24 de marzo de 2007

Ideas claras

"El fracaso no existe, el único peligro es creer que existe y por lo tanto armar una historia de fracaso a partir de esa creencia. Por ejemplo: tener una sola imagen del éxito, lejana, muy exigente, idealizada. No transar, no negociar, no aceptar las vueltas de un proyecto".
Alejandro Rozitchner (Filósofo)

17 de marzo de 2007

DE NUEVO EN CONTACTO


Hola, cómo va todo por allá? Aquí estoy, retomando el contacto tras un tiempo de ausencia. Paso a enumerar algunas ínfimas novedades, condimentadas con unos breves comentarios de mi cosecha:
- Este blog originariamente se llamó "Cultura Lobos", y así se dio a conocer públicamente. Hace más o menos un mes, y para dar cuenta de la diversidad de temas que se abordan en este sitio, decidí cambiarle el nombre por uno que resultara más abarcativo, sin que ello implique un cambio en la URL (dirección de Internet), que sigue siendo la misma. No me pregunten por qué tomé esa decisión, tampoco hay que tomárselo muy en serio, al fin y al cabo el contenido sigue siendo el mismo. Bueno, el asunto es que se me ocurrió, en un rapto de lucidez y originalidad, llamarlo "Libreta de apuntes". Pues ahí estaba yo, satisfecho con la nueva denominación que le había dado a este espacio, cuando me di cuenta de un detalle tan previsible como ignorado. El problema es que mucha gente tipea "Libreta de apuntes" en el buscador Google y se encuentra con este blogcito, que a lo mejor dista mucho de ser lo que deseaban encontrar . A ellos, les pido disculpas, pero bueno, es lo que hay. Quizá en un corto plazo se me ocurra cambiar el nombre del blog nuevamente, con lo cual sobrevendrá una nueva multitud de internautas que perderán su valioso tiempo ingresando en un sitio que no tiene nada que ver con sus intereses.
- Otra cosa: este blog recibe un número interesante de visitas, para ser un sitio que no da nada gratis (me refiero a que no permite bajar música, ni videos), para ser un sitio casi sin fotos, y si tenemos en cuenta que además no tiene ningún tipo de aspiración comercial. He instalado un programa que me permite identificar la procedencia de las visitas, y el tiempo que cada una de ellas permanece en este sitio (tranquilos, no se dejen llevar por la paranoia que sólo es un procedimiento de rutina... además -y por si hiciera falta aclararlo- no es posible conocer la identidad del internauta). Lo concreto es que hay tipos que caen acá de pura casualidad, vía Google, y hay otros que lo hacen con plena conciencia de sus actos, tipeando la dirección. Eso está bueno. Me gusta sentirme visitado tanto por un coreano que entró vía Google, como por un amigo que tipeó la dirección.
- Como es sabido, éste es un año electoral, y desde acá voy a seguir con la misma línea editorial de los comienzos, evadiendo prolijamente todo lo que tenga que ver con la campaña. Quienes estén interesados en encontrar ese tipo de cobertura periodística podrán hacerlo en otros lugares.
En fin, en este post procuré resumir, en apretada síntesis, una serie de cuestiones que voy a desarrollar más exhaustivamente en el futuro.
Nos estamos viendo.
Patricio

7 de marzo de 2007

Un texto para comenzar marzo con una visión positiva


Recorriendo la web, encontré este interesante artículo que quería compartir con los lectores:


LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD


Por el licenciado Renny Yagosesky (ryagosesky@cantv.net)


Fuente: www.laexcelencia.com


Desde siempre se ha hablado sobre el tema de la felicidad. Se le coloca como el gran anhelo humano, pero se acepta que pocos llegan a conocerla. ¿Qué es la felicidad? ¿Es realmente posible alcanzarla?¡Hay una o varias felicidades posibles?.

Aunque un tema tan trascendente y vasto no es posible abarcarlo en un escrito breve y subjetivo, he querido asomarme a él, ofreciendo una visión sencilla, y probablemente útil.

Como definición, puede decirse que en su sentido más básico, la felicidad es un estado de satisfacción, plenitud o regocijo íntimo y personal, que se caracteriza por sus efectos benignos en todos los órdenes de nuestra vida. Por el contrario, la infelicidad sería concebible como un estado interno limitador, que se manifiesta en lo que pensamos y hacemos. Generalmente, la infelicidad se asocia a la frustración que se experimenta por la ausencia de amor, o de reconocimientos y logros.

Para facilitar la comprensión, diré que la felicidad tiene varios niveles o eslabones. Creo que hay al menos cinco niveles reconocibles de felicidad, alcanzables a través de ciertos mecanismos de acceso. Estos son: felicidad sensorial, felicidad emocional, felicidad material y felicidad espiritual. Me explico:

De acuerdo con este modelo que propongo, el primer nivel de felicidad, es básico y se relaciona con el comportamiento infantil, y puede obtenerse en forma de placer a través de los cinco sentidos que típicamente conocemos. Aquí, nos referimos a la gratificación que se deriva de complacer, instintos, necesidades primarias y deseos puramente sensoriales. Ejemplos de este tipo de felicidad son: el placer obtenido al comer. Es un nivel primario de felicidad que cambia con las circunstancias. Es casi siempre fugaz.

Después de este primer tipo, existe la felicidad emocional, que se relaciona con los afectos y las relaciones interpersonales que compartimos. Esos momentos en los que recibimos atención y amor son para nosotros momentos felices, aunque no eternos. Por ende, se desvanecen con facilidad. Además, su existencia depende de lo que otros nos brindan.

El tercer nivel, que he llamado de "felicidad material", se basa en los logros y en el significado que por cultura o convenio social adjudicamos a estos. Graduarse en el liceo o en la universidad, obtener un trabajo o un ascenso laboral, tener una pareja "bella" y otros logros que percibamos como coherentes con nuestros valores, criterio o creencias entrarían en este nivel. Puesto que es factible que lo que hoy sea importante para nosotros, mañana pueda no serlo, también estamos frente a un nivel pasajero de felicidad.

Existe otro nivel de felicidad mucho más complejo, que surge como resultado de la madurez y la experiencia; se relaciona con la independencia mental. En este nivel la felicidad no se basa en lo que se obtiene materialmente, sino en la capacidad de disfrutar de lo que sea que se tiene. En este nivel se depende cada vez menos del aplauso social, pues se busca y valoran más el silencio, la armonía y la paz; se han rebasado los estereotipos y se ha encontrado un estilo de vida propio que resulta confortable, relajado y autocontrolado. Hay una visión integrada del hombre y la naturaleza y se valora todo y a todos. Es una nivel en el que ha comenzando a ser vendida la parte animal de nuestra naturaleza.

El contacto con otros es claro, asertivo y responsable, derivado lógico de una alta autoestima que revela coherencia entre pensamientos, palabras y obras. Quien llega aquí, ha ganado la batalla a la monotonía, a la confusión y al aburrimiento. Las potencialidades se reconocen y usan adecuadamente. Hay presencia sin imposición; sabiduría sin ostentación. Fuerza y humildad. Al ver a alguien así, nos sentimos atraídos o duramente confrontados. Son espejos que nos muestran nuestros poderes y miserias.

El quinto y último nivel de felicidad es el de la trascendencia de uno mismo. Es el nivel que han alcanzado los grandes maestros gurúes y santos autorrealizados espiritualmente. Cada uno de sus pensamientos, palabras y actos son plenamente conscientes. Han logrado ir más allá de lo que captan los sentidos y han logrado contactarse con lo más profundo de sus naturalezas. Para ellos, la felicidad sólo es posible en la integración, el servicio, la compasión, y la sanación de todos, sin excepeción. No creen en la muerte y su vínculo con la naturaleza es reverencial. Han desechado de sus vidas todo vestigio de egoísmo y violencia, por lo que su sola presencia es un bálsamo curativo e inspirador: Personajes como: Buda, Lao Tsé, Jesús, Babji, Yogananda, son ejemplos de este nivel de felicidad.

Y en cuanto a la pregunta de si es posible ser feliz, la respuesta es sí, aunque lo importante es preguntarse cuál es el tipo de felicidad que deseamos realmente alcanzar. Porque a decir verdad, no todos requieren el mismo trabajo.

26 de febrero de 2007

Días de radio














La nueva programación de Radio Continental (AM 590) es deplorable. Es una pena, pues muy a mi pesar tuve que cambiar de sintonía cuando ya hacía varios años que me había acostumbrado a escuchar esa emisora. Esta moda de los periodistas deportivos devenidos en conductores matinales no me termina de convencer, pero ahí están, opinando de toda clase de cuestiones sin ningún pudor, y esforzándose todo el tiempo por demostrar que son algo más que meros relatores de fútbol o cronistas deportivos, tal es el caso de Víctor Hugo Morales y Juan Pablo Varsky (este último, en la mañana de FM Aspen). De Varsky no puedo decir mucho, dado que sus columnas del suplemento deportivo de La Nación me aburren y me provocan un fastidio inenarrable con sus pretensiones de originalidad y esos atisbos de erudición que ofrece sin que nadie se lo pida, haciendo estúpidos juegos de palabras entre el título de una película o una novela y el resultado de un partido. De Víctor Hugo puedo decir que es un hombre con inquietudes más elevadas, pero desde hace ya largo tiempo ostenta una soberbia mal disimulada que no me motiva demasiado a escucharlo.
Sin embargo, hubo dos hechos fundamentales que precipitaron mi decisión de decirle adiós a Continental: los alejamientos de Rolando Hanglin y Alejandro Dolina. Sus reemplazos fueron escogidos sin el más mínimo sentido común. Lo correcto hubiera sido buscar personas cuyas condiciones y estilo estén acordes con los programas que debían reemplazar. El espacio de la medianoche ha sido ocupado por Alejandro Apo, un tipo muy respetable para relatar crónicas futbolísticas pero que me sumerge en un tedio difícil de explicar. Con frecuencia apela a la nostalgia, a los "códigos de barrio", a la barra de amigos, el faso, el café, y demás íconos de la decadencia argentina, amén de ser estereotipos propios del porteño y no del hombre del Interior.


Me provoca escozor tener que sintonizar Radio 10 para escuchar a Hanglin o a Dolina, pero sin perjuicio de ello pienso que es una buena manera de dar por tierra los prejuicios que uno tiene. En definitiva, no me importa si Radio 10 es la voz de la derecha más reaccionaria de la Argentina, en tanto que no me siento parte de ella y sólo busco escuchar los programas que me gustan. Por eso, no comprendo la desilusión y bronca de los "fans" (por así llamarlos) de Dolina, al enterarse de que éste iba a mudarse a Radio 10. Hasta donde yo sé, la estructura del programa y las convicciones que Dolina sostiene en su ciclo radial siguen siendo las mismas que cuando estaba en Continental. Así que sólo resta bajarse del caballo y esperar a ver qué acontece con las emisoras más escuchadas de la radiofonía argentina.

18 de febrero de 2007

LOS AÑOS MARAVILLOSOS












(Publicado originalmente en 2007)
 
Cada vez que compro un cassette de audio me prometo a mí mismo que será el último. Para el común de las personas se han vuelto adminículos obsoletos, dado que no conservan la calidad de sonido por mucho tiempo y no ofrecen la ventajas del audio digital. Si el CD ya había amenzado seriamente su existencia, .el golpe de gracia se lo terminaron de asestar los reproductores de MP3, que en su gran mayoría vienen provistos de la opción de grabación de voz. No obstante, el cassette es un objeto entrañable, que nunca falta en el bolso del periodista o de todo aquel que desee documentar un determinado hecho.
Recuerdo cuando yo era un pre adolescente, y en la Argentina adquirir un disco de vinilo resultaba tarea ardua para los bolsillos flacos. Además, como es sabido, con los LP había que tomar varios recaudos para evitar que se rayaran, no sólo en el modo de manipularlos sino también en la forma en que se los guardaba pues se lo contrario se deformaban.

La cuestión es que yo grababa mis canciones favoritas de la radio en un casette virgen, como muchos chicos, y luego esas mismas canciones, aún cuando estaban cortadas (como todo tema de alta rotación radial) , con interferencias, y con la voz del locutores presentando el tema, servían de bandas de sonido en “asaltos” y fiestas.

En aquellos años (1989/1990), el último chiche, el artefacto más codiciado, era el radiograbador con doble cassettera, que permitía hacer copias de cassettes originales, incluso con la ventaja de ahorrarle tiempo al improvisado pirateador gracias al “high speed dubbing” (conocido aquí como “copiado rápido”).

La “Z 95” (hoy radio Metro, 95.1 Mhz) era la radio más escuchada por los chicos ,y -como sigue sucediendo hoy- eran necesarias verdaderas proezas para sintonizarla correctamente con nuestros humildes grabadores, pues era una emisora de baja potencia si la comparamos con otras FM de Buenos Aires, que en el común de los casos son difíciles de sintonizar en Lobos si no se cuenta con una buena antena (aclaro que hablo de radios hogareñas, no de autoestéreos). En la actualidad ocurre algo similar con los que desean esuchar la “Rock and Pop” desde un equipo de audio doméstico. Salvo que se disponga de una buena antena, resulta imposible.

El primer cassette original que quise comprarme fue un compilado. Se llamaba “17 top hits 1990”, e incluía temas de U 2, Kiss, Wet Wet Wet, Swing Out Sister, y Tears for Fears, entre otros. La curiosidad me llevó a buscar en Internet si alguien tiene algún ejemplar de aquel cassette pero los resultados hasta el momento han sido infructuosos. Recuerdo que salía cerca de 50.000 australes. Con la inflación carcomiendo nuestros ahorros, se me hacía imposible juntar el dinero para llegar a esa cifra. Mi abuela, una de las personas que más felicidades me ha dado, me regaló el cassette para mi cumpleaños. Hace tiempo que el citado cassette pasó a mejor vida, y a pesar de que ya he conseguido todos los temas que contenía (tampoco era algo muy difícil), es una pena no tener el placer de escucharlo, con ese “soplido” característico que produce la cinta magnética. Punto final. 

11 de febrero de 2007

Cambios de clima









Existe una paranoia generalizada en torno a determinados temas que de un día para otro ganan las primeras planas de los diarios, como el cambio climático. Cada tanto tiempo (digamos, cada 15 o 20 días) , aparece un tema que provoca la inquietud general, llega a las tapas de los medios y luego se desvanece. Es así. Ya deberíamos acostumbrarnos a que sea así, pero yo no puedo. 

Creí que el “tema del verano” iba a ser el crimen del country de Río Cuarto, y todo iba orientado en esa dirección, pero -afortunadamente- las cosas no salieron como las aves de rapiña periodísticas pretendían y hubo que escribir otra novela de verano. Siguieron con la detención de la viuda de Perón. El tema acaparó mayoritariamente la atención de los medios gráficos, no así televisivos, de manera que el poder de las pantallas pudo más que la palabra impresa y el tema cayó en el olvido. Una eficaz cortina de humo para desviar la atención pública. 

Pero hay más: Y ahora me vienen a agitar las aguas con esto del cambio climático! Hace más de diez años que en los países desarrollados se ha tomado conciencia de la existencia del problema. Pero como acá siempre somos el vagón de cola del mundo, recién ahora nos damos cuenta de que los veranos no son tan calurosos como antes, ni los inviernos tan fríos. Además, como Buenos Aires queda lejos del Chaco, Corrientes o Tucumán, a nadie le importó que durante todos estos años esas provincias hayan sido víctima de inundaciones y temporales que arruinaron la vida de miles de personas. (Del mismo modo en que nos enteramos de los casos de desnutrición por las cámaras de TV). Ahora bien, si la sensación térmica llega a 38º en la esquina de Callao y Santa Fe, todo el mundo se escandaliza. 

“La ciudad es un horno”, reza la placa roja de Crónica TV. Debaten meteorólogos, y no falta algún trasnochado que presagie cataclismos o busca encontrar explicación al fenómeno en predicciones azarosas. Una muestra más de la hipocresía y la mediocridad en la que estamos sumidos.

2 de febrero de 2007

Esas motos que van a mil....




Sábado por la tarde. Decido salir de mi madriguera y recorrer la ciudad sin demasiadas expectativas, buscando sólo distensión. Intento cruzar una calle cuando el atronador sonido de una motito de 50 cc. con escape libre me taladra los tímpanos y me arranca de mis pensamientos. A bordo del citado vehículo se encuentra un individuo que porta una gorra, a pesar de que el cielo plomizo sólo presagia un aguacero. Mi mente se esfuerza por comprender hasta dónde llega el complejo de inferioridad de este tipo, que quizá desea tener una moto de alta cilindrada (como muchos de nosotros) , pero como no puede hacerlo, se contenta con "personalizar", "customizar" (verbo horrible acuñado por el spanglish), o "tunnear" su insignificante ciclomotor. El tipo podría circular tranquilamente con un ciclomotor normal, pero no, el tiene que sobresalir del resto, lucirse ante sus amigos, pintar la motito de negro, estacionarla en un ángulo de 45º en frente a la plaza, agregarle stickers con llamitas, cambiarle el manubrio, retocar el motor, cambiarle las llantas, etc. etc... y por sobre todas las cosas, ruido, mucho ruido. Sí, eso es fundamental para este sujeto, miren todos, tengo esta Harley Davidson del subdesarrollo y me gusta exhibirla, miren como invertí todo mi dinero en hacer de éste un auténtico prodigio del diseño. Los "gorras", como se los llama peyorativamente, son una tribu urbana que se distingue, precisamente, porque todos quienes la componen llevan como atuendo una gorra virtualmente pegada a la cabeza, en toda circunstancia, lo cual hace incomprensible esa actitud. Es simplemente un código, un símbolo de pertenencia a un grupo.
Los "gorras" ya tienen la entrada prohibida en la mayoría de los pubs y bares de nuestra ciudad, de un modo más que explícito: en la puerta de entrada de estos sitios han colocado un cartel que reza: "Prohibido el ingreso con gorra o visera. La casa se reserva el derecho de admisión y permanencia (esto último, como para evitar que los acusen de ser discriminatorios).
Sería una generalización absurda de mi parte decir que los "gorras" son necesariamente delincuentes o vándalos en potencia por el sólo hecho de tener una gorra en la cabeza, pero no estaría de más indagar acerca de cómo se masificó el uso de un atuendo que hasta hace poco tiempo no tenía ninguna connotación en especial y cuya modesta finalidad era la de protegerse del sol.

La magia sigue intacta

  Martes en la ciudad. Ya arrancamos la semana. Ayer lunes, minutos antes de levantarme, pude ver por las rendijas de la persiana algunos tí...