14 de junio de 2006

LOS TRISINGER EN LOBOS, UNA PROPUESTA PARA NO PERDERSE

Por segunda vez nos visitan LOS TRISINGER, este genial grupo cómico con su nuevo show, “Circu$ República”
El trío cómico “Los Trisinger” actuará el próximo 16 de Junio en nuestra localidad en la sala de El Teatrito, a las 21:00. El valor de la entrada ha sido fiajdo en $10, y se pueden adquirir en la Biblioteca Héroes de Malvinas, los lunes, miércoles y viernes de 10 a 12, de lunes a viernes de 16 a 20hs. El grupo nacido en Santa Fe, y que hiciera sus shows por gran parte de cafés concert de Capital Federal sobre todo en San Telmo, desde ya varios años salieron en busca de nuevos públicos y el año pasado estuvieron en Lobos con su anterior show Pelos de Gallina, y este año salen al show con Circu$ República.

Como hemos mencionado al comienzo de esta nota, "Los Trisinger" tuvo sus orígenes como grupo en el seno del Teatro de Arte de Santa Fé, en 1971, como un divertimento interno del mismo. Un par de años después, decidieron incursionar en Buenos Aires. Las primeras actuaciones se produjeron en distintos café-concerts de la época, compartiendo el escenario con otros artistas hasta que los descrubrió en "El Taller de Garibaldi" la recordada productora Julieta Ballvé y los invitó a realizar su primer espectáculo integral en Los Teatros de San Telmo.

El grupo se disolvió en 1982 luego de 10 años ininterrumpidos de estar en cartel con seis exitosos espectáculos. A mediados de 2003 volvieron a reunirse y estrenaron su espectáculo "Pelos de Gallina" nominado al premio Estrella de Mar como mejor espectáculo humorístico. (Actualización: Uno de los integrantes del grupo, Rody Kohanoff, falleció en junio de 2021)


11 de junio de 2006

ASÍ SE VIVE EL MUNDIAL EN LOBOS



Tan pronto como finalizó el partido Argentina-Costa de Marfil, el centro de la ciudad se pobló de chicos y chicas que festejaron con banderas y pancartas el triunfo de la Selección. Más allá de que el desempeño del equipo dejó mucho que desear -los africanos presionaron hasta el último minuto y casi logran empatar- , la expectativa por el debut era grande y lo importante era festejar el resultado. El análisis pormenorizado del rendimiento del equipo y su floja actuación inaugural quedarían para después. Una multitud se concentró sin provocar incidentes en la esquina de Buenos Aires y 25 de Mayo alrededor de las 18, entorpeciendo por momentos el tránsito vehicular, y 40 minutos después todo había vuelto a la normalidad y los fervorosos festejantes mundialistas se retiraron a la espera del próximo partido del equipo, el viernes 16 de junio ante Serbia y Montenegro.

9 de junio de 2006

¡CUMPLIMOS UN AÑO!


CULTURA LOBOS cumple su primer aniversario el próximo 30 de junio, y este es un buen momento para compartir con los lectores algunas reflexiones. Este sitio recibe diariamente numerosas visitas de Lobos, del resto del país e incluso de algunos países remotos, sobre todo aquellos de habla hispana. Lo que más me sorprende es que, si bien la naturaleza de los textos aquí publicados está indisolublemente ligada a la realidad de nuestra ciudad, ello no ha sido un impedimento para que en otros países el material que se difunde en el sitio sea apreciado y valorado, por diversos motivos que exceden lo meramente regional.

Tanto yo como el equipo de colaboradores del sitio hemos recibido sugerencias, reclamos, opiniones y comentarios de diversa índole, y hemos tratado de tomar debida nota de todos ellos. En ocasiones nos ha resultado difícil complacer a todos. En otras, debimos eludir los caminos que ya han sido recorridos y buscar nuevas líneas de pensamiento. Y decimos esto, porque sería erróneo pensar que un tema admite una sola lectura, un solo punto de vista. El abordaje que uno hace de la realidad es inexorablemente subjetivo, y vale la aclaración, por más que esto sea una verdad de Perogrullo.

Comenzamos a transitar una etapa en la cual deberemos redoblar la apuesta, en todos los aspectos, pero sin descuidar el objetivo primigenio que ha sido ofrecer a los lectores textos de calidad, que de otro modo no tendrían forma de tomar estado público.

Mientras escribo estas líneas, el país entra en un letargo incierto, pues su duración dependerá de cual sea la suerte de la Selección en el Mundial de fútbol. No obstante, y a sabiendas de que hay personas que no gustan de este noble deporte, el sitio seguirá siendo actualizado regularmente.

En lo sucesivo intentaremos que las vertientes más tradicionales de la literatura, como son el cuento y la poesía, tengan una presencia más firme en nuestro espacio, con esa calidez, esas pinceladas pueblerinas y ese color local que distingue a nuestros grandes escritores y a aquellos que van camino a serlo.

Con esas premisas, les agradecemos a todos aquellos que han visitado el sitio y los invitamos a seguir haciéndolo, para de esta manera fortalecer un vínculo fundado en la cultura y el pensamiento.

LOS QUE HACEMOS "CULTURA LOBOS"

2 de junio de 2006

LA RUTINA NOS AGOBIA


La rutina siempre ha tenido muy mala prensa. Por lo general, suele asociarse la palabra -y todo lo que la rodea- con aquellos aspectos que resultan negativos o perniciosos para la salud psíquica del individuo. Por ejemplo, con el tedio y el aburrimiento crónicos. Sin embargo, como en muchas otras facetas de nuestra vida, existen motivos para suponer que una vida que no esté regida por una rutina más o menos establecida va rumbo al caos. Una de las necesidades básicas del ser humano es la seguridad. Si eternamente viviéramos en situaciones inestables, nuestra salud mental se deterioraría a pasos agigantados, sería humanamente insostenible. En un gimnasio, para mejorar nuestra condición física, se trabaja en base a una rutina; lo mismo ocurre a un actor en un escenario cuando debe repetir noche tras noche el mismo parlamento, lo cual no implica que esto esté exento de creatividad ni de disfrute, al contrario, el desafío es encontrarle cada vez un tinte novedoso, un atisbo de improvisación. El hecho de lavarse los dientes, de bañarse, de desayunar, representan hábitos saludables que favorecen la convivencia. La diferencia radica en hacerlo con conciencia y no como hábito inconsciente y mecánico. Lo cierto es que, llegados a cierta edad y con responsabilidades de diversa índole por cumplir (trabajo, estudios, familia) cada vez resulta más difícil salirse de la rutina.
El problema fundamental que presentan los actos repetitivos es que suelen postergar la creatividad, la capacidad de asombro, la sorpresa, esa sensación particular que tiene que ver con el goce y que se relaciona con la transgresión, precisamente porque al ser un acto repetido, la persona lo automatiza y así pierde la posibilidad de recrearlo cada vez, transitándolo desde un lugar de disfrute y presencia (palabra que significa literalmente ‘estar presente’, actitud indispensable para vivir el placer). Cuando hablamos de romper la rutina no queremos decir ‘romper la vida’. Quien quiere romper la rutina quiere respirar algo nuevo y recuperar una desvaída relación con el goce, el misterio y todo lo que genera una sana intensidad. Es decir, en este contexto, romper con la rutina significa disfrutar.
Mucha gente usa la “o” en lugar de la “y” como conjunción entre frases, entre situaciones de su vida. Es como si hacer algo de manera sistemática negara la posibilidad también de disfrutarlo. Cuando un acto, cualquiera, se ejecuta desde una intención inconsciente, automatizada, se pierde relación con el acto en sí mismo y además, con las consecuencias de lo que se hace.
Recientemente, conversando con un médico, este me aseguró: "Soy un firme defensor de la rutina, un generador de la creatividad
y su paradoja, es decir, de hacer cosas paradójicas. Hay recursos baratos, a la mano, que no requieren mucho dinero ni mucho esfuerzo, que sirven para romper la rutina, mucho más efectivos, a veces, por ejemplo que programar un viaje sorpresivo. ¿Por qué? Porque uno se lleva al viaje los mismos viejos hábitos: la misma obsesión por el orden, las dificultades en liberar el erotismo y la creatividad, que no cambian en nada, el impedimento de permitirse llevar a cabo sanamente las fantasías. Es decir, muchas personas no se permiten arriesgar inteligentemente. Lo peor es que piensan que están rompiendo la rutina, gastaron plata en otro lado, pero se llevan los mismos problemas al otro lugar. Si no se producen cambios internos, la persona se queda atrapada. No es necesario "cambiar afuera”. De más está decir que estas declaraciones me dejaron pensando y me hicieron replantear lo que estaba escribiendo para esta nota.
El cambio revolucionario en la propia vida más que romperla, en el sentido de un quiebre, sería cambiarla en su propio lugar. La salida de la rutina, en este contexto, entonces, tiene que ver con atreverse a cambiar por dentro. “Mucha gente le tiene miedo a los cambios internos o no los valora, pero en realidad son los únicos que pueden contribuir a satisfacer aquellas necesidades más profundas que son las que quedan insatisfechas cuando entramos en una rutina destructiva”, me dijo el facultativo, quien pidió no revelar su identidad. La verdad es que, como solemos decir, "me la dejó picando". Que vos repitas una acción todos los días no significa que no puedas otorgarle otro sentido e importancia a lo que estás haciendo. Punto final. 

27 de mayo de 2006

LOS HORNOS DE LADRILLOS EN LOBOS


El fin de semana pasado salí de casa dispuesto a recorrer aquellos sitios de la geografía lobense que a menudo resultan olvidados para quienes frecuentan la planta urbana. Un amigo se ofreció a acompañarme y fuimos a bordo de su auto tomando en primera instancia la calle Independencia y siguiendo el trayecto de la citada arteria en dirección a Empalme Lobos.
Sé que en algún punto de periplo doblamos en alguna dirección, pero no recuerdo exactamente dónde, más si tenemos en cuenta que la señalización en la denominada "zona de quintas", pasando La Dulcera, es prácticamente nula. Lo concreto es que descubrimos un mundo aparte, y volvimos con las pupilas repletas de imágenes que hasta ese momento eran desconocidas. Aclaro lo siguiente: no es que uno no haya andado nunca por allí.... es que cada vez que uno vuelve, parece como si fuera la primera vez. Lo que más me llamó la atención fue la proliferación de los hornos de ladrillos, que seguramente abastecen a los corralones de materiales de Lobos y la zona. También es impresionante ver la cantidad de cavas que existen como consecuencia de la extracción de la tierra necesaria para la fabricación de los mismos. Los ladrillos, sinónimo de progreso por excelencia, conformaban en este caso un cuadro totalmente despojado de visiones positivistas. Cuando vi a niños y mujeres cargar en carretillas los trozos de leña que posteriormente serán devorados por el fuego mi corazón se estremeció, y entonces no tiene sentido ponerse a pensar que el fruto del trabajo de estos vecinos se convertirá luego en edificios que lucirán sus mejores galas en las calles céntricas. Se me dirá que muchos de estos trabajadores infantiles recogen la leña con la anuencia de sus padres, en cuyo caso la responsabilidad por esta situación también les cabe a sus progenitores. Pero lo que pretendo expresar, a pesar de mis limitaciones, es que estos pibes no deben trabajar... ya tendrán toda su vida para hacerlo, si es que reciben una formación adecuada para tal fin.
A poco de decodificar esas imágenes que iban sucediéndose ante mí tomé conciencia de lo insondable y profundamente absurdo de la existencia humana, en tiempos en que los niños huyen de los lápices y de los juguetes acosados por el hambre y la marginalidad que súbitamente les arrebata para siempre una etapa de sus vidas. Y nótese que no hago ahora referencia a este caso puntual.... también es extensivo a todos aquellos que venden diarios, piden monedas en las confiterías, o venden flores de papel en la esquina de Buenos Aires y Chacabuco... ¿O es que usted, amigo lector, no los ha visto?
Por todo lo expuesto, me permito sugerir a quienes corresponda, tengan a bien dar una solución para que estos pibes puedan ocupar el lugar que con justicia se merecen. Esto no es demagogia barata ni un discurso de barricada, se los aseguro, es ni más ni menos que el resultado de la indignación de haber contemplado una escena que conmovió mis fibras más íntimas.

19 de mayo de 2006

UN DOMINGO EN EL PARQUE


El domingo último mi madre y yo fuimos a dar un paseo al parque municipal. Afortunadamente, con mamá tenemos una buena relación, y a menudo aprovechamos esas largas caminatas para darnos consejos o hacernos confidencias que cuyos únicos testigos son los frondosos eucaliptos de este singular espacio verde.

Mientras íbamos caminando por los senderos del perímetro que da hacia la calle Independencia, me puse a reflexionar acerca de varios aspectos inherentes a mi persona, que por supuesto no divulgaré en este espacio dado que no es el objetivo del mismo.

Lo que sí puedo decirles es que llegué a varias conclusiones que, seguramente, me permitirán afrontar con otras perspectivas las situaciones que se me presenten en el futuro.

Sé que muchos vecinos de nuestra ciudad concurren al parque, animados por las más diversas motivaciones, pero con el común denominador de mejorar su calidad de vida , aunque sea por una hora o treinta minutos.

Las caminatas en las tardecitas de otoño constituyen una experiencia que sólo se aprende a disfrutar con los años (y lo digo yo, que no estoy tan viejo). Mientras escribo estas líneas siento el peso de todas mis limitaciones, pues desearía describir del modo más fiel lo que significa contemplar los últimos rayos del sol ocultándose tras la espesa vegetación.

También vienen a mi mente las clases de educación física de mi adolescencia, que -hasta no hace mucho tiempo- casi todos los colegios de Lobos solían realizar en el parque. Hoy varias instituciones cuentan con un gimnasio o un salón de usos múltiples destinado para tal fin, de modo que muchas escuelas han prescindido del parque como lugar destinado a la práctica de deportes. Me gusta cuando veo al parque lleno de chicos, compitiendo por los Juegos Intercolegiales o bien por los Torneos Bonaerenses.

Pero quizá porque crecí en el barrio del parque, y porque desde pequeño retozaba en la placita o me dejaba mecer en las hamacas de la misma... por esas reminiscencias de mi más tierna infancia es que me cuesta tanto entender la actitud asumida por aquellos que se dedican a destruir todo lo que contribuya a embellecer este pulmón verde de la ciudad.

Los fogones, las parrillas, los bancos, incluso una simple e inocente bomba de agua…. todo lo que los lectores se imaginen resulta un blanco fácil para los vándalos, que evidentemente no logran discernir los conceptos de lo público y lo privado, y las implicancias de cada uno.

Como el predio ocupa una superficie considerable, superior a cualquier otro paseo público, resulta tarea ardua vigilarlo en toda su extensión. Pero, aun contando con cuidadores o serenos, la presencia de estos centinelas no hará mella en el ánimo depredador de estos antisociales.

Reitero lo dicho: por casi dos décadas tuve al parque como mi silencioso vecino, mi bálsamo en los momentos de angustia, de desesperación. Con su quietud, con su eterna agonía, el recorrer sus calles internas me bastaba para analizar los hechos con mayor calma y tomar decisiones más acertadas.

Por todo lo expuesto, cada vez que vuelvo al barrio y doy un paseo por el parque no puedo menos que sentir indignación e impotencia ante un cuadro que desnuda la incapacidad de la sociedad para cuidar de un patrimonio que con justicia le pertenece, y que todos los lobenses hemos recorrido en algún momento de nuestras vidas.

10 de mayo de 2006

LA MODA "RETRO" Y LOS JÓVENES DE AYER


Dicen que cuando uno comienza a referirse a sí mismo como “mi generación”, es señal de que se está volviendo viejo. Y algo de cierto hay en esa afirmación, a juzgar por la frecuencia con la que escucho frases de ese tenor en boca de individuos que se aproximan inexorablemente a la adultez. Los sujetos de cierta edad parecen sentirse seguros con el espíritu de grupo que les confiere su pertenencia a una generación determinada.

El tiempo nos demuestra, con pulso firme e irrebatible, que en nuestros años mozos más de una vez pecamos de ingenuos, llevados por el ímpetu que es hijo de esa efervescencia juvenil y que nos condujo a defender a ultranza verdades que creíamos absolutas. Por no decir que solíamos abonar a cada paso teorías conspirativas. El paso del tiempo contribuye a derribar mitos, perder idelales, y sembrar suspicacias.

Invitado por un amigo, hace poco más de un mes asistí, con más entusiasmo que convicción, a una de las “fiestas retro” que se han popularizado últimamente en el circuito de discotecas y locales bailables. La imagen que ilustra este artículo pertenece a un poster de una de las tantas fiestas "retro" que se hacen en Inglaterra todos los fines de semana. Contiene varios íconos de los '80: la tristemente célebre Margaret Tatcher, Mr. T, Robotech, etc.

Disculpen me vaya de tema. Les estaba diciendo: No sé si lo que sucede en Lobos se trata de una moda que a la larga terminará por diluirse tras la efímero encanto de la novedad, o si –por el contrario- se trata de una tendencia que en lo sucesivo a dará cabida a un sector que había quedado totalmente marginado de los boliches. Sea como fuere, lo concreto es que la propuesta viene a llenar un vacío que existía en Lobos desde hace ya largo tiempo, y que confinó a quienes hoy tienen más de 25 años a un limitado y tedioso peregrinar por bares y confiterías céntricas durante los fines de semana, a sabiendas de que en La Porteña o en otros boliches similares pasarían por momentos vergonzosos. Y no me refiero sólo a la tan mentada brecha generacional, sino al hecho de que el sector “+ 25” está absolutamente ajeno de lo que suena en las radios, de los temas de moda, y en consecuencia no se siente en absoluto identificado con la música que domina la escena de dichos locales, que taladra los tímpanos, impide toda conversación con una señorita digna de merecer y deja a nuestro John Travolta relegado a la barra del boliche revolviendo con el dedo los hielos de un vaso de whisky barato, que el barman ha tenido la precaución de servir en un infame vaso de plástico.

Ser abstemio y no fumar son dos puntos en contra para el Travolta vernáculo, ya que de ingresar al local deberá convertirse en fumador pasivo y aspirar el humo de miles de cigarrillos en labios de otros tantos miles de despreocupados fumadores, que con su nefasto hábito contaminan el ambiente y generan un vaho irrespirable que se impregna en la ropa, el cabello, y demás sectores de la anatomía del recién llegado. ¿Qué sucede con aquel que no bebe alcohol? Digamos que no se concibe la idea de un tipo ganador sin un cigarrillo en los labios y un vaso de whisky (o algún trago de similar graduación alcohólica) que, parapetado en la barra, se disponga a ejercer su innato poder de seducción ante la primera dama que se le cruce.

Lo cierto es que, más allá de estas consideraciones, las fiestas retro no terminan de convencerme. Quizá lo mejor será gratificarnos con el recuerdo de nuestra juventud perdida y aceptar que el boliche está destinado para los pendejos (dicho esto sin ningún ánimo peyorativo), y comprender que alguna vez fuimos nosotros aquellos inconscientes pendejos que ingresábamos al submundo maravilloso y cautivante de los boliches.

No estoy juzgando a la gente que concurre a las fiestas de los ’80, y (aclaro esto) tampoco estoy afirmando terminantemente que yo no lo vaya a hacer en el futuro. Pero me pregunto si esta suerte de regresión tiene algún sentido. Nosotros somos los jóvenes de ayer, no los jóvenes de hoy. Por ende, es momento de dejarles los lugares y los espacios que alguna vez sentimos como propios a aquellos que, en virtud de su edad, hoy son sus legítimos destinatarios.

La magia sigue intacta

  Martes en la ciudad. Ya arrancamos la semana. Ayer lunes, minutos antes de levantarme, pude ver por las rendijas de la persiana algunos tí...