26 de noviembre de 2016

Fidel dijo adiós


Me desayuné hoy, tardíamente, con la noticia de la muerte de Fidel Castro, tal como lo definió Clarín, "el padre de la Revolución Cubana". Enseguida me produjo sensaciones encontradas: por un lado, es cierto que en Cuba durante su extenso gobierno hubo (y seguramente hay aún) presos políticos, disidentes que no comulgaban con el modelo comunista. Es cierto que la Cuba que muchas veces nos contaron quienes tuvieron oportunidad de visitar la isla en plan de turismo, no es la misma que viven a diario sus habitantes. Pero no puedo negar su extraordinaria oratoria, su tenacidad, su capacidad de liderazgo. Fue un estratega, un hombre que dejó una huella indeleble en la historia mundial, que enfrentó a los EE. UU. y que sufrió el bloqueo (o embargo) de la mayor potencia mundial durante más de 50 años. Fue el hombre que desorientó y burló a los yanquis en la fallida invasión de Bahía de Cochinos, en abril de 1961, cuando cubanos exiliados y tropas estadounidenses quisieron tomar control y derrocar al líder. Ya se había impuesto el embargo, en octubre de 1960, a sólo dos años del triunfo de Fidel para derrocar al dictador Fulgencio Batista. Podría decirse que él terminó convirtiéndose, de algún modo, en un dictador, dado que no hubo alternancia en el poder hasta que por sus achaques de salud le cedió el mando a su hermano Raúl. 

Tras la fragmentación de la Unión Soviética y el Nuevo Orden Mundial, con el fin de la Guerra Fría, Cuba se quedó sin su principal aliado y sostén económico. Fue entonces cuando se empezaron a flexibilizar algunas restricciones, y las autoridades de la isla comprendieron que el turismo era una buena fuente de ingresos. Los últimos acercamientos con Estados Unidos, bajo la presidencia de Obama, no alcanzaron para que el pueblo cubano saliera del aislamiento internacional. Se reabrieron las embajadas y sedes diplomáticas en ambos países, y se firmaron acuerdos. Pero el embargo, que asfixia la economía cubana, persiste. 

Mientras tanto, en Miami, los cubanos exiliados bailan y festejan la muerte de Fidel. Lamentable por cierto, que se piense en Castro como el demonio, el responsable de todos los males que aquejaron a su país, un país con una salud pública y educación de excelencia reconcida internacionalmente. El fallecimiento de Castro marca el fin de un ciclo de más de medio siglo, una historia de amores y odios, de intelectuales argentinos que, al decir de Ernesto Sábato, eran "comunistas de salón", porque es muy probable que de ningún modo aceptarían vivir en las condiciones de los cubanos. El propio Fidel profetizó, en uno de sus libros, lo que sucederá de ahora en adelante: la historia lo absolverá. Punto final. 

Barco a la deriva

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