7 de octubre de 2015

Un día más para vivir a pleno



Mediodía de miércoles en la ciudad. Me dispongo a escribir estas líneas aprovechando que esta vetusta notebook aún funciona. Por favor, que alguien permita el ingreso de productos electrónicos importados a un precio razonable, porque la situación no da para más. Para quienes nos dedicamos a esto y necesitamos grabadores, cámaras de fotos, y una computadora que permita cargar los textos rápidamente, la situación se complica. Estamos tapando todo con "parches", y todo lo que se ensambla en Tierra del Fuego es de pésima calidad. Gracias a Dios, por el momento no necesito ni quiero un celular nuevo, porque varios amigos me han contado que se "tildan", que los materiales son muy berreta, y que la pantalla es muy sensible a los golpes. Si se te cae al piso un celular de los denominados "smartphones", cagaste. 

Pero siempre hay  motivo para sonreír, como leer un buen libro, tener una grata compañía, tomar unos mates espumosos y sabrosos, ver una película, y compartir un momento con algún amigo que hace tiempo que no veías. Cuando sucede alguna de las cosas que acabo de enumerar, te olvidás de la economía y de lo mal (o bien) que estamos, y aprendés a darle valor a lo que realmente importa. Nacimos para ser felices, no para sufrir y dar lástima todo el tiempo. Es agotador escuchar a la gente que se queja de todo, hasta de cosas que ni siquiera están al alcance de nadie resolver, como si llueve, hace frío, y boludeces por el estilo. La queja se ha convertido en un deporte nacional, y no es de ahora porque las cosas están mal. Lo ha sido desde que tengo uso de razón, porque cada generación le traslada sus problemas y frustraciones a la siguiente. Es triste que te digan que este país no tiene arreglo cuando vos estás viviendo acá y hacés todo lo posible por mejorar en lo tuyo. Me parece que no debemos dejar que el árbol nos tape el bosque. Existe un descontento en la sociedad que es justificado, porque se había creado una expectativa que no se ve (hasta el momento) reflejada en los hechos. Pero no por eso vamos a claudicar, ni a dejar de hacer lo que nos corresponde. Mientras se pueda, hay que seguirla remando. No queda otra.


Yo trato de no victimizarme por nada. Cuando no tengo dinero me la banco, y cuando sí tengo unos pesos en el bolsillo, es una retribución por mi trabajo. A decir verdad, como podrán comprobar, más allá de los problemas de lidiar con gente que no entiende razones, estoy contento con la vida que llevo y agradezco a quien me acompañan en este camino. En el devenir cotidiano te vas a encontrar con personas que te valoran y otras que te harán sentir como la peor escoria. Está en cada uno elegir de un modo inteligente a qué rebaño seguir.
Punto final. 

Barco a la deriva

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