19 de abril de 2024

"No me sueltes la mano", dijeron los senadores

Viernes por la tarde en la ciudad. Estoy tranquilo, pero también somnoliento, así que procuraré escribir lo que tengo en mente. Observo que hasta LN y Clarín comienzan sutilmente a esbozar críticas hacia el Demente (Milei), todas ellas fundadas, como el recorte que afecta principalmente a las universidades públicas nacionales. Es preocupante, del mismo modo que los despidos masivos en distintas áreas del Estado, que se perpetran sin hacer siquiera un análisis respecto a si son “ñoquis” o empleados con trayectoria. Vale decir que no hay apenas un criterio uniforme para determinar qué recursos humanos deben ser preservados, y sea como fuere lo que terminará por suceder es que habrá una ola de juicios –precisamente hacia el Estado- por tratarse de despidos sin justa causa, si hablamos de empleados “de planta”. En el caso de los contratados, es más sencillo no renovarlos.

Pero volviendo a lo que decía antes, aunque los grandes medios deslicen alguna crítica, están lejos de “soltarle la mano” a los talibanes de la Rosada. Eso no va a ocurrir, al menos por ahora, hasta que el descontento social sea tan evidente que no tengan otra alternativa que informar sobre ello. Sí, podrán decir que Milei conserva una imagen “positiva” aún, pero no es tan así. Está polarizado, es un 50/50. Los porteños deberían dejar de lloriquear por los aumentos de tarifas, ya que históricamente siempre pagaron valores irrisorios comparados con los del Interior del país. Ese Interior que para ellos es “exterior”, porque se sienten cómodos con el Maxiquiosco que Jorge Macri. CABA no es más que eso: Un bastión del PRO, que aborrece al peronismo, quizás porque la composición de las clases sociales sea otra. Ese “porteñocentrismo” es peligroso, siempre lo fue. Buenos Aires fue una de las últimas metrópolis en aceptar la Constitución de 1853, y de adherir a su articulado. El Acuerdo de San Nicolás, de 1852, contó con la ausencia de la Provincia de Buenos Aires, que para la federalización, debió ceder parte de su territorio a los efectos de constituir una capital, sede de la administración pública. 

Tras la caída y posterior exilio de Juan Manuel de Rosas al ser derrotado en la Batalla de Caseros, la PBA se separó “de facto” de la Confederación Argentina, conformada por el resto de las provincias existentes hasta este entonces, ya que había “territorios nacionales” que todavía no habían alcanzado ese status quo. Surgió así lo que se denominó Estado de Buenos Aires, un antecedente de la Capital. Pero con el transcurso del tiempo, la vocación separatista de mantuvo, aun luego de la sanción de la Constitución. 

Recién en 1880 se sanciona la Ley que otorga formalmente a BA la condición de Distrito Federal, por llamarlo así a la usanza mexicana. Lo que hoy conocemos como Gran Buenos Aires, o Conurbano, son básicamente los distritos que rodean a la capital, siendo la más codiciada la Zona Norte, que tiene municipios como Vicente López o San Isidro. Todo los demás, en diferentes puntos cardinales, para los porteños son objeto de indiferencia o, en el mejor de los casos, los consideran escoria.
Aunque se lo tildó de un proyecto faraónico o ridículo, ampliamente resistido, Raúl Alfonsín tenía alguna dosis de razón para proponer el traslado de la Capital a Viedma. Si nos ponemos a pensar, BA no hubiera perdido importancia por eso. Se proyectaba una ciudad al estilo de Brasilia, diseñada para albergar a las dependencias del Estado Nacional. Claro que lo que no imaginó Alfonsín es que lanzar tamaña proeza en 1987 no sólo iba a ser resistido por motivos de centralismo, sino porque en aquel año comenzó la debacle de su Presidencia, y ya no contaba con respaldo suficiente en el Congreso como para plasmar una iniciativa semejante. Fue el fin de la primavera democrática, la inflación que comenzó a sentir con más fuerza, y todos sabemos lo que vino después.

Hoy nos desayunamos con el aumento exorbitante de las dietas de los senadores. En eso sí están todos de acuerdo, no hay chicanas ni disputas. $ 7 millones al mes no le vienen mal a nadie, ¿No? Está claro que cuando hay que “hacer caja”, nadie dice que no. Hasta "el demócrata a ultranza" (?) de Lousteau levantó la manito con disimulo, como un chico que es retado por la maestra y se siente avergonzado. Quizás quiso emular el gol de Diego a los ingleses cuya ilegalidad el árbitro no vio, pero ahora hay cámaras por todos lados, por lo cual ya sería una empresa difícil imaginarse una Mano de Dios versión 2.0.

Reacción inmediata de la gente “de bien” (que no son ellos precisamente): Dan vergüenza, propia y ajena, una inmoralidad absoluta. Y a su vez, le sirven en bandeja al Demente un infinito rosario de tuits ante actitudes tan repudiables cómo ésta. La casta está en todos lados, muchachos, no nos tomen por boludos. La única "casta", según la 2° acepción del diccionario de la RAE, es la mujer que nunca tuvo relaciones sexuales. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

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