1 de diciembre de 2019

La última hoja del almanaque ha llegado

Cada mes comienza un nuevo capítulo, con la particularidad de que éste es el último. Ya no quedan más hojas por arrancar del almanaque. Llegamos a diciembre. Y es natural que te preguntes si pudiste concretar algunos de los objetivos que se planteaste aquel 31 a la medianoche cuando el cielo se iluminaba de fuegos artificiales y levantabas la copa para brindar con tu familia. Cada uno tendrá su propia percepción del tiempo, para algunos el año ha pasado rápido y para otros se hizo agotador y estresante. De más está decir que existen hechos que no podemos manejar y que están fuera de nuestro alcance, pero que afectan nuestra calidad de vida. Lobos no es la excepción a lo que estoy tratando de explicar. Han ocurrido cosas que fueron motivo de sorpresa, por lo insólito, por lo atroz, o por lo inesperado. Nos estábamos acostumbrados como pueblo chico, a que se produjeran homicidios, femicidios y violaciones. A la rutina, casi diaria, de accidentes en lo que chocan autos con motos y el considerable gasto a la salud pública que se podría evitar con precaución y sentido común. Parece ser que las campañas de tránsito son ineficaces o inútiles, algo no funciona bien. Si vos vas al Hospital porque te sentís enfermo, estás haciendo un uso responsable del servicio de salud. Pero si vas sin casco y chocás contra un auto, hay un montón de profesionales que deben abocarse a que puedas recuperarte a causa de tu propia negligencia. 
2019, año duro para la mayoría, si hablamos del contexto socioeconómico. Yo lo padecí, porque mi rentabilidad o ganancia se vio resentida en estos 4 años de zafarrancho macrista. Lo cual, claro está, no quiere decir que los que están por venir sean mejores. Eso lo dirá el tiempo, y no quiero hacer futurología. 

¿Cuánto vale una sonrisa, un beso, un abrazo, compartir unos mates? En esta sociedad chota, donde todos vivimos a mil, no prestamos atención a nuestros seres queridos, hasta que ya es demasiado tarde. Lo mismo sucede con los amigos. Yo tengo amigos que no veo hace tiempo, pero sé que están de mi lado y que el afecto es mutuo. Como diría Charly García, son aliados. Si viven lejos, trabajan muchas horas, o lo que fuere, eso no quita que sigan siendo mis amigos. Y si tenés un primo que vive en el medio del campo o quizás en Europa (quién sabe), lo mismo da. 

Es jodida la distancia con los afectos. Internet ayudó a acortar un poco ese abismo, pero el contacto personal es irremplazable, siempre lo he sostenido así. Un mensaje de WhatsApp puede ser muy seductor, pero no es nada más que eso. Por supuesto, si tenés un amigo o un familiar que vive en Tierra del Fuego, no le vas a pedir que se tome un vuelo de Aerolíneas para juntarse en un bar de Lobos. La experiencia me dice que Internet es un paliativo para la distancia, el problema es cuando se pretende construir un vínculo "desde cero" a partir de la Web. El chateo con personas desconocidas es una boludez que no sirve ni aporta nada, a menos que sea por motivos laborales. Tengo un amigo en Puerto Madryn que quizás venga de visita a Lobos para las Fiestas. Una excelente noticia, tomar un café en un bar, desandar esas calles que parecen olvidadas, o lo que sea, no tiene precio. Punto final.

Barco a la deriva

  Frío comienzo de semana en la ciudad. En el contexto actual, cuesta ser innovador o creativo: Los hechos que merecen ser difundidos se rep...