10 de febrero de 2022

Pregunta simple: "¿Estos son o se hacen?"

El ejercicio de la geopolítica implica, entre otras cosas, la capacidad de establecer alianzas o acuerdos con otros países por cuestiones estratégicas. Vos vas a Washington a pedir apoyo para negociar con el FMI. Es razonable, si tenemos en cuenta que los yanquis son los socios de mayor peso del organismo (¿Te suena algo llamado “Bretton Woods”, Alberto F. o Guzmán?). Los tipos no se la jugaron pero por lo menos, se comprometieron a destrabar la amenaza del default. Ahora, ¿Que hacés vos, días más tarde? Vas a Rusia, a Barbados (éste último destino totalmente al pedo, porque es una isla del Caribe recientemente independizada de la Corona Británica), y exponés un discurso totalmente opuesto al anterior. Entonces, no hace falta ser un estadista para imaginar el pensamiento de los diplomáticos yanquis: “¿Estos tipos, los argentinos, que vinieron a pedirnos la escupidera, son boludos o se hacen?”. 

Una cosa es tener un alineamiento automático con EE. UU, que todos sabemos que no funcionó. Los diplomáticos de Washington soplan para donde va el viento. Han apoyado dicaturas sangrientas en su cruzada anticomunista.

Pero volvamos a la actualidad, otra cosa, bastante distinta, es dialogar conociendo que tu interlocutor es una potencia mundial y que no te conviene meterte en quilombos porque tienen la capacidad de destruirte (en términos de armamentismo y poderío militar), de un día para otro. Retomo lo que venía diciendo: Vas a pedirles un respaldo a los norteamericanos, y después te reunís con Putin vaya a saber por qué, ya que Rusia no tiene demasiada gravitación en lo que respecta a un salvataje financiero. Entonces, esos mismos yanquis apelaron al famoso refrán: “Dime con quién andas, te diré quién eres”, y te dejaron en calzones.

En la diplomacia, nada es gratis y mucho menos es un currito para improvisados, por lo cual es sólo hecho de negociar también significa ceder determinadas posiciones. La Presidencia de Biden podrá ser menos kamikaze que la de Trump, pero eso no necesariamente quiere decir que sus funcionarios sean ingenuos o que hagan beneficencia. A ellos les da lo mismo que Argentina exista o no en el contexto internacional. A nosotros, nos importa sólo porque vivimos acá. Esa es la diferencia. Guido Di Tella (no sé si lo recuerdan), promovió una forma de relaciones bilaterales con la que no estoy de acuerdo en absoluto, pero era un diplomático de carrera. No un tránsfuga corrupto al que, para alejarlo de la escena pública, lo premiaron con una Embajada. O no un Ricardito Alfonsín que es totalmente ignorante, más aún para una sede diplomática clave, como es la de España. Relaciones “carnales” como en los ’90, ni en pedo; pero coherencia en lo que se está planteando a nivel internacional, sí. Es cierto lo que me decía un amigo, respecto a que, hoy por hoy, China es un socio comercial mayoritario para la Argentina por la soja, la carne, y toda la bola, y supera holgadamente a los EE. UU. Sin embargo, eso no es suficiente para “seducir al capital”, y no combatirlo, como declama la Marcha Peronista.

La embajadas que deberían ser clave para un país como el nuestro (quizás me olvido de alguna), serían las siguientes:

-        -  Todos los países limítrofes (podríamos agregar a Cuba, en el Caribe).

-       -  Mirando hacia el Norte: México, EE. UU. y Canadá.

-        -  Todos los países centrales de Europa.

-        -  Sudáfrica.

-         - Australia.

Ahora bien, supongamos que a algún “iluminado” se le ocurra abrir una sede diplomática en… Burkina Faso. No te pueden dar nada, excepto faso (disculpen el chiste fácil). Lo mismo cabe para Angola o cualquier país africano que, lamentablemente, salvo Sudáfrica, está peor que nosotros. Y hay algo que esta gente no entiende: Una cosa son los discursos para la “tribuna”, como un acto político en Plaza de Mayo, y otra muy distinta es cómo se posiciona la Argentina ante la ONU, la OEA, o la CIDH. Se habla mucho de Nicaragua, pero lo real es que, más allá de que el actual Presidente lleve muchos años en el poder, ha sido por elecciones libres e indefinidas, dado que la Constitución se lo permite. Creo que bastantes problemas tenemos como para entrometernos en un país que, si a cualquier argentino promedio le das un mapa, ni siquiera sabe dónde queda.

 Tema dos: El kirchnerismo actual, con sus actos prolijamente organizados en Plaza de Mayo, apela claramente al autoelogio, y la autoindulgencia. Básicamente, la oratoria que se emplea consiste en tomar a un sector de de los argentinos como parte de una causa épica que la militancia acepta seguir aunque no se entienda. Es fácil compararse con el 2001, sería como preguntarles a los mineros chilenos si se sentían mejor en las entrañas de la tierra o cuando fueron rescatados. Hay que reconocer que, en tiempos del auge macrista, llegó un punto en que generaba hartazgo hojear los diarios y ver todo el tiempo de Lázaro Báez, por más que este hombre se haya enriquecido con los favores del Estado. No será el primero ni el último que lo haya hecho en esta democracia renga que tenemos. Pero no debemos ser indiferentes, ni demonizar al periodismo que dio a conocer éste y otros negociados de los amigos de la obra pública. Ojalá algún día podamos ganar algo que sintamos como un triunfo colectivo, y que realmente nos llene de orgullo.

 Podemos estar de acuerdo con que el Grupo Clarín concentra una gran cantidad de medios, pero aun así, hoy por hoy, todos ellos casi se equiparan al aparato de propaganda del Gobierno, que logró concentrar en pocos años cerca del 80 % de las señales de radio y TV, además de publicaciones gráficas que se sostienen con la pauta que les otorga generosamente el propio Estado. Pero quizás lo más preocupante sea la confrontación entre periodistas, de la cual trato de permanecer ajeno acá en Lobos o donde me toque estar en un futuro. Hoy parece necesario hablar en términos absolutos. Me refiero a que no se admite que un periodista reconozca logros de este Gobierno K y al mismo tiempo enuncie sus puntos débiles. O se es obsecuente, o si estamos en la vereda de enfrente pasamos a ser considerados opositores, cipayos, gorilas, golpistas, destituyentes. 

Quienes me conocen saben bien cómo soy y mi manera de escribir. O incluso, cómo trato de encarar los programa de tele que grabo todas las semanas. Los dirigentes políticos suelen enfrentarse entre sí buscando posicionarse ante la opinión pública en lugar de subirse al ring con los funcionarios, para cuestionarlos, pedirles explicaciones, ser esclarecedores en medio de la polémica. Explicar lo que está sucediendo con palabras sencillas, de forma tal que lo comprenda cualquier ciudadano, ha dejado de ser la misión del periodista. El periodista vanidoso busca dos cosas: El lucimiento personal y asumir (también) un posicionamiento ideológico que le garantice beneficios económicos y acceso a fuentes de información. Yo no soy de ese palo, y nunca lo seré. Pero eso ya dedicaría una nota más larga, y pienso yo, aburrida, porque sería como mirarse el ombligo. Es la gente quien te elige o, en un momento dado, deja de hacerlo. Nos estamos viendo pronto. Punto final.  

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