12 de mayo de 2022

De regreso, hacia la conquista de lo imposible

Jueves por la noche en la ciudad. Me vuelvo a encontrar con ustedes luego de un prolongado e inesperado paréntesis, que ocurrió casi sin que me diera cuenta. En alguno de los días previos pensé en escribir algo por aquí, pero siempre surgía otro compromiso más urgente que resolver. No quiero pensar en futuros cortes de luz, dado que lo único que está a mi alcance es informar lo que desde la empresa me transmiten, y desenchufar lo antes posible todos los artefactos domésticos que hay en mi casa. Por más que Eden diga que se hace cargo de la reparación en caso de haber sido consecuencia de ese motivo, sabemos que -como todo proceso similar- es engorroso, y si se te quema el motor de la heladera, habría que preguntarse qué hacés durante el lapso entre que dejó de funcionar y hasta que la lleven a arreglar. Pueden transcurrir semanas, meses, y mientras tanto se te pudre la comida, y lo poco que podés comprar son alimentos que no deban ser refrigerado, hasta tanto todo se resuelva.

No mucho antes pedían requisitos insólitos, como presentar la factura de compra: ¿Quién carajo guarda la factura o el ticket de una heladera o lavarropas que compró hace 20 años? Y en el caso de que creas tenerlo, ¿Cómo saber dónde está el infame papel? Por suerte en ese sentido tuvieron cierta lógica. Bueno, parece ser que ahora solicitan tres presupuestos diferentes, y se supone que la empresa se inclinará por reintegrarte el dinero por el más bajo, o mandar ese aparato a arreglar por su cuenta. Todo es tan retorcido que se parece a una licitación pública, pero con una dosis menor de corrupción, quizás. 

Hoy, durante horas tempranas de la tarde, Lobos parecía un desierto, estaba tomando un café en un lugar y noté que habrían transcurrido alrededor de 40 minutos y no pasó ni un auto por la calle. El dueño del bar observó lo mismo que yo. Un rato después, pareció moverse tímidamente el trajín ciudadano, pero de una forma muy incipiente, siempre a media máquina. Básicamente, se puede advertir circulación de autos o motos cuando los padres van a llevar o a buscar a sus hijos a la escuela. El resto del día, es tiempo muerto. Quizás sea una percepción que es común a cualquier día de la semana, pero no dejó de llamarme la atención. La nafta no está como para andar malgastanto combustible al pedo, digamos, ya sea que tengas una moto o un auto. Y recién estamos por terminar la primera quincena, que ya podría denominarse "fin de mes", porque los primeros días pagás los impuestos y gastos imprescindibles, y con lo que te queda tenés que tirar hasta el 30 o 31. No hay mucho margen, más si tenemos en cuenta que el billete de mayor denominación es de $ 1.000, y equivale a menos de 5 dólares blue. Medio kilo de yerba vale, en promedio, 300 pesos. Cualquier turista que venga con dólares a la Argentina, puede llevarse hasta el Obelisco en las valijas. 

Cambio de tema: Cada vez que me digo a mí mismo que no voy a claudicar, no lo hago desde un convencimiento pleno, repito esa frase para conseguirlo, y el temple más que necesario. Tengo una personalidad obsesiva hacia lo que considero importante, pero la única virtud que le reconozco, es que eso me ha forzado a insistir ante determinadas cosas que otras personas descartarían en otra instancia. Trato de obtener lo que me propongo pero no vistíendome de superhéroe, sino porque no estoy en la disposición para dejar que me caguen con esto o lo otro, si tuviera 20 años no me importaría, pero quemar etapas implica entender la vida de otra manera y pensar distinto. Por ejemplo: Hace más de 45 días que estoy esperando que mi obra social me envíe una medicación, y hasta ahora no hay novedades, nadie sabe nada, nadie contesta, excepto un mail de vez en cuando, que es más de lo mismo. "Su pedido fue trasladado al sector de auditoría médica. Su pedido fue autorizado". Y vos podrás decir: "Qué bien! De qué se queja este pibe?". Me quejo porque mienten, estoy a 100 km. de CABA y por lo tanto es inadmisible que unos remedios recetados y que cuentan con toda la documentación respaldatoria para ser entregados, demoren en llegar a mi domicilio una brecha insalvable. Y yo de ninguna manera voy a comprar esa medicación, primero porque es carísima, y segundo porque no me corresponde, por algo pago el monotributo, y por algo estoy aportando al Fisco todos los meses. Honestamente, a veces hasta daría ganas de ir hasta la sede de la obra social y prenderla fuego, al mejor estilo relatos salvajes, total de todos modos es probable que te diagnostiquen un brote psicótico por haber hecho eso, y para ellos seguirá siendo lo mismo. Lo único que lograrás es que huyan como ratas para no quemarse el culo. Pero, nobleza obliga, quiero reconocer la tarea que llevan a cabo Defensa del Consumidor del Municipio, con gente bien capacitada, y que sabe mover los hilos para que toda esta situación sea más expeditiva. Nunca he dejado de reconocer el laburo que hacen, y no soy el primero a quien logran sacar del atolladero. Por ejemplo, cuando te quieren cobrar de más por un producto o te aparecen en el resumen de la tarjeta compras que nunca hiciste.

Todo lo que espero para lo que resta de la semana y del próximo finde, y que las cosas se vayan dando para no desgastarme yo mismo teniendo que hablarle a una pared, porque la burocracia ha matado a mucha gente, y esto es real: Personas que le hicieron juicio al Estado por una jubilación que les correspondía y que murieron antes de recibir el beneficio que con toda justicia se merecían. En fin: Para variar, me estoy yendo por las ramas. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 

9 de mayo de 2022

Comienzo de semana, apagón y "lunes negro"

 Arrancó la semana: Lunes con mucha actividad, y algunas complicaciones que el común de los lobenses debimos padecer, corte de luz mediante, el cual se extendió desde las 19:53 hasta las 22:09 (casi dos horas, sin entrar en números finos). Pero como en esta zona ya estamos acostumbrados a que eso suceda de vez en cuando, con mi familia tratamos de remarla lo mejor posible, por suerte disponíamos de unos trozos de vela para poder cocinar la cena y otras diligencias, como ir al baño, o ir preparando la ropa para el día siguiente. Cada placard es un mundo. Tengo un montón de ropa en buen estado que intentaré vender o en todo caso voy a donar a alguna institución, porque aumenté de peso y ya me queda chica, y a su vez debería comprarme un par de jeans que coincidan con mi fisonomía actual. Ya va llegando el momento de rescatar del olvido a los pulóveres, antes de que las polillas terminen por dejarlos hechos un colador. 

 Mentiría si quisiera atribuir la causa de todos los males (a título personal) a esta mierda del corte de luz, porque a decir verdad no ha sido un día particularme malo: El clima estuvo agradable durante buena parte de la jornada, logré hacer un par de notas, le metí pilas. Una breve siesta después de almorzar y nada más. Ir pagando deudas de a poco, trámites y mandados varios que son propios de cualquier persona que no pueda delegarlos en un cadete. Un rato para escuchar música y distenderme de aquello que en los días previos me tuvo de pésimo humor, por decirlo de un modo elegante. 

Estuve en la feria que se hizo en el predio de la Rural, porque prioricé el interés de los lectores antes que el propio. Paso a explicar: Se trató de un evento privado, y nadie se contactó conmigo para ofrecerme un mango en concepto de publicidad. Sin embargo, como sabía que iba a convocar mucha gente, hice casi 6 kilómetros en bici (ida y vuelta) para ir hasta allá, cumplí con mi trabajo, y de alguna manera contribuí a que la gente que se enteró por mi diario, pasara un finde distinto. Ese fue el objetivo, no otro. 

Ahora bien, como he dicho más de una vez, cuando empiece la campaña política, no se salva nadie. El que no ponga la plata, puede hacer o decir lo que desee, pero el espacio que le pienso dedicar es cero. Y si bien todavía falta, recibo algunas publicaciones que pretenden que vos las publiques "de onda", cuando se nota claramente un fin proselitista. Afortunadamente, el alcance que tiene mi medio de prensa va creciendo sostenidamente, y eso es un detalle no menor que cualquier auspiciante debe saber. Yo pongo un precio por el aviso, podés estar de acuerdo o no, o inclusive puedo aceptar negociarlo, pero en resumidas cuentas, el espacio publicitario no se "regala". Un kilo de carne cuesta 1.000 pesos, ¿Qué pretendés, o acaso vivís en otro país? El tarifario que cada medio de comunicación aplica, por lo general se ajusta a la inflación, es lo más lógico. Porque yo también tengo que vivir y mi poder de compra no es el mismo. Vale decir, la pérdida del poder adquisitivo es constante. Todo comerciante o empresa que comprenda algo tan elemental a los efectos de hacer publicidad, no va a tener problema en ser cliente mío. Habrá quien no lo entienda así, pero como es tan evidente lo que estoy expresando y es de público conocimiento, quien no lo comprenda quedará atado a su propia suerte. Yo vendo información, no a mis lectores, sí a mis auspiciantes. 

En fin, exceptuando el apagón y todo lo que ello trae aparejado, este "lunes negro" (como aquel de Wall Street) transcurrió dentro de lo normal. Lo que me quedó pendiente es retomar la lectura, estoy leyendo un libro de un autor chileno que me interesó bastante, y creo haber leído ya un centenar de páginas o poco más, pero desde hace unos días el señalador está "clavado" en el mismo sitio. También estoy leyendo una compilación de textos de Jorge Lanata (el libro se llama "Vuelta de página" y es de 1997), antes de que dejara de ser un periodista serio y creíble. Lo mismo cabe para Majul, pero no tengo interés en entrar en polémicas. La verdad es que si yo hubiera estado en el lugar del Gordo Casero, probablemente lo hubiera boxeado, al mejor estilo de "Mauro Viale vs. Samid". Casero tiene muchas cosas que no comparto, pero el tipo estalló de bronca con toda razón, cuando se dio cuenta de que lo estaban boludeando.

 Pese a todo lo que se le pueda cuestionar, es mucho más talentoso que Majul, no sólo para hacer humor, sino para comprender lo que es la calle. El político argentino promedio no tiene calle, no sabe cuánto vale el boleto mínimo de colectivo, de tren o de subte, que son las formas de viajar de los laburantes. Si lo sabe, es de puta casualidad, porque el Ministro de Transporte le preparó un informe. 

Lo más irónico es que, al mismo tiempo que quieren acercarse a la gente a la caza de votos, van perdiendo contacto con la realidad y no saben ni dónde están parados. En la vereda del sol, seguro que no. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 


8 de mayo de 2022

Palo y a la bolsa

 Domingo por la tarde en la ciudad. Tengo algunos quilombos personales (que a la vez me son ajenos, vaya paradoja), y estoy tratando de lidiar con eso. Ayer me sentía mucho peor, hasta que me di cuenta de que, de esa manera, no iba a ningún lado. Cambié el enfoque. No es que ahora me siento rebosante de felicidad, pero sí mejor que ayer, y con eso alcanza. Necesito sentirme de un modo relativamente estable para poder seguir con mi laburo y con todas las cosas que hago todos los días.

 Todos nos solemos sentir mal alguna vez, pero hay que cortar con eso en determinado momento. Hay situaciones que nunca me imaginé que me tocaría afrontar a mi edad, pero es lo que hay, y no puedo culpar a nadie por eso. Durante mucho tiempo subestimé a gente de acá, de Lobos, que me parecían unos pelotudos, y que terminaron siendo exitosos en lo suyo. Entiéndase por "éxito", haber alcanzado logros personales o laborales que evidentemente yo no conseguí. No es que se hicieron millonarios o que se convirtieron en estrellas de rock, ¿Se entiende? Supongo que sí, exageré la frase deliberadamente para que quede más claro.

Como les decía antes, yo bien podría paralizarme y quedarme en la cama sin hacer nada, pero tampoco voy a conseguir nada si permanezco indefinidamente en esa condición. Hay que tomarse un lapso para sentirse mal, porque forma parte del duelo (en términos psicológicos) que todos necesitamos hacer. Lo que reitero, es que llega un punto en que no podés ver pasar la vida delante tuyo como si fueras un dibujito animado. 

Es mentira que "Nunca es tarde", y esas frases de libros de autoayuda que a veces vemos circulando por ahí. A veces es demasiado tarde, y la culpa no es nadie, sino exclusivamente tuya. Y eso sí trae algo "bueno", digamos: No arrepentimiento, sí aceptación. Aceptar que las cosas no son como las imaginamos, y que tampoco siempre resultan como las planeamos. Pienso que, cuanto antes comprendas esto, más atento vas a estar a futuro, para no seguir perdiendo el tiempo. A mí me hicieron daño o me partieron en mil pedazos varias veces, y también yo lo hice con gente que (quizás) no lo merecía. Pero más que disculparme por eso, es poco lo que puedo hacer. No tiene sentido enroscarse en eso, aunque involuntariamente lo hagas. Este comienzo de semana lo voy a dedicar a mi trabajo, a aquellas cosas que me dan placer, y a no dejar que los demás decidan por mí. 

Esto último, si me están leyendo, es sumamente útil. Porque, aunque sea parecido en algún punto, la vida no es un casino: Hay que jugar para ganar, nunca para perder. Y si te toca perder, habrá que bancársela. Las fichas las ponés vos, pero el que hace girar la ruleta no. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 

6 de mayo de 2022

NO SOMOS LOS MISMOS

 Ultimamente, siempre que hay algún feriado largo en la ciudad (no es este el caso), son días movidos, tanto en el tránsito vehicular como en la circulación de turistas que eligen Lobos como destino. Hasta no hace mucho, uno lo advertía de manera notable por su condición pueblerina, sobre todo, cuando todavía se disputaban las Olimpíadas de la Cuenca, que por tiempo indeterminado dejaron de realizarse. Más allá de la situación que todos conocemos, este año sí hubieran podido reanudarse, se me ocurre pensar.   

 Debo reconocer que los deportes nunca me entusiasmaron, aunque tampoco recibí mucha motivación en las clases de Educación Física de la Secundaria. Siempre quedaba relegado cuando se formaban los equipos de fútbol o voley. Y no he sido el único. Si tenía la suerte de que me tuvieran en cuenta para algún equipo, siempre iba de defensor o de arquero, los mediocampistas o delanteros eran posiciones que estaban reservadas para los que supuestamente gozaban de mayor destreza para esas lides. Pero no culpo de ninguna manera a los profesores que me tocaron en suerte, quizás no estaba tan afianzado el concepto de inclusión, y de que todos podemos desarrollar algún tipo de actividad física por fuera de los deportes tradicionales.

 En fin: Como les estaba diciendo en otra nota, hoy por hoy, tampoco me interesa cubrir un partido de la liga local porque para poder hacerlo tendría que dedicarme enteramente a eso y conocer el paño, además de que no es el perfil que pretendo darle a la información. Hay ocasiones excepcionales donde todos estamos pendientes, como el Mundial, la Copa América, y esos torneos importantes. Y por supuesto, los Juegos Olímpicos. Soy hincha de Boca de toda la vida, y cuando el campeonato era menos confuso que ahora, cuando todavía quedaban jugadores de jerarquía en el equipo y no eran rápidamente transferidos a clubes europeos, me enganchaba a ver los resúmenes de Fútbol de Primera con esos dos nabos de Araujo y Macaya Márquez, o bien escuchaba los partidos por la radio.

Con el tiempo, van cambiando los intereses y las prioridades de cada uno de nosotros. Muchas veces sin que siquiera nos demos cuenta. A veces es un proceso que se va dando paulatinamente, y en otros casos, la vida nos da un vuelco, un cimbronazo, y nos obliga a mirar lo que sucede de un modo diferente. Podemos ser víctimas y victimarios a la vez. Un día cualquiera nos sentimos con fuerzas para llevarnos al mundo por delante, y un domingo nublado con tinte melancólico, podemos sentirnos una piltrafa haciendo zapping con el control remoto sin encontrar absolutamente nada que merezca ser visto en la pantalla.

Es desgastante el ritmo de vida actual, nos autoexigimos demasiado, pretendiendo dar más de lo que podemos. En rigor de verdad, no está mal que seas consciente de tus limitaciones, sin que ello te impida tener el deseo de superarte. Saber que hay algo que nos cuesta un esfuerzo considerable hacer, es un estímulo para intentarlo, pero sin presionarnos al punto de dejar que los demás decidan por nosotros. El que no cambia, no evoluciona: aquel que se jacta de ser "el mismo de siempre", no comprende que es imposible de sostener esa postura. No somos los mismos, porque hay muchísimos factores externos que nos obligan a cambiar el chip. El mismo rumbo que adopta la sociedad es uno de ellos. Más de una vez cuesta aceptarlo, dar vuelta de página y mirar hacia adelante. Pero es lo único que nos queda, y a menudo esa transición entre quién eras y quién sos, se va dando naturalmente. Si estuvimos dos años usando un barbijo, al punto tal de que todavía no nos acostumbramos del todo a volver a circular “a cara descubierta” sin ese molesto trozo de tela que nos dificultaba respirar o ser escuchados por el empleados de cualquier negocio (mampara de por medio), podrás entender mejor de qué estoy hablando. Punto final.

4 de mayo de 2022

Futuro imperfecto

Jueves cálido y con sol de otoño en la ciudad. Hay cosas que hacen que no comparta del todo el estilo de vida de la sociedad actual. Pero eso no me convierte necesariamente en nostálgico, porque la aceptación de esas cosas te convierten en hijo del tiempo que te toca vivir.

El devenir de la historia nunca discurre en sentido inverso. Por lo tanto, no creo que todo tiempo pasado haya sido mejor. Rescato los avances tecnológicos, la mejor calidad de vida que trajeron consigo las vacunas, los medicamentos y demás descubrimientos de la ciencia, pero me pregunto a cuántas personas en este país (o de cualquiera del Tercer Mundo) les llegan todos esos progresos que acabo de enumerar. Me fastidia que constantemente escuchemos arengas en defensa la "movilidad social", y que desde un atril alguien nos hable "de los que menos tienen", cuando ellos, los que ostentan el poder, son los que más tienen.

 Preguntémonos, por ejemplo, cuántos chicos leen un libro fuera de la escuela, por el mero placer de leer. O si lo prefieren, por qué las sucesivas reformas educativas han fracasado, por qué nos mienten todo el tiempo al decirnos que la educación es prioridad para este Gobierno o los anteriores. La realidad es que nunca lo fue, por la sencilla razón de que para los señores pedagogos que hoy son ministros, la educación es un gasto, no una inversión. Pensemos además que darle una netbook a un estudiante puede ser un hecho positivo que apunta a la inclusión o que permite integrarlo a ese pibe con las nuevas tecnologías dentro del aula, pero ante todo habría que explicarle al chico qué hacer con la computadora, cómo usarla didácticamente, y capacitar un poco más a los docentes. La experiencia demuestra que cuando hay voluntad de enseñar, se aprende como sea, porque mi generación (y muchos argentinos que viven en parajes totalmente apartados sin conectividad alguna) lo hizo con tiza y pizarrón.

  Y cuando reniego de mi ciudad, lo hago desde el cariño que le tengo. Digo esto porque la supe conocer diferente, con gente sencilla, de trato cordial, que no vivía todo el tiempo corriendo tras el reloj y con gente perdiendo el tiempo en discusiones estúpidas. El progreso lo vemos en el paisaje de la zona céntrica, o en quienes siguen apostando a la construcción de inmuebles, en los emprendedores, los laburantes. Dejando de lado eso, es un error lamentarse que todo lo demás se haya perdido. Ya no está la discusión en términos si somos un pueblo chico o no, sino sobre de qué manera logramos conservar aquello que nos hizo, en líneas generales, vecinos de bien. 

O para decirlo de otro modo: Cómo conseguimos un cable a tierra, "bajar un cambio", pensar en el futuro (que según el Indio Solari "ya llegó hace rato") pero sin olvidar de dónde venimos. Porque queda mucho por hacer, y no podemos delegar absolutamente todo lo que nos toca en el gobierno de turno. Más de una vez cada uno de nosotros ha tenido que tomar decisiones cruciales, que no quisiéramos, pero no nos queda otra opción. Y más viejo te ponés, más te das cuenta de que la vida dejó de ser un juego. Es un ciclo, un viaje, y hay que tratar de pasarlo lo mejor posible sin joder a nadie. Porque un día te despertás y cuando querés acordar, ya pasaron 10 o 20 años, y te preguntás qué estuviste haciendo todo ese tiempo, siguiendo a la manada, sólo por quedar bien con el resto.

Varios garcas que se pasan todo el día en un bar no piensan en eso, porque para ellos la vida está ligada a la timba y a la especulación, difícilmente los veas haciendo algo similar al “trabajo” del modo en que todos lo conocemos. Es algo que me interesa enfatizar.

Todos quieren que sus hijos vayan a la universidad y se conviertan en ingenieros, médicos o abogados, y no está mal esa aspiración paternalista en la medida que no genere presión y frustración. Porque en esta vida, aunque resulte cursi decirlo, debemos tratar de ser efímeramente felices, y no es necesario tener el diploma en un cuadrito colgando de la pared para serlo. Es admirable la capacidad que tiene el tipo común, como vos y yo, de cultivar ese elogio de la simpleza, para compartir la mesa con sus amigos, para disfrutar de un partido de fútbol por TV o todo lo que se les ocurra pensar. Como periodista, nunca aspiré a ser masivo, ni a que mi opinión sea replicada por miles de lectores. Puedo lograr que alguien apruebe o no mi manera de ver la cosas, pero no es el objetivo principal que me motiva, al menos en este blog. Si se trata de una nota periodística -o de la profesión que cada uno tenga- , no voy a negar que el reconocimiento o el cariño de los lectores nos ayudan a levantar un poco la puntería y sentirnos más queridos. Pero eso es todo.

 Mientras redactaba estas líneas, reflexionaba acerca de la necesidad de "bajar un cambio" y no dejarnos llevar por todo lo que nos dicen desde la pantalla del celular, con los interminables chats de WhatsApp que se viralizan y que ni sabemos a quiénes pertenecen. No porque no sea verdad, sino porque no está a nuestro alcance resolver nada, más aún cuando se trata de una conversación privada que se hace pública por la indiscreción de una de las partes. Cualquiera puede decir de mí lo que quiera sobre mi comportamiento público, pero no de lo que hago puertas adentro, porque ese espacio me lo reservo para mí. Es mi privacidad y mi derecho a la intimidad. Al final de cuentas, no soy famoso ni pertenezco a la farándula. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

Dejaron la olla en el fuego y no saben cómo apagarla

 Mitad de semana en la ciudad. La gente ya está cansada de los mediocres discursos de la política lobense, y no la culpo, porque es evidente que las necesidades que tenemos hoy son más imperiosas que hacer campaña anticipada pensando en 2023. Pero sí es bueno que la dirigencia local deje sentada su posición ante aquellas cuestiones que urge resolver en caso de que sean candidatos en el futuro.

A nivel macro, lo primero que hay que lograr, en lo que le queda a Fernández de mandato, es una mínima estabilidad económica, porque de lo contrario esto va a terminar explotando. Los ciudadanos, en tiempos de bonanza, no cuestionan el gasto público, ni el despilfarro y desfachatez de los diputados con su séquito de asesores rentados. Lo hacen cuando comprenden que buena parte de esa guita es la que ellos deberían percibir, como cuando hace unos años los K hablaban de la "resdistribución de la riqueza". La distribuían entre ellos mismos, y por supuesto, entre sus alcahuetes y amigos. Pero ahora la situación cambió, porque cada día que pasa hay menos margen para que el Presidente tome decisiones, está totalmente encorsetado por distintos sectores que le van marcando la cancha. Supongo que Fernández no es necio y se ha dado cuenta de eso. Si nosotros, que la vemos desde afuera, podemos percibirlo con claridad, mucho más lo harán él y sus funcionarios de confianza, que cada vez son menos. El objetivo es ese, aislarlo del poder real, desgastarlo políticamente reemplazando a sus ministros por otros más afines a círculo ultra K, que están dispuestos a todo.

 Fernández procura, como paliativo, dejar a toda la tropa satisfecha y conforme, pero no siempre lo consigue, entonces busca aliados cuidadosamente, como quien sabe que está tanteando el terreno de un campo minado. No fue lo más acertado haberse mostrado junto a Luis D´Elía, pero supongo que -como decía Borges- no los une el amor, sino el espanto. ¿Habrá pensado Alberto en renunciar alguna vez? Seguramente que no, porque sabe que cayó en una trampa y que, de hacerlo, le dejaría la presidencia servida a CFK. El problema principal es que desde el comienzo tuvo un vacío de poder notable, que se pudo disimular a nivel oficial durante un tiempo, pero ya no hay posibilidades de ocultarlo. Porque, además, las dificultades que existían en diciembre de 2019 son muy distintas a las de 2020 o 2021. Macri fue una decepción para la clase media que mayoritariamente lo votó; en cambio, este gobierno es una decepción para otro segmento del electorado, que ve que el asadito de los domingos nunca llega, que la yerba para el mate está carísima, que cualquier producto de primera necesidad aumentó un promedio de 10 % en el lapso de un mes. Entonces, ¿qué es lo que hacen? Muy fácil: poner al pelotudo de Feletti a reunirse con los empresarios buscando misericordia. Feletti, un señor comprometido con la causa de los humildes y desposeídos, es Secretario de Comercio Interior. 

Desde el vamos, cualquier medida de persuasión que procure conseguir este funcionario hace agua por todos lados. Los tipos están para otras cosas, no para planteos propios de un retiro espiritual. Lo que pueden hacer es mantener fijo por un tiempo equis el valor de un determinado producto, y compensar esa falsa sensación de estabilidad subiendo los precios del resto de las marcas que tienen. Ellos nunca pierden, y mal sería si perdieran, porque los empresarios no están para hacer beneficencia. 

En 2018, la suerte de Macri quedó sellada con una megadevaluación y corrida cambiaria. Pues bien, quienes están ahora en la Rosada, van camino a repetir el círculo vicioso, por más pretextos que intenten argumentar. Nunca van a entender las demandas de la sociedad, porque nunca se sintieron pertenecientes a ella. Son (o somos) sólo una masa que vota cada 2 años. Pero como son peronistas, conocen un poquito más la calle como para olfatear que la gente puede volver a los cacerolazos y a buscar desalojarlos de los amplios salones del palacio presidencial. Desde luego, esto puede ocurrir o no, pero lo que tenemos que ver, es hasta qué punto pretenden seguir tensando la cuerda. Porque podés ser peronista, radical, o bolchevique: si la guita no te alcanza, poco importa lo demás. No le pueden pedir paciencia a la gente, porque pagar pagar la luz, el gas, o el alquiler, no hay paciencia posible que uno pueda esgrimir ante los acreedores. Esta es una historia con final abierto. Pueden terminar el mandato de un modo razonable, o pueden llegar a diciembre de 2023 con el escenario menos deseado y menos esperado, pero que ya todos conocemos. Nos estamos viendo pronto. Punto final.

2 de mayo de 2022

Los primeros empleos que tuvimos: Cada persona tiene su propia historia

Lunes por la noche en la ciudad. Ayer fue el Día del Trabajador, y casi inevitablemente, no pude evitar recordar mi historial laboral. Laburo desde que tengo 20 años, más de la mitad de mi vida. Claro que, al principio, no era full time, 8 horas o nada parecido. Mentiría si dijera algo así. Empecé dando clases de Inglés en escuelas públicas, aún sin tener el profesorado hecho, porque en esa época no había muchos profes recibidos y el sistema te permitía ejercer. Siempre aclaro que ejercí la docencia, no soy docente ni creo que lo vaya a ser en un futuro. Pero esa es otra historia. Tenía 20 años, plena juventud, y ganas de ganarme mi propia plata, que en los comienzos usaba para solventar los gastos de cualquier pibe de clase media a esa edad, como ir al boliche, comprarme algo de ropa...bueno, de más está decir que aún en esos años, la guita mantenía un valor, y no había tanta distorsión de precios. Estuve más de 7 años dando clases en distintas escuelas, y en algunas la pasé realmente mal, no por los directivos solamente, sino porque llegaba a mi casa hecho una piltrafa, casi afónico, y con la amarga sospecha de que mis alumnos no habían entendido nada (o no quisieron hacerlo) de los contenidos que me dispuse enseñar durante 90 minutos frente al aula. 

Pero bueno, lo hice, y todavía hoy muchos de esos chicos que hoy ya pasaron la adolescencia, me recuerdan. Hasta ahora, cuando nos encontramos en la calle, nunca me han dicho que se hayan sentido mal en el aula. En las escuelas rurales fue donde más cómodo pude desempeñarme, porque había menos alumnos en cada curso y por lo ese motivo no se prestaba tanto para la joda. Por eso, rescato que hubo etapas dentro de la enseñanza en que me pude sentir a gusto y dar cada clase con una buena recepción de los estudiantes que me tocaron en suerte. 

En fin, paralelamente, durante ese período de 7 u 8 años, entre 2000 y 2008, digamos, también pude hace lo que más me gusta y que continúo hasta la fecha, que es el periodismo. Trabajé en muchos medios, aunque sus propietarios pretendan hacerse los boludos si alguien les pregunta. Y laburé siempre en negro, debo decirlo, hasta que decidí hacerme monotributista y empezar un emprendimiento propio. Sin la ayuda de mis padres, nada de eso hubiera sido posible. Sobre todo en el caso de mi viejo, que tenía más conocimientos de informática. Invertimos guita para tener un equipo fotográfico que en aquel momento era uno de los mejores de la ciudad, lanzamos un diario digital (el segundo de Lobos por orden de aparición), y le dimos contenido. Lamento que, con tanto cambio de equipos, reparaciones y formateos varios, muchas de esas fotos de archivo que teníamos se hayan perdido. Por eso, desde hace un tiempo a esta parte guardo todo lo que puedo en pendrives, ya tengo tantos que no sé qué contiene cada uno, por no mencionar el hecho de que también guardo los programas de tele ahí. 

La televisión, tan lejos y tan cerca. Aunque se trate de un canal de cable, nunca pensé que me llegaría la oportunidad. Todavía hoy, cuando veo el primer programa, me doy cuenta de que fue un "desastre" comparado a lo que pude aprender con el tiempo. En la tele, no podés ser demasiado gestual porque se nota muchísimo.Ya llevo tres años haciendo televisión, y la verdad es que nunca he tenido un disgusto, o al menos no de la magnitud que me venga a la memoria en este momento. Jamás se censuró a ningún invitado, cada uno tuvo la posibilidad de decir lo que quisiera, y esa ha sido la premisa, porque no le puedo impedir a alguien que hable de tal o cual cosa. Casi sin darme cuenta, pasé además a hacer producción periodística para TV. Llamar a los posibles invitados, acordar fecha y horario, algunos temas puntuales a tratar... parece sencillo, pero no todos están disponibles para el horario estándar de grabación, y trato de llegar a un acuerdo siempre que mi amigo Lucas, que está detrás de las cámaras y de la operación técnica, pueda hacerlo. El programa sólo se vio interrumpido durante algún mes de verano, y también en los momentos más difíciles de la pandemia, porque no podíamos garantizar la integridad y la seguridad mía y de nuestros entrevistados. Pero volvimos, y ahora hablo en plural, porque no soy sólo yo quien está detrás de todo esto, sino la empresa, y todos quienes hacen la puesta en el aire de cada ciclo. 

Nunca me echaron de ningún trabajo, cuando la cosa no iba bien y no estaba convencido de seguir con algo que no me servía (o a lo mejor la parte patronal pensaba de la misma forma), renuncié. Tuve (y tengo) momentos con poco dinero en el bolsillo como cualquiera. 

Ahora que lo recuerdo bien, una sola vez me echaron de un laburo al cual le dediqué lo mejor de mí, y creo que lo que el propietario de ese medio intentó hacer al dejarme cesante (estando en negro), fue ahorrarse la plata que debía pagarme por mis servicios. Me asesoré y pensé en iniciar un juicio laboral, tenía todas las cartas a mi favor, y creo que si lo ganaba, a ese tipo lo hubiera dejado en calzoncillos, pero llevaba un promedio de 2 años (según me dijo un abogado), y no tenía ganas de renegar con esas constantes idas y venidas de cartas documento. Llegamos a un acuerdo con esa persona que me cesanteó, me pagó un dinero que el aquel momento me servía, y listo. Vuelta de página, a otra cosa. Como la vida misma.

Y hoy, al igual que todos los días del año, sigo trabajando como siempre, quizás habrá quien no esté conforme con mi laburo, pero como soy yo mi propio jefe, no le tengo que rendir cuentas a nadie, excepto al Fisco. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 

Hoy más que nunca, aprendamos a vivir con gratitud

  3 de octubre. Hace varios días que tenía la intención de escribir un nuevo posteo para el blog, lo que sucede es que me embarga la sensaci...