Lunes por la tarde en la ciudad. Ya desde anoche estaba pronosticado un temporal de lluvia y viento para esta jornada, que finalmente no se concretó. Cayeron unas pocas gotas promediando el mediodía, y el viento mantuvo una intensidad aceptable como una fecha más, sin llegar a ser un fenómeno que genere peligro. Ya para las cuatro de la tarde, el cielo se fue despejando, subió la temperatura, y el panorama se presentó totalmente opuesto a aquel que aseguraba que el cielo que iba a caer a pedazos.
Siempre trato de comenzar la semana preparándome de la mejor manera para afrontar las tareas que me toquen, y que no me pesan sobremanera, salvo casos muy puntuales. Si tuviste una jornada complicada y no lograste dormir bien por la noche, ya se hace cuesta arriba dejar de lado en cansancio y mantener un buen semblante al día siguiente. Pero hoy pude hacer todo lo que tenía previsto, en ese sentido no tengo motivos para quejarme. Tampoco me interesa hablar de mi laburo en esos términos porque es probable que el ocasional lector piense que me dedico a algo que me genera quejas, y en líneas generales no es así.
Además de
redactar y buscar noticias de Lobos, tengo la responsabilidad de conducir y
llevar a la televisión, un programa semanal. A priori no parecería representar mayores complicaciones y de hecho no lo es. El proceso previo, en cambio,
muchas veces sí.
Cuando le
pregunto a algún vecino si desea participar, lo habitual es que responda
enseguida si puede o no. Es posible que no tenga ganas, y está todo bien. Pero
cuando te cambian de libreto a último momento con muy poco margen, te dejan en banda,
porque precisamente no disponés de tiempo suficiente para invitar a otro. Cabe
aclarar que tanto el que desistió como el que aceptó, tienen la misma
importancia para mí, es erróneo pensar que yo le hago la invitación a alguien
como un “Plan B” porque el anterior me dijo que no. Algo que sí hay que
mantener es una regularidad, como todo en la vida. Ser mesurado tanto en las
críticas como en los elogios, si es que caben. Porque en rigor de verdad, en
una entrevista televisada o de cualquier otro formato, para darle volumen al
contenido hay que preguntar lo que puede ser atractivo, curioso o interesante.
No hay muchas recetas. Ninguno de nosotros somos próceres o personalidades
destacadas como para que nos colmen de elogios, que suelen ser inmerecidos. El
día que entendamos eso para el devenir cotidiano, nos daremos cuenta con más
claridad cuando nos “tiran flores” para sobarnos el lomo, y cuando realmente
hay una palabra sincera.
Nunca me creo
todo lo que dicen o piensan de mí, ni lo malo ni lo bueno. Soy consciente de lo
que puedo lograr, y si tengo alguna limitación, sé que tengo que seguir igual. Nadie es completamente eficiente en todas las actividades que emprende, pero lo menos que se puede hacer es no claudicar en ese objetivo. Me gustaría ser mejor
escritor, debo decirlo. Lo mío es meramente amateur pero lo hago con convicción,
porque siempre que escribís es obvio que lo hacés que alguien te lea, y sería
una negligencia y un desdén brindarle a quien paga por un libro algo que no sea
tu mejor versión. Antes que eso, prefiero quedarme en el molde y no escribir
nada, no necesito satisfacer mi vanidad de esa manera.
Y hay otra cosa más importante: Que vos ejerzas una profesión, no significa que seas “profesional” en todo el sentido del término. Ser profesional contribuye a ser respetado: A los demás quizás no les agrada lo que hacés, pero si le ponés pilas no tendrán argumentos para negar que la premisa siempre es ese mismo respeto, dirigido hacia tu público y hacia tus clientes. Pienso que, si conseguimos entender esto, desde el rubro al cual cada uno se dedique, muchas cosas cambiarían. Pero llevará tiempo poner en valor la atención al público además del valor de un determinado producto. Es algo que lo he dicho en alguna oportunidad, de manera que no voy a extenderme.
Eso sí, tampoco caigamos en la tontería de creer que “el
cliente siempre tiene la razón”. Si plantea pedidos o reclamos ilógicos, yo no
tengo por qué hacerme cargo de eso, como estimo que no lo harán cualquiera de
ustedes. Nos estaremos viendo pronto, en el preludio de la primavera. Punto final.
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