12 de octubre de 2010

Una semana para afrontar lo que venga

Luego de transcurrido este finde "XL" con motivo del Día de la Raza (ahora resulta que no queda bien llamarlo así), hoy martes se puede decir que ha comenzado "oficialmente" la semana. Hubo mucho que hacer en el trabajo, y uno tiene la sensación de que si bien nunca está mal disfrutar de un feriado, hubiera sido mejor comenzar el lunes como siempre para evitar esa vorágine que te arrastra cuando ves que pasan los días, que la semana se acorta y que los hechos se suceden demasiado rápidamente. Hoy nos toca cubrir una conferencia de prensa, mañana lo mismo, inauguraciones, actos festivos, agasajos, boludeces. Todo esto se podría haber evitado si los organizadores tuvieran un poco de sentido común.

Muchas veces me he planteado la inutilidad de las conferencias de prensa. Uno ya sabe con qué se va a encontrar: las preguntas obvias, agradecimientos que no le importan a nadie excepto al propio orador, y un cúmulo de errores de cohesión en lo discursivo que hacen aún más tediosa la tarea de desgrabar para los medios gráficos o digitales.


Me gusta disfrutar de un momento de distensión, pero a veces el tiempo no alcanza y hay que seguirla remando hasta que surja el momento. Sinceramente, mi trabajo no es insalubre y excesivamente agotador, pero llega un punto en que uno hace las cosas de un modo casi automático, no puede discernir la intencionalidad que se esconde detrás de halago hipócrita y de la falsa moral. Pero así es la vida para los asalariados en este planeta, así que mañana voy a tratar de dar lo mejor de mí para que pueda estar tranquilo, relajado y rendir lo más posible en mi trabajo. Buenas noches, amigos!

Disco Recomendado:

Eric Clapton, "Clapton" (2010, Warner Music)

10 de octubre de 2010

Cuando olvidar se convierte en una insólita virtud


Estimados lectores: dedico mis últimas fuerzas de hoy a redactar este post, porque realmente estoy agotado. Además de que tuve que trabajar, también anduve haciendo las compras del día, con las colas interminables que se producen en supermercados y farmacias por el COVID 19. Creo que son los únicos favorecidos por la malaria generalizada y los bolsillos flacos del resto de los comerciantes que recién ahora podrán abrir, en determinado rubros puntuales.

En fin, no me puedo quejar, la pasé bien, y aunque ya lo he dicho infinitas veces, estoy pensando en dejar de fumar porque estoy tosiendo más de lo aconsejable y nadie tiene ganas de sufrir una neumonía o alguna patología similar. Antes quise dejar de fumar porque sabía el deterioro que provoca a la salud, pero cuando empezás a sentirlo vos, cuando te toca de cerca, tomás la decisión. Como casi todo en la vida, las cosas no nos importan demasiado hasta que nos afectan directamente.
Ultimamente me cuesta mucho sentarme a ver una película, porque cuando avanza la trama y empiezo a sospechar que es mala, algo me dice que ya no tiene sentido seguir perdiendo minutos de mi vida prolongando el martirio. Claro está, también hay películas que han sido aclamadas por la crítica mundial y que aunque hayan ganado un container de Premios Oscar siguen sin gustarme. Estoy escuchando de todo un poco: CD's, algunas canciones en MP3 que seleccioné en distintas carpetas o "folders", mucho Eric Clapton y Norah Jones, y hago zapping en la radio que cada vez está más decadente, con programas mediocres y periodísticas políticas que sin perder tiempo han dado un giro de 180 grados en sus convicciones convirtiéndose en fervorosos kirchenristas dispuestos a inmolarse por un proyecto definido como "nacional y popular". Qué quieren que les diga, es la medianoche del domingo y uno se vuelve un tanto pesimista y mordaz. Tal vez si me propusiera redactar un nuevo post a mitad de semana, dejaría de lado las miserias humanas con la que uno debe convivir a diario.

5 de octubre de 2010

Cuando nadie se hace cargo


Hola amigos, redacto el post de hoy sin demasiadas novedades, por el mero hecho de escribir algo. Hoy la tranquilidad pueblerina se vio un poco alterada por la presencia de los controladores y/o fiscalizadores de ARBA, que a decir verdad hicieron un trabajo muy prolijo porque se los podía ver por todos lados. Es un buen momento para preguntarnos si los impuestos que pagamos son excesivos o no. En este país la evasión fiscal sigue siendo ejercida impunemente, y debo decir que aunque la ley les cabe a todos por igual, me indignan los grandes evasores. Aquellos que realmente tienen guita de sobra para pagar los impuestos, y no lo hacen por su codicia sin límites. Siempre tienen un contador amigo dispuesto a asesorarlos sobre cómo burlar los controles y pagar lo menos posible, y sobre cómo declarar bienes por un valor inferior a los que realmente poseen. No soy un especialista en economía ni nada que se le parezca, pero es notable que mucha gente se pregunte para qué pagar impuestos, dado que siente que este dinero que aporte no es retribuido en salud, seguridad o educación.
Todo lo que que estoy exponiendo es conocido por todos, y seguramente otros con mayor lucidez han hecho un análisis más profundo de la cuestión. Pero lo que a mi criterio debería implementarse, aunque traiga como consecuencia una merma en la recaudación, es la exención del pago del IVA para determinados productos. Al economista lo único que le interesa es que los números "cierren", eso está claro. Pero tanto AFIP como ARBA ejercen una presión asfixiante sobre la clase media, y hacen concesiones con los sectores de mayor poder adquisitivo. Y encima, el que paga puntualmente tasas, impuestos o lo que sea, es tratado igual que aquel que carga con varias deudas, porque nunca falta una de las famosas "moratorias", con la cual regulariza su situación y hasta le perdonan los intereses. Una suerte de amnistía al evasor.

Algún día, cuando pague sus impuestos hasta el último infeliz que vive en un paraje perdido en el medio de la nada, podremos decir que se habrá hecho justicia. De lo contrario, seguiremos viviendo en una realidad utópica, según la cual todos son buenos ciudadanos, decentes y honestos, que contribuyen para el bien común, como nos enseñaron en la escuela. Con los años, y una vez que hemos perdido la ingenuidad porque el Estado nos hizo beber de su propia medicina, nos damos cuenta de que no es así.

3 de octubre de 2010

Nuevamente en contacto


Domingo por la noche. Prefiero no pensar en mañana, además de que ya he comentado en otros textos lo que representa para mí el comienzo de la semana. Este es mi primer post de octubre, un mes que nunca me gustó demasiado. En principio, si bien este año zafamos, se trata del mes escogido para las elecciones. Y me fastidia el hecho de tener que ir a votar cuando no hay ningún candidato que reúna las condiciones mínimas para ser tenido en cuenta. Y debo decir que eso es lo que ha sucedido desde que estoy en condiciones de emitir mi voto. Pero además, en octubre, y aunque no se note demasiado, ya empieza la locura de las fiesta de fin de año, los brindis, las reuniones de ex alumnos, y todas esas boludeces. Es cierto, quedan dos meses para que termine el año, pero mucha gente la vida funciona así, de encontrarse a cenar con amigos y/o conocidos con cualquier pretexto, y siempre las mismas anécdotas, y esa estúpida costumbre de festejar cada nuevo aniversario de algo. En fin, no quiero renegar demasiado, porque en definitiva uno también, como ser social que es, termina asistiendo a esas reuniones, hasta que un buen día digamos basta y nos hartemos de todo, como pasa siempre.

Tema dos: hace alrededor de un mes compré un cassette para grabar los programas de Dolina. Me sentí raro comprando un objeto que ha sido sepultado por la tecnología, pero que nos dio tantas satisfacciones cuando éramos adolescentes y no teníamos plata para comprarnos un disco, entonces grabábamos los temas de moda directamente de la radio, con la voz de locutor incluida. Y a veces se cortaba la cinta, o se enredaba, o había que limpiar los cabezales de grabador, etc, etc.... Bueno, en síntesis, creo que será el último cassette que compre en mi vida, y si se me llega a romper la única casetera que funciona en el equipo de audio, se tranformará en un objeto más inútil de lo que ya es. Tengo sueño, pero sé que si me acuesto ahora mismo no voy a poder dormirme en un corto plazo, como suele suceder. A veces siento que no me alcanza el día. Los domingos pasan rápidamente, entre que uno se levanta tarde, y hasta que tu cuerpo se recupera de los excesos del sábado y vuelve a funcionar, es todo un tema. Finalmente, cuando te sentís medianamente bien, ya son las cinco de la tarde, y aquella película que habías planeado ver el fin de semana se posterga para el siguiente, porque en realidad todo se fue postergando. Así uno llega hecho una piltrafa y sin haber podido disfrutar del todo el ansiado fin de semana. Y no me digan que nunca les pasó, darse cuenta de que hay cosas pendientes, y que seguirán así hasta que alguien nos rescate del naufragio y nos ayude a organizar nuestra agenda diaria.

Disco recomendado del día: Phil Collins, "Going back" (Warner, 2010). Para recordar viejas épocas y disfrutar del talento que esporádicamente nos obsequia el gran Phil.

27 de septiembre de 2010

Demasiado para muy poco

La vanidad genera en el ser humano el deseo de tener objetos que realmente no necesita, pero que le confieren status social y frecuentemente lo hacen ser envidiado por sus pares. Con ese objetivo, una persona no vacila en pagar un televisor LCD en 50 cuotas (más de cuatro años), para de ese modo congraciarse con la chusma del barrio y asistir a ese "prodigio" de la tecnología que es la alta definición, la búsqueda de la imagen perfecta, el realismo elevado a la máxima potencia. 

A veces, cuando ando caminando al pedo y veo en las vidrieras del Centro modelos de celulares cada vez más sofisticados e inútiles, me pregunto qué motiva a una persona a comprarse un teléfono móvil, el cual incorpora como novedad infinitas boludeces que su orgulloso propietario nunca va a usar. Desde luego, cada uno gasta su dinero en lo que quiere.

 Pero la pregunta que anda flotando por ahí, tiene ver que ver con eso: ¿Para qué querés el último modelo de teléfono, televisor, auto, equipo de audio, o lo que fuere? ¿Realmente sentís placer, disfrutás lo que comprás, o sos un comprador compulsivo? ¿Lo hacés porque te sobra la plata y no sabés en qué gastarla o porque estás convencido de que lo que compraste te puede servir? ¿Quién en su sano juicio quiere leer un"libro" en una pantalla de cuatro o cinco pulgadas? ¿O quién va a mirar televisión desde un celular? ¿Vas a viajar en el tren a Merlo haciéndote el vivo con tu imagen de "tipo moderno"?

Les confieso que hace tiempo que tengo ganas de comprarme un buen tocadiscos, un televisor blanco y negro, una radio AM de las de antes, con pilas Eveready incluidas (las más chotas y las más baratas), y olvidarme de todo. No necesito más. Voy a ir a un remate y quizás consiga todos esos objetos que la gente ya ha descartado por viejos y obsoletos por dos mangos. 


Quizás por todo lo mencionado, me sorprende el resurgimiento de los discos de vinilo, y el hecho de que el coleccionismo se haya volcado hacia ese formato. Alguien podrá sostener que un LP tiene un sonido más "cálido" que un compact, pero más allá de todo esto, creo que en definitiva todo vuelve. Me refiero a que, aquello que hace 20 o 30 años fue una moda, hoy se "toma revancha", se reinventa, vaya uno a saber po qué. Me gustaría tener una buena bandeja tocadiscos, pero para percibir y disfrutar de ese particular sonido necesitás un buen amplificador y equipo de audio, de lo contrario es inútil. Punto final. 

Disco recomendado del día: 
Riff, "Que sea rock" (1997, Pop Art discos)

22 de septiembre de 2010

Una cuestión de clases


En esta Argentina siglo XXI que no deja de sorprendernos, hay gente que vive sin electricidad, luz, gas, agua, teléfono, y obviamente sin Internet. Y no hay que alejarse demasiado de Buenos Aires para comprobarlo. La pregunta que uno suele hacerse, y que surge naturalmente cuando somos testigos directos de estos casos de extrema indigencia y precariedad, es: "¿Qué puedo hacer?" Probablemente, muy poco, excepto sentirnos culpables por tener todas las cosas de las cuales estas almas carecen. Y es así, porque casi sin darte cuenta empezás a pensar de qué me quejo, si este pobre tipo no tiene acceso a los servicios mínimos que le garanticen bienestar y calidad de vida. Y estoy acá, con cuatro paredes y un techo, haciendo filosofía barata en la Web, y hay gente que la pasa realmente mal, durmiendo en la calle, abrigándose con cartones o con mantas viejas y corroídas por la intemperie. Y cuando llega el verano, ven pasar a quienes se van de vacaciones a la Costa, o simplemente tienen la posibilidad de mojarse un poco las patas en una pileta pública, mientras ellos padecen el sol calcinante, los mosquitos, los días interminables, y esas horas que parecen ser eternas. Nunca fui una persona de grandes gestos solidarios, no me gusta hacer caridad, ni sentir lástima por nadie, pero sí tengo el criterio suficiente para darme cuenta de que alguien debería hacer algo para que estas personas tengan sus necesidades básicas satisfechas, lo cual me supera y me excede totalmente.

Y que no se entienda esto como una crítica excluyente a los K, porque en la Argentina ha habido miseria desde que yo tengo uso de razón, aunque quizá yo esté siendo recurrente con la cuestión de la pobreza que abordé en mi post anterior. Pero déjenme decirles que la clase media es bastante egoísta e hipócrita en su modo de actuar, porque la única vez que tuvieron huevos para movilizarse y se dieron cuenta de que había pobres en este país fue en el 2001, cuando se produjo el fin de la fiesta menemista y los codiciados dólares que el mediocre especulador había guardado en el banco quedaron atrapados en el nefasto "corralito" por todos conocido.

Desde luego, hubo ahorristas cuya única intención era precisamente ésa, la de ahorrar, pero hubo muchos otros que especularon hasta la debacle acumulando pesos/dólares y vieron esfumarse su efímera riqueza de un zarpazo, mientras las grandes masas de dinero se fugaban a los paraísos fiscales. Por eso, a pesar de pertenecer a lo que genéricamente se conoce como "clase media", no me siento del todo identificado con ella.

19 de septiembre de 2010

Todos respiramos el mismo aire

Despunta la primavera en la ciudad. Sin temor a suponer que "todo tiempo pasado fue mejor", creo que antes la vida era más sencilla. Cada uno sabía lo que tenía que hacer y cuál era su rol en la sociedad. Y si no lograba dedicarse a aquello que lo hiciera feliz, agachaba la cabeza y trabajaba de lo que fuera, porque no existían esas boludeces de orientación vocacional. La gente tenía otro concepto de la dignidad, y como no todos podían estudiar en una universidad, graduándose de licenciados o doctores, laburaban de lo que podían. Por supuesto que dedicar toda tu vida a un trabajo que no te gusta es ingrato, pero la gente antes ni se ponía a hacer esas conjeturas: simplemente lo hacía. Todos hemos escuchado alguna vez frases como: "Siempre quise estudiar abogacía, pero terminé pegando ladrillos y haciendo revoques. Es lo que me tocó".

Esas palabras no fueron pronunciadas por un fracasado, ni por una persona que lamenta todos los días de no haber podido cursar estudios superiores. Son palabras de una persona digna, que no esperó a que el Estado la asistiera, sino que hizo lo que pudo para sobrevivir, comer, mantener una familia, y respirar del mismo aire que todos. El tipo acepta que no pudo estudiar, le da bronca, quizás cargue con ese karma toda su vida, pero sabe que en este país no todos podemos ser abogados ni escribanos, y a su manera, él contribuyó con su esfuerzo a hacernos comprender algo mucho más profundo. Y es que con su vida, lejos de las tarjetas de crédito y de la estupidez mediática que nos quema la cabeza y nos tiene cada vez más perturbados, hizo algo para que esta sociedad funcione. Si vos sos un albañil, hacés bien tu trabajo, y ganás suficiente como para vivir, sos un tipo digno. Mucho tan digno que los corruptos de mierda, que los ñoquis que cobran sin laburar, que los inútiles para todo servicio que ocupan cargos públicos con oficina y secretaria y tienen la caradurez de querer enseñarnos cómo tenemos que vivir.

Para el que nace en el seno de una familia pudiente, y que tiene un sentimiento de pertenencia hacia las clases acomodadas con acceso a toda clase de privilegios, el pobre es un estorbo. O ni siquiera eso: intentan simular que no existen, porque como las personas de guita tienen sus countries, sus clubes exclusivos, y sus bares temáticos, en el ambiente en que se mueven evitan la molestia de toparse con un pobre. Creo profundamente en el concepto de la "pobreza digna". Porque pobreza, hasta hace unas décadas, no era sinónimo de marginalidad y delito.

Me molesta que subestimen a los pobres. Podés subestimar a un ignorante, pero si considerás que pobreza e ignorancia están ligados, estamos en problemas, y tengo miles de ejemplos para refutarte. De hecho, y para concluir, me parece más ignorante Ricardo Fort que cualquier cartonero que recorre todas las noches las calles de Buenos Aires.

Todavía estamos a tiempo de alcanzar el último vagón del tren

  Desde hace alrededor de dos años, vengo llevando adelante un cambio que tiene que ver con la aceptación y la tolerancia. El objetivo es no...