Ya dejamos atrás
el verano. Se terminaron los atardeceres eternos, la ropa liviana, las zambullidas
a la pileta para refrescarnos del calor sofocante que parecía no darnos tregua. Este fin
de semana aproveché para dormir un poco más que lo habitual, la verdad es que
me hacía falta porque venía con el sueño cortado, y siempre tenía la sensación
de no haber podido descansar lo suficiente. Pero ya es hora de retomar la
actividad, que también es algo que se extraña. Ante todo, hay que decir que
durante estos días no hubo muchas noticias por cubrir, y a mí lo que más me
interesa es contar con material para mi diario digital, es parte de mi trabajo.
Por otra parte, fueron pocos los que disponían de dinero para hacer una escapada
turística, la mayoría de los lobenses permanecimos acá durante estos días no
laborables, y este lunes casi todos los comercios abrieron sus puertas, porque
las ventas son escasas y nadie puede darse el lujo de estar cuatro días
consecutivos sin facturar. Si me pongo a recapitular cómo ha sido el verano, no
se me ocurre nada digno de mención, fue una etapa que el común de la gente
transitó con la idea de conectarse con los proyectos, con los deseos, con lo
que cada uno se propuso en los primeros días de 2026.
Sea como fuere, yo creo que el camino se hace al andar. Recién el miércoles volveré al estudio de grabación para hacer el programa de TV, si por mí fuera lo hubiera hecho antes, pero no fue posible. Lo bueno es que tengo margen suficiente para ir preparando todo sin sobresaltos. Por más que uno ya tenga definido quién será el invitado, nunca es aconsejable relajarse y esperar a que llegue la fecha tener en cuenta las dudas y preguntas que la audiencia suele hacerse, sobre todo si hablamos de alguien que es una figura pública por la posición que ocupa dentro de la sociedad. Un ejemplo de ello es un concejal, un consejero escolar, o algún funcionario municipal que por algún motivo ha sido objeto de cuestionamientos. El año pasado dediqué varios programas a contar con la presencia de los candidatos, lo cual fue una decisión lógica porque en aquel entonces no habíamos votado aún, y por lo tanto, no habían accedido a una banca. Por ese motivo consideré que era interesante que participaran, teniendo la posibilidad de dar a conocer sus propuestas, y que la opinión pública luego pudiera emitir su voto teniendo como referencia lo que esos invitados habían expresado en representación de las diferentes fuerzas políticas en pugna. A decir verdad, hubiera sido positivo que se hiciera un debate público, que tuviera como ejes aquellas cuestiones básicas que hacen a la vida de un pueblo, como salud, educación, turismo, deporte, empleo, medio ambiente, comercio e industria, entre otros. A nivel nacional, todos sabemos que no abundan las fuentes de trabajo, pero más allá de eso, en Lobos se siente una falta de incentivos que hace que los jóvenes no encuentren futuro. Yo hace rato que dejé atrás la juventud, pero, como adulto, también me cuesta ganar la plata y llegar a fin de mes. Creo que es hora de aceptar que eso no va a cambiar. La diferencia es que yo llevo más de 20 años de laburo, y honestamente, me imaginaba en otra situación cuando llegara a esta etapa de madurez.
De todos
modos, no es algo que dé lugar para continuar lamentándose. En mi caso, tengo
que aceptar que es lo que me tocó, pero lo que más me pongo a pensar es que
nuestros padres y abuelos pudieron comprar un terreno y construir una casa sin
que les resultara una empresa imposible de realizar. Siempre fue algo que
demandó esfuerzo, sólo que antes no se lo consideraba un objetivo inalcanzable
como ahora. En tiempos donde todo es tan efímero y fugaz, contar con un techo
propio sigue siendo una aspiración que todos deseamos poder concretar para no
tener que recurrir a nuestros padres o a algún familiar que nos otorgue abrigo
bajo cuatro paredes. Desde los organismos del Estado, en todos sus estamentos,
tendría que haber políticas públicas destinadas al acceso a una vivienda. Es la
única forma para paliar el déficit habitacional que Lobos viene arrastrando
desde hace varios años. Uno sabe que pagar un alquiler no es una inversión: Es
destinar una sumar mensual para seguir viviendo en un lugar que nunca va a ser
tuyo, pero que constituye la única manera de contar con un espacio para no
tener que depender de tus padres. Sería bueno que volviera a haber créditos
como el Procrear, y que se pudiera pagar un inmueble en cuotas accesibles y en
pesos. Las propiedades hoy están valuadas en dólares, y para hacerse de esos
billetes, hay que surfear entre la gran volatilidad y especulación que
caracteriza al mercado cambiario. Recorriendo los portales de compra y venta,
lo que más me llama la atención es que en Lobos hay casas céntricas que valen
lo mismo que un departamento en una zona residencial de CABA, lo cual es un
absurdo total. Por supuesto, las tasaciones se rigen por la oferta y la
demanda, y mientras haya gente dispuesta a pagar un valor elevado, seguirá
funcionando de esa forma. Quizás, una aspiración más modesta sea la de comprar
un terreno en las afueras de la ciudad, para pensar en construir de a poco,
invirtiendo cada peso en ver concretado ese sueño de tantas familias. Como
ustedes recordarán, en otras publicaciones yo he destacado aquellas áreas de la
gestión municipal que a mi criterio están bien encaminadas, como Cultura o
Turismo, pero la prioridad número uno de todos los que hemos llegado a una
determinada etapa de la vida, es seguir avanzando en el camino hacia la
independencia, una meta que –si por nosotros fuera- habríamos emprendido mucho
tiempo antes. Veremos cómo evoluciona esta situación. Nos estamos viendo
pronto. Punto final.