18 de junio de 2026

Delivery de paciencia para afrontar la segunda quincena

 

Ya estamos cómodamente instalados en la segunda quincena de junio. Hace varios días que no escribía nada por aquí, de hecho, ni siquiera lo hice para fechas que son importantes para mí, como el Día del Periodista, o mi cumpleaños. En realidad, lo que trato de evitar es ser reiterativo o redundante, aunque pensándolo bien, lo más acertado sería renunciar a cualquier pretensión de originalidad, y aceptar que nos vamos repitiendo casi sin darnos cuenta.


Este año está atravesado por lo que representa el Mundial: El martes fue el esperado debut de la Selección, con un resultado categórico, y todos queremos que el equipo se vaya consolidando durante el desarrollo de la Copa del Mundo para seguir en carrera. No hay mucho que agregar, llegó la hora de la verdad y sólo resta esperar a los próximos rivales para ver si estamos en condiciones de pelear en lo más alto. La verdad es que un partido que comenzaba a las 22 hs, en un día de semana, era un poco incómodo para hacerse un hueco y resignar algunas horas de descanso frente al televisor, pero más allá de eso, pude ver los tres goles antes de buscar refugio en las sábanas. Bueno, en ese sentido, recuerdo que fue mucho más complicado seguir los partidos del Mundial de Corea/Japón, ese olvidable certamen que nos hizo permanecer desvelados de madrugada para presenciar la rápida eliminación del equipo en fase de grupos.


En la Argentina, todos sabemos que un Mundial representa la oportunidad perfecta para ocultar escándalos y negociados, pero el fútbol nos brinda satisfacciones que los grandes actores de la política difícilmente puedan equiparar. Hace unos días fue noticia el riesgo país, que alcanzó su valor más bajo en ocho años. Más allá de que sea cierto, para el bolsillo del asalariado ese indicador no significa ningún paliativo. La economía doméstica no repunta, la caída del consumo no encuentra piso, y los sueldos son demasiado bajos como para pensar en satisfacer el ego dándose un pequeño gusto. Las expectativas del común de la gente no son alentadoras en el corto plazo, las tarifas del transporte público suben casi todos los meses, y si necesitás del bondi o del tren para ir a laburar, todo ese combo representa un gasto fijo que hay que absorber recortando otros menos acuciantes. En ese contexto, yo no creo que podamos salir del atolladero en el corto plazo. Sin embargo, yo creo que la gente es más consciente de antes respecto al intento de generar una cortina de humo con la Scaloneta. De todos modos, una vez que finalice su participación, todo seguirá como antes. A título personal, estoy tratando de despojarme de preocupaciones superfluas o innecesarias para poder lograr una visión distinta de lo que me toca afrontar día a día.


Siempre sostuve que el principal capital que tenemos consiste en mantener la calma y la paz interior, que a menudo se ve amenazada por la intromisión de diversos factores externos que no sabemos bien cómo manejar. Pero si vos dejás que todo eso aparezca y te complique, vas a estar constantemente alterado, relegando a un segundo plano esos momentos de felicidad que no abundan, y que también te sorprenden cuando menos los esperás. Por supuesto, todos tenemos dificultades y problemas, el tema está en pensar qué hacés con eso, cómo se puede sostener una estructura a partir de cimientos que nunca suelen ser demasiado sólidos. Por ese motivo, a veces es útil hacer una pausa, bajarnos del caballo, y volver a pensar qué es lo que queremos conseguir. Si no tenemos un propósito o una razón que nos motive a vivir, todo lo demás se hará más cuesta arriba. Ese proceso de autoindagación requiere de un análisis honesto, porque sería una tontería engañarse a uno mismo adoptando una imagen que no le pertenece. Cuanto más certero sea el diagnóstico, más claro será nuestro propósito. Por ejemplo, yo este año acabo de cumplir 47, y no me queda otra opción que asumir que estoy finalizando una etapa, lo cual implica dejar atrás la juventud para dar paso a una instancia en la cual uno espera cosechar lo que ha sembrado durante tantos años. 


Obviamente, cuando te acercás a los 50 comprendés el tiempo no te sobra, y que aquellas cosas que te otorgaban envión y motivación ya no existen más. La vida está llena de vericuetos y vueltas de tuerca, y eso significa que nuestras expectativas se van renovando y adaptando a nuestra versión más reciente.  Y en ese sentido, si no logramos parar la pelota y recuperar la calma, no vamos a poder adoptar decisiones acertadas.


Cuando dejás que la ansiedad se apodere de tu ser, estás priorizando a la emoción por encima de la razón. No se trata de vivir sin emociones, sino de aprender a equilibrar ese plato de la balanza con un componente racional que te permita ser más consciente de tu realidad. Al cabo de un tiempo, uno se da cuenta de que la mayoría de las preocupaciones e inquietudes no son relevantes, y si tuviste que lamentar la pérdida de un ser querido, vas a comprender que la vanidad y la superficialidad son espejismos de la conciencia que te han mantenido ocupados sin ningún fundamento. Para quienes han leído otras notas del blog, cuando yo mencioné las ventajas de llevar “equipaje liviano”, me refería principalmente a no estar atado a nada, a aprender que estamos de paso, y que el momento para disfrutar del viaje es aquí y ahora. Te podés lamentar de no haber hecho algo que te quedó pendiente, pero eso no quiere decir que el tiempo que todavía te queda transcurrirá al pedo. El dinero no compra la felicidad, pero no padecer deudas ni privaciones hace que te saques un problema de encima, y te otorga la posibilidad de concentrarte en otros objetivos. Esa es, para mí, la única función verdadera de la guita en una sociedad capitalista. Es comprensible que la mayoría de la gente que tiene cuentas por pagar no pueda pensar en otra cosa, ya que llegar a fin de mes se ha convertido en una odisea para los sectores más postergados. A nadie le agrada ir acumulando deudas que luego se vuelve una carga muy pesada para el bolsillo cotidiano. Por eso, creo que es un buen momento para valorar lo que tenemos y aprender que seguir quejándose por boludeces es una afrenta al sentido común. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

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