17 de octubre de 2013

El tedioso trámite de comprarse un celular

Algún día iba a suceder: el martes 15 tuve que comprar un celular luego de que al anterior aparato se le rompiera la pantalla, lo cual me impedía escribir o leer mensajes, entre otras cosas. Fue, sin lugar a dudas, un gasto imprevisto y pasé un mal trago porque mi intención era usar ese dinero que tenía ahorrado para otros fines. Finalmente me compré un modelo básico (lo único que tiene es radio FM), con teclado QWERTY. Me acostumbré a escribir con el QWERTY durante el año y pico que tuve mi teléfono anterior y comprobé que se puede enviar un mensaje mucho más fácil y rápido. Como ya tengo un reproductor de MP3, no me interesaba demasiado que el nuevo teléfono contara con esa función, aunque nunca está de más, por supuesto. En síntesis, durante el fin de semana largo (que se me hizo eterno por esa mezcla de bronca y resignación), me dediqué a observar los folletos o catálogos de las casas de electrodomésticos para ver qué alternativas había. No soy un obsesivo de los celulares, pero por el tipo de trabajo que hago necesito estar comunicado. Podría decirse que, pese a sus limitaciones, estoy conforme con la adquisición del aparato que elegí: no gasté tanto como yo pensaba y espero que dure lo suficiente para amortizar su costo de algún modo. 

En parte, este post tardío tuvo su razón de ser por el motivo que acabo de exponer. Aunque no lleva mucho tiempo, tuve que aprender a usar el nuevo celular y a familiarizarme con sus funciones, que como dije antes no son muchas. Si alguna vez junto la guita suficiente, me gustaría comprarme un modelo más avanzado, pero por el momento esto es lo que tengo y una de las cosas que aprendí en la vida es a conformarse con lo que uno tiene, lo cual no significa de modo alguno tener que claudicar o bajar los brazos ante un proyecto. Punto final.

12 de octubre de 2013

Un proyecto superador

Con el paso del tiempo, uno va cambiando no sólo su aspecto físico, sino la manera de pensar. Por lo general, nos volvemos más intolerantes ante ciertas cosas. Consideramos que ya hemos soportado demasiado en el lapso que llevamos de vida y es por ello que no nos bancamos la estupidez, la mediocridad, y la falta de sentido común (entre otras cosas). 

Asimismo, muchas veces sentimos que estamos luchando contra molinos de viento. Pasan las generaciones, y el país sigue siempre igual. Cuando somos jóvenes, todos tenemos ese entusiasmo de aportar algo para que las cosas mejoren, de distintas maneras. Puede ser militando en un partido político, en una ONG, colaborando con alguna donación, ayudando a los comedores de niños carenciados. Pero resulta que nada parece suficiente, nada parece alcanzar: como dije antes, pasan los años y seguimos estancados. Y esto no lo sostengo en alusión al kirchnerismo, sino a un mal endémico que los argentinos tenemos desde mucho tiempo antes. Y es que no creemos en el progreso, o lo vemos siempre demasiado lejos de nuestro alcance. No se puede entender por "progreso" tener un televisor LCD gigante o el último modelo de celular: es algo mucho más profundo. Tiene que ver con cambiar nuestras concepciones, aceptar nuestras limitaciones, saber decir que no cuando algo nos resulta inaceptable. Las convicciones de la sociedad argentina son muy débiles, y para que el país crezca deben trascender. No hay recetas mágicas. Por ejemplo, todo el mundo reniega de la televisión basura, se horroriza por el morbo,  pero son los programas que más rating tienen. Apenas una muestra de la hipocresía con que estamos acostumbrados a manejarnos. Me pregunto si los jóvenes del futuro tendrán la sensatez que no supimos tener nosotros. Punto final.

9 de octubre de 2013

Le deseo una pronta recuperación

Ya se ha hablado y escrito todo sobre la salud de la Presidenta. Mi deseo es que, más allá de mis ideas políticas, pueda recuperarse prontamente y retomar sus funciones. Ante estas situaciones no tiene la menor importancia a qué partido político pertenezca cada uno, de una vez por todas hay que dejar de lado mezquindades y oscuros intereses para tener una democracia más sana. Me refiero a que CFK debe concluir su mandato para el cual fue elegida, y todos los argentinos debemos hacer lo posible para que eso suceda. No podemos seguir pensando en 2015 cuando los acontecimientos se suceden tan rápidamente. Sigo sosteniendo mis diferencias con el Gobierno, pero las mismas resultan irrelevantes cuando está en juego la salud de la máxima autoridad del país. Sería bueno que, de una vez por todas, aprendamos a comportarnos con sensatez cuando ocurren estas cosas, tratando de evitar hacer política de la desgracia ajena. Hemos tenido experiencias muy lamentables cada vez que los argentinos nos hemos dejado llevar por el fundamentalismo y esa suerte de división en la sociedad que incita al odio, a la violencia y al rencor. No tenía previsto redactar este post, pero me veo en la necesidad de hacerlo como una manera de llamar humildemente a la cordura, sobre todo cuando esta triste noticia de la Presidenta internada por una hematoma se produce en plena campaña electoral. Ojalá que tanto el oficialismo como la oposición eviten manipular una situación semejante para obtener un rédito político. Sería una buena señal de que, después de tantos años de desencuentros, algo hemos aprendido como sociedad. Punto final.

6 de octubre de 2013

Crónica de una madrugada de sábado

Escuchar radio de madrugada suele ser una experiencia insufrible, sobre todo cuando uno está desvelado. La radio AM, que décadas atrás brindaba mucha información y programas de calidad, hoy es un esperpento: abundan los espacios pagos de la Iglesia Universal y otros cultos o sectas que se aprovechan de infortunio de los oyente para captar voluntades. Con respecto a la FM, es casi imposible sintonizar las grandes radios de Buenos Aires, como Rock & Pop, Metro, Vorterix, o lo que fuere. Entonces hay que resignarse a escuchar una y otra vez las mismas canciones por las radios locales. El refrito de música ochentosa ya cansa, ese sonido chato y aburrido también. 

Resulta evidente que faltan voces a la madrugada. Me refiero a que no alcanza con ser locutor. Faltan palabras, conceptos, ideas, gente que diga algo. Basta ya de esperar que al programa lo hagan los oyentes enviando mensajes grabados. El programa lo tiene que hacer el conductor de turno, se lo tiene que poner al hombro y ofrecer datos básicos: una síntesis informativa, el pronósticos del tiempo, alguna recomendación para ir al cine o ver un recital... que se note que el programa está saliendo en vivo y que no es un "enlatado". Quizás por eso, porque la música que se escucha en la radio no me satisface, es que siempre tengo discos o un pendrive a mano, por lo tanto soy yo quien elijo y no el inepto musicalizador de Radio 10. Por ejemplo, ahora estoy escuchando a Sam Smith, un cantante que hace música pop (o quizás melódica, pero en todo caso estaría incluido bajo el mismo paraguas). Tiene cero difusión en las radios argentinas, que están muy ocupadas llenando el éter con Tan Biónica, Babasónicos, y ese mix o pastiche de salsa y música tropical que me produce ganas de salir corriendo. Me parece que no es tan difícil hacer un programa de radio prolijo, en el cual los oyentes puedan expresarse pero que tenga una dirección determinada y no que marche como un barco a la deriva. Punto final. 

Disco recomendado del día: Cualquiera de Twenty One Pilots

3 de octubre de 2013

Hay cosas peores....

Mi notebook se encuentra en un estado deplorable. Al primer inconveniente que tuve, que fue la descarga de la batería, se le sumó ahora la aparición de dos manchas negras en la pantalla. Desconozco qué puede haberlas provocado, dado que siempre trato de cuidar la compu de golpes, movimientos bruscos o bajones de tensión. Pese a ello, me sigue resultando últil para navegar por Internet y actualizar el blog, que es lo importante. No recuerdo si a la notebook la compré en 2010 o 2011, pero sea como fuere no es tan vieja como para justificar los problemas que mencioné más arriba. Y el uso tampoco ha sido intensivo, sólo los primeros meses posteriores a haberla comprado me conectaba casi todos los días por esa atracción que sentimos ante un "chiche" nuevo. Después, a medida que fue pasando el tiempo, volví a usar la computadora de escritorio que es en la que conservo la mayoría de los archivos de Word (textos) y JPG (imágenes). 

Para completar una jornada poco provechosa desde el punto de vista tecnológico, les cuento que hacía tiempo que andaba buscando un pendrive que contenía archivos punto doc y algunas fotos. El hallazgo ocurrió hoy, de un modo poco grato, cuando mi vieja sumergió unos pantalones en el lavarropas y me exhibió, como si fuera un trofeo, el pendrive totalmente mojado. De más está decir que aún si logro secarlo, ni en pedo pienso arriesgarme a conectarlo nuevamente a la PC. 

A partir de ahora voy a transferir toda la información relevante a distintos pendrives (como back up), y dejaré de guardarla en DVD. Es demasiado trabajo y además uno nunca recuerda en cuál disco estaban los archivos que necesitaba. Desde que tuve que formatear esta notebook, perdiendo mucha información valiosa, tomo más recaudos que antes para evitar cualquier posibilidad de que algo semejante vuelva a ocurrir. Tenía fotos de archivo que nunca más voy a poder recuperar, y quizás sea eso lo que más me duela, porque siempre son útiles como material periodístico. Pero en fin, de nada sirve lamentarse ahora, sino tomar las medidas necesarias para que no vuelva a suceder algo así. 

PD: Iba a escribir algo sobre el "shut down" al Gobierno de EE. UU. pero no me dieron ganas, además de que no estoy suficientemente informado al respecto. Lo dejaremos para otra ocasión.

30 de septiembre de 2013

Ultimo post de septiembre

Lunes por la tarde en la ciudad. Tenía ganas de escribir un post antes de que terminara septiembre, porque el mes próximo será bastante movido con el tema de la campaña política rumbo a las elecciones legislativas. La Presidenta le concedió una extensa entrevista al periodista Jorge Rial, que varios canales recogieron en sus noticieros. Las preguntas que hizo Rial me parecieron correctas, no sonó condescendiente, pero Cristina no dijo nada nuevo. O al menos, nada que despertara  mi interés. Lo que uno podría pensar, sin ser demasiado suspicaz, es por qué la Presidenta no emprendió antes este raid mediático que está haciendo ahora, casi contra reloj y con la certeza de que su "delfín" Martín Insaurralde perderá las elecciones. Quien gobierna tiene que ejercer el poder, pero no de un modo despótico o privilegiando a determinados medios de prensa en detrimento de otros. Antes de las Primarias, a nadie se le hubiera ocurrido que funcionarios del oficialismo fueran entrevistados por los periodistas del Grupo Clarín. Los resultados electorales hicieron dar un golpe de timón, y la estrategia ahora está orientada a mostrarse más conciliadores, más cercanos a la "gente". La oposición, por su parte, tampoco tiene muy en claro lo que piensa hacer, más allá de lo que ocurra en las urnas.

Me parece que hay un desconcierto general, donde se sigue apelando a buscar votos como sea, incluso al punto de rozar el ridículo o la vergüenza ajena. Así y todo, cualquier persona centrada del Gobierno podría haber salido a repudiar las agresiones que sufrieron Sergio Massa y sus candidatos en su agitada incursión por La Matanza. Pasaron los días y no lo hicieron. Sería bueno que cada uno sepa exponer sus ideas sobre temas puntuales, y que diga cómo las va a llevar a cabo. Por ejemplo, todos sabemos que la inseguridad es un problema, pero declamando la presencia más patrulleros o policías en las calles no lograremos demasiados resultados. Ante todo hay que generar conciencia, educar, buscar que la gente salga de la marginalidad y del delito, que se vuelque al trabajo. O si no trabaja, que esté contenida de alguna manera para preservar al resto de la población de un punto débil que ya es mucho más que una "sensación", para transformarse en una dolorosa realidad. Punto final. 

  

26 de septiembre de 2013

Primavera Uno

Los días se alargan, se estiran, se elongan... comenzamos a ver bellas señoritas caminando por la calle con calzas o joggings, los chicos se juntan a matear en la Plaza hasta que cae el sol... estamos en primavera. Todavía no puedo salir de mi asombro por los actos vandálicos que un grupo de inadaptados cometieron contra la Iglesia San Ignacio de Loyola, la más antigua de Buenos Aires. Lo peor de todo es que no responden a ninguna consigna, no hay detrás una suerte de manifiesto revolucionario anticlerical: es simplemente el deseo de destruir, de dañar un patrimonio histórico de la ciudad, sin ningún fundamento que lo justifique. No fue algo espontáneo ni un rapto de furia: se tomaron el trabajo de violentar candados, cadenas y puertas hasta llegar al templo. Y por si alguien no entiende lo que pretendo exponer, no se trata de si sos creyente o ateo, porque cualquier persona atea con uso de razón respeta las creencias de quienes piensan diferente, aunque no las comparta. Hace tiempo ya que me harté de ver monumentos destrozados o mutilados, pintadas de aerosol en domicilios particulares, rotura de vidrieras con piedras o con pedazos de baldosas... en fin, podría seguir enumerando los actos vandálicos que a los lectores se les ocurra. Cuidar el espacio público es fundamental para una sociedad civilizada, y por eso no nos asombremos si los baños de una terminal de ómnibus o de una estación de tren son un asco. A nadie le importa nada, es evidente, porque no es su casa. Se sienten como si estuvieran en un hotel donde son aves de paso, y el pobre infeliz que luego quiera disfrutar de un espacio verde, no puede hacer, porque hubo otros antes que él que con dudoso sentido de la diversión se encargaron de destrozar bancos, juegos para los niños, y todo lo que pueda imaginarse. 

Muchos de los que perpetran estos atentados contra la propiedad pública y privada son menores, pero no se los puede criminalizar tan fácilmente, habría que indagar primero en su familia, cómo se comportan sus padres, qué ejemplo le dan a sus hijos, y buscar la raíz del problema. No sé si sirve de algo que un chico vaya preso por quemar una iglesia, a lo mejor sí, pero previamente sería bueno pensar qué pasó por la mente de ese pibe para cometer semejante atrocidad. Los argentinos que han tenido la suerte de viajar al Exterior, sobre todo a Europa, se asombran de la pulcritud y prolijidad de las plazas y parques. Las comparaciones, se sabe, son odiosas. Esto no significa que uno quiera irse del país, sino que pensemos en que no hace falta demasiado para obrar con conciencia ciudadana: sólo sentido común. Punto final. 



Hoy más que nunca, aprendamos a vivir con gratitud

  3 de octubre. Hace varios días que tenía la intención de escribir un nuevo posteo para el blog, lo que sucede es que me embarga la sensaci...