18 de octubre de 2015

Domingo soleado en la ciudad.

Estamos atravesando una primavera muy particular, con jornadas cálidas por las tardes, y un brusco descenso de la temperatura cuando empieza a bajar el sol. Ya ni los veranos son tan cálidos ni los inviernos son tan fríos. Y aunque resulte tedioso hablar de "cambio climático", es evidente que este fenómeno no deja de sorprendernos y, lo que es peor, de afectarnos. Lobos hacía más de 30 años que no padecía inundaciones como las de agosto, y con lo hechos consumados, quedó en evidencia algo mucho más grave: la improvisación y la falta de expertos para hacerle frente a este cambio. Obviamente, no se puede impedir que llueva, pero sí mantener los desagües y los canales limpios. Pero como "aquí no ha pasado nada", ni bien la situación empieza a mejorar, la gente vuelve a arrojar basura al Canal Salgado, al Canal Muñiz, a las zanjas, y no se entienden los motivos. ¿Por qué no esperar a que pase el recolector y la recoja? ¿Cuál es el problema, si hablamos de basura de gran tamaño, en hacer un esfuerzo económico y contratar un volquete? Aún hoy, la ciudad está llena de basurales a cielo abierto, algunos que son responsabilidad de propio Municipio y otros de particulares. Paradójicamente, son las mismas autoridades sanitarias las que piden prevención contra el hantavirus y otras enfermedades que se transmiten por roedores. 

La inundación de agosto desnudó lo desaprensivos que somos con los residuos domiciliarios, y lo fácil que nos resulta arrojar basura a cualquier curso de agua, total nuestro "problema" ya está resuelto y así nos sentimos más limpios en el hogar. Pero el costo no es gratis. Esos residuos se acumulan y van generando sedimentos. Entonces hace falta realizar nuevamente un dragado para limpiar toda esa podredumbre, lo cual no es grato para nadie, sobre todo cuando esos recursos se podrían destinar a otros fines. 

Mientras tanto, en la efervescencia de la campaña, son pocos quienes tienen una propuesta seria para el Medio Ambiente. Crear una Secretaría no es una solución en sí misma, porque en definitiva significaría más burocracia, más sueldos, y más gasto para algo cuya eficacia es hipotética. De paso, sería bueno que aprendiéramos a ser más racionales en el gasto público, y no crear Secretarías o dependencias adminstrativas compulsivamente. Punto final.

Barco a la deriva

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