Blog de Lobos, ARG, desde hace 20 años en la Web.
21 de noviembre de 2016
Lobos tiene mucho para dar
Domingo por la noche, agotado del laburo que significó pasar varias horas bajo un calor sofocante, por las actividades con motivo del Día de la Tradición y Día de la Soberanía. La verdad es que como experiencia piloto resultó interesante que se haya decidido enlazar ambos festejos, que tuvieron como corolario el desfile de peñas y centros tradicionalistas por las calles céntricas.
Estoy contento de que el desfile haya vuelto a realizarse, porque va más allá de si te gusta el folklore o no. Se trata de que la ciudad tenga una fiesta popular, un motivo de encuentro, algo con lo cual nos sintamos identificados. Me parece bastante boluda la queja que hacen algunos vecinos porque los caballos dejan las calles llenas de bosta. Primero, son animales, no tienen un baño a su disposición. Y en segundo lugar, es un evento que se lleva a cabo una vez al año. Hagamos foco en lo esencial y dejémonos de nimiedades que no conducen a nada.
Un desfile de estas características, si se tiene la capacidad y el ingenio de promocionarlo, puede ser un atractivo turístico importante. De esta manera, Lobos dejaría de depender tanto de la Laguna como fuente de ingresos del turismo y podría explotar más su casco urbano. Esas políticas son a largo plazo, y deben mantenerse aunque haya un cambio de gestión. Es la única manera de que el esfuerzo dé sus frutos. El porteño, o el hombre del Conurbano, tiene que reconocer a Lobos como una "marca registrada", y buena parte de ese anhelo será posible con el remodelado Cine Italiano. Ofrecer espectáculos de calidad, funciones de cine y teatro, exposiciones, todo contribuye, todo suma. Es cuestión de decidir qué camino decidimos tomar, o qué estrategia vamos a adoptar, para que nuestra ciudad sea conocida y valorada. Punto Final.
18 de noviembre de 2016
Los gajes del oficio
Buenos días, amigos. Luego de algunos días de ausencia (en realidad pensé que eran más), me vuelvo a encontrar con ustedes, con mucha satisfacción porque veo que las cosas se van dando de a poco, tanto en el plano personal como profesional. Reitero: de a poco. Mi prioridad siempre ha sido la salud, sentirme bien, porque sin esa necesidad básica de todo ser humano, no se puede rendir al 100 % en el trabajo o en cualquier actividad que emprendas. Y el laburo es importante por varios motivos, no sólo por la plata: te hace sentir útil, idóneo, te mantiene activo, y te permite relacionarte con tus compañeros o colegas.
El periodismo no es una profesión sencilla, del mismo modo que tampoco lo son otras. Uno asume la responsabilidad de lo que escribe o dice, al hacerlo público en un medio de comunicación. Muchas veces los lectores acusan al periodismo de callar o ocultar información. Puede ser cierto en algunos casos y no me voy a poner a juzgar a nadie. Pero no podemos denunciar un hecho sin pruebas, o hacernos eco de un rumor. Porque la Carta Documento después llega a nombre de quien escribió la nota, y es uno quien debe rendir cuentas ante la Justicia por delitos tales como calumnias, injurias, o daño moral. Para tener pruebas de lo que se dice, hay que investigar y consultar diversas fuentes, informantes, gente cercana al entorno. Esto a veces es posible, y otras veces no. También sucede que quien omite la información no es el periodista, sino el que la envía. Me pasó eso durante esta semana, por una gacetilla de prensa que mandó el Municipio sobre decomiso de mercadería en los comercios. La gente nos pedía los nombres, lo cual me parece lógico, pero desde la Comuna se negaron a reverlarlos. Y aunque uno pueda suponer fácilmente qué supermercado vende productos en mal estado, no lo dije por ese motivo. Pedí explicaciones a las autoridades de Inspección General, que me dijeran por qué no daban a conocer los nombres de los comercios en falta. Los argumentos que me dieron no me convencieron para nada, y creo que eso no hace más que generar sospechas en la población de una supuesta complicidad. Por todo esto, sostengo que las cosas deben ser claras, para evitar acusaciones cruzadas que no conducen a ningún lado. Es el Municipio quien debe esclarecer la polémica, ponerse al frente de los hechos, más allá de la tarea que uno pueda hacer como periodista. Punto final.
El periodismo no es una profesión sencilla, del mismo modo que tampoco lo son otras. Uno asume la responsabilidad de lo que escribe o dice, al hacerlo público en un medio de comunicación. Muchas veces los lectores acusan al periodismo de callar o ocultar información. Puede ser cierto en algunos casos y no me voy a poner a juzgar a nadie. Pero no podemos denunciar un hecho sin pruebas, o hacernos eco de un rumor. Porque la Carta Documento después llega a nombre de quien escribió la nota, y es uno quien debe rendir cuentas ante la Justicia por delitos tales como calumnias, injurias, o daño moral. Para tener pruebas de lo que se dice, hay que investigar y consultar diversas fuentes, informantes, gente cercana al entorno. Esto a veces es posible, y otras veces no. También sucede que quien omite la información no es el periodista, sino el que la envía. Me pasó eso durante esta semana, por una gacetilla de prensa que mandó el Municipio sobre decomiso de mercadería en los comercios. La gente nos pedía los nombres, lo cual me parece lógico, pero desde la Comuna se negaron a reverlarlos. Y aunque uno pueda suponer fácilmente qué supermercado vende productos en mal estado, no lo dije por ese motivo. Pedí explicaciones a las autoridades de Inspección General, que me dijeran por qué no daban a conocer los nombres de los comercios en falta. Los argumentos que me dieron no me convencieron para nada, y creo que eso no hace más que generar sospechas en la población de una supuesta complicidad. Por todo esto, sostengo que las cosas deben ser claras, para evitar acusaciones cruzadas que no conducen a ningún lado. Es el Municipio quien debe esclarecer la polémica, ponerse al frente de los hechos, más allá de la tarea que uno pueda hacer como periodista. Punto final.
14 de noviembre de 2016
Qué pasará con los diarios en papel?
Dos noticias acapararon la atención de los medios la semana pasada: el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EE. UU., y la lapidaria derrota de la Selección ante Brasil. Los dos diarios más leídos, Clarín y La Nación, me producen un profundo desencanto, porque se nota poca producción periodística, noticias recicladas, y un intento desesperado de captar nuevos lectores con menos texto y más fotos. La venta de diarios impresos viene en caída libre, desde que se multiplicaron los sitios informativos de Internet. Y como cada vez más gente tiene acceso a un celular moderno, puede leer las noticias desde allí. Antes era cita obligada sentarse a la mesa de un bar, tomar un café y hojear los diarios. Asistimos a un cambio de hábitos que obliga a los editores a reinventarse. Casi ningún joven de 20 años o menos va a comprar un diario en papel, y ni siquiera lo lee online, sino que se entera de lo que pasa alrededor por la tele.Abunda, en el periodismo gráfico, una suerte de eterno deja vu, y uno tiene la sensación de que esa crónica o artículo ya lo leyó antes.Como mencionaba antes, en el afán de adaptarse a los tiempos que corren, donde la gente va a mil y cada vez lee menos, se privilegia las fotos, las infografías. Entonces se nota que el texto, la nota en cuestión, queda reducida a unos pocos párrafos. Es una estrategia equivocada la que están empleando, porque hay un público "cautivo" que quiere que el diario siga siendo lo que fue. El cambio más inesperado y sorprendente se dio en La Nación, que adoptó el formato tabloide (similar al de Clarín), y sólo dejó para los fines de semana su tradicional formato sábana. Por el momento, ambos medios se pueden leer en forma gratuita por Internet, aunque en ciertos casos hay que registrarse. En otros países más desarrollados, ya hay que pagar una suscripción para entrar a la versión digital.
El gran interrogante, es cuál será el futuro de los diarios impresos, qué sucederá con los kioscos que los venden, con los canillitas, que ven con preocupación cómo merma su fuente de trabajo. A medida que surjan más medios de comunicación, mayor será la resistencia que deberán afrontar los diarios como los conocimos siempre. Además, se eliminaron suplementos, se suprimieron páginas, se adoptó un criterio opuesto al aconsejable. Al que está pagando para informarse hay que ofrecerle más de lo que pueda encontrar por Internet, porque nadie va a pagar por lo que puede conseguir gratis. Hace falta volver a las notas de análisis político, que ayuden a comprender la realidad que estamos viviendo con este nuevo Gobierno, en lugar de esconder la basura bajo la alfombra como hacen muchos, dado que tienen intereses creados para no ser críticos. Si no sos crítico, de algún modo te convertís en cómplice. Punto final.
El gran interrogante, es cuál será el futuro de los diarios impresos, qué sucederá con los kioscos que los venden, con los canillitas, que ven con preocupación cómo merma su fuente de trabajo. A medida que surjan más medios de comunicación, mayor será la resistencia que deberán afrontar los diarios como los conocimos siempre. Además, se eliminaron suplementos, se suprimieron páginas, se adoptó un criterio opuesto al aconsejable. Al que está pagando para informarse hay que ofrecerle más de lo que pueda encontrar por Internet, porque nadie va a pagar por lo que puede conseguir gratis. Hace falta volver a las notas de análisis político, que ayuden a comprender la realidad que estamos viviendo con este nuevo Gobierno, en lugar de esconder la basura bajo la alfombra como hacen muchos, dado que tienen intereses creados para no ser críticos. Si no sos crítico, de algún modo te convertís en cómplice. Punto final.
11 de noviembre de 2016
Aguas turbulentas
Un viernes cálido en la ciudad, palpitando lo que será un fin de semana intenso, con mucha actividad. Escribir en este espacio, tratando de analizar la realidad o los nuevos fenómenos que van surgiendo, ha sido desde el principio el objetivo que me propuse para este blog. Y como no tengo compromisos políticos con nadie, puedo decir que a Lobos no lo veo mejor que antes. Quizás, durante 12 años vivimos en una burbuja o en un limbo y recién ahora nos damos cuenta de cómo son las cosas. Pero basta caminar la calle para advertir lo que estoy diciendo: calles rotas, llenas de baches, veredas donde faltan baldosas, la Plaza 1810 totalmente devaluada como espacio público. Y el colmo fue tomar la decisión política de destruir las parrillas en la Costanera de la Laguna. ¿A qué "iluminado" se le ocurrió tan brillante idea? ¿Acaso el turista o cualquier vecino de Lobos no tiene derecho a comer un asado un fin de semana? El argumento es que "hay que preservar el recurso". Por supuesto, la Laguna es un recurso natural, pero en nada afecta o perjudica al ecosistema que haya parrillas o fogones en la Costanera. Es falso afirmar que la gente deja suciedad y mugre por ese motivo. Si nos ponemos a pensar, la gente arroja basura en cualquier lado, no sólo en la Laguna, pero nadie dice nada, es más fácil hacer la vista gorda. Bien podría decirse que el árbol les impide ver el bosque, como reza el dicho popular.
No estoy diciendo que la actual gestión sea mejor o peor que la anterior, sólo digo que no se ven resultados concretos, y no podemos desaprovechar la oportunidad de que Municipio, Provincia y Nación tienen el mismo signo político. En su momento le tocó al kirchnerismo, ahora se abrió una nueva etapa y el ciudadano de a pie ya está harto de excusas, de que le digan que los fondos para obra pública no llegan, que hay que tener paciencia, que las cosas mejorarán. Cada vez que se presenta el nuevo Presupuesto Municipal ante el Concejo Deliberante, hay un aumento en las tasas o tributos que pagamos todos los lobenses. El ajuste, el sacrificio, el aguante, parece que siempre lo tenemos que hacer nosotros. Porque la clase política tiene dinero de sobra en sus bolsillos para satisfacer sus gustos y placeres. En cambio, los que estamos en el llano somos los que vivimos el "día a día", y muchas veces, aunque parezca insólito, estamos más al tanto de las cosas y de lo que sucede en Lobos que los propios políticos. El funcionario que se asesora por un tercero, y no camina la calle, nunca va a saber medir el pulso de la sociedad. Porque solamente va a escuchar lo que le quieran decir, una realidad distorsionada, se va a terminar creyendo su propio relato como ocurrió con los K. Ya pasó el tiempo de hacer campaña, ahora es momento de gobernar. Y quien no esté preparado para hacerlo, venga de donde venga, que tenga la nobleza de dar un paso al costado y dejarle el lugar a otro más idóneo. Punto final.
No estoy diciendo que la actual gestión sea mejor o peor que la anterior, sólo digo que no se ven resultados concretos, y no podemos desaprovechar la oportunidad de que Municipio, Provincia y Nación tienen el mismo signo político. En su momento le tocó al kirchnerismo, ahora se abrió una nueva etapa y el ciudadano de a pie ya está harto de excusas, de que le digan que los fondos para obra pública no llegan, que hay que tener paciencia, que las cosas mejorarán. Cada vez que se presenta el nuevo Presupuesto Municipal ante el Concejo Deliberante, hay un aumento en las tasas o tributos que pagamos todos los lobenses. El ajuste, el sacrificio, el aguante, parece que siempre lo tenemos que hacer nosotros. Porque la clase política tiene dinero de sobra en sus bolsillos para satisfacer sus gustos y placeres. En cambio, los que estamos en el llano somos los que vivimos el "día a día", y muchas veces, aunque parezca insólito, estamos más al tanto de las cosas y de lo que sucede en Lobos que los propios políticos. El funcionario que se asesora por un tercero, y no camina la calle, nunca va a saber medir el pulso de la sociedad. Porque solamente va a escuchar lo que le quieran decir, una realidad distorsionada, se va a terminar creyendo su propio relato como ocurrió con los K. Ya pasó el tiempo de hacer campaña, ahora es momento de gobernar. Y quien no esté preparado para hacerlo, venga de donde venga, que tenga la nobleza de dar un paso al costado y dejarle el lugar a otro más idóneo. Punto final.
8 de noviembre de 2016
Hay que dejar la soberbia de lado
Apostar a un proyecto superador en los momentos difíciles, es lo que nos salva del naufragio. Cada vez más, tenemos que agudizar el ingenio para crear alternativas que nos rindan económicamente. Y lo bueno de esto, es que uno se da cuenta de todo lo que es capaz de hacer, con su formación y sus estudios, para emprender algo que sea rentable. Ya no podemos darnos el lujo de vivir con un solo trabajo, hay que empezar a buscar aquello que sea una segunda opción. Hacer valer todo lo aprendido para volcarlo en una fuente de ingresos. En mi caso, creo que pronto volveré a dar clases de inglés, como hice durante casi 9 años, aunque más no sea en forma particular. Puedo ayudar a un alumno a aprobar la materia, y a cambio recibo un dinero por ese trabajo.
Cada vez más gente se entusiasma con la idea de aprender un oficio, una salida laboral, a una edad en la que quizás ya deberían estar consolidados o con seguridad económica. En un país tan imprevisible como el nuestro, nadie puede dar por hecho que conservará el mismo empleo durante toda su vida, y el hecho de aprender herrería, carpintería, o lo que fuere, de algún modo nos hace autosuficientes. Somos nosotros juez y parte, patrón y empleado a la vez. En muchas ocasiones veo cómo se degrada el periodismo, que es mi profesión. Cómo aparecen "jefes de prensa" o "secretarios de prensa" que no saben redactar un texto. Y no lo digo por hacerme el superado, sino porque de tan común, se ha hecho costumbre. Probablemente todos tenemos alguna falta de ortografía, pero he visto casos en los que uno se pregunta cómo es posible que esa persona envíe un comunicado o gacetilla representando a una institución. Yo defiendo mi laburo, nunca me creí más que nadie, del mismo modo que no acepto que me subestimen. Hace ya bastante tiempo que pagué "derecho de piso" en estas lides, y que me tuve que tragar varios sapos, trabajando por dos mangos. Cuando uno sabe cómo son las cosas, o cómo se maneja la gente con el recién llegado, ya no quiere volver a ese lugar. En lo personal, nunca hice sentir mal a alguien que recién empieza. Me parece cruel y de poca hombría. Por el contrario, en la medida de mis posibilidades, ayudo a mi colegas y ellos me ayudan a mí. Cada uno defiende lo suyo, es cierto, o tiene sus primicias, pero compartimos el trabajo diario, las conferencias de prensa, varias cosas que hacen que nos veamos seguido en el trajín de la rutina. Es en ese momento cuando hay que saber diferenciar los tantos: somos colegas, no amigos. Desde luego, no tiene nada de malo ser amigo de un colega, pero es poco frecuente que suceda, por lo general colaboramos entre nosotros, sin embargo los momentos de camaradería no abundan, excepto el Día del Periodista. Punto final.
Cada vez más gente se entusiasma con la idea de aprender un oficio, una salida laboral, a una edad en la que quizás ya deberían estar consolidados o con seguridad económica. En un país tan imprevisible como el nuestro, nadie puede dar por hecho que conservará el mismo empleo durante toda su vida, y el hecho de aprender herrería, carpintería, o lo que fuere, de algún modo nos hace autosuficientes. Somos nosotros juez y parte, patrón y empleado a la vez. En muchas ocasiones veo cómo se degrada el periodismo, que es mi profesión. Cómo aparecen "jefes de prensa" o "secretarios de prensa" que no saben redactar un texto. Y no lo digo por hacerme el superado, sino porque de tan común, se ha hecho costumbre. Probablemente todos tenemos alguna falta de ortografía, pero he visto casos en los que uno se pregunta cómo es posible que esa persona envíe un comunicado o gacetilla representando a una institución. Yo defiendo mi laburo, nunca me creí más que nadie, del mismo modo que no acepto que me subestimen. Hace ya bastante tiempo que pagué "derecho de piso" en estas lides, y que me tuve que tragar varios sapos, trabajando por dos mangos. Cuando uno sabe cómo son las cosas, o cómo se maneja la gente con el recién llegado, ya no quiere volver a ese lugar. En lo personal, nunca hice sentir mal a alguien que recién empieza. Me parece cruel y de poca hombría. Por el contrario, en la medida de mis posibilidades, ayudo a mi colegas y ellos me ayudan a mí. Cada uno defiende lo suyo, es cierto, o tiene sus primicias, pero compartimos el trabajo diario, las conferencias de prensa, varias cosas que hacen que nos veamos seguido en el trajín de la rutina. Es en ese momento cuando hay que saber diferenciar los tantos: somos colegas, no amigos. Desde luego, no tiene nada de malo ser amigo de un colega, pero es poco frecuente que suceda, por lo general colaboramos entre nosotros, sin embargo los momentos de camaradería no abundan, excepto el Día del Periodista. Punto final.
6 de noviembre de 2016
Domingo de siesta de verano
Domingo por la tarde, hora de la siesta, ni un alma en la calle. El Centro es un enorme desierto de cemento y persianas bajas. El calor empieza a apretar, situación que es natural por la época del año en que estamos pero que sobrevino tan de repente que nos obligó a todos a revolver el placard y buscar remeras, bermudas, todas aquellas prendas de vestir que sean lo más livianas y cómodas posibles.
Faltan pocos días para las elecciones presidenciales en EE. UU., y sinceramente no creo que la política exterior de cualquiera de los dos candidatos vaya a cambiar. Los países subdesarrollados como el nuestro, seguiremos siendo tratados como tales. Parece ser que estos comicios han calado más hondo en el País del Norte, porque un impresentable como Donald Trump, populista y demagogo, despierta amores y odios. El tipo es millonario, se sabe, y no tiene ningún problema en endulzar los oídos de los yanquis con promesas de deportaciones masivas de extranjeros, sembrando el odio contra los mexicanos y los latinos en general. Algo similar está ocurriendo por estos días en Argentina, cuando las declaraciones "sin filtro" del Senador Miguel Angel Pichetto (FPV), abrieron el debate sobre la inmigración ilegal. Este señor, que ocupa una banca y que debería pensar antes de hablar, apuntó contra los bolivianos y peruanos que llegan a nuestro país, a quienes tildó de "resaca". Es cierto que Pichetto hizo público lo que muchos piensan pero no se animan a decir, por temor a ser acusados de "fachistas". En su fuero íntimo, y dejando la hipocresía de lado, muchos argentinos coinciden con él.
Lo que se podría plantear, sin caer en la xenofobia, es una política de inmigración responsable, reforzando los controles en las fronteras, preguntándole a todo extranjero (no sólo boliviano o peruano), qué viene a hacer a nuestro país, y siendo mesurados con el argumento de que "nos sacan el trabajo". Para empezar, ningún extranjero puede estar indocumentado, ni acá ni en ninguna parte del mundo, inclusive por su propio bienestar, ya que de tener documentación -en nuestro caso- podría acceder a la ciudadanía argentina si así lo desea. Los bolivianos hacen el trabajo que muchos argentinos no querrían hacer, como trabajar en los hornos de ladrillos o en quintas de verdura. Del mismo modo que los argentos hacen en EE. UU. o en España trabajos de lavacopas, mozo, limpieza de casas, o el cuidado de niños. Entonces, ante todo, dejémonos de joder y empecemos a construir un debate en serio, con altura. Lo que sí estoy de acuerdo, es que el extranjero que comete un delito debe ser deportado inmediatamente. Así sucede en la mayoría de los países, que cumpla su condena en prisión y luego que vuelva por donde vino. Si hablamos de chorros, tenemos suficientes entre los nuestros como para ir a "importar" a cualquier otro país. Siempre es injusto generalizar, o caer en lo "políticamente correcto", y es por ello que inesperadamente hubo voces a favor y en contra de los exabruptos de Pichetto. Nunca falta el que deja un mensaje en la radio y dice: "hace 15 años que vivo en Estados Unidos y acá no es así". Probablemente no sea así, pero poco importa la política exterior de una potencia mundial. Nosotros debemos reformular la propia y mantener relaciones de respeto y reciprocidad con los países vecinos, entre ellos Brasil. Punto final.
Faltan pocos días para las elecciones presidenciales en EE. UU., y sinceramente no creo que la política exterior de cualquiera de los dos candidatos vaya a cambiar. Los países subdesarrollados como el nuestro, seguiremos siendo tratados como tales. Parece ser que estos comicios han calado más hondo en el País del Norte, porque un impresentable como Donald Trump, populista y demagogo, despierta amores y odios. El tipo es millonario, se sabe, y no tiene ningún problema en endulzar los oídos de los yanquis con promesas de deportaciones masivas de extranjeros, sembrando el odio contra los mexicanos y los latinos en general. Algo similar está ocurriendo por estos días en Argentina, cuando las declaraciones "sin filtro" del Senador Miguel Angel Pichetto (FPV), abrieron el debate sobre la inmigración ilegal. Este señor, que ocupa una banca y que debería pensar antes de hablar, apuntó contra los bolivianos y peruanos que llegan a nuestro país, a quienes tildó de "resaca". Es cierto que Pichetto hizo público lo que muchos piensan pero no se animan a decir, por temor a ser acusados de "fachistas". En su fuero íntimo, y dejando la hipocresía de lado, muchos argentinos coinciden con él.
Lo que se podría plantear, sin caer en la xenofobia, es una política de inmigración responsable, reforzando los controles en las fronteras, preguntándole a todo extranjero (no sólo boliviano o peruano), qué viene a hacer a nuestro país, y siendo mesurados con el argumento de que "nos sacan el trabajo". Para empezar, ningún extranjero puede estar indocumentado, ni acá ni en ninguna parte del mundo, inclusive por su propio bienestar, ya que de tener documentación -en nuestro caso- podría acceder a la ciudadanía argentina si así lo desea. Los bolivianos hacen el trabajo que muchos argentinos no querrían hacer, como trabajar en los hornos de ladrillos o en quintas de verdura. Del mismo modo que los argentos hacen en EE. UU. o en España trabajos de lavacopas, mozo, limpieza de casas, o el cuidado de niños. Entonces, ante todo, dejémonos de joder y empecemos a construir un debate en serio, con altura. Lo que sí estoy de acuerdo, es que el extranjero que comete un delito debe ser deportado inmediatamente. Así sucede en la mayoría de los países, que cumpla su condena en prisión y luego que vuelva por donde vino. Si hablamos de chorros, tenemos suficientes entre los nuestros como para ir a "importar" a cualquier otro país. Siempre es injusto generalizar, o caer en lo "políticamente correcto", y es por ello que inesperadamente hubo voces a favor y en contra de los exabruptos de Pichetto. Nunca falta el que deja un mensaje en la radio y dice: "hace 15 años que vivo en Estados Unidos y acá no es así". Probablemente no sea así, pero poco importa la política exterior de una potencia mundial. Nosotros debemos reformular la propia y mantener relaciones de respeto y reciprocidad con los países vecinos, entre ellos Brasil. Punto final.
4 de noviembre de 2016
Cuando el celular se vuelve invasivo
Viernes por la tarde en la ciudad, muy caluroso por cierto. Este anteúltimo mes del año ya nos encuentra a todos un poco agotados, con deseos de tomarnos un descanso o unos días de vacaciones, lo cual no siempre es posible. El ritmo de vida que estamos llevando, aún en el "micromundo" de un pueblo chico, ha ido cambiando. Los trámites, las cuentas por pagar, se multiplican. A mayor confort o comodidades, más llamados hay que hacer a los servicios de Atención al Cliente para que te presten un servicio aceptable. Como dice el tango, "el que no llora no mama". Las compañías de telefonía celular son un desastre, y como en la actualidad casi todos tenemos un teléfono, no pierden oportunidad para informarte por un mensaje de texto (si siquiera lo hacen por escrito en un papel), que te van a aumentar el abono. Otro detalle que he advertido, es que mucha gente aborda cuestiones serias, o casi confidenciales, por WhatsApp. Por supuesto que esto tiene su explicación en que no tiene costo. Hay muchas conexiones de Wi Fi disponibles en este momento. Pero, a mi modo de ver, es demasiado impersonal. Muchos médicos dan turnos a sus pacientes o responden una inquietud por WhatsApp, lo cual me parece una falta de respeto. Podemos determinar caso por caso, pero no podés decirle a un paciente "bajá la dosis de tal remedio" por un mensaje. Lo correcto es buscar un horario fuera del consultorio, llamarlo por teléfono y explicarle los ajustes que sea necesario realizar.
A veces el celular se vuelve demasiado invasivo, y aunque sé que es un tema recurrente, no puedo dejar de mencionarlo. Estar conectado todo el tiempo, que todo el mundo te pueda localizar el cualquier lugar cuando quizás en determinado momento quieras estar solo o tranquilo, asusta un poco. Enviar fotos de momentos íntimos por WhatApp, o con personas desnudas, me parece una tontería, y los mismos que proceden de esta manera después se quejan de que se "viralizó". Eso es una red social utilizada sin control: viralizar, significa que lo que publicaste se expandió de tal modo, que ya se convirtió en una "bola de nieve" y no lo podés parar. Generalmente estos episodios toman trascendencia cuando se van en los "famosos de la tele", pero nadie está exento de que tus fotos pasen de teléfono en teléfono, por eso es mejor ser discreto, al menos en mi caso. Estoy casi seguro de que las parejas que se filman o fotografían teniendo sexo, por ejemplo, tienen esa búsqueda de que otros los vean en la cama, de lo contrario no lo harían y menos con un celular. A la gente le gusta mirar, y ser mirada, fíjense, sin ir más lejos, cuando un sábado a la noche van a un lugar muy concurrido y el resto te mira de arriba a abajo por puro chusmerío. Hay que comprender, quizás, que por esos tan mentados 15 minutos de fama, mucha gente es capaz de cualquier cosa para que su nombre aparezca en los medios. Punto final.
A veces el celular se vuelve demasiado invasivo, y aunque sé que es un tema recurrente, no puedo dejar de mencionarlo. Estar conectado todo el tiempo, que todo el mundo te pueda localizar el cualquier lugar cuando quizás en determinado momento quieras estar solo o tranquilo, asusta un poco. Enviar fotos de momentos íntimos por WhatApp, o con personas desnudas, me parece una tontería, y los mismos que proceden de esta manera después se quejan de que se "viralizó". Eso es una red social utilizada sin control: viralizar, significa que lo que publicaste se expandió de tal modo, que ya se convirtió en una "bola de nieve" y no lo podés parar. Generalmente estos episodios toman trascendencia cuando se van en los "famosos de la tele", pero nadie está exento de que tus fotos pasen de teléfono en teléfono, por eso es mejor ser discreto, al menos en mi caso. Estoy casi seguro de que las parejas que se filman o fotografían teniendo sexo, por ejemplo, tienen esa búsqueda de que otros los vean en la cama, de lo contrario no lo harían y menos con un celular. A la gente le gusta mirar, y ser mirada, fíjense, sin ir más lejos, cuando un sábado a la noche van a un lugar muy concurrido y el resto te mira de arriba a abajo por puro chusmerío. Hay que comprender, quizás, que por esos tan mentados 15 minutos de fama, mucha gente es capaz de cualquier cosa para que su nombre aparezca en los medios. Punto final.
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