23 de marzo de 2026

Es hora de tomar al toro por las astas: Te explico por qué

 

Ya dejamos atrás el verano. Se terminaron los atardeceres eternos, la ropa liviana, las zambullidas a la pileta para refrescarnos del calor sofocante que parecía no darnos tregua. Este fin de semana aproveché para dormir un poco más que lo habitual, la verdad es que me hacía falta porque venía con el sueño cortado, y siempre tenía la sensación de no haber podido descansar lo suficiente. Pero ya es hora de retomar la actividad, que también es algo que se extraña. Ante todo, hay que decir que durante estos días no hubo muchas noticias por cubrir, y a mí lo que más me interesa es contar con material para mi diario digital, es parte de mi trabajo. Por otra parte, fueron pocos los que disponían de dinero para hacer una escapada turística, la mayoría de los lobenses permanecimos acá durante estos días no laborables, y este lunes casi todos los comercios abrieron sus puertas, porque las ventas son escasas y nadie puede darse el lujo de estar cuatro días consecutivos sin facturar. Si me pongo a recapitular cómo ha sido el verano, no se me ocurre nada digno de mención, fue una etapa que el común de la gente transitó con la idea de conectarse con los proyectos, con los deseos, con lo que cada uno se propuso en los primeros días de 2026.


Sea como fuere, yo creo que el camino se hace al andar. Recién el miércoles volveré al estudio de grabación para hacer el programa de TV, si por mí fuera lo hubiera hecho antes, pero no fue posible. Lo bueno es que tengo margen suficiente para ir preparando todo sin sobresaltos. Por más que uno ya tenga definido quién será el invitado, nunca es aconsejable relajarse y esperar a que llegue la fecha tener en cuenta las dudas y preguntas que la audiencia suele hacerse, sobre todo si hablamos de alguien que es una figura pública por la posición que ocupa dentro de la sociedad. Un ejemplo de ello es un concejal, un consejero escolar, o algún funcionario municipal que por algún motivo ha sido objeto de cuestionamientos. El año pasado dediqué varios programas a contar con la presencia de los candidatos, lo cual fue una decisión lógica porque en aquel entonces no habíamos votado aún, y por lo tanto, no habían accedido a una banca. Por ese motivo consideré que era interesante que participaran, teniendo la posibilidad de dar a conocer sus propuestas, y que la opinión pública luego pudiera emitir su voto teniendo como referencia lo que esos invitados habían expresado en representación de las diferentes fuerzas políticas en pugna. A decir verdad, hubiera sido positivo que se hiciera un debate público, que tuviera como ejes aquellas cuestiones básicas que hacen a la vida de un pueblo, como salud, educación, turismo, deporte, empleo, medio ambiente, comercio e industria, entre otros. A nivel nacional, todos sabemos que no abundan las fuentes de trabajo, pero más allá de eso, en Lobos se siente una falta de incentivos que hace que los jóvenes no encuentren futuro. Yo hace rato que dejé atrás la juventud, pero, como adulto, también me cuesta ganar la plata y llegar a fin de mes. Creo que es hora de aceptar que eso no va a cambiar. La diferencia es que yo llevo más de 20 años de laburo, y honestamente, me imaginaba en otra situación cuando llegara a esta etapa de madurez. 


De todos modos, no es algo que dé lugar para continuar lamentándose. En mi caso, tengo que aceptar que es lo que me tocó, pero lo que más me pongo a pensar es que nuestros padres y abuelos pudieron comprar un terreno y construir una casa sin que les resultara una empresa imposible de realizar. Siempre fue algo que demandó esfuerzo, sólo que antes no se lo consideraba un objetivo inalcanzable como ahora. En tiempos donde todo es tan efímero y fugaz, contar con un techo propio sigue siendo una aspiración que todos deseamos poder concretar para no tener que recurrir a nuestros padres o a algún familiar que nos otorgue abrigo bajo cuatro paredes. Desde los organismos del Estado, en todos sus estamentos, tendría que haber políticas públicas destinadas al acceso a una vivienda. Es la única forma para paliar el déficit habitacional que Lobos viene arrastrando desde hace varios años. Uno sabe que pagar un alquiler no es una inversión: Es destinar una sumar mensual para seguir viviendo en un lugar que nunca va a ser tuyo, pero que constituye la única manera de contar con un espacio para no tener que depender de tus padres. Sería bueno que volviera a haber créditos como el Procrear, y que se pudiera pagar un inmueble en cuotas accesibles y en pesos. Las propiedades hoy están valuadas en dólares, y para hacerse de esos billetes, hay que surfear entre la gran volatilidad y especulación que caracteriza al mercado cambiario. Recorriendo los portales de compra y venta, lo que más me llama la atención es que en Lobos hay casas céntricas que valen lo mismo que un departamento en una zona residencial de CABA, lo cual es un absurdo total. Por supuesto, las tasaciones se rigen por la oferta y la demanda, y mientras haya gente dispuesta a pagar un valor elevado, seguirá funcionando de esa forma. Quizás, una aspiración más modesta sea la de comprar un terreno en las afueras de la ciudad, para pensar en construir de a poco, invirtiendo cada peso en ver concretado ese sueño de tantas familias. Como ustedes recordarán, en otras publicaciones yo he destacado aquellas áreas de la gestión municipal que a mi criterio están bien encaminadas, como Cultura o Turismo, pero la prioridad número uno de todos los que hemos llegado a una determinada etapa de la vida, es seguir avanzando en el camino hacia la independencia, una meta que –si por nosotros fuera- habríamos emprendido mucho tiempo antes. Veremos cómo evoluciona esta situación. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

 

17 de marzo de 2026

Que no decaiga : No culpes a la lluvia

 

La semana arrancó con una jornada extremadamente húmeda y calurosa. Si no me falla la memoria, podría afirmar que el lunes 16 fue el día más agobiante de marzo. Y hoy, martes, nos tocó atravesar un temporal de lluvia y viento (hubo más viento que lluvia), que provocó destrozos en toda la ciudad. En fin, hay que seguir adelante mientras se pueda. A corto plazo, seguiré apostando a recobrar el impulso para continuar lo que venía haciendo, sobre todo porque es un laburo de mucha competencia.

 

Cuando comenzó el año, la mayoría de nosotros tuvo sus esperanzas puestas en el nuevo ciclo, lo cual incluye determinadas metas para cumplir en el lapso de 12 meses. Pero creo que es normal darnos cuenta de que esas expectativas se ven superadas por un contexto que no ayuda a concretar nuestros deseos. Más allá de que desconozco los motivos, lo bueno es que puedo identificar lo que me pasa. En tal sentido, soy plenamente consciente de que aún me falta para rendir al 100 %. Mi trabajo me brinda la posibilidad de ampliar el espectro, y la verdad es que a lo largo de los años no me quedó otra que irme adaptando a las nuevas tecnologías. 


Cuando empecé con esto, apenas existían las redes sociales. Sin embargo, hoy mucha gente se informa por esa vía, de manera que no es algo que se pueda relegar a un segundo plano. Lo positivo es que, si hasta ahora me fui aggiornando, no hay razones para suponer que no pueda hacerlo en el futuro.

 

Por lo general, cuando escribo una nota, trato de volcar toda la información que tenga a disposición, pero la realidad es que hay datos superfluos que no hacen al meollo de la cuestión. Cuando cubrís un acto protocolar, que incluye dos o tres discursos, lo que se dijo no le interesa a nadie, ni siquiera a las propias personas que participaron. Teniendo en cuenta esas variables, mi idea es poder incorporar otra actividad que me permita afrontar mis gastos corrientes. Todo suma, y pienso que sería una buena alternativa para llegar más holgado a fin de mes. A esta altura, nada de lo que yo hago es gratis: Quizás en alguna situación puntual pueda hacerle un favor a alguien, pero no es la idea, porque esa etapa de laburar Ad Honorem ya forma parte del pasado. Hace unos días, una persona conocida, que se dedica a las artes plásticas, me decía que al principio le costaba ponerle un precio a sus trabajos. Bueno, a todos nos ha pasado, yo cobro lo que considero suficiente, no me interesa compararme con los demás. Si hay un cliente que me viene acompañado desde hace mucho tiempo, se puede ser más contemplativo por ese caso, pero si se trata de un comerciante o profesional que solamente va a pautar por un mes, lo más atinado es poner un valor acorde a lo que significa una campaña publicitaria breve, que en la mayoría de los casos incluye la difusión por las redes. No hay que “regalarse”: No suelo utilizar esa palabra porque tiene un tinte peyorativo, pero lo concreto es que cuando vos establecés una tarifa mensual, esa plata se licúa rápidamente en cualquier compra que hagas en el súper o en el almacén. La guita no rinde nada, esa es la verdad de la milanesa. Podrán decirme que no hay inflación, pero lo que yo veo en las góndolas dice otra cosa.  Básicamente, me doy cuenta porque veo que un mismo producto ha aumentado dos o tres veces en cuestión de meses. Yo no tengo auto, por lo cual no estoy muy pendiente del precio de los combustibles, pero lo cierto es que esas subas impactan en todos los rubros de la economía. En el transporte, en los fletes, en los servicios… Con la red ferroviaria desmantelada, los camiones son el principal medio de transporte de mercadería entre el mayorista y los canales de venta de los consumidores.

 

Cuando a veces encontrás por Mercado Libre un producto barato, hay que sumarle los gastos de envío, que también están relacionados con el precio del combustible, y que en determinados casos representan un 50 % más de lo que vale ese artículo. Pero ese es otro tema. Creo que el e-commerce se vio ampliamente potenciado en la Argentina durante la pandemia, como tantos otros hábitos que fuimos adoptando en esa coyuntura y que llegaron para quedarse. La situación sanitaria tuvo un impacto demoledor, que nos llevaría mucho tiempo analizar en su totalidad. Los que zafamos del Covid, no quedamos muy bien de la cabeza, de eso no hay dudas. Cuando las restricciones comenzaron a levantarse, allá por 2022, ya habíamos vivido dos años muy difíciles, y mi mayor temor es que no hayamos aprendido nada de lo que nos dejó el distanciamiento. Me refiero a que, si no entendemos que somos seres sociales, no vamos a ir a ningún lado priorizando un enfoque individualista. Dicho de otro modo, nadie se salva solo. Es sólo una frase, simple y directa, pero que encierra la certeza de que necesitamos crear un entorno sano, que nos apoye en nuestros proyectos, que nos banque en los momentos difíciles, y no hay dinero que pueda comprar esos vínculos. Pero volvamos a 2026: Todavía conservo intactas las ilusiones y los sueños que expresé en los primeros días del año, sé que todo lo que pueda hacer o lograr depende en buena parte de mí, y no puedo excusarme de esa responsabilidad, en principio porque cada uno debe hacerse cargo de su propia vida. No estamos en un contexto fácil, todo lo contrario: Es más complicado de lo que imaginamos. Pero probablemente sea así desde hace varios años, lo que sucede es que nos hemos dejado llevar por una percepción equivocada. Los titulares de los diarios, los programas de los canales de noticias, tienen una desconexión alarmante con las necesidades de la gente. Fábricas que cierran, empleados en la calle, jóvenes sin futuro, jubilados en la miseria, especuladores que hacen sus negocios con las criptomonedas. Ningún país se construye sin el aporte de la industria. El ingreso indiscriminado de cualquier porquería importada de China va a traer consecuencias que quizás nuestros hijos o nietos van a padecer a carne propia con la falta de oportunidades para acceder a un empleo calificado. Para mí, no fue fácil arrancar como monotributista, pero creo que la mejor opción que pude encontrar fue dejar de laburar en relación de dependencia y emprender mi propio proyecto. Por supuesto, puede que cambie de opinión, lo único que espero es no equivocarme cuando deba tomar una decisión de esa naturaleza. Nos estamos viendo pronto. Punto final.   

9 de marzo de 2026

La saturación de la información, el nuevo mal que surge de la posmodernidad

Hacía tiempo que no escribía nada nuevo en este espacio. Pero siempre es un momento propicio para el reencuentro. El fin de semana tuve que hacer algunas notas, y la verdad es que me vino muy bien porque no me siento a gusto con el ocio, prefiero mantenerme ocupado con todo lo relacionado con mi trabajo, hoy por hoy no me imagino haciendo otra cosa, aunque dejo la puerta abierta para cualquier emprendimiento que me considere idóneo de realizar.

Estoy intentando salir de la abulia, que a su vez me provoca un bloqueo creativo. En realidad no sé si es el nombre adecuado, pero yo lo defino así. Apelando a una metáfora futbolística, es bueno tener la capacidad de parar la pelota para tomar aire y jugar lo que resta del partido con todas la pilas. Obviamente, me doy cuenta de que algo está ocurriendo porque me cuesta más que surja una idea, pero quizás haya otros factores que influyen y no estoy reparando en ellos. Son etapas, por supuesto: Hace unos días hablaba con gente conocida que me comentaba que había arrancado el mes con desgano y apatía, lo cual sin duda repercute en diversos aspectos de la vida cotidiana. Para mí, el hecho de escribir representa una de las pocas actividades en las que he sido constante pese a cualquier pronóstico desalentador. 

Si cada uno fuera a dedicarse solamente a aquello que le complace, estaríamos ante un enfoque que sólo privilegia un placer efímero y a corto plazo. Todos sabemos que para obtener los resultados que esperamos, es necesario activarse, aunque no sepamos con certeza cómo lograrlo. Lo cierto es que siempre tuve como objetivo consolidarme en mi profesión, es algo que no ha variado en los últimos años. Mirando viejos textos que tengo guardados en la computadora, por momentos creo que antes escribía mejor, pero habría que ver qué es lo que ha cambiado como para ratificar esa presunción.
 
Los que abrazamos el periodismo desde que éramos adolescentes nos encontramos ante un contexto muy distinto al de nuestros comienzos. Antes escribíamos crónicas que iban dirigidas a una publicación con soporte papel. En cambio, lo que vemos hoy está dominado por el auge de las redes sociales y la necesidad sintetizar al máximo en el desarrollo de la noticia. El tiempo que el común de la gente dedica a la lectura ha ido decreciendo, por lo cual la atención de los lectores es muy volátil, se desvanece rápidamente. Todo ello hace que se vuelva imperioso recurrir a nuevas herramientas que faciliten el acceso y la llegada de la información, y el mayor problema radica en que es muy difícil saber quién te está leyendo. No es lo mismo una persona de más de 50 años que un adolescente de 18. Supongo que una transformación parecida habrá ocurrido con la irrupción masiva de la televisión en los hogares. Cuando voy a tomar un café, el contacto con el diario en papel significa una experiencia diferente a lo que era hace unos años. Los redactores actuales priorizan otro abordaje, porque un diario impreso pierde terreno ante la inmediatez que hoy brindan otros medios de prensa. Por ejemplo, si en las primeras horas de la mañana ocurrió algún hecho que conmociona a la sociedad, el periódico no lo reflejará sino hasta el día siguiente, con lo cual el lector se informará antes por los portales de Internet o bien por otros canales más tradicionales como la radio o la televisión. De todas maneras, lo cierto es que los que venimos del palo de la gráfica hoy debemos echar mano a nuevas estrategias que nos conduzcan a consolidar una audiencia. La brevedad se impone como un requisito insoslayable para acceder a un público más amplio. Y muchas veces, ese afán por sintetizar el contenido termina yendo en desmedro de lo que pretendemos expresar. Pese a todo, mi impresión es que Lobos sigue siendo una ciudad donde la lectura ocupa un rol destacado. No es casualidad que haya tantos buenos escritores, y que siga consolidándose la aspiración a publicar un libro. Desde luego, escribir un libro no es una empresa imposible si se dispone del dinero para hacerlo, pero aun así, el objetivo es que ese ejemplar sea leído, que obtenga una repercusión en diversos ámbitos, y en ese sentido yo no sé si los lobenses le damos bola a los nuevos autores. Yo escribo desde muy chico, pero mucho de ese material me resulta obsoleto, no refleja quién soy hoy, y la única posibilidad de conservar esos textos es desarrollar un relato de ficción. Espero que se alineen los planetas y que la creatividad vuelva a florecer, no me caben dudas de que es una etapa transitoria, pero siempre es bueno ser consciente de lo que nos pasa. 

Más de una vez nos embarga la sensación de que permanecemos estáticos, sin poder avanzar en una dirección concreta, y necesitamos que alguien nos oriente para recuperar la senda que hemos perdido. El problema es que, si no nos damos esa oportunidad, vamos a continuar encerrados en nuestros pensamientos que no aportan claridad, sino más confusión. Hoy más que nunca, vivimos confundidos, pero no por una falta de información, sino por una saturación de ella. Esos son los riesgos de absorber todo lo que viene de afuera como si fuéramos una esponja. No queda otra opción que aprender a elegir. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

1 de marzo de 2026

Nada perdurable se construye desde la comodidad del sillón

 

Primer día de marzo. Esa sensación de una etapa que se va trasciende lo meramente cronológico. Si bien todavía podemos esperar algunos días de calor, no creo que se extiendan más allá de la segunda quincena. Recuerdo que hace unos años, para esta fecha, tuvimos una inesperada ola que obligó a suspender el inicio de clases. Pero fue una situación excepcional, que difícilmente se repita. Hasta no hace mucho, era habitual dejar las ventanas abiertas por la noche para poder descansar con un poco de fresco. Como suele suceder, la irrupción del otoño será sorpresiva. Un día cualquiera nos vamos a encontrar con la llegada de un frente frío, y de ahí en más ya será momento de rescatar del olvido los buzos, pulóveres, y demás ropa de abrigo.

 

Cada cierre de mes trato de hacer un balance, porque de esa manera puedo tener un registro más preciso que aquel que acostumbramos hacer a fin de año. Pero, para ser sincero, no tengo muy presente qué hice en concreto durante febrero. Sí es cierto que procuré mantener la rutina y establecer un orden, sin embargo, todo me hace pensar que no ha ocurrido nada particularmente memorable. El error es ese: Esperar, mientras se nos pasa la vida, que nos sorprenda un hecho extemporáneo que implique una ruptura o una bisagra. Es decir, que marque un antes y un después. Se trata de una aspiración que tiene una gran dosis de absurdo. En principios, deberíamos aceptar que nuestra existencia es demasiado insignificante como para pretender ser protagonistas de una gran experiencia colectiva que nos conduzca a un cambio radical. Una vez mencioné que lo mejor es no esperar nada de nadie, pero eso no implica asumir que vamos a tener una existencia anodina y carente de sentido. No hace mucho, un amigo que tiene mi misma edad me dijo: “No nos queda mucho tiempo”. En varios aspectos, tenía un estilo de vida muy parecido al mío, hasta que hace poco se puso en pareja, se fue a vivir con su novia, y tuvo un hijo. Dejó el alcohol y el tabaco, casi no se lo ve en ningún lugar fuera de su trabajo. Todo lo que estoy enunciando se produjo muy rápido, como si se tratara de un efecto dominó. No me imaginé nunca que iba a ser artífice de un cambio semejante, lo podría haber esperado de cualquier persona menos de él. Pero la cuestión es que el tipo entendió que ya estamos en la cancha para jugar el segundo tiempo, que precede inmediatamente a la vejez. Por lo tanto, no es descabellado pensar que cuando lleguen los primeros achaques ya no tendremos la capacidad y las fuerzas para emprender un despegue a nivel personal. Desde luego, hay mucha gente que se siente satisfecha con lo que ha logrado, porque tuvo la voluntad de separar esas conquistas de toda pátina o barniz autoindulgente que nos lleva a chocar contra el vacío en una ruta desierta.

 

Los peores enemigos que nos acechan son la nostalgia y la melancolía, que a menudo van de la mano. Sabemos que no tiene sentido esa evocación del pasado, pero si no estamos atravesando por una buena racha, nos refugiamos en esas épocas de supuesta prosperidad para no caer en el desamparo. El factor clave tiene que ver con el enfoque que cada uno quiera hacer. Yo sé que hay momentos que no volverán, en parte porque nadie se baña dos veces en el mismo río, y tampoco me interesa ser un testigo ocasional de mi propia vida. Más de una vez me he preguntado si yo desperdicié mi juventud, pero lo único que se me ocurre hacer es evitar que eso siga ocurriendo, teniendo en cuenta que esos años no volverán. Sea como fuere, para trazar un análisis equilibrado, es necesario reflexionar sobre nuestra percepción. Por ejemplo, yo puedo extrañar alguna etapa del pasado, pero lo más probable es que cuando esos hechos sucedieron, yo no estaba del todo convencido con eso. Una razón más para que no caer en lo que se conoce como idealizar o romantizar. El problema de ser tan inconformista es que siempre vas a ver pasar el tren, pero rara vez vas a tomar la posta de subirte al vagón y emprender el viaje. Aquellos artistas que pueden crear algo nuevo a partir de esa insatisfacción, merecen un reconocimiento por haber apostado a salir de la comodidad.

 

Es mucho más fácil quejarse de todo que activarse para dejar de lado ese lamento crónico y sistemático. Lo que estamos viendo hoy en los principales portales de noticias no representa algo inédito, por lo tanto, nuestros antepasados ya lo han visto antes. La vocación imperialista de Estados Unidos no es un fenómeno nuevo. Habíamos logrado varios avances como sociedad durante la década pasada, pero parece ser que todo eso ha quedado atrás. Veníamos bien encaminados en el objetivo de ser más tolerantes e inclusivos, y la verdad es que nunca pensé que todos estos derechos adquiridos iban a ser puestos en duda por algún Gobierno. Y no hablo sólo de Milei: Estamos ante un punto de inflexión. El surgimiento de líderes conservadores a nivel global erosiona una agenda que promovía el respeto a la diversidad. Entiéndase por esto, minorías sexuales, discapacidad, el rol de la mujer, y muchos ítems más. En ese sentido, bien podríamos afirmar que ha habido un retroceso. Flota en el aire la sensación de que estamos “en offside” ante esta nueva versión de la derecha que ha tomado el poder.  


La principal variable que sostiene la imagen positiva de los libertarios tiene que ver con cierta estabilidad económica. Pero cualquier persona que recorra las góndolas de los supermercados podrá advertir que es totalmente falso que la inflación mensual sea de un 2 %. Para efectuar una comparación se puede tomar un determinado producto y contrastar su precio en 2024 con su valor actual. De esa forma no será raro comprobar que la suba supera el 20 %, y en el caso de la carne, muchísimo más. En poco más de 2 años de gestión mileísta, vemos que el mayor capital que beneficia al Gobierno es la caída del kirchnerismo. Es una ideología que ya carece del auge y de la épica de los primeros años de la década de 2000. Los gobiernos populistas también emprenden la retirada, porque han quedado obsoletos ante el nuevo orden mundial. Sigo pensando que Milei puede ser reelecto en 2027, y es muy extraño esbozar esta posibilidad porque allá por fines de 2023, nadie pensaba seriamente que el Peluca encontraría un terreno fértil para avanzar en la implementación de su peculiar experimento. Para finalizar, cada vez que te incentiven a engancharte en una discusión o polémica que resulta totalmente al pedo, recordá esta frase: “No nos queda mucho tiempo”. Y menos aún para gastar saliva en imbéciles. Nos estamos viendo pronto. Punto final.  

Es hora de tomar al toro por las astas: Te explico por qué

  Ya dejamos atrás el verano. Se terminaron los atardeceres eternos, la ropa liviana, las zambullidas a la pileta para refrescarnos del calo...