29 de diciembre de 2020

¿Nos espera un "verano cruel"?

 Calor extremo. Calor que quema. Probablemente éste ha sido el día más agobiante de 2020. Anoche cayeron unas tímidas gotas, que solamente sirvieron para que se levante más humedad y que el día siguiente (o sea hoy) resultara insufrible. Intenté dormir una siesta (otra cosa no se podía hacer a las tres de la tarde), pero di vueltas en la cama sin éxito. Eso aumentó muy malhumor, y cuando eso ocurre, me pongo bastante hinchapelotas, más de lo normal. No sé si me levanté con el pie izquierdo o qué, pero a ello se sumó que no teníamos una gota de agua corriente. Esto último lo sabía por un comunicado que envió Obras Sanitarias. Hay gente que no tiene agua desde el sábado, la verdad es que me pondría histérico si padeciera algo así. En fin, tuve que recurrir a un balde para higienizarme como pude, hasta que a últimas horas de la tarde este vital elemento volvió a brotar de las canillas. Olvidé mencionar que hoy por la mañana me caí de la bicicleta cuando me disponía a volver a casa, de la forma más estúpida. En consecuencia, me lastimé la rodilla y tuve que gastar en gasas, pomadas y antisépticos para la piel. A raíz de esto pienso que por un tiempo no es aconsejable que me meta a la pileta hasta tanto se cure la herida.  

Hoy fue el primer día en el cual padecí el calor y el sol calcinantes como pocas veces en este año que se va. Como transpiro demasiado y pierdo mucho líquido con el sudor, trato de hidratarme lo más posible. Debido a que el Ministerio de Salud no permite el uso del aire acondicionado en los comercios (o en la mayoría de ellos), cada vez que entrás a un negocio (sobre todo si hay aglomeración de clientes), terminás empapado. En este momento estoy tomando unos mates, pero con el agua a una temperatura menor a la habitual por ese mismo motivo. 

¿Nos espera un "verano cruel"? No lo sé, todo parece indicar que sí. Pero no queda otra que hacerle frente, aunque sea con un modesto ventilador. Y procurar dormir una siestita reparadora, que te permite descansar el cuerpo, desconectarte por unas horas de todos los pensamientos inútiles y encarar el resto de la tarde un poco mejor. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 

27 de diciembre de 2020

Cortocircuitos en medio de la pandemia

Me parece una canallada que desde medios como TN o La Nación + se siga boicoteando la vacuna rusa, sobre todo el opinólogo estrella Nelson Castro, que por ser médico además de periodista es considerado una eminencia para dar su parecer cualquier enfermedad o pandemia. En primer lugar, una voz autorizada sería la de un infectólogo, que exponga con argumentos sólidos y sencillos sus objeciones (o no) a la Sputnik V. Hay muchísimas críticas para hacerle al Gobierno, pero ahora que están llegando las dosis hay que acompañar el esfuerzo y no sembrar la desconfianza sobre los resultados. En el peor de los casos, la vacuna puede ser inocua, pero de ninguna manera es perjudicial para la salud. Además, su aplicación es optativa. Por supuesto que hay muchos intereses en juego, no vamos a ser necios. Ni la salud pública se salva del juego político. Los canales de noticias que están en la grilla de cualquier abono de cable son los mismos. Sabemos que C5N es abiertamente oficialista, pero al menos los conductores y cronistas no ocultan esa condición. Llamalo "periodismo militante" o como quieras, pero está claro de qué lado están. Y se nota que el canal ha crecido en audiencia, porque el resto tienen todos el mismo discurso. No sé si quieren que vuelva Macri o qué, pero veo poco probable que el Gato vuelva a postularse. Probablemente lo hagan Vidal o Bullrich, que representan el mismo pensamiento. El problema de Macri fue, paradójicamente, comunicacional. Nunca logró convencer a la sociedad de que era necesario el ajuste descomunal que hizo. Y a decir verdad, uno puede hablar de déficit fiscal o de lo que fuere, pero el bolsillo de la gente es el termómetro que olvidaron tener a mano. No pudieron controlar ni la inflación, ni la estampida del dólar. Tomaron medidas con un sesgo más social ya con los hechos consumados, como la eliminación del IVA para alimentos esenciales. Hay una oposición que surge cuando las cosas no van bien, y otra que existen siempre porque pertenece a la fuerza política opuesta que fue derrotada, en este caso el kirchnerismo. Macri desperdició una oportunidad histórica cuando la gente le otorgó el voto en las urnas. Resultó ser un inepto, que en lugar de escuchar a la calle, lo hacía con Durán Barba o sus amigotes ministros. Endeudó al Estado con una suma exorbitante que nadie sabe dónde fue a parar, lo que está claro es que la calidad de vida de los argentinos no mejoró en absoluto. 

Pero atención, porque el kirchnerismo volvió al poder "recargado", con sed de revancha y un doble comando evidente entre el Presidente y Cristina. Alberto no puede romper con Cristina, porque sería un suicidio político. Fue ella quien lo puso donde está. Se mostró como un moderado durante la campaña, un tipo conciliador, y quizás lo sea, pero no puede ejercer ese perfil porque el kirchnerismo duro le está pidiendo otra cosa. Como nadie resiste un archivo, basta con indagar en You Tube para ver las duras críticas que Fernández le hizo a Cristina. Ella lo sabe, desde luego, pero eligió a alguien que ponga la cara para inmolarse al "proyecto", que al día de hoy no sabemos cuál es. En un punto, son tan ignorantes los oficialistas chupamedias como los opositores sistemáticos. No pueden sacarse ese chip de la cabeza. No abundan voces críticas dentro del peronismo, están todos alineados detrás de "la conducción". No sorprende, ya que esto ha sido así en los años de apogeo de Menem. Yo no apoyo incondicionalmente a nadie, ni le doy un cheque en blanco. La pelea está en el seno del oficialismo, mientras las sociedad espera que esta tensión constante cese algún día para encarar políticas públicas de fondo. Punto final. 

 

26 de diciembre de 2020

Tratando de vencer el miedo a lo desconocido

¿Cómo afrontar el 2021 de la mejor manera? Imposible saberlo. Podría decir que hay que ir "tanteando el terreno" y mantener la tranquilidad, pero como estamos hablando de un ciclo que todavía no empezó y nadie tiene la bola de cristal para analizar el futuro, se nos abre un escenario desconocido. Si tengo que recapitular acerca de todo lo positivo que pude hacer o concretar este año, diría que son logros modestos, como haber leído mucho más, dedicarme a actividades recreativas entre cuatro paredes que ya creía olvidadas, mejorar sustancialmente mi desempeño en la tele. Cuando empecé con ese proyecto, en 2019, recién pude manejarme con soltura a mitad del año. Y cuando arrancamos la segunda temporada, pude manejar mejor los tiempos de la entrevista, realizar más preguntas polémicas sobre lo que la sociedad quería saber. Habíamos lanzado la temporada 2020 en la segunda quincena de enero, y tuvimos que hacer un parate forzoso por la pandemia. Retomamos en abril o mayo (no recuerdo bien), con todas las medidas sanitarias para no arriesgar mi salud ni la del invitado en cuestión. Precisamente, elegir los invitados siempre es una tarea compleja, no por falta de voluntad de ellos sino porque hay que coordinar horarios, que son los horarios de grabación del programa. Surgieron charlas tan interesantes que no me di cuenta del tiempo transcurrido mientras estábamos en el estudio. Así, hubo programas que duraron más de una hora y yo como periodista me sentí a gusto, de lo contrario le hubiera dado un cierre con menos minutos al aire. Fue (y es) una experiencia gratificante, y siempre tuve como premisa que el entrevistado se sintiera cómodo, no que estuviera mirando el reloj a ver cuánto faltaba para irse. Eso nunca pasó, gracias a Dios. 

Cuando esté disponible la vacuna rusa en Lobos y pueda aplicármela, no tendré ningún tapujo en hacerlo. Hay mucha gente que, influenciada por los medios de posición dominante, exhiben una suerte de "gataflorismo": primero pedían la pronta llegada de la vacuna; ahora, como es rusa y existen algunas falsas dudas sobre su efectividad, manifiestan que no se la colocarán. La Argentina ha dado un paso adelante muy significativo al ir a buscar las dosis a Moscú. Por supuesto, no serán suficientes para abastecer a toda la población, dado que la prioridad la tienen el personal de salud, fuerzas de seguridad y grupos de riesgo. Como toda vacuna, puede presentar algunas reacciones adversas mínimas, pero el saldo sigue siendo a favor ya que estás inmunizado del virus una vez que te administren la dosis.

 En mi caso, la Navidad 2020 transcurrió tranquila, creo que la mayoría pudo compartir la mesa familiar con un círculo social más amplio después de mucho tiempo. En lo que a mí respecta, estuvimos solamente los mismos cuatro que vivimos aquí, que son las personas con las que realmente me interesaba estar.  

 Hay una sensación de cansancio y hastío ante un año que nos puso contra las cuerdas. Si viene una segunda oleada, el año próximo será diferente, pero no de un modo significativo. A medida que se otorguen nuevas habilitaciones y permisos, las cosas irán cambiando. Estos doce meses sirvieron para replantearnos prioridades, y darnos cuenta de que el sistema de creencias que teníamos se vino abajo tan pronto como el pulso de la realidad empezó a apretar. Si durante esta burbuja temporal no hemos logrado valorar más a nuestros seres queridos y a quienes estuvieron en contacto con nosotros pese a todo, no hemos aprendido nada. Cuando arranquemos la última hoja del almanaque, nos va a "caer la ficha" a más de uno. Y todo lo vivido este año será difícil de olvidar: tampoco tendría sentido hacerlo, en rigor de verdad. Sería renegar de las vivencias y de la historia personal de cada uno ante un momento de quiebre en la historia. Siempre se habló demasiado de la globalización como un fenómeno del siglo XXI, pero no reparamos en sus consecuencias. Les dejo a los sociólogos y a quienes saben más que yo la tarea de hacerlo. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 




El desafío de recuperar la pasión por lo que hacemos

Sábado por la tarde en la ciudad. En esta vida hace falta dedicación, gente que tenga pasión por lo que hace y que los mediocres se hagan a un lado para darles lugar. El facilismo y la estupidez se ven a diario por televisión y por las redes sociales. Pero tener la capacidad de conmover o movilizar a otra persona, es otra cosa. No todos pueden lograrlo: los escritores, cineastas, fotógrafos, pintores… aunque también es cierto que no todos nos conmovemos o emocionamos ante lo mismo. Profesionalmente, siento que puedo dar un salto hacia una instancia superadora. No es fácil pero creo que puedo hacerlo, quizás si me preguntaban hace dos o tres años hubiera dicho que no era el momento. Informar en medio de una pandemia procurando que la gente no caiga en una psicosis colectiva es un desafío y una responsabilidad. Me banqué muchas cosas durante esta crisis que en circunstancias normales no hubiera vivido. Tuve que renegociar las tarifas publicitarias, porque siempre es mejor acordar con un cliente antes que perderlo. Resigné un margen de ganancias importante, y al mismo tiempo percibí que la exigencia del público lector era mayor. No sólo conmigo, sino con todos los medios que hay en Lobos. En los meses de cuarentena, la gente consumió mucha información a través de las redes.

En un pueblo chico como el nuestro, el primer caso de COVID generó un gran revuelo, todos querían saber el nombre de esa persona, lo recuerdo muy bien. Todo se terminó cuando el vecino en cuestión tuvo el gesto de dar la cara y admitir ser portador del virus. Yo no sé qué hubiera hecho en su lugar, porque ese lobense no era ni un delincuente ni un criminal. Buscar víctimas y victimarios en una coyuntura tan delicada es un grave error.  Cuando los contagios crecieron, vimos a muchos necios que creían que nunca les iba a tocar, tener que estar aislados e impedidos de poder desarrollar su trabajo. Es posible que la vacuna haya estado lista desde hace varios meses, y que recién ahora se está empezando a distribuir entre distintos países que negociaron con los laboratorios. Pfizer es un gigante de la industria farmacéutica, y seguramente todas las fases de desarrollo de esta vacuna han costado guita. Nadie hace beneficencia con esto.

 Puedo entender el deseo que tienen los chicos por festejar, pero de ninguna manera pienso avalar las fiestas clandestinas que se están haciendo en Lobos, últimamente eligiendo espacios abiertos al aire libre. Mientras esto acontece, los DJ, los empleados de seguridad privada, los sonidistas, y un gran número de personas vinculadas al rubro siguen sin poder trabajar. Las autoridades municipales deben disuadir y desalentar estas juntadas, porque si las veo yo que soy un ciudadano más, obviamente que ellos están al tanto de lo que está pasando. Quizás estos encuentros al aire libre representen un riesgo menor, pero es cuestión de sentido común pensar en el esfuerzo de tantos meses y cómo se ve dilapidado en una noche de festejos. Mucha gente no pudo recibir visitas para su cumpleaños por este motivo. Por eso, insisto en que es hora de poner las cosas en su lugar, y que los adolescentes busquen otra forma de distensión. Ya habrá tiempo para que vuelvan a funcionar los boliches. Punto final.


20 de diciembre de 2020

Un agujero negro

Me cuesta mucho poner en palabras lo que este año ha representado para mí. No hay adjetivos que alcancen, por más vueltas que uno intente darle al asunto. Es obvio que nadie estaba preparado para esto, es un fenómeno único que en un futuro los sociólogos se encargarán de analizar con mayor propiedad. Vivenciar lo que nos pasa "en caliente", no da resultados útiles. Cuando transcurra un tiempo se verán las secuelas, aunque algunas ya son evidentes. 

Puedo sentirme afortunado de que no ha fallecido ningún amigo o familiar cercano, ni tengo a una persona en un geriátrico. Pienso que no lo hubiera podido soportar. Pero, en realidad, quienes sí pasaron por ese trance tampoco pensaban en poder soportarlo. El dolor es único e intransferible. Al igual que el sufrimiento o la tristeza. No todos sufren por lo mismo, ni con la misma magnitud. Lo que ha ocurrido, es que ante una pandemia y una crisis global, se potencian los sentimientos. Se mezclan, se confunden entre sí. La vida cobra otro significado ante la fragilidad. Dejaron de importarnos ciertas cosas. Hubo amigos que no aparecieron más porque nunca nos llamaron ni lo harán. El sexo se reinventó a la vieja usanza. Hasta no hace mucho, todos los días parecían un letargo, era yendo de la cama al living, porque mucha gente durante el confinamiento no se preocupaba por cambiarse de ropa o por lucir bien. El espejo nos devolvía la imagen de un rostro ojeroso y desaliñado, algo que poco nos importaba. Estando en casa, supuestamente, no teníamos nada que perder, pero tampoco mucho por ganar. Comenzamos a fumar más, y padecimos cuando en abril los atados empezaron a faltar en los kioscos. Comimos en exceso aunque no tuviéramos hambre. Sentimos miedo sin saber a qué. No había iglesias, bibliotecas, colegios, bares, canchas de fútbol, gimnasios, nada. Sin embargo sobrevivimos, no sé cómo porque es una experiencia totalmente nueva para mí y para todos.  

Trato de no quedarme quieto, si bien en esta coyuntura, hoy más que nunca, hay factores que condicionan (y postergan) los proyectos personales de cada uno. El último año malo que tuve fue 2012, por motivos que sería largo enumerar. Pasaron ocho primaveras hasta llegar a 2020. Miren, yo no puedo decir si este espacio, este blog, ha evolucionado o no: se ha ido adaptando a quien soy yo hoy. Como periodista, siempre tuve el deseo de tratar de entender la realidad. Como ustedes saben, yo no milito en ningún partido político, y en consecuencia mis opiniones son las de un ciudadano más que ejerce su derecho a la libertad de expresión. Ojalá en el futuro florezcan nuevos blogs o páginas en Lobos donde todos nos animemos a decir lo que pensamos, sin tapujos. Dejemos de lado la boludez y el chicaneo constante de Facebook y Twitter para esbozar un texto con argumentos, con fundamentos, que podrá ser objeto de debate o no, pero que define nuestra posición sobre los asuntos que nos preocupan. Y otro aspecto importante: defender nuestra opinión, no significa de la que los otros no merezca ser escuchada y atendida. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 

 


19 de diciembre de 2020

Pateando basura en el callejón

 Fin de semana en la ciudad. La verdad es que los últimos 7 días transcurrieron rápido, o al menos es la percepción que uno tiene del tiempo. Voy decidiendo y planificando sobre la marcha, porque comprendí que proyectar demasiado no es bueno. Además, si no podés conseguir aquello que te propusiste hacer, inevitablemente te vas a frustrar. Es normal padecer una decepción o frustración, que muchas veces se da por motivos ajenos a lo que uno pueda realizar: amigos que nos fallan en el momento más difícil, expectativas económicas que se ven devastadas por la inflación, seguir consejos sin advertir su intencionalidad. Por ejemplo, mientras escribo estas líneas, no estoy pensando en la semana que viene. Pienso en las próximas 48 horas como máximo. Cuando hay que hacer una consulta médica y te dan un turno, sabés que vas a tener que esperar hasta que llegue la fecha. Y si te sentís mal antes de que eso ocurra, te la vas a tener que bancar a menos que sea una emergencia. La plazos que la gente maneja no son para todos por igual. Y lo que nosotros consideramos urgente o importante, para el otro puede parecer una boludez.

Cuando voy a presenciar una función de teatro, cine, o lo que fuere, me gusta que sean puntuales con el horario. Puede haber unos minutos de tolerancia, obviamente. Pero poco me importa si están aguardando a que llegue más gente para llenar la sala. Eso se llama respeto al público. Lo mismo podría mencionar de las conferencias de prensa, si por algún motivo he llegado tarde me la tuve que comer, pero esperar a otros, aunque sean colegas, no corresponden. Si trabajás para un medio grande de CABA, te pisan la cabeza. Cada cual hace su juego, y así debe ser porque la audiencia busca lo urgente, la inmediatez, y si le podés ganar al otro, mejor. Claro está que no estoy de acuerdo con las formas, pero fuera de ello siempre ha sido así. Cuando hago el programa de tele, soy el primero en llegar y el último en irme del estudio, por respeto al invitado. Pero bueno, cada uno tiene su "librito" con el cual manejarse. Buen sábado para todos. Punto final. 


17 de diciembre de 2020

Vuelta de página para un año terrible: Cuando llegue 2021 festejaremos todos

Jueves de calor extremo en la ciudad. Pese a ello, el día transitó tranquilo, parece que seguimos con idas y vueltas en torno al tema de la vacuna cuando ya muchos países la están aplicando, sobre todo la de Pfizer. Por supuesto, esto también es un gran negocio para los laboratorios, pero da la impresión de que un país como el nuestro no está dentro de las prioridades de éstos. El Gobierno se apuró a hacer el anuncio, luego de una serie de viajes de incógnito que la Viceministra de Salud hizo a Rusia. Hasta se barajaron cifras de cuántas dosis estarían disponibles, es decir que parecía todo bien encaminado. Pero pasan los meses y aún no tenemos nada. Lo ideal sería empezar a vacunar antes del comienzo del ciclo lectivo para que las clases puedan comenzar con normalidad. El problema es que hay varios frentes abiertos, muchos agujeros sin cubrir, y este tipo de políticas sanitarias no pueden quedar libradas a la improvisación. 

Mientras me cebo unos mates, pienso que ya entramos en la segunda quincena de diciembre, que por motivos obvios suele ser la más caótica y frenética. Sin embargo, he notado que mucha gente le da poca importancia a las Fiestas, y a decir verdad yo tampoco tengo espíritu de celebrar, prefiero una cena tranquila y listo en lugar de los atracones de comida y alcohol que son frecuentes en estas ocasiones. Distinta era la cosa cuando uno era un niño y recibía regalos, cuando venían los parientes que viven en Buenos Aires y se armaba una mesa larga, cuando había tantas botellas que las metíamos todas en un gran tacho con hielo, cuando el lechón o el manjar en cuestión se hacía despacio mientras el asador y sus ayudantes bebían un vermut. Nada de eso existe ya: ahora soy yo el que debe hacer regalos, los preparativos para la cena de Nochebuena o vísperas de Año Nuevo son mínimos. Quizás lo vea de ese modo porque hasta ahora siempre se ha encargado mi madre de hacerlo y yo no me percataba del esfuerzo que implica tener que estar varias horas en la cocina en un día promedio con 30 grado de temperatura. Lo que suele ocurrir es que al día siguiente, es decir en la Navidad o Año Nuevo propiamente dichos, los festejantes más entusiastas terminan con una terrible resaca y probablemente descompuestos. Como alguna vez padecí algo parecido, tomo mis recaudos. Al fin y al cabo, hay infinitas situaciones para beber o comer algo diferente al menú de todos los días. Seguramente el fin de 2020 nos encontrará agotados, exhaustos, con mucho estrés, y no es aconsejable añadirle a eso la carga extra de hacer un evento social multitudinario, además de que no está permitido. Menos aún gastar guita en pirotecnia, con la malaria económica que hay. Y ya que estamos, le hacemos un favor a la salud de nuestras mascotas. 

Cuando se levante el telón de 2021, festejaremos todos, tal vez insensatamente, porque nada cambia de un día para el otro. Pero todos lo tomamos como el fin de un año opresivo y que puso en jaque la salud de muchos seres queridos. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 

Hoy más que nunca, aprendamos a vivir con gratitud

  3 de octubre. Hace varios días que tenía la intención de escribir un nuevo posteo para el blog, lo que sucede es que me embarga la sensaci...