Sábado complicado en Lobos. El feroz temporal de lluvia y viento me obligó a recluirme en mi casa buena parte del día. Con las persianas bajas, para que el agua no golpeara en la ventana, lo cual deteriora notablemente los postigos. Me dediqué a desgrabar unas notas que había hecho, material que tenía en "parrilla" y que me pareció útil publicar. En determinado momento de la tarde, cerca de las 15, se bajó la tensión de tal manera, que la luz del velador estuvo a punto de apagarse. Desconecté todos los aparatos y lo único que podía hacer era leer algún libro, un hábito que nunca viene mal.
Más recientemente, entre las 21 y las 23 hs, la luz se cortó por completo, tanto en las casas del barrio, como en las luminarias del alumbrado público, lo que constituye un verdadero peligro. Cerramos todas las rejas y nos quedamos cenando con velas, algo que no es tan romántico como parece. Estábamos con la familia de mi hermano, y nos pusimos a conversar, a recordar viejos cortes de luz, incluso antes de que la empresa fuera privatizada. Lo más llamativo, es que en esas dos horas, nos comunicamos mucho más que mientras estaba el servicio funcionando. Es decir, sin televisor, con poca batería en el celular, y con una radio a pilas, nos dispusimos a cenar tranquilos mientras hablábamos de bueyes perdidos. Cuando volvió la luz, es como si se hubiera roto el hechizo: todos volvieron a sus respectivos celulares, o a lo que estaban haciendo antes.
Siempre que ocurre un fenómeno meteorológico como éste, es inevitable para mí pensar en aquellas familias que tienen una vivienda precaria, o que viven sin los servicios esenciales. Y no hay que ir muy lejos para comprobarlo: aquí mismo, en Lobos o en Empalme, vemos gente que quedó totalmente excluida y librada a su suerte, porque nadie se ocupa de ellos excepto cuando hay elecciones (sean del partido que fueren). Quizás por eso, aunque renegué por no tener luz (que probablemente se corte otra vez), no fue una tragedia ni muchos menos, más tarde o más temprano iba a volver. Y como suele ocurrir, me acuerdo de la necesidad de tener una linterna, justo en estos momentos. El lunes seguro que compro una, que sea berreta nomás, pero que alcance para iluminar lo suficiente y no andar a los tumbos con la casa a oscuras. Punto final.
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