25 de diciembre de 2019

El día después de una Navidad bajo la lluvia

Los días post-Navidad, se caracterizan por una modorra propia de la semana corta que resta para llegar a Año Nuevo. Cuando digo "semana corta", me refiero a que con los asuetos a la administración pública, los días laborables se reducen considerablemente. Sin embargo, en mi caso yo no puedo hacer la plancha, tengo que seguir laburando aunque a veces me venza el cansancio que trae aparejado un año de trajín. Quiero culminar este ciclo de la mejor manera posible, porque ya no pienso tanto en los meses transcurridos, sino en qué fue lo que sucedió durante ese lapso, qué hice yo para mejorar mi calidad de vida, y para que las cosas cobren un sentido diferente. La vida no es un camino lineal, sino que está lleno de vericuetos.  Como he comentado en notas anteriores, algunas personas toman el comienzo de un nuevo año como un cambio de etapa, un renacer espiritual. Sin embargo, por más que caigan las hojas del almanaque, pueden transcurrir los años sin que se produzca el famoso "clic" en tu cabeza. Que es, ni más ni menos, que cambiar la forma de pensar. Cuando llegaste a los 40, es hora de que uno empiece a reenfocar, con otro prisma para ver la realidad. 

En tal sentido, estoy tratando de ser más tolerante ante ciertas cosas, lo cual no es sencillo por la naturaleza de mi personalidad. O en el mejor de los casos, permanecer indiferente ante situaciones que en otros momentos me alteraban más allá de lo necesario.

Conozco muchas personas que piensan como yo, a saber: nadie está exento de tener defectos, pero hay que tener una buena dosis de paciencia ante el soberbio y el arrogante, aquel que quiere llevarse al mundo por delante. Sería bueno que esos individuos se den cuenta de que todos tenemos la necesidad de ser respetados, por encima de cualquier situación económica o cuestiones de clase. Y los políticos... qué decir de ellos. Cada día estoy más convencido que de ellos no se puede esperar nada. Que los problemas que aquejan al país tenemos que resolverlos nosotros mismos. Las leyes que se puedan sancionar resultan sólo un paliativo. Pienso que vivimos demasiado pendientes de los ministros y legisladores, cuando puertas adentro no sabemos ordenar la economía doméstica. No sé, es un planteo medio tonto el que estoy haciendo, pero hay gente que gana buen dinero y se lo gasta todo en el Casino, por ejemplo. Y como hemos hablado en otra ocasión, estar endeudado en una condición terrible, porque la guita que cobrás se esfuma para cumplir con los compromisos que tenés con sus acreedores.  Podría extenderme más, pero llegó el momento de dormir para recargar las pilas. Buenas noches y punto final!

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