3 de noviembre de 2009

Tal vez sea un post para la posteridad

Con este post, comienzo a desandar lo que resta del año, aunque en realidad tampoco hay que darle mayor importancia a este último tramo de 2009. Al fin y al cabo, lo que no hemos hecho en los meses restantes, difícilmente lo podamos materializar de apuro en menos de 60 días. Todo lleva un tiempo, y es bueno que aprendamos a aceptar que nuestros deseos no siempre van de la mano con el tiempo que disponemos para concretarlos. De más está decir que ello nos genera frustración e impotencia. Han pasado diez meses, y uno se pregunta qué ha hecho todo este tiempo, qué cambio sustancial se ha producido en su vida, qué logro importante ha alcanzado. La respuesta no suele ser muy alentadora, por cierto. Quizá me motiva redactar estas líneas la obsesión por el paso del tiempo, por el correr de las agujas del reloj, las hojas del calendario, y las metas incumplidas, las promesas rotas, y el tiempo que no nos da tregua y sigue avanzando implacable.
Hoy realmente tuve ganas de exponer estos pensamientos en un post, aunque el lector atento podrá hallar semblanzas similares en textos anteriores. Uno procura no repetirse, ser original, pero nos somos más que el espejo de un modo de vida que no existía hace dos siglos. El tiempo ha pasado a ocupar un rol dictatorial en nuestras vidas, quizás porque ahora sabemos como medirlo y fragmentarlo para que así un día nos resulte "rendidor" y provechoso. Es, sin lugar a duda, el reflejo de una época en la cual el valor más preciado, además del dinero, ha pasado a ser el tiempo.

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