Blog de Lobos, ARG, desde hace 20 años en la Web.
20 de noviembre de 2022
Domingo Mundial
19 de noviembre de 2022
Cómo la era digital nos cambió por completo
Sábado por la mañana en Lobos. Hablemos un poco del periodismo 2.0, si querés llamarlo así. Es en esa fase donde ya entran en juego los celulares, las transmisiones en directo, las fotos que se comparten al instante, y todo lo que no vivió el periodista gráfico convencional previo a la existencia de una computadora más o menos sofisticada. Hace 15 años, más o menos, no existían las selfies. La gente no se sacaba fotos a sí misma salvo casos muy puntuales. Hoy, lo hace todo el mundo, y no sé si está bien o mal, pero algo subyace detrás de todo eso. Y sería un hipócrita si me pongo a criticar eso, porque yo también me he sacado una selfie más de una vez.
Si vos buscás ser creativo y marcar la diferencia en lo que hacés, uno de los factores clave es despojarte de todo tipo de prejuicios. Eso no significa, por supuesto, hacerte el trangresor con sensacionalismo barato por el sólo hecho de adquirir notoriedad o llamar la atención. Notoriedad que, muchas veces, te juega en contra, porque la audiencia no es estúpida y se da cuenta de que lo único que pretendés es hacer un enfoque polémico en base a una cuestión que en el común de los casos no la amerita en absoluto. Pero no voy a caer en hacer "periodismo de periodistas", ni en mirarme el ombligo, porque a nadie le interesaría y francamente, a mí tampoco.
Página/12 fue un diario innovador en su momento, con mucho laburo de investigación y unos titulares geniales que no se le hubieran ocurrido ni al mejor estudiante de publicidad. Pero eso fue hace 35 años, por lo tanto a ese diario (como a tantos otros), los lectores asiduos ya le conocen las mañas. Lo que sí resulta más viable es trabajar sobre algo que estuvo a la vanguardia en su momento y redoblar la apuesta, ya sea para cuestionarlo abiertamiente o bien para profundizar esa veta. Como quiso hacer Lanata con "Crítica de la Argentina", un diario que se nutría del germen de aquel Crítica original de Natalio Botana. El periodismo brinda recursos para que no todas las notas o entrevistas parezcan calcadas, digamos. Hay que ver de cuánto tiempo dispone el lector. Si es que quiere ir directamente a los bifes e informarse con los datos básicos, o prefiere un artículo más elaborado con un análisis prolijo. Atención a esto, porque lo que se vuelve largo y no logra cautivar a quien te lee, termina siendo tedioso, y lo más frecuente es que como periodista ni siquiera consigas que lean el texto completo.
Clarín o La Nación escriben para la masa. Es decir, para un público (masivo) que sabe perfectamente con qué se va a encontrar en ambos portales digitales o en la edición papel. Un proyecto independiente bien pensado lleva tiempo, pero si le ponés pilas, podés ganarte el respeto que los lectores que se sienten desencantados con los grandes medios. Hay que decir algo al respecto: Que haya grandes medios, no quiere decir que carezcan de credibilidad. Sí está claro que marcan tendencia para un lado o para el otro, y eso no ocurre solamente en Argentina sino en cualquier país que tenga prensa libre. No es lo mismo leer "Perú 21" (un diario de línea editorial similar a Página 12"), que "El Comercio" (otro medio peruano muy formal y conservador dirigido a la clase media/alta, parecido a su vez a LN). Ningún periodista profesional que haya dedicado tiempo a su capacitación, ejerce su laburo "por amor al arte".
Y cuando los K. te hablan de las grandes corporaciones mediáticas, no es un dato menor recordar que quienes trabajan allí conocen la línea editorial de esos medios, aunque puedan no estar de acuerdo a título personal. Por otra parte, tampoco esas revistas o portales que se venden a sí mismos como "alternativos" van a ir a pérdida económicamente, sólo apuntan a un target o a un nicho de la población que se sienta identificada con el material que se publica ahí. Vos podés laburar para... no sé, una prepaga, digamos (no voy a nombrar a ninguna), y estar en desacuerdo con la política empresaria. Por ejemplo, que te dé bronca que a la gente que paga su cuota todos los meses los atiendan pésimo. Pero o estás dentro del mismo barco, o te vas, si es que no te rajan antes. No hay muchas opciones.
¿Se puede ser buen periodista sin haber estudiado para ello? Claro que sí. No es excluyente. La "contra", quizás, es que muchas cosas las vas a tener que ir aprendiendo sobre la marcha. A menos que te dediques a un rubro parecido, como publicista. Pero aun así, no es lo mismo instalar a un candidato o a un producto de consumo en la opinión pública, que vender información. Por lo menos, así lo veo yo, solía decir el recordado ex árbitro Guillermo Nimo (qué antigüedad hablar de Nimo, por Dios). Tener calle, como muchos se jactan, no es una virtud en per se, es lo que dicen los que nunca leyeron ni un mísero libro.
Si todos sabemos que hasta las religiones son un gran negocio, qué pensar entonces de los medios de prensa, que se definan como independientes. Si no tenés sustento publicitario o una modalidad de suscripción para los contenidos online, ya vas muerto antes de haber comenzado con el proyecto. Otra cosa es saber "venderse", en términos comerciales. Establecer un tarifario y conseguir adhesiones de empresas o peces gordos que te garanticen un margen de ganancias. Si te cuesta ponerle un precio a tu laburo, se va a hacer más cuesta arriba, ni lo dudes. Y en la coyuntura actual de altísima inflación, "explicarle" al cliente por qué le aumentás la pauta -aunque él ya lo sabe-, es una tarea tediosa. Los periodistas no somos jueces ni fiscales, ni pertenecemos a las fuerzas de seguridad. Muchos reciben amenazas y aprietes de toda índole, por no hablar del espionaje ilegal. Yo creo que nunca llegaré a ser famoso o influyente si es que cabe, pero como nunca tuve ninguna de ambas aspiraciones, me siento satisfecho si considero que dí lo mejor que podía, en cada nota, en cada cobertura. Y cada uno, en el laburo que emprenda, seguramente compartirá esa percepción. Nos estamos viendo pronto. Punto final.
16 de noviembre de 2022
¿Sin margen de error?
¡Hola, amigos! Comienzo del finde, y estoy nuevamente en contacto, tratando de darle impulso a este blog, sobre todo por la falta de tiempo que tengo últimamente para actualizarlo como yo quisiera.
Más de una vez
postergás aquello que te da placer y que no está ligado al laburo, porque considerás
que no tenés tiempo suficiente, o porque priorizás un descanso. A falta de
vacaciones en lugares exóticos, tanto unas horas de siesta como una cerveza bien
fría son un buen plan cuando el calor comienza a apretar en la recta final del
año.
Por ese motivo,
afirmar que “no tengo tiempo para…”, puede ser una mera percepción, o un dato
incontrastable que surge de la carga que demanda cumplir una jornada
laboral de 8 horas o más en una persona promedio, alimentarse, pasar a buscar a los chicos al colegio
en el caso de que tengas hijos, ir a pagar las tarifas de luz y gas, y un largo
etcétera de pagar y pagar. Si pretendés higienizarte y además lucir con un
aspecto prolijo, necesitás productos elementales como shampoo, jabón, papel, y
no hace falta seguir enunciando más.
Yo muchas veces reniego de "Yanquilandia"(el famoso American Way of Life). En efecto, no me gusta para nada el estilo de vida de los EE. UU. ni estoy de acuerdo con su política exterior intervencionista. El sólo hecho de que se tomen la atribución de invadir países ricos en petróleo y de derrocar a supuestos dictadores no es algo que me caiga bien. Pero aun así, debemos pensar que los yanquis por algo llegaron a ser la primera potencia mundial. Dejemos de lado por un momento todos los barbaridades y aberraciones que han cometido casi como una cruzada con argumentos inexistentes, y pongámonos a pensar si en Estados Unidos existen los barrabravas, o si los presos se fugan con tanta facilidad como sucede cada dos por tres en una cárcel de Ezeiza, o si la Justicia en el fuero penal es tan exasperadamente lenta como en Argentina. En EE. UU., los afiliados a los partidos políticos (que son básicamente dos) ponen dinero voluntariamente para financiar las campañas, no hay valijeros venezolanos ni grandes empresas que aporten fondos a cambio de prebendas. Lo que quiero decir, en síntesis, es que ningún sistema es perfecto. En los países desarrollados hay un respeto hacia las instituciones que nosotros no tenemos, tal vez porque no nos sentimos representados por ellas. Los yanquis impusieron a nivel global el sistema capitalista con la derrota del bloque soviético en la Guerra Fría. Ellos nos querían hacer ver al comunismo como un grupo de naciones empobrecidas gobernadas por tiranos, que se daban la gran vida mientras el resto del pueblo debía racionar los alimentos para sobrevivir. ¿Les suena? Argentina y muchos países teóricamente capitalistas no se diferencian demasiado de la caracterización antojadiza que se tenía de Moscú. Tenemos democracia y elecciones libres. No es poco, pero con eso no alcanza. Hoy todos sabemos que con la democracia (por sí sola) no se come, ni cura, ni se educa,
Sea como fuere,
retomo la idea inicial de este texto: para los individuos, para las naciones,
para los pueblos, es importante aprender a dar vuelta de página. Lo hizo
Alemania tras la caída del Muro de Berlín. ¿Por qué no intentarlo nosotros?
Tema dos: Revisando el archivo de notas, encontré textos que a la distancia me parecen bien escritos, pero que narran hechos que parecieran de otra persona. No soy yo, es la persona que fui cuando decidí poner en palabras eso que me estaba pasando en un determinado momento. Tiene que ver con muchos factores: con mi estilo de redacción, escribiendo a las apuradas deliberadamente porque así nace más espontáneo, a riesgo de no tomarme el tiempo necesario para buscar un orden preciso (que sea funcional a lo que pretendo expresar).
Redactar un texto sin errores y con ese "gancho" que sólo tienen los grandes escritores lleva tiempo, no es algo que se pueda hacer de un tirón. En este verano en ciernes, trataré de sobrellevar los días cálidos lo mejor que pueda y no dejarme llevar por la locura de “las Fiestas”, o el Mundial, no lo sé.
Pienso que antes de fin de año puede haber cambios importantes en
el Gobierno, y que significará el hundimiento del FDT, pero todavía es prematuro
emitir un diagnóstico irrefutable. Eso sí: Dudo que Fernández y séquito que se dice peronista, reparta sidra y pan dulce a la usanza de El General. Punto final.
14 de noviembre de 2022
Milímetros
(Disculpen los errores de tipeo)
En los países que
adoptaron el sistema métrico, los milímetros se utilizan generalmente para
determinar el calibre de las armas de fuego, o bien para medir con un
pluviómetro la cantidad de lluvia caída. Entre la noche de ayer y la madrugada
de este lunes, se registraron 16 mm. en la Planta Urbana de Lobos. No es mucho
quizás, pero representó un gran alivio luego de varios días en los que imperó ese tufo y
pesadez que son consecuencia de un exceso de humedad ambiente. El domingo estuve
cubriendo las elecciones internas de la UCR. Todo pintaba como para que el
cielo se cayera a pedazos, pero la mayoría sabíamos que no iba a pasar de ahí: La
tormenta eléctrica estaba disipándose porque ya había dejado su estela en pueblos
vecinos. Pero como no me agrada mojarme al pedo y además tengo que cuidar la bicicleta,
tan pronto como se conoció el resultado final y se hicieron las notas con los
ganadores de rigor, volví a casa, me puse a escribir, y así fue transcurriendo
la tarde a resguardo de algo que no intuía como preocupante.
Estas lluvias de
períodos breves y escasos milímetros, son un paliativo, y creo que tendremos
que acostumbrarnos a eso, al menos hasta el año que viene. Lo único interesante
fue la súbita aparición el arco iris, y poder capturarlo en una foto: Cuando
uno lo ve, sea cual fuere el escenario o el “decorado” que lo rodea, no puede
evitar maravillarse por la naturaleza y bla bla blá. No sé si la naturaleza es
sabia, pero más que cualquiera de nosotros, seguro que sí. Debería retomar las
clases de biología, indagar en los ecosistemas y los biomas, y casi sin proponérmelo, recuerdo que fue una de las materias que más detesté en la Secundaria. Me iba pésimo
porque en lugar de abordar esos temas que mencioné, nos hablaban de células,
glóbulos rojos y blancos, es decir, cosas que es necesario saber según un plan elaborado por pedagogos que nunca pisaron un aula, pero que son
de interés de un futuro bioquímico, no de un estudiante promedio de una escuela
comercial. En las pruebas, siempre había uno (o varios) que tenían la dignidad de
entregar de inmediato la hoja en blanco porque no habían estudiado nada, yo me copié
alguna que otra vez, pero no siempre me salió bien. Y aunque parezca una
excusa, yo diría que, si enseñaran contenidos interesantes, habría más
motivación para aprenderlos. Ya habrá tiempo para la microbiología. Si en la
escuela hubiéramos contado con un microscopio, es posible que ver las células “in
situ” y no en una página mal fotocopiada de un libro nos hubiera otorgado algún
estímulo. Pero todo eso ya pasó. Ocurrió en 1995 o 1996, y 26 años es demasiado
tiempo como para teorizar acerca de lo que “hubiera podido ser”.
10 de noviembre de 2022
Día de la Tradición
Día de la Tradición. Prefiero leer literatura gauchesca, o aquellas obras de Esteban Echeverría antes que escuchar folclore. Hubo una época en que lo intenté hacer, pero no es lo mío. Sí puedo admirar el virtuosismo y el talento de guitarristas como Juanjo Domínguez, algunas cosas de Larralde, por dar dos ejemplos. Pero eso no te hace más argentino, como tampoco lo es comer una porción de locro una vez al año. Tanto el gaucho como el cowboy, tal vez sean estereotipos, pienso. Sin ánimo de ofender a nadie, ambos no andan por la calle con todas las pilchas que los distinguen como tales, aunque ese atuendo sí sea utilizado para determinadas tareas de campo. Pero debe ser medio incómodo andar con esas botas de cuero de media caña, con sombrero, rastra, bombacha, y todos los accesorios.
Tema dos: Tiene que haber un motivo valedero para que, al cabo de unos días, necesite expresarme en este espacio, no importa cuál. Un espacio que fue mutando desde 2005 a esta parte. Me demandó alrededor de 3 años encontrarle el perfil que pretendía. No puedo aseverar si ese remedo de mutación ha sido provechoso, pero lo que resulta evidente es que me cuesta más actualizar el blog evitando temas que suenen remanidos o trillados.
En lo sucesivo, pondré énfasis en hablar un poco más de Lobos, ya que hay muchísimo
por hablar y debatir aunque se trate de una ciudad pequeña. Una ciudad que
durante un tiempo indeterminado se ve sumida en la decadencia pero que -nadie
sabe bien cómo ni por qué-, siempre sale a flote del mismo modo intempestivo en que
sucumbió.
Lobos es el
objetivo, porque es lo que nos interesa a quienes vivimos aquí. Quiero volver a
eso, a trazar reseñas breves pero concretas de la historia pueblerina, que se
va escribiendo en el día a día. Esto
incluye el análisis de la actualidad política y de situaciones absurdas que nos
ponen en aprietos, por acción u omisión. Hay muchos funcionarios francamente
poco aptos para el cargo que ostentan. Podría decir que son ineptos, pero antes
de ser tan contundente, debería investigar más a fondo: Ver cómo piensan, cómo actúan en su vida pública, y entonces sí
ratificar mi diagnóstico.
Nunca dejé de buscar esa veta. En la era digital, es necesario
ser más conciso para lograr el efecto esperado de parte de los lectores. No es
casualidad que yo haya decidido llamar a este blog "Cultura Lobos".
Está bueno
debatir temas ligados a la política nacional, pero el temor a ser redundante es una advertencia de tu mente para evitar ser repetitivo como un disco rayado. Los
portales digitales y los canales de noticias están atestados de ese tipo de
material, que en muchos casos no merecería ser considerado periodismo. Claro
que bancarte a Morales Solá durante un hora por TN, se vuelve soporífero también.
Ni hablar de otros kamikazes como Pablo Duggan o el “Gato” Sylvestre.
¿Se puede ser dueño de un estilo, o aunque más no sea, de un enfoque novedoso? Sí, por supuesto. Pero para lograrlo es necesario se requiere ejercitar la capacidad de observación, indagar, dejar de lado la melancolía y la mediocridad que se vuelve un tufo asfixiante, sobre todo para nosotros mismos que somos los que nos vamos tornando mediocres sin darnos cuenta.
Las pequeñas boludeces cotidianas que nos
otorgan algo de satisfacción, me hacen pensar que son dignas de tener su lugar, porque nos nutrimos de ellas. Una charla de café puede ser la excusa
perfecta -o la motivación- para el reencuentro con el otro. Este pueblo
conserva muchas historias que se esconden detrás de cada persona, por algo
somos seres individuales y únicos. Y si a eso le agregamos el poder despojarnos
de prejuicios, cada historia se vuelve más interesante todavía. Me da lo mismo la anécdota de un tipo que duerme en una casilla precaria que la del que vive en un country. Si es buen narrador, te atrapa como un buen libro, de esos que no abundan.
No es un mal plan
quedarse en casa a ver una película por cable o comer una pizza casera con
amigos, lo cual por otra parte me parece un opción bastante factible y que
puede ser atrayente para una persona como yo, que ya dejó atrás todo tipo de
pistas de baile. En realidad, debo decir que tampoco extraño demasiado esa
época. No era ningún Michael Jackson o James Brown si hablamos de bailarines y
cantantes notables.
Durante mucho
tiempo, tuve prejuicios con la música electrónica. Inclusive, me
resultaba insoportable. Pero luego de escuchar a Daft Punk a The Wekend, cambié
mi percepción. Por no mencionar lo que se conoce como synth pop, la piedra
fundacional de lo que hoy tiene más beats por minuto y un ritmo frenético. Podemos
nombrar a los Pet Shop Boys, New Order, Depeche Mode, The Human League… y si se
trata de artistas argentinos, uno de los pioneros de esa movida fue Daniel
Melero, hay que reconocerlo, aunque no sea de mi agrado (a nadie le interesa
que a mí no me guste, desde luego). Mi mayor aporte a la tradición, por
minúsculo que resulte, es el de tomar mate y haber aprendido a prepararlo de un modo aceptable. Sobre todo, mientras escucho música o leo algo
que me parece bien escrito. Una aspiración que se renueva en cada nuevo texto:
Escribir bien. Nos estamos viendo pronto. Punto final.
7 de noviembre de 2022
Escasa euforia pre-Mundial (hasta ahora)
Lunes 7. Faltan 15 días para el comienzo de la cita máxima del fútbol mundial. Por supuesto, no voy a descubrir nada al afirmar que todos estos eventos masivos son un gran negocio: Derechos de televisación, sponsors, contenido "premium" que los canales de deportes suelen agregar como un plus para los abonados a esas señales de TV. Lo mismo ocurre en EE. UU, con el infame Super Bowl, sólo que se trata de un solo partido que define y unifica el ganador de dos confederaciones. Hablar de Liga Mundial, como suele hacerse, es un apelativo desmesurado porque sólo compiten equipos del país del Norte, que en su mayoría son franquicias (como ocurre con la NBA). Pero dejemos eso de lado porque a nadie le interesa.
Cada nuevo Mundial de fútbol, se vuelve más sofisticado, con infinitas cámaras para captar no sólo los goles que en definitiva son los que sentencian el resultado del match. Cada infracción o falta de un jugador hacia otro será repetida hasta el hartazgo, no sólo por el presunto interés de la audiencia en determinar si esa falta fue real, sino porque además el VAR contribuye constantemente a interrumpir el juego, para determinar si agresión realmente existió, lo cual le será comunicado al árbitro para que actúe en consecuencia. Acá en Lobos, si bien todavía restan 15 días, no parece haber mayor intereses en el Mundial. Para quienes han leído una nota anterior que dediqué al mismo tema, digamos que hay otras prioridades. Ello sumado al hecho de que los partidos de la Selección, particularmente el debut, será televisado en un horario insólito (7 AM), pero que tiene como finalidad privilegiar el huso horario de los países de Europa.
Algo que nunca está de más mencionar, es que cada vez que la Selección iba a competir como favorito, nos ha ido invariablemente mal: Pensemos en 1994 (con el doping de Maradona y todo lo demás), 2002 (un país sumido en la crisis que ni siquiera pudo obtener una mínima satistacción con la conquista del trofeo), y ahora, en 2022, está pasando lo mismo. Haber clasificado holgadamente para el Mundial no garantiza en absoluto alcanzar la gloria una vez que dé inicio la competencia. Te lo dice alguien que no es experto de fútbol, ni mucho menos periodista deportivo. El último Mundial (Rusia 2018), fue un papelón, al punto tal que los propios futbolistas argentinos estaban disconformes con el entrenador y "dibujaron" ellos mismos su propia estrategia de juego. El DT fue elegido para conducir al plantel, no para permitir que sus dirigidos le "sugieran" cómo debe jugar el equipo. De todos modos, nos fue pésimo. Tal vez sería bueno aceptar que Argentina dejó de ser una potencia futbolística hace rato, desde 1990 en adelante, sin contar algunos certámenes menores como la Copa América y otros que en este momento no recuerdo.
Por eso, siempre es mejor ir de "punto" y no de "banca". Nadie daba un peso por el plantel del ´86, y ya sabemos cómo terminó la historia. De hecho, la clasificación para ese Mundial fue bastante agónica y Bilardo (el DT de aquel entonces), era seriamente cuestionado por la misma prensa que luego lo consideró casi un prócer. Como decía en el primer párrafo, es posible que a medida que se aproxime la fecha de la Copa del Mundo haya mayor entusiasmo, y si la Selección hace un digno papel, obviamente que los televisores en bares y casas de familia estarán al rojo vivo.
Messi integra el plantel, creo yo, más que nada por darse un gusto personal. Sabe que es titular indiscutido, aunque para los estándares del fútbol profesional ya es un veterano. Y como cualquier deportista de elite, perdió la velocidad y las increíbles gambetas de sus mejores épocas en el Barcelona. Así y todo (haciendo futurología), cualquiera que vea los partidos de la fase de grupos cuando llegue esa instancia, podrá advertir si lo que estoy planteando es real. Messi, hoy por hoy, "camina" la cancha, aunque conserva la habilidad para meter buenas asistencias o pases gol. O, quizás, haciendo futurología, hasta convierta algún gol de penal, siendo consciente de que los arqueros estudian bien el modo de patear los penales, sobre todo cuando ya entramos en octavos o cuartos de final. Pues bien, amigos, la suerte está echada, habrá polémicas por doquier, pero cuando termine el Mundial, cada uno volverá a lo suyo, porque ni la AFA ni los jugadores nos van a dejar plata en los bolsillos a fin de mes. Nos estamso viendo pronto. Punto final.
PD: Sepan disculpar los errores de tipeo, escribí esta nota de un tirón y a veces se me escapan esos detalles
5 de noviembre de 2022
Evitemos ser contaminados por estúpidos
Noviembre comenzó con una progresiva escalada de calor que es natural para esta época. Todavía es tolerable, no llega a agobiar. ¿Qué nos resta esperar de esta parte hasta fin de año? Resistir y disfrutar a la vez, según el contexto. Cada uno tiene sus proyectos y trata de encauzarlos dentro del escenario actual. La sociedad nos empuja cada vez más hacia la inmediatez. No siempre estoy de acuerdo con esa vorágine, pero no es ni más ni menos que el pulso del tiempo de hoy. No sé si es conveniente hacer proyectos a largo plazo, pero aún así sigue siendo mejor que mirar hacia atrás. El futuro es importante, y para consolidarlo, digamos, no hay que perder de vista lo que está sucediendo ahora mismo. A cualquiera le embarga la frustración ante un emprendimiento que no se pudo concretar, o que no salió como esperaba. Es totalmente comprensible. Al menos lo intentaste, y no es un consuelo para salir del paso. Es la realidad.
Hoy es sábado por la tarde/noche y mientras tomo unos mates me surgen estas reflexiones, que seguramente las he plasmado cientos de veces pero que de algún modo emergen de vez en cuando, porque están sustentadas en mi historia personal y en el diálogo que tengo con la gente que conozco. Cuando un proyecto no da el resultado esperado, te sentís un poco "acobardado", o reticente como para apostar por otro. Cabe aclarar que la incertidumbre no está ligada solamente por lo económico, sino con que el temor de repetir otro fracaso provoca un efecto demoledor, por más pilas que le hayas puesto antes.
Sin embargo, el problema esencial es este: Nos cuesta saber realmente qué es lo que queremos hacer, o cómo actuar al sentirnos desbordados, con varios frentes por delante, apagando incendios constantemente. Pero mientras estoy sentado con la única compañía de la radio y el mate, pienso en que estamos todos en la misma. Lo dije en el párrafo anterior: No pasa por una cuestión de dinero. Hay un mínimo porcentaje que podría afirmar que ya tiene con "la vida hecha", por así decirlo, en base a sus ingresos y que por lo tanto transitará lo que le queda con holgura. La comodidad de la vida burguesa que todos añoramos en secreto es un deseo direccionado a buscar lo previsible. La casa, el auto, los hijos, los ahorros, ¿las vacaciones? Es la expectativa de muchos, y no puedo afirmar si está bien o mal. ¿Pero qué es todo ese combo, acaso comprar felicidad en cuotas? Nadie duda que es gratificante tener una familia y poder darles lo mejor, pero no caer en una dependencia donde el afecto que vos recibís se convierta en un trueque. Si vos tenés la convicción de que estás haciendo lo correcto y no te respalda ni el perro que sólo sabe ladrar, no les des bola, dale para adelante. Por esas vueltas de la vida, es probable que terminen siendo ellos los equivocados y que, con los hechos consumados, te den la razón.
Están aquellos que saben reaccionar con mayor rapidez y eficacia ante la coyuntura, y otros a quienes las que les cuesta más. A nivel macro, hasta no hace mucho, a mí se me hacía difícil cortar con aquellas cosas que todos queremos olvidar pero que de alguna forma nos limitan. Lo único que aprendí es que a la vida debemos disfrutarla como si nos pusiéramos una camisa que nos gusta en el probador, de lindos colores, y que nos calza con el talle perfecto, sin importar lo que nos diga el empleado de la tienda.
La mayoría de nuestros actos forman parte de lo cotidiano, y es probable que por ese motivo no les demos valor. Esperamos un gran acontecimiento, y eso nunca pasará, menos aún si ponés una vara muy alta. Esto sucede con frecuencia. En una sociedad complicada, cada uno busca su refugio. Si no encontramos algo que nos brinde un poco de paz, vamos a terminar colapsando, porque todo el tiempo nos estamos maquinando la idea de salir a flote, con la constante desconfianza de que alguien pretende cagarnos, y nadie sabe qué sucederá mañana. En algún momento, es bueno bajarse del caballo y emprender una etapa de redescubrir aquello que nos gusta (o nos gustaba) hacer: Si no lo logramos, continuaremos en medio de la confusión y el desconcierto.
Tampoco nos damos el tiempo necesario
para hablar de lo que nos pasa, para escuchar un consejo sincero, porque vamos a mil,
porque sentimos vergüenza, o por lo que sea. Nos cuesta demasiado expresarnos sin rodeos, y como hay mucha gente despreciable y miserable, no es fácil encontrar alguien a quien confiarle algo que (obviamente) no se lo diríamos a cualquiera que ande
caminando por la calle.
A los que leen esta nota, podría decirles: Ojalá podamos dejar de lado ese entorno que nos contamina, y rodearnos de gente que nos ayude a crecer, que no sea mezquina. Hay mucho talento lobense, y eso sí es algo que me enorgullece. Esos pibes que, sin estridencias, se esfuerzan por superarse y trascender. Son ellos quienes hacen la mayor contribución para jugársela desde la música, el dibujo, o las artes plásticas. En síntesis, diría que constituyen el reservorio cultural para las próximas generaciones. Nos estamos viendo pronto. Punto final.
Es hora de tomar al toro por las astas: Te explico por qué
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