1 de marzo de 2026

Nada perdurable se construye desde la comodidad del sillón

 

Primer día de marzo. Esa sensación de una etapa que se va trasciende lo meramente cronológico. Si bien todavía podemos esperar algunos días de calor, no creo que se extiendan más allá de la segunda quincena. Recuerdo que hace unos años, para esta fecha, tuvimos una inesperada ola que obligó a suspender el inicio de clases. Pero fue una situación excepcional, que difícilmente se repita. Hasta no hace mucho, era habitual dejar las ventanas abiertas por la noche para poder descansar con un poco de fresco. Como suele suceder, la irrupción del otoño será sorpresiva. Un día cualquiera nos vamos a encontrar con la llegada de un frente frío, y de ahí en más ya será momento de rescatar del olvido los buzos, pulóveres, y demás ropa de abrigo.

 

Cada cierre de mes trato de hacer un balance, porque de esa manera puedo tener un registro más preciso que aquel que acostumbramos hacer a fin de año. Pero, para ser sincero, no tengo muy presente qué hice en concreto durante febrero. Sí es cierto que procuré mantener la rutina y establecer un orden, sin embargo, todo me hace pensar que no ha ocurrido nada particularmente memorable. El error es ese: Esperar, mientras se nos pasa la vida, que nos sorprenda un hecho extemporáneo que implique una ruptura o una bisagra. Es decir, que marque un antes y un después. Se trata de una aspiración que tiene una gran dosis de absurdo. En principios, deberíamos aceptar que nuestra existencia es demasiado insignificante como para pretender ser protagonistas de una gran experiencia colectiva que nos conduzca a un cambio radical. Una vez mencioné que lo mejor es no esperar nada de nadie, pero eso no implica asumir que vamos a tener una existencia anodina y carente de sentido. No hace mucho, un amigo que tiene mi misma edad me dijo: “No nos queda mucho tiempo”. En varios aspectos, tenía un estilo de vida muy parecido al mío, hasta que hace poco se puso en pareja, se fue a vivir con su novia, y tuvo un hijo. Dejó el alcohol y el tabaco, casi no se lo ve en ningún lugar fuera de su trabajo. Todo lo que estoy enunciando se produjo muy rápido, como si se tratara de un efecto dominó. No me imaginé nunca que iba a ser artífice de un cambio semejante, lo podría haber esperado de cualquier persona menos de él. Pero la cuestión es que el tipo entendió que ya estamos en la cancha para jugar el segundo tiempo, que precede inmediatamente a la vejez. Por lo tanto, no es descabellado pensar que cuando lleguen los primeros achaques ya no tendremos la capacidad y las fuerzas para emprender un despegue a nivel personal. Desde luego, hay mucha gente que se siente satisfecha con lo que ha logrado, porque tuvo la voluntad de separar esas conquistas de toda pátina o barniz autoindulgente que nos lleva a chocar contra el vacío en una ruta desierta.

 

Los peores enemigos que nos acechan son la nostalgia y la melancolía, que a menudo van de la mano. Sabemos que no tiene sentido esa evocación del pasado, pero si no estamos atravesando por una buena racha, nos refugiamos en esas épocas de supuesta prosperidad para no caer en el desamparo. El factor clave tiene que ver con el enfoque que cada uno quiera hacer. Yo sé que hay momentos que no volverán, en parte porque nadie se baña dos veces en el mismo río, y tampoco me interesa ser un testigo ocasional de mi propia vida. Más de una vez me he preguntado si yo desperdicié mi juventud, pero lo único que se me ocurre hacer es evitar que eso siga ocurriendo, teniendo en cuenta que esos años no volverán. Sea como fuere, para trazar un análisis equilibrado, es necesario reflexionar sobre nuestra percepción. Por ejemplo, yo puedo extrañar alguna etapa del pasado, pero lo más probable es que cuando esos hechos sucedieron, yo no estaba del todo convencido con eso. Una razón más para que no caer en lo que se conoce como idealizar o romantizar. El problema de ser tan inconformista es que siempre vas a ver pasar el tren, pero rara vez vas a tomar la posta de subirte al vagón y emprender el viaje. Aquellos artistas que pueden crear algo nuevo a partir de esa insatisfacción, merecen un reconocimiento por haber apostado a salir de la comodidad.

 

Es mucho más fácil quejarse de todo que activarse para dejar de lado ese lamento crónico y sistemático. Lo que estamos viendo hoy en los principales portales de noticias no representa algo inédito, por lo tanto, nuestros antepasados ya lo han visto antes. La vocación imperialista de Estados Unidos no es un fenómeno nuevo. Habíamos logrado varios avances como sociedad durante la década pasada, pero parece ser que todo eso ha quedado atrás. Veníamos bien encaminados en el objetivo de ser más tolerantes e inclusivos, y la verdad es que nunca pensé que todos estos derechos adquiridos iban a ser puestos en duda por algún Gobierno. Y no hablo sólo de Milei: Estamos ante un punto de inflexión. El surgimiento de líderes conservadores a nivel global erosiona una agenda que promovía el respeto a la diversidad. Entiéndase por esto, minorías sexuales, discapacidad, el rol de la mujer, y muchos ítems más. En ese sentido, bien podríamos afirmar que ha habido un retroceso. Flota en el aire la sensación de que estamos “en offside” ante esta nueva versión de la derecha que ha tomado el poder.  


La principal variable que sostiene la imagen positiva de los libertarios tiene que ver con cierta estabilidad económica. Pero cualquier persona que recorra las góndolas de los supermercados podrá advertir que es totalmente falso que la inflación mensual sea de un 2 %. Para efectuar una comparación se puede tomar un determinado producto y contrastar su precio en 2024 con su valor actual. De esa forma no será raro comprobar que la suba supera el 20 %, y en el caso de la carne, muchísimo más. En poco más de 2 años de gestión mileísta, vemos que el mayor capital que beneficia al Gobierno es la caída del kirchnerismo. Es una ideología que ya carece del auge y de la épica de los primeros años de la década de 2000. Los gobiernos populistas también emprenden la retirada, porque han quedado obsoletos ante el nuevo orden mundial. Sigo pensando que Milei puede ser reelecto en 2027, y es muy extraño esbozar esta posibilidad porque allá por fines de 2023, nadie pensaba seriamente que el Peluca encontraría un terreno fértil para avanzar en la implementación de su peculiar experimento. Para finalizar, cada vez que te incentiven a engancharte en una discusión o polémica que resulta totalmente al pedo, recordá esta frase: “No nos queda mucho tiempo”. Y menos aún para gastar saliva en imbéciles. Nos estamos viendo pronto. Punto final.  

Nada perdurable se construye desde la comodidad del sillón

  Primer día de marzo. Esa sensación de una etapa que se va trasciende lo meramente cronológico. Si bien todavía podemos esperar algunos día...