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Ya no puedo recortar con la tijera una nota que me interesa conservar, y hacer un crucigrama por internet resulta por lo menos engorroso. Claro que, ocasionalmente, puedo guardar como un documento de Word una nota que haya aparecido en la edición online, pero la experiencia me dice que hubo un tiempo en que tenía miles de archivos de Word del New York Times en su mayoría, con artículos que me interesaba volver a leer, aunque muy pocos casos emprendí esa relectura.
El papel, por más que sea el de menor calidad, tiene el valor de lo perdurable. En la Web, es muy difícil que algo se sostenga en el tiempo, hay una constante mutación. Aparecen links que antes no estaban, galerías de fotos que no aportan demasiado, secciones orientadas a difundir los últimos avances en tecnología. Pura hojarasca. Ojalá que leer el diario se mantenga como un placer, y que los editores se esfuercen en ofrecer un producto periodístico de calidad, sin fotos gigantescas ni títulos tamaño catástrofe que suelen emplearse para llenar páginas cuando hay poco texto. Nos estamos viendo pronto. Punto final.
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