8 de noviembre de 2018

Recuerdos de un año que se va: Hubo un tiempo que fue hermoso

Cuando pienso en todo el tiempo y esfuerzo que me ha demandado sobrellevar este 2018 con mis finanzas equilibradas, creo que lo más saludable es desearle que se vaya lo antes posible. Sin embargo, hacer un análisis de todo un año en base a una posición económica sería un reduccionismo, puesto que hay muchas otras áreas de la vida cotidiana que no tienen nada que ver con la guita. Por ejemplo, nuestra familia, pareja, amigos, o seres queridos. Son ellos quienes nos han dado contención emocional en los momentos difíciles, quienes nos han bancado de la forma que pudieron, muchas veces sin entender lo que nos estaba pasando pero con mucha empatía. Y todo eso es un buen motivo para estar agradecido. La gente en la que podés confiar, que te quiere de verdad, es tu principal sostén. Y puedo sumar a la lista a los conocidos que me cruzo todos los días por la calle e intercambiamos un saludo sincero, no simplemente de cortesía sino de afecto. Quizás nunca llegue a tener una amistad con esos vecinos, pero sé que me aprecian, de lo contrario me ignorarían por completo. Y también hay que decir que tenemos gente que uno no soporta, con la cual no se habla ni se saluda, por viejos rencores o por razones reales que llevaron a ese distanciamiento: diferencias insalvables, y muchas heridas que tardan en sanar. Pero puedo decir que no tengo enemigos: tengo gente que no me quiere, lo cual no es lo mismo. El enemigo busca deliberadamente hacer daño, el que "no te quiere" puede despreciarte pero no mucho más.

Las relaciones humanas son parte fundamental de la vida, y por la profesión que tengo, constantemente debo tratar con todo tipo de personas, para hacerles una entrevista u obtener información. A veces desgasta un poco, pero es lo que elegí hacer, y me parece que hay cosas ilógicas que se viven en este país. Por ejemplo, que se esté hablando desde hace días de un partido de fútbol cuando la inflación no da tregua y la gente se caga de hambre, creo que ningún país serio pondría en un lugar privilegiado un espectáculo deportivo habiendo otras prioridades. Por otro lado, es una buena maniobra de distracción para que la sociedad no se mire un poco el ombligo y se dé cuenta de que llevará años reparar o enmendar todo este desquicio que estamos atravesando, el hecho de no tener una economía previsible, los despidos, y el cierre de fábricas. Mientras la gente pierde el trabajo, acá estamos pendientes de que ruede la pelotita. Una mirada bastante estrecha de las cosas. Punto final. 

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