siendo cuestionada como nunca antes. Cualquiera se cree con el derecho de matar al mensajero, como suele decirse. De hecho, no critican a aquel que hace declaraciones desafortunadas o repudiables, sino al que las reproduce en un medio de prensa. Desde el Gobierno Nacional se ha vuelto una constante tildar de “ensobrados” a los periodistas que expresan sus reparos contra el rumbo de la caótica gestión mileísta. Yo no sé cómo va a terminar esto, pero la escalada de violencia que se está viviendo es preocupante. Por ese motivo, sería bueno que aprendamos a bajar el nivel de confrontación para evitar mayores consecuencias y que la sangre llegue al río.


En mi caso, desde muy chico supe que quería ser periodista, pese a que sabía que no me iba a asegurar un buen pasar económico. Esto hace que no llegue muy holgado a fin de mes, pero creo que estoy en una etapa que me da empuje para seguir creciendo. Trato de brindar a mis clientes un servicio que les permita darse a conocer e incrementar sus ventas, aunque hay determinados rubros que requieren de otras estrategias para alcanzar ese objetivo. Tengo casi 50 años, por lo cual mi trabajo está lejos de ser hobby o algo a lo cual dedico mi tiempo libre: Por el contrario, lo tomo como mi principal fuente de ingresos. Por esa razón continúo invirtiendo para que cada lector se lleve la mejor impresión posible. Mi mirada de la economía doméstica no es optimista, pero admito que esa visión está sustentada en una percepción personal. Hay muchas personas que han tenido que endeudarse para poder comprar insumos básicos de la canasta familiar. Los precios siguen subiendo, no a la velocidad de antes, pero cualquiera que tenga como hábito la compra de un mismo producto puede encontrar en las góndolas remarcaciones que oscilan el 10 %. El modelo que proponen los libertarios está dando señales de agotamiento, y las cifras del INDEC, que marcan un crecimiento de la pobreza y la indigencia, están dejando al desnudo una realidad que desde diciembre de 2023 muchos eligieron ocultar. Las cuentas tienen que cerrar, pero no a cualquier costo como estamos viendo hoy, con un desplome de la producción y el cierre masivo de industrias y fábricas, que son las principales generadoras de fuentes de trabajo. El presidente no puede articular dos palabras seguidas, no tiene la menor idea de la realidad que vive la gente en la calle, y su única preocupación está en cumplir las metas de los organismos multilaterales de crédito. Mientras se abraza a EE.UU. e Israel, el consumo interno continúa cayendo y no encuentra piso. Hasta que los salarios no se actualicen conforme la canasta básica, no será posible que el dinero alcance para una recuperación de la economía. El kirchnerismo tuvo muchos aspectos objetables, pero lo que vino después tampoco pudo posicionarse como un modelo superador hacia una mejor calidad de vida. Estamos transitando por un período difícil, y ya es tiempo de que la agenda de los funcionarios deje de lado la “macro” para comenzar a brindar incentivos al bolsillo de quienes paramos la olla todos los días. Mientras tanto, a casi dos meses para que termine el año, cada uno podrá ir haciendo un balance personal de este ciclo que para muchos ha resultado esquivo. Pensar en lo que nos habíamos propuesto a comienzos de 2026 puede dar lugar a la frustración, pero si lo aceptamos como algo que excede nuestras posibilidades, una parte de ese malestar se verá mitigado. No es ni más ni menos que una postergación natural que surge de la incapacidad de planificar en un país que se ha convertido en un reservorio de lo imprevisible. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

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