Martes por la
tarde en la ciudad. Como ya hay una mayor cantidad de noticias por cubrir,
volver al ruedo me permitió mantenerme ocupado y eso hizo que postergara
determinadas cosas, pero se dio así porque a esta edad, la prioridad número uno
es dedicarse al trabajo, sobre todo cuando uno tiene un emprendimiento que debe
marcar la diferencia en un contexto donde hay mucha competencia. Lobos cuenta
con varios medios de comunicación, y desde que empecé con esto me propuse hacer
mi juego sin perjudicar a nadie. Soy consciente de lo que puedo dar a nivel
profesional porque llevo más de dos décadas haciendo el mismo laburo. Como
viene la mano, creo que seguirá siendo así hasta el día que me jubile. De más
está decir que no pienso todo el tiempo en eso, pero no puedo evitar que me
embargue cierta desazón viendo los magros haberes que históricamente perciben
nuestros jubilados y pensionados. Todo lo que puedo hacer es seguir pagando
impuestos, que a pesar de ser excesivos, son necesarios para mantener el
sistema de salud pública. Digo esto porque, si bien tengo una obra social, su
cobertura es ínfima. Razón por la cual, últimamente, estoy yendo al Hospital,
presento el carnet, y de esa manera puedo contribuir a que el nosocomio reciba
los fondos que mi mutual se niega a desembolsar. Por supuesto, hay que armarse
de paciencia luego de haber solicitado un turno. Sin ir más lejos, ayer me perdí
toda la mañana para realizar una consulta médica. Estuve tres horas que me
atendieran pese a haber reservado un turno previamente, pero lo que puedo
destacar es la buena atención que recibí del médico. Con una claridad de
conceptos que debería ser imitada por más de uno, me explicó lo que me estaba
pasando y me indicó lo que debía hacer para mejorar mi salud. Siempre es bueno
tener una consulta presencial antes que apelar a recursos berreta como
autodiagnosticarse por Internet. Cualquiera puede googlear aquella enfermedad
que supone que tiene y ver la medicación y el tratamiento, sin embargo, me
parece que no está bueno hacerlo, porque se parte de una presunción errónea. Un
factor clave es reducir los factores de riesgo, como el tabaquismo, el consumo
de alcohol, el sedentarismo, o cualquier otro que ustedes decidan agregar. Hoy
por hoy, se sabe que la actividad física representa un beneficio sustancial
para reducir la prevalencia de cualquier patología. Muchas veces no tengo el
menor entusiasmo por ir a caminar durante una hora al Parque, pero es algo que
no se puede delegar ni tramitar ante un tercero. Por ese motivo, me obligo a
ir, sin dejar margen para la duda. No miro el reloj ni la pantalla del celular
hasta que regreso a mi casa. Todo lo que sé es que debo estar caminando como
mínimo una hora, lo demás puede variar. Mientras tanto, estoy viendo si puedo
hacer algún curso de los que se dictan en el Centro de Formación Profesional. Por
lo que pude ver, no hay tanta variedad como en los años anteriores. De hecho, la
oferta disponible para este 2026 es bastante reducida. Sea como fuere, yo no me
voy a inscribir al voleo, ya que la mayoría de los cursos duran todo el año y
no me parece una buena idea estar yendo a un aula varios meses si es algo que
ni siquiera me interesa.
Como mencioné en
una nota anterior, empecé a hacer Yoga, sigo entrenando en el gimnasio, y no lo
hago con la intención de demostrar nada, sino que lo hago por mí. Mientras yo
me sienta bien, la percepción que tengan los demás es totalmente irrelevante.
No conduce a nada estar pendientes de la mirada del otro. Lo más necesario en
estos tiempos que corren es tener la capacidad de mantener un equilibrio.
Recibimos un bombardeo constante de fake news, reels de Instagram, flashes de
programas televisivos, y como una forma de ir decantando lo que realmente vale
la pena, debemos filtrar y pasar por un tamiz esa avalancha de información
superflua y estéril. Esto no significa ser ajenos a todo lo que sucede, sino
otorgarle prioridad a lo que impacta en nuestra vida cotidiana. Posiblemente,
lo más fácil sería no preocuparse por nada, pero no es así como funciona. Todos
los días dedico unos minutos a leer los principales portales de noticias, y no
lo hago sólo porque me dedique al periodismo, sino porque no puedo vivir en un
frasco: los cambios se producen a un ritmo más vertiginoso y acelerado que hace
30 años. De un día para otro pueden cambiar completamente las reglas de juego.
Hay normas, leyes, decretos, que se vuelven obsoletos rápidamente. Eso es
consecuencia de la cirugía mayor sin anestesia que están implementando los
libertarios que están en el poder. En el común de los casos, es evidente que no
miden el impacto que provoca dar de baja una determinada legislación, ya que
afecta a millones de personas. Lo cierto es que, hoy por hoy, el kirchnerismo
no tiene ninguna chance de volver a ser Gobierno, y dentro de las pocas
opciones que le quedan, está el colapso de este experimento que conduce Milei y
los suyos. No hay razones para suponer que ese escenario caótico esté cerca de
concretarse, pero también es cierto que la sociedad ya no tiene la tolerancia
de antes para que un grupúsculo de iluminados siga manejando todo a ensayo y
error. Si no aprenden a buscar consensos, consolidar la gobernabilidad se tornará
un escollo insalvable por la falta de apego que tienen al arte de la
negociación. Seguramente, en las próximas semanas habrá novedades en ese
sentido, sobre todo cuando haga falta conseguir en el Congreso los votos
necesarios para avanzar en esta progresiva quita de derechos adquiridos. Nos
estamos viendo pronto. Punto final.