31 de octubre de 2020

Ultimo día del mes: en la recta final hacia 2021

Hola amigos! Hoy damos cierre a un mes bastante convulsionado, pero no muy distinto a sus antecesores. Creo que la idea hacia donde debemos proyectar la mirada, es tratar de terminar el año de la mejor manera posible. Con objetivos modestos pero firmes. No se puede hacer mucho más. Seguramente, si rebobinamos la película, habrá algo bueno para rescatar. Siempre lo hay. Tener una visión negacionista de aquellas pequeñas cosas que pudimos lograr sería demasiado mezquino para con nosotros mismos. 

Hoy dediqué buena parte de la tarde a cortar el pasto del patio del fondo, y durante el tiempo que me insumió dicha tarea traté de no pensar nada más que en eso. Además de mi trabajo profesional, debo realizar otras tareas que hacen a la vida hogareña como cualquier persona. Por otra parte, de esta manera le sumo horas de actividad física a las que ya invierto en el gimnasio. Cuando no te gusta cómo te ves, físicamente o lo que fuere, es el momento de hacer algo. Claro que no sale de un día para el otro, es un proceso porque nada se consigue en un corto plazo. No es que voy a bajar 10 kilos por tres meses de gimnasio con dos clases de 45 minutos. Pero al menos no asumo una actitud pasiva, me involucro en lo que me pasa. 

Por curiosidad, por nostalgia, o quizás para ver qué pensaba yo hace casi 10 años, también me puse a repasar mis viejas notas en este blog. Debo reconocer que muchos de esos textos estaban más logrados que los actuales, pero hablaban de temas livianos y que no me preocupaban demasiado.  Ojo, hay que tener cuidado en abusar de las comparaciones entre el ayer y el hoy no me preocupan el absoluto, en lo que a calidad editorial respecta, y más aún si tenemos en cuenta que el entorno social influye: quienes eran tus amigos, quienes dejaron de serlo, y aquellos que lo son en la actualidad. . Sí considero que, en muchos aspectos, he cambiado mis hábitos, mis costumbres, mi fisonomía, mi forma de pensar, mis gustos, y podría seguir enumerando cosas. Y la veo positivo que así sea, porque si seguís siendo el mismo boludo que hace 10 años, estás en problemas. El paso de los años va forjando distintos comportamientos, usos y costumbres, que no son buenos ni malos, sino parte de otra etapa de la vida. 

Yo ya tengo 41 y hay determinadas situaciones que no me banco, y que hace una década podía llegar a tolerar. En parte, creo que cuando uno se vuelve más viejo, también se vuelve más intolerante. Pero intolerante ante la estupidez, ante la falta de talento de algunos "artistas", etc. Te vas dando cuenta de quién la tiene clara y quién es un gil. Vas perdiendo la ingenuidad, lo cual representa un tránsito agridulce. Desde luego, todo lo expuesto no quita que en el futuro te puedan volver a cagar o estafar, pero vas aprendiendo que tu trabajo vale, que tiene un precio, y que aquel que no esté dispuesto a pagarlo, que se vaya por donde vino. Son los famosos "aprendizajes". Ya  no vuelvo a 2010, estoy en 2020 y preparado para  a vivir lo que queda hasta que todo estalle. Punto final. 


28 de octubre de 2020

No seremos los mismos: 2020 va diciendo adiós, pero dejará huellas profundas

A casi un mes para terminar 2020, creo que, al menos en este año, no tiene sentido hacer "balance" alguno. Este período ha sido duro para todos, ni siquiera hace falta mencionar los motivos. Con el correr de los meses, me la fui rebuscando, porque los humanos tenemos esa capacidad de adaptarnos a lo que nos va pasando. Algunos más, otros menos. La torta no se reparte para todos por igual. Pero esto no es nuevo, durante los primeros años K se pregonó la redistribución de la riqueza y resulta que los que más se enriquecieron fueron ellos. Por supuesto, no es privativo de este engendro político. Los negociados con el Estado y las licitaciones han sido una constante. Es así como la obra pública, lo poco que se hace, es de pésima calidad dado que suele licitarse a dedo a un empresario militante político. Los efectos no tardan en notarse, ya sea en cuadras de asfalto llenas de baches y pozos, falta de drenaje y desagües adecuados, por no mencionar proyectos faraónicos de campaña que no van a ningún lado. Precisamente, la campaña electoral de 2021 tendrá rasgos muy particulares, porque estará atravesada por la pandemia y los numerosos desaciertos que hubo en el manejo de ella. Pero como todo puede cambiar en cuestión de meses, todavía resulta apresurado pensar en el escenario político local, donde se advierte que muchos medios quieren "instalar" candidatos dedicándoles un espacio desmesurado según sus intereses. A Lobos no va a venir ninguna figura política de rango provincial y nacional porque son "de otro palo". Mientras Cambiemos fue gobierno, la cuestión fue diferente. Es en este rompecabezas donde se pone a prueba la capacidad de un Intendente para gestionar aunque los estamentos superiores sean de otro partido. 

También es cierto que los futuros candidatos deberán diseñar estrategias diferentes para seducir al electorado. La prioridad número uno para cualquiera de ellos debe ser generar trabajo y reactivar la economía. Pero las elecciones del año próximo son de medio término, no están en juego cargos ejecutivos. Eso siempre le resta interés, sin embargo la composición de las Cámaras de Diputados y Senadores define la aprobación o no de una Ley, por lo cual tampoco me parece poca cosa. 

Tema dos: La noticia no descansa, la noticia no espera. Pero una primicia sirve como material periodístico según de qué se trate. Si es una gansada, aunque hayas sido el primer medio en publicarlo, no aporta demasiado. Lo que más me gusta hacer, ustedes lo saben, son las entrevistas. El "mano a mano" con alguna autoridad política, el dirigente en una institución, un vecino de a pie, o lo que fuere. No siempre se puede rescatar algo interesante, ello depende de la voluntad de hablar que tenga el entrevistado y de su apertura hacia temas considerados polémicos. Y por supuesto, del oficio que tenga el periodista. 

Disfrutar de las pequeñas cosas en silencio forma parte de la belleza de la vida, están solamente vos y tus pensamientos en ese momento. Hacer una pausa cuando es necesario, conocerte lo suficiente como para evitar que tu mente se agote.  Calentás la pava, preparás la yerba para el mate, y dedicás un tiempo para vos. Eso es algo que el ritmo de vida frenético, y enfermante, no nos permite hacer. Buscar en el dial una radio medio perdida, que quizás la escuchan un puñado de personas porque solamente pasa jazz, y detenerse a escuchar. Hurgar en los cajones viejas fotos, pero no con un ánimo de nostalgia, sino para recordar quiénes fuimos y quiénes somos. Ver quiénes siguen con nosotros con la fidelidad de siempre y ver a los que aparecían sólo para "la foto" también es un ejercicio interesante. Nos estamos viendo pronto, en este intento por decodificar y entender los que nos pasa. Punto final.

27 de octubre de 2020

Mozo, marche un Café Doble para televisión

La semana comenzó tranquila, justo el lunes nos tocó una tarde espectacular, si lo comparamos con las aciagas jornadas de sábado y domingo. Cuesta arrancar, pero cuando querés acordar ya es viernes otra vez, de manera que es un buen consejo darle valor al tiempo. Hoy es martes, cumplí con la rutina de grabar el programa semanal para RSO/Lobos Digital, que ya es un clásico de los miércoles: "Café Doble". En esta jornada en el estudio tuvimos varios percances, debido al programa (de edición) que se colgaba sin dar ninguna respuesta, lo cual hizo que la paciencia mía y la del entrevistado  comenzaran a agotarse. Finalmente decidimos grabar tal como lo veníamos haciendo pero con la cámara grabando en vivo para tener una copia de seguridad por si acaso. En fin, lo concreto es que el invitado de esta semana es el ilustrador, escritor y músico Juan Manuel Videla, orgullo lobense. No todo el mundo puede destacarse en tantas vertientes de arte.

Comenzamos a desandar la charla luego de sucesivos cortes que se produjeron, y ni siquiera sé si salió bien el resultado final, hasta que lo vea mañana como el resto de los televidentes. Pues bien, lo que puedo adelantar es que Juan Manuel, un vecino al cual aprecio, tocó dos temas en vivo, una suerte de "Mini Unplugged" que para mi gusto personal estuvo muy bien logrado. Hablamos un poco de todo, sin descuidar el hilo conductor que es lo inusual que un lobense logre ser multifacético teniendo una familia a cargo, un trabajo, y por ende el tiempo y esfuerzo que ello insume.

Considero que en la vida no hay que ser ingrato, porque en este blog yo puedo recomendar libros, películas, o hablar de cualquier gilada, no obstante lo cual son meras semblanzas para escapar de la monotonía. Pero estoy convencido de que ser feliz es un derecho, y nadie nos lo debe arrebatar. Ni los políticos, ni la gente tóxica, ni nadie. Y si uno rema contra la corriente y pese a ello es feliz, hay que seguirla remando, y seguir dándole para adelante. El periodismo en Lobos está acotado a determinados temas o situaciones, pero siempre se le puede dar una vuelta de tuerca a las cosas. A veces uno llega tan "fundido" del trabajo que redacta casi mecánicamente, pero todos tenemos mucho para dar. Hay gente con gran talento, que merece ser reconocida y tener su lugar. Es hora de que los viejos que posan su culo en las asambleas de las comisiones, dejen su lugar a los chicos que tienen ideas, que piensan y razonan de un modo diferente. Me quedo con esto último para pensarlo. Punto final.

25 de octubre de 2020

Cuatro domingos y ninguna flor

La situación que vive el país es de tal gravedad, que bien podríamos afirmar que se trata de la peor crisis del siglo XXI. El equipo económico del Gobierno no encuentra la manera de controlar el apetito por el dólar, pero no sólo eso: en estos últimos 7 meses se perdieron 3 millones de puestos de trabajo, la pobreza alcanza el 40 %, no hay inversiones de ningún tipo, y tampoco dio resultado hasta ahora la cuarentena que se implementó. La nafta aumentó tres veces en los últimos meses, el precio de los alimentos se disparó aunque muchos no guarden relación con el dólar. Frutas y verduras, esenciales para una alimentación saludable, están carísimas. En Mar del Plata y otras ciudades balnearias, los operadores turísticos ya anunciaron que habrá un incremento del 30 % o más en el valor de los alquileres. Son unos HDP, casi se quedan si temporada por la pandemia, y ahora que sí pueden hacerlo, quieren "pelar" al visitante con cifras exorbitantes. 
Si vos me decís "2021 va a ser mejor", yo te preguntaría si es una expresión de deseo o si te basás en algún dato concreto. Por supuesto que todos confiamos en que un nuevo ciclo será distinto, aunque no haya motivos razonables. Pero esto se va a agudizar cada vez más, por el desconcierto que demuestra el Gobierno ante un escenario donde se creía que los mercados iban a ser amigos y solidarios. Son tan inoperantes e inútiles como todos los que estuvieron antes, porque recurren a las misma recetas que ya demostraron su fracaso. Tienen la suerte de que los sindicalistas pusieron "violín en bolsa" y no han hecho ningún paro o movilización. Claro está que cuando gobierna un peronista que posa con Moyano para las fotos, eso no suele ocurrir.   
Supongamos que vos tenés una casa que es propiedad de tus padres, desocupada, y te vas a vivir allí, porque querés tener tu propio espacio o las razones que fueren. Es cierto, te ahorrás el alquiler, pero tenés que pagar el Inmobiliario, luz, gas, agua, TV, Internet (esencial para mi laburo), tasas municipales... sin hablar de comer. No hay bolsillo que resista. Hacés números y ves que no te dan. Eso es lo que me pasó a mí todas las veces que intenté mudarme. 

La devaluación no se va a producir, sino que ya es un hecho. El billete de 5.000 tienen que ponerlo en circulación cuanto antes, nadie se va a escandalizar por reconocer que la plata no vale nada. Todos lo sabemos cuando hacemos las compras cotidianas. Lo más irónico es que desde que nací, hace 41 años, no conocí un solo momento de prosperidad en la Argentina. Parecía haberlo cada tanto, pero era el viento de cola que soplaba a favor, como el primer alfonsinismo y la falsa estabilidad del menemismo. Quizás los que hayan crecido en el primer gobierno de Yrigoyen y en el de Perón puedan decir algo distinto, si queda alguno vivo. Este neo-kirchnerismo que nos gobierna da la errónea impresión de ser más moderado, recordando aquella proclama de "volveremos mejores". No es así, volvieron con las mismas mañas y vicios de su fundador, ensanchando la grieta de una sociedad empobrecida. Y no me vengan a decir que esto es culpa de la pandemia, porque si estuviera otro, peronista o no, tendría que haber enfrentado los mismos problemas. Qué gratis es hablar, qué fácil es decir que CABA es "opulenta" cuando tenés un piso en Puerto Madero. Lo peor de todo es que están jugando con fuego y no se dan cuenta, porque el tiempo y la paciencia de la gente se agotan. Esto no se puede sostener indefinidamente, y no hablo sólo de la cuarentena, que ya demostró su ineficacia. No soy anticuarentena, ni antivacuna, anti nada. 

Pienso que la mejor manera de resolver esto es consiguiendo una mayor participación como actores sociales, que tampoco es desobediencia civil. Por lo general, votamos cada dos años y eso es todo. Que nos escuchen como pueblo aunque no quieran hacerlo. Todavía seguimos utilizando términos del siglo XIX como "oligarquía" o "burguesía", que quedan muy bien en los pseudointelectuales de turno. Hagan lo que tengan que hacer, pero déjense de joder, porque nadie nos va a rescatar del naufragio. Punto final.



22 de octubre de 2020

Elogios inesperados

La incertidumbre genera miedo, por lo cual podemos concluir que vivimos en el país del miedo. Esta sensación se experimenta de distintos modos: miedo a no llegar a fin de mes, a perder el trabajo, a contagiarse de COVID... El temor nos paraliza y nos impide avanzar, porque sentimos que se cierne ante nosotros una amenaza invisible que nos va a joder la vida. 

En estas líneas, me gustaría hacer un "elogio de la queja", que es similar a hacer catarsis. Si nos tragáramos la bronca de todos los episodios desagradables que nos toca atravesar a diario, viviríamos mortificados y llenos de rencor. Muchas veces la queja no está dirigida a una persona concreta, sino a la clase política, a la economía, o a otros motivos más triviales. El tema es que si vos direccionás la queja hacia alguien que no es responsable de ella (por ejemplo, un amigo), puede ser agobiante para quien te está escuchando. Por lo tanto, si bien lo mejor es no guardarse nada, hay que dosificarlo. El reclamo es algo diferente: es más formal, y está dirigido hacia una empresa o una institución. En cambio, la queja suele presentarse como una mezcla de lamento, impotencia, indignación... pueden sumar ustedes otros términos si se sienten identificados. 

Pero, claro, llega un momento en que indagás acerca de lo que te pasa, por qué te sentiste estafado, ofendido, o indignado. Lamento decirles que tropezaremos varias veces con la misma piedra, pero lo que sí podemos intentar es cambiar la forma de reaccionar cuando nos vuelva a ocurrir. Y por supuesto, lo más obvio: evitar un nuevo tropezón. Todos nos hemos "bloqueado" en alguna oportunidad, sin saber cómo actuar. Y le pedís a otro que decida por vos, entonces si se lo estás pidiendo, no te podés quejar después de los resultados, porque vos elegiste delegar un problema tuyo en un tercero. 

Dejá de desperdiciar horas en las redes sociales, nadie se salva con eso. Hacé terapia si la necesitás. Andá al gimnasio o salí a correr. Escuchá música. Evitá la exposición innecesaria a los noticieros. Dejá de alarmarte por los muertos del COVID a nivel país que para la tele son sólo números. Si todavía tenés un aparato de DVD, empezá a ver películas y olvidate de Netflix. No le des bola al dólar si no tenés para comprar o vender. Si sos creyente o te atrae la espiritualidad, leé la Biblia. Caso contrario, seguramente habrá cualquier otro libro en tu casa al que nunca le prestaste mucha atención. Si encontraste lo que te hace feliz, aunque sea una boludez, repetilo porque sos un privilegiado: mucha gente se pasa la vida en esa búsqueda. Cuidate por vos mismo y por los demás, pero no te vuelvas paranoico. 

Toda esta suerte de "sugerencias" que acabo de enumerar, yo las estoy tratando de implementar. Cuando la gente me dice que le gustó mi programa de tele o alguna nota que escribí, me hace sentir bien, pero nunca me la creí. Me falta mucho por aprender, y les aseguro que el proceso de aprendizaje es más largo que cualquier pandemia posible, porque nunca termina. Dura el mismo tiempo que tu ciclo vital. Mi única aspiración es que, cuando envejezca, no deba ir a un asilo o en un geriátrico y pueda seguir viviendo en mi casa, con la ayuda de una persona que se encargue de la limpieza si fuera necesario. Pero todavía faltan algunas décadas para que ello ocurra. Si vos me estás leyendo y sos una persona mayor, estimulá tu cerebro y tu lucidez mental (no es tan fácil como parece). Es posible que sufras el abandono de tus propios hijos y familiares, a quienes vos criaste y educaste. Pero cada caso es distinto, es un tema que daría para largo  Nos estamos viendo pronto. Punto final. 

20 de octubre de 2020

Arriesgarse a lo complejo en lugar de recurrir al facilismo

Martes por la noche en la ciudad. Hoy fue un día bastante productivo: grabé un nuevo programa de entrevistas que se verá por RSO, y por suerte ya tengo en agenda varios invitados. Otras veces he tenido que negociar contrarreloj, ya sea la participación de algún referente político o de otra índole. Pero por ahora, como viene la mano, me voy a focalizar más en lo cultural, aunque no rinda tanto en términos de rating. La meta principal es que la persona que vaya al estudio se sienta a gusto, y que ello redunde en una charla cómoda y distendida. La televisión ha sido un gran desafío para mí, por más que sea un modesto canal de cable. Los tiempos no son los mismos de la prensa escrita, obviamente, y más de una vez hay que "redondear" o ir cerrando un reportaje para que no sea demasiado extenso. 

Trabajé muchos años en gráfica, y me he encontrado con todo tipo de gente, tanto los que hablan mucho como los que te contestan con monosílabos. Pero vos tenés que entregar al responsable del diario una nota prolija y bien redactada, como corresponde. En este oficio vas aprendiendo algunos trucos o "secretos" a medida que desandás el camino. Recuerdo el primer programa de tele, en mayo del año pasado: salió malísimo para mi gusto, gesticulaba demasiado, inevitablemente no podía contener los nervios. Hoy por hoy, siento que mejoré bastante, y agradezco a las autoridades del canal que hayan confiado en mí. 

Estoy en una edad en la cual puedo explotar todo mi potencial, más allá de todos los factores que me juegan en contra. Intento hacer un buen laburo por respeto a la audiencia, ya sea al lector o al televidente. No hay que insultar la inteligencia de nadie, pero uno debe saber que las cosas no siempre salen como quisiera, por ello no hay que exigirse por demás. Simplemente dar lo mejor; el resto vendrá por añadidura. Las nuevas generaciones que están haciendo periodismo se enfrentarán a un escenario distinto, dominado por las redes sociales y la virtualidad. Cuando yo empecé, todavía usaba la vieja máquina de escribir Olivetti. Esto no es mejor ni peor, simplemente diferente. Yo uso las redes lo justo y necesario, para promocionar el contenido de mi página, o subir alguna foto que me gusta, no mucho más. Pero es un poco la ley de la selva, adaptarse o morir. En este momento excepcional como es la pandemia, FB y Twitter adquirieron un protagonismo superlativo. Por no mencionar a Instagram, que es el mayor objeto de deseo, el "chiche nuevo" para muchos dinosaurios como yo que recién lo estamos descubriendo. 

Lo que va a perdurar, es la palabra escrita. Sí, es verdad aquello de que "una imagen vale más que mil palabras", pero una foto sin texto que te ubique en tiempo y espacio carece de sentido. Quizás por eso, a modo de hobby, me gusta fotografiar lo cotidiano, lo obvio, que de tan transitado no es tenido en cuenta para la mirada de los otros en la vida pueblerina. Punto final. 


18 de octubre de 2020

No es momento de proyectar, sino de decidir sobre la marcha

Los seres humanos tenemos una tendencia natural a proyectar, a hacer planes para un mediano o corto plazo. Lo que ha ocurrido este año, es que si vos te trazaste un anhelo o una meta antes de marzo, difícilmente lo hayas podido concretar, por la situación de todos conocemos. En lo personal, yo me había inscripto para un curso en el Centro de Formación Profesional, pero entre que no designaban al instructor y el panorama de la pandemia se iba complicando, quedó todo en la nada. Tampoco ninguna autoridad o directivo llamó por teléfono para decirme si la cursada se podía hacer de manera virtual, dado que me había anotado en la carrera de Diseño de Página Web.

Recapitulando, podríamos afirmar que estas expectativas no cumplidas vienen dando con frecuencia, lo he notado con muchas personas que estuve hablando en los últimos meses. A decir verdad,  ya no dan ganas (o al menos en mi caso), de proyectar nada, sobre todo cuando el momento presente está lleno de incertidumbre o problemas que hay que resolver sobre la marcha, por lo cual no hay indicios de que esto vaya a cambiar. Y si lo querés hacer, tiene que haber una base firme: nadie puede pensar en comprarse una casa si no tiene los ingresos suficientes o si les cuesta llegar a fin de mes. No podés jugar a la ruleta del casino si no tenés las fichas, digamos. Sin embargo, para no caer en el pesimismo y en la abulia, creemos en un futuro (impreciso, sin fijarnos plazos) donde podremos hacer determinadas cosas para revertir la realidad actual que nos fastidia y nos hastía. Lo imprevisible del presente hace que, paradójicamente, el futuro parezca menos incierto, porque nos aferramos a él.  Antes de acostarnos a dormir la mayoría de nosotros trazamos una reseña de lo que debemos hacer al día siguiente, y ese es el milagro de estar vivo. Creo mucho en ese refrán que dice: “Nadie se muere en la víspera”. Llegará el día, inexorablemente, pero hasta que eso no ocurra me mentalizo todos los días por dar lo mejor. Por supuesto, no siempre lo consigo, porque hay hechos o personas que me indignan y me hacer perder la paciencia. Todos los días tenemos que lidiar con diferentes grupos de estúpidos de toda calaña. No es que yo sea brillante, pero no presumo de algo que no soy, trato de no joder al prójimo, ni hago alarde de mis logros. Aunque a veces esto último es bueno para levantar la autoestima y el amor propio.

Por ello, debemos dejar que la vida nos sorprenda con noticias gratas en lo posible, pero no bajar la guardia. Trabajar a conciencia e ir estableciendo prioridades es una buena manera de que lo que está por venir no nos encuentre tan desprotegidos. Este 2020 ha sido una enorme frustración, no sólo para mí sino para el común de los argentinos. Dejando de lado la pandemia, no puedo decir qué hubiera sucedido, mi forma de pensar no hubiera cambiado demasiado, pero sí me quedaron varios eventos y actividades suspendidas. Por no mencionar la baja en la recaudación de avisos publicitarios, que es mi principal fuente de ingresos. Quizás todo esto ya lo he dicho antes, pero estoy haciendo una suerte de "racconto", una síntesis de cómo yo y muchos lobenses nos fuimos habituando a un modo de vivir que no es normal, por más que se hable de "nueva normalidad". Si la gente va de vacaciones, los contagios se multiplicarán, pese a que la actividad turística está en un punto muerto y muchos empresarios del rubro necesitan trabajar. No me imagino un verano con la playa repleta en Mar del Plata, por lo que estuve leyendo en varios medios, la Provincia está diseñando protocolos para tratar de regular el turismo interno. Una playa llena de veraneantes tiene el mismo riesgo de contagio que una noche en el boliche, no lo sé, porque éste es un lugar cerrado. No faltará mucho para ver cómo sigue esta historia. Punto final por ahora. 


Hoy más que nunca, aprendamos a vivir con gratitud

  3 de octubre. Hace varios días que tenía la intención de escribir un nuevo posteo para el blog, lo que sucede es que me embarga la sensaci...