19 de marzo de 2016

Otra más de Lula


Sábado por la mañana en la ciudad. Estaba escuchando las últimas novedades respecto al escándalo de corrupción que envuelve a Brasil, país que para muchos argentinos es un modelo a seguir, en materia de desarrollo industrial. Lo que sí podemos decir es que, sin hablamos de calidad institucional, los brazucas no tienen nada que envidiarnos. Como se comprobó que el ex presidente Lula hizo negocios con dinero sucio y hasta se compró un lujoso triplex en unos de los barrios más exclusivos de Brasil, la Justicia le dictó prisión preventiva, luego el curso de los acontecimientos fue algo confuso, pero el resultado final fue que el ex mandatario quedó en libertad y no sólo eso, sino que para tener inmunidad y evitar ser investigado, la Presidenta Dilma Rouseff lo nombró Jefe de Gabinete. Los expertos mencionan como uno de los frentes más complicados para Lula, el de los sobornos y cártel de empresas privadas en perjuicio de la empresa Petrobras, donde varios ejecutivos fueron nombrados como parte de pactos políticos supuestamente avalados por Lula y el oficialista Partido de los Trabajadores, cuyo ex tesorero está preso en el estado sureño Como hemos mencionado, Lula (mentor político de Rousseff), está acusado de beneficiarse de la corrupción de la petrolera estatal Petrobras.
Según informa la BBC, los investigadores indicaron que entre los indicios hallados hay donaciones y pagos por conferencias de Lula por unos US$8 millones.
El dinero habría sido aportado por constructoras involucradas en la corrupción de Petrobras al Instituto Lula y a una empresa de conferencias del expresidente.
Es decir que, aunque Brasil nos supere en casi todo (en PBI, cantidad de habitantes, atractivos turísticos, desarrollo económico, estrellas en el firmamento futbolístico y extraordinarios logros deportivos), en el fondo es un país del Tercer Mundo al igual que nosotros, en el cual los funcionarios no dudan en aceptar coimas a cambio de beneficiar al sector privado. 

Muchas veces nos sucede, en lo cotidiano, que idealizamos o tomamos con modelo a una personalidad de la política o el espectáculo. En realidad, rascando un poco en el fondo de la olla, veremos que se esconden muchas miserias detrás de un supuesto sesgo carismático o populista. No siempre el tipo con "cancha", con carisma, es el que plasma los valores de una sociedad ordenada. En la Argentina sobran ejemplos de liderazgos políticos que nos condujeron al desastre. Un riojano primero, y una pareja de santacruceños después, nos hundieron. Y en ambos casos tenían discursos floridos, buena capacidad de comunicación para llegar a las masas, y para arengar a las multitudes como si éstas fueran una fuerza de choque. Prefiero que asuma la función pública un tipo con cara de "nada", o con cara de boludo, pero que sea eficiente y no meta la mano en la lata,  para luego ampararse en fueros. Punto final.

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