6 de diciembre de 2017

De regreso: reflexiones de mitad de semana

Estimados amigos: estuve unos días sin publicar nada aquí, en el blog, debido a que me surgieron innumerables complicaciones, propias de una agenda cargada en esta época del año. Nada demasiado grave, pero se van acumulando los compromisos contraídos, y uno no puede multiplicarse por diez para cubrir varios eventos a la vez. Hay veces que siento que cierta gente es muy demandante, quizás porque desconoce cómo es mi modo de trabajar, entonces quieren que todo sea "ya", de inmediato. Pero también pasa al revés, yo desconozco la modalidad de trabajo de otros rubros, y asimismo también tengo mis exigencias. 

Escribir en este espacio es motivo de satisfacción para mí, porque aunque me lea una sola persona, significa que el mensaje le llegó a alguien, que evaluará si las notas del blog son de su agrado o no. Lo vengo haciendo desde 2005, y cada año intento superarme, redactar mejor, porque considero que aunque hayas estudiado Periodismo o lo que sea, nunca terminás de aprender. Y de las sugerencias, de los consejos, se aprende muchísimo. Como sostengo siempre, quienes lean los primeros textos (en el lateral derecho de la página está todo el archivo año por año), notarán que antes eran otras cosas las que me preocupaba o me interesaban, precisamente porque yo era más joven, tenía menos obligaciones y otra forma de ver las cosas. Poco a poco se fue poniendo más "serio" el tratamiento de los temas, y traté siempre de no caer en la frivolidad o el abordaje superficial. 

Este miércoles por la tarde, mientras redacto estas líneas, me pongo a pensar en el largo trecho que nos separa de una sociedad normal, donde nadie reciba una golpiza o la muerte por sus ideas políticas, donde se respete el Estado de Derecho, y nos demos cuenta de que el único interés de los políticos es llegar al poder. El poder se más codiciado que el dinero. ¿Por qué? Porque en política, el poder te permite humillar y pisotear a otros, nombrar familiares y amigos para cargos públicos, levantar el teléfono y tener en 15 minutos a todos tus subordinados en tu despacho. En cambio, el dinero en sí mismo se plasma en la compra de objetos o de bienes de gran valor, pero no genera poder "per se". Es, más bien, un símbolo de status y de una determinada clase social. Al "nuevo rico" se lo identifica enseguida,  porque lo primero que suele hacer es cambiar  el auto, o viajar al Exterior. En cambio, aquellos que heredaron un patrimonio importante y nunca les faltó el dinero, en su mayoría son más discretos y racionales en sus gastos. Punto final.

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