28 de octubre de 2013

Rige la ley de la selva

Desde hace bastante tiempo, hay reglas elementales de buena convivencia entre vecinos se están perdiendo. Lo que cabe mencionar es que no se trata de reglas que requieran gran esfuerzo de comprensión o que ocasionen una molestia a quienes deberían ejercerlas. Por ejemplo, alguien está barriendo la vereda, ve que vos vas caminando y te tira toda la tierra encima. Ni siquiera es capaz de detener la limpieza por unos segundos hasta esperar que uno pase. Se da bastante seguido en las veredas de los comercios, pero también en domicilios particulares. El tiempo que lleva esperar a que yo, como peatón, pase por ahí, es muy breve. Pero al parecer, la impaciencia predomina sobre el respeto.

Lo mismo sucede con los que baldean, y no es extraño que el transeúnte sea víctima de una pequeña inundación de agua con lavandina que le mancha los zapatos y el pantalón. También podemos citar el caso de la basura, y aquellos que, a falta de bolsas suficientes, pretenden que todo el contenido quepa en una sola, lo cual rara vez da resultado porque termina todo desparramado. Si eso pasa durante un día de intenso calor, el olor a podrido no es la mejor fragancia para disfrutar.

Sé que ustedes pensarán que hay cuestiones que son más atendibles que otras, y que no es tan preocupante lo que estoy planteando. Pero mi análisis es que no cuesta demasiado trabajo mantener una relación armónica con nuestros semejantes. No es posible que a un vecino se le ocurra cortar el pasto a las dos de la tarde de un domingo, cuando es consciente que el resto del barrio se encuentra descansando en el único día que la mayoría de los asalariados no trabajan. Otro caso que me viene a la mente son las botellas de cerveza o de otras bebidas que los pendejos acostumbran dejar en el cordón de las veredas, y si se trata de una casa que no tiene rejas, en la misma ventana que da a la calle de cualquier domicilio. Evidentemente, tenemos malos hábitos, y reitero que no hace falta un esfuerzo sobrehumano  para  modificarlos, con un poco de buena voluntad los podríamos resolver. Yo uso mucho la bici y cuando transito alguna calle de tierra, ya es un "clásico" que pase un auto a toda velocidad y no le preocupe en absoluto que la polvareda me pegue de lleno en la cara. Incluso, pienso que lo hacen a propósito. Me parece una hijaputez.

Por otra parte, un automovilista que estaciona su vehículo a la entrada de un garage particular sabe perfectamente lo que está haciendo, pero como le ch.. un h... el vecino frentista, dale que va. A veces es irresponsabilidad, en otros casos es negligencia, y ya no se puede culpar a ninguna autoridad de esta situación. Reitero: Quizás los ejemplos que acabo de exponer no revistan gravedad, pero bien sirven como ejemplo del pésimo modo que tenemos de comportarnos, y que en definitiva terminan perjudicándonos a todos. Si no podemos convivir en prácticas tan corrientes y habituales, qué se puede esperar entonces de otras actitudes que demandan un mayor compromiso.

En resumen, hoy soy yo el que no te dejo descansar con la máquina de cortar pasto, y mañana sos vos el que no me dejás sacar el auto porque estacionaste en mi garage. Todo ello demuestra que a nadie le importa nada de nadie, y francamente si empezamos así, no podemos ilusionarnos con el cumplimiento de reglas más complejas a futuro. Ojalá me equivoque, el tiempo lo dirá. Punto final.  

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