Un fin de semana raro, muy lluvioso, con pocas actividades para cubrir periodísticamente, salvo el homicidio de un vecino, de un lobense, que alteró –como es lógico- la tranquilidad pueblerina. Son esas noticias que uno nunca querría tener que dar.
En los breves períodos que salí a la calle lo hice con el paraguas encima, lo cual resultó inútil porque justo en esos minutos no cayó una gota. Cosas que pasan. Soy experto en olvidarme los paraguas cuando tengo que ir a un lugar, y la verdad es que cuando trato de recordar dónde los he dejado ya es demasiado tarde. Es incómodo porque implica tener una mano ocupada mientras con la otra quizás tener una bolsa, pero –por supuesto- peor es mojarse y llegar a tu casa con la ropa arruinada. Al no haber sol, no hay manera de secarla, excepto con el calefactor, manteniéndolo a una temperatura baja antes de que se convierta en un trapo quemado.
Mañana voy a
salir a buscar notas y entrevistas como es habitual. Algo va a aparecer, más allá de lo que
son las conferencias de prensa o los actos protocolares. De hecho, mañana es el
Día del Inmigrante, una fecha que durante algunos años se celebró en Lobos,
después se discontinuó, pero sea como fuere, se realiza en la plaza que está
frente al Hospital, si el clima acompaña. Allí hay numerosos mástiles donde se
colocan banderas de diversos países que contribuyeron a forjar la historia de
nuestros antepasados. Es casi una plazoleta más que una plaza, no hay mucho
para ver ni para hacer. Pero todo lo que pueda transformarse en un espacio
verde o de esparcimiento gratuito es bienvenido.
Hoy por hoy, la inmigración no es más europea.
En su mayoría, los que eligen la Argentina para vivir o realizar un emprendimiento
son de China, algunos confines africanos como Senegal, Venezuela, Bolivia y
otros limítrofes. Se supone que encuentran mejores condiciones para
establecerse acá que en sus países de origen, de lo contrario no desandarían el
proceso que implica el desarraigo. Siempre me pareció curioso el hecho
de que los chinos pongan supermercados, no digo que esté mal, nada que ver. Me
refiero a que no se dedican a otros rubros, al menos que yo sepa. Del otro lado
de la moneda, están aquellos argentinos que deciden emigrar. Pero muy pocos,
aunque tengan la ciudadanía, adoptan ese nuevo destino como residencia
permanente. Es una oportunidad ante un escenario de crisis, pero cuando mejora
un poco la situación doméstica, vuelven. Son muy escasos los que se van con un
capital para invertir afuera. Si toman la decisión de irse, lo hacen para hacer
una diferencia económica que no se consigue de inmediato. Ganar 1.500 euros al
mes, no es un sueldo muy alto en España o el resto de Europa. Se pagan muchos impuestos,
pero el Estado brinda salud y educación de calidad, por esa razón sus
habitantes aceptan ese recorte en sus ingresos. Lo que se conoce como Estado de
Bienestar es propio de Suecia, Noruega, Dinamarca, destinos que no son muy
elegidos por los extranjeros, a decir verdad. Tienen un gran nivel de
desarrollo, pero el sol está todo el tiempo, o bien anochece a las 4 de la
tarde, según la época del año. Es muy difícil acostumbrarse a eso, y el idioma es un escollo también.
Prender la tele, buscar un programa, una película o lo que sea que resulte interesante, o cuanto menos entretenido. Tarea difícil. Creo que se me va a gastar el dedo pulgar de tanto hacer zapping buscando algo que valga la pena ver. Y esto tiene que ver con que, para acceder a productos de calidad, hay que pagar aparte, ya sea Netflix, Star+, y otros tantos servicios. Cosa que no pienso hacer.
Los que manejan medios
gráficos tampoco le ponen pilas para que uno acepte pagar por algo que ya dejó
de ser prioridad al momento de informarse . Antes solía consumir los productos
de Editorial Perfil, como el diario del mismo nombre o la Revista Noticias. Con
el tiempo me di cuenta de que apelan a títulos sensacionalistas o con "gancho".
Cuando vas recorriendo las páginas para buscar esa nota, no hay nada de contenido
periodístico que equipare el nivel de sus mejores años. Ni hablar de lo que fue
la última creación impresa que pergeñó Fontevecchia. Se trataba de un pasquín
denominado "Libre", un diario barato que era una copia evidente de
publicaciones similares como The Sun o The Daily Mirror.
Si hay algo que ha conseguido este Gobierno, es avanzar en la batalla cultural que dan por ganada. Sembrar la duda sobre la credibilidad de la información del diario Clarín y de otras empresas que integran el Grupo. Hay que reconocer que el lector independiente ya no se come cualquier verso, cabe recordar también lo que fue la Ley de Medios luego de un largo proceso que derivó en la creación del Afsca, terminó borrado de un plumazo cuando asumió Macri y lo reemplazó por el ENACOM. Yo sigo comprando Clarín de vez en cuando, pero mi sensación es que al diario en papel lo tienen como un mero soporte para preservar la tradición editorial, porque ya todo el staff de periodistas está abocado a escribir notas para suscriptores digitales. Uno se da cuenta enseguida cuando insisten en poner en agenda temas que no interesan o que son más que nada un posicionamiento del medio sin zanjar una cuestión de interés genuino para la sociedad. Hacen conjeturas sobre hechos improbables o emplean en exceso el uso de fuentes reservadas que en muchos casos son rumores inventados por ellos mismos cuya autoría les atribuyen a anónimos.
Por otro lado,
los medios oficialistas van creciendo, y para sostenerse reciben generosas pautas
publicitarias del Gobierno. Si tenés pensamiento crítico, verás que la pelea del
kirchnerismo contra sus ocasionales enemigos nos mantiene como rehenes, dado
que todos los días se brinda amplia cobertura a noticias a favor o en contra.
Afirmando o desmintiendo. La Nación es más claro, en el sentido de que tiene
una línea conservadora que no ha variado más allá de los inquilinos de la Casa
Rosada.
Hago esta
salvedad porque soy consciente de dónde estamos parados, no obstante me parece
que hay dos poderes en pugna que impiden la difusión de noticias que nos hagan
sentir un poco mejor como ciudadanos. Es un ejercicio innecesario que hagan
olas sobre el malhumor colectivo: La verdad no está en la tinta y el papel, o detrás de la pantalla del celular, sino en la calle, y el periodismo debe replicar lo que pasa en la sociedad de
hoy, no construir una realidad paralela. Volvamos a indagar en el dial de la
radio y busquemos hallar alguna voz que -sin ser oficialista-, tampoco caiga en
la obsecuencia más burda. No se trata de pedir objetividad. Pero sí está claro lo siguiente: Todos sabemos
que no es lo mismo ser objetivo que parcial. Nos estamos viendo pronto. Punto
final.
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