30 de junio de 2020

El largo camino que recorrí desde 2005

Hoy es un día muy especial para mí: un 30 de junio de 2005, hace exactamente 15 años, comencé a escribir aquí, en este blog. Mis pretensiones siempre fueron modestas, pero es un proyecto que fue creciendo conforme le fui otorgando mayor difusión y me animé a compartir mis notas en las redes sociales. Hay más de 3.000 notas publicadas, y los que ingresan desde la PC, podrán hallarlas en el lateral derecho de la pantalla. Algunas no resisten el paso del tiempo, pero decidí conservarlas como una manera de recordar a aquel que yo fui, o supe ser. Nunca, ni en mis aspiraciones más ambiciosas, me imaginé que continuaría escribiendo durante 15 años, por mero placer, ya que no obtengo ningún lucro por ello. Las actuales condiciones ha sido un período prolífico para mí, he escrito muchas más notas que en circunstancias normales. Una vez que le doy clic al botón de "publicar", ya está, es como una botella arrojada al mar. 

Entre tanta hojarasca, hay posteos que, sin falsa modestia, puedo aseverar que están muy bien hechos, y me enorgullezco de haberlos publicado. En 2005 tenía pocas preocupaciones, y las que había en aquel tiempo no las sobredimensionaba como me sucede actualmente. 

Mi intención, en los últimos años, ha sido no redactar en base a mi estado de ánimo, o impulsado por alguna experiencia ingrata. No lo hago, porque ello me lleva a quejarme y al lector no le interesan mis problemas o contratiempos. Pero de vez en cuando me gana "mi otro yo", y hago catarsis por este medio, que aun así sigue siendo mejor que cagar a trompadas a alguien. Hay que tener temple, lo hablaba ayer con un amigo. Siempre es mejor no responder al necio o al que lanza una provocación para ver quién se "prende" en esa. Este 2020 me encuentra en una etapa más introspectiva, donde no hay que confundir egoísmo con amor propio. 

He redactado notas que sumaron miles de visitas, no me pregunten cómo, y sin embargo otras que me parecían más logradas pero no corrieron la misma suerte. Sea como fuere, nunca cuestiono el comportamiento del público lector. Lo que sí me fastidia un poco, sobre todo en las redes sociales, es que ya empiecen a opinar por haber leído el título, que puede (o no) tener que ver con el resto del texto. Pero eso sucede más en mi diario digital, en Lobos 24. 


Lobos es mi lugar, lo ha sido siempre, inclusive cuando hace 18 años me ausenté por unos meses buscando un mejor porvenir. 
Ultimo post de junio. Fue un mes lindo, por acontecimientos que exceden a la cuarentena. No me quejo de las obligaciones y compromisos cotidiano que van cayendo sobre mí como pedradas del destino, es lo que hay. 

A menudo la gente deposita demasiadas expectativas sobre una etapa particular del año, incluso sin razón aparente. Pero no lo veo mal, cada uno se aferra a lo que puede para seguir viviendo y creyendo en que algo va a cambiar. Yo solía hacerlo hace un tiempo, pero me embarga una sensación extraña al intentar fijarme límites temporales en este momento de mi vida. Trato de no indignarme por las atrocidades que veo a diario, a medida que envejezco voy tomando conciencia que formará parte de mi vida contemplar ese paisaje absurdo. Intento rescatar lo bueno de las personas, enredarme en una conversación, esbozar una sonrisa de satisfacción luego de haber visto una buena película, maravillarme del talento ajeno para escribir un libro considerado en un verdadero tesoro. En fin, pequeñas delicias estar vivo. Nos vemos el mes siguiente. 

28 de junio de 2020

A seguir peleándola detras de la trinchera

Domingo por la mañana en la ciudad. 3 grados de temperatura. No anda un alma en la calle. Y a decir verdad,  aquel no tenga motivos para salir a trabajar o a hacer algún mandado, bien puede quedarse en su casa. Trato de ahorrar todo lo que pueda, porque no sé qué nos deparará el futuro, antes de que esto implosionara. Por supuesto que demanda esfuerzo, ya que uno tiene una inclinación a comprar cosas inútiles que no se comparecen con el escenario actual. Es realidad, no son inútiles, sino de pueden esperar . Muchos de nosotros vimos reducidos nuestros ingresos con la pandemia, al igual que varios comercios. Yo "vendo" un producto periodístico que necesita ser sustentable como todo emprendimiento, no puedo ir a pérdida porque de ser así no tiene sentido ni siquiera levantar la persiana.

Es por ello que siempre trato de darle una vuelta de tuerca a las noticias, de forma tal que los titulares o los contenidos no sean iguales a los otros medios. Le busco la vuelta para marcar la diferencia, aunque no siempre lo consiga. Si otro colega publicó una primicia, bien por él, es un logro que obtuvo y no es algo que me ponga mal. Todos los días reviso los principales portales nacionales y provinciales buscando notas que salgan un poco de la coyuntura, porque sé que tener un tema excluyente para informar genera agotamiento o hartazgo en muchos lectores. 


También es fundamental rodearte de gente que no te vaya a defraudar o traicionar, aunque como suele decirse, "la traición nunca viene de un enemigo". Hace poco se difundió un estudio, según el cual los encuestados priorizaban como valor el hecho de ser considerados buenas personas por sus semejantes. Hay un poco de vanidad en esto, porque nos desvela que reconozcan como seres amables y serviciales. Lo cierto es que no abundan, sobre todo cuando es más importante el chusmerío que informarse fehacientemente de los hechos tal como ocurrieron. ¿Es tan difícil encontrar gente buena, sin segundas intenciones, a quien le guste conversar y compartir una parte de su vida con los demás? Parece que sí, a juzgar por lo que uno puede apreciar es una sociedad donde todos quieren sacar ventaja y se cagan en el resto. Hay pocas gente dispuestas a escuchar o a intercambiar ideas, salvo que se dediquen a ello, como los psicólogos. Durante mucho tiempo fui uno de los que daban consejos sin que me los pidieran, en lugar de limitarme a escuchar, hasta que me tocó a mí estar del otro lado y comprendí lo irritante que resulta que un tipo nos intente resolver la vida diciéndonos lo que tenemos que hacer.

El contacto personal es algo que nunca me hubiera gustado perder, quizás por eso me cuesta aceptar el escenario de pandemia. Históricamente, siempre la charlas con mis amigos o "aliados" (al decir de Charly García), han ocupado un lugar importante.  Como buen dinosaurio que soy, no soy muy afecto a las nuevas aplicaciones donde se comparten emojis y caritas para expresar sentimientos que no se comparan en nada a un abrazo franco y sincero. Pero es evidente que el contexto actual ha modificado nuestro concepto de "normalidad".  Estamos tan pendientes de tener el último modelo de celular o del chiche nuevo que fuere,  que en pos de esas pequeñas metas consumistas sacrificamos tiempo que bien podríamos dedicar a conocer a alguien. El desafío que nos plantea esta pandemia, es mantener el contacto humano desde otra manera, que es lo que nos hace ser lo que somos, y que nos cuesta un poco más a la mayoría de los argentinos que solemos saludarnos efusivamente o compartir un asado. A veces me aterra pensar en lo rápido que los objetos de consumo de vuelven obsoletos, y me pregunto si no nos estaremos acostumbrando a hacer eso con las personas, a declararlas obsoletas o a "darlas de baja" simplemente porque ya no sintonizan nuestra "onda", o porque han decidido elegir un camino diferente al nuestro.

Creo que las buenas personas están en algún lado, y que sin duda vale la pena conocerlas, estar en contacto con ellas, y escucharlas. A veces nos vemos obligados a tomar decisiones contrarias a esto, es cierto, pero a veces queda la sensación de que muchas gente nunca "se la juega", y en la vida a menudo hay que poner las fichas sobre la mesa y asumir los riesgos de eso implica. Punto final. 

25 de junio de 2020

El cazador se acerca a su presa

Hoy percibí, por primera vez, que muchos vecinos, muchos lobenses, estaban realmente asustados y alarmados por los hechos de público conocimiento. No era para menos, luego de una seguidilla de casos positivos que nos hicieron comprender que nadie está exento de contagiarse. A decir verdad, era algo que ya sabíamos, pero cuando las balas pican cerca, la presa comienza a desconfiar. Eso es lo que está sucediendo ahora.

Mi rutina de hoy fue normal, procuré aprovechar el tiempo para pagar unas cuentas, publicar notas en mi diario digital,  hacer los quehaceres domésticos y empezar a proyectar en un corto plazo. Adaptándome a la contingencia, de eso se trata. Trazar planes de acá a tres meses no tiene sentido en el escenario que estamos viviendo, donde las decisiones políticas que se toman para hacer frente a la pandemia cambian con bastante frecuencia y nos sumen en el desconcierto. Ello nos hace suponer que las autoridades sanitarias tampoco tienen bien en claro qué quieren hacer, esto es como el rating de la tele, el famoso "minuto a minuto". 

Los contagios o brotes pueden producirse en las situaciones más insólitas, no hace falta entrar en detalles. Un ejemplo elocuente es la reunión familiar que se hizo en Lobos por un joven fallecido, y que motivó que se debiera asilar y monitorear a decenas de personas, con todo el despliegue del recurso humano que eso implica. Por otra parte, ya se está hablando que cuando las camas colapsen, pacientes del Conurbano podrían ser derivados o trasladados a hospitales del Interior de la Provincia. Y aquí hay que ser mesurados: la salud es pública para todos, así como vos quizás debas atenderte en alguna ocasión en un Hospital como El Cruce, de Florencio Varela. Lo que no me cierra es que si el Presidente había emprendido la tarea de construir (o terminar de construir) nuevos centros de salud, si la "curva" no se achata esto puede derivar en consecuencias insospechadas. Por supuesto, no es momento de hacer futurología. No sería prudente, por los motivos que ya acabo de exponer.

Más allá de eso, lo importante es poder afrontar el encierro y este estado de anormalidad siendo creativos, tratando de salir del bajón. Estoy escribiendo mucho más que antes, porque es un modo de hacer catarsis y de explorar una veta diferente. Seamos claros, esto nos cambió a todos, y aquel que no se dio por aludido, no ha aprendido nada. Tengo 40 años y este es el momento más atípico que me tocó afrontar en mi vida. Jamás imaginé que iba a pasar algo así, y creo que nadie se lo imaginaba tampoco. En esta cuarentena, hemos descubierto libros, películas, discos, todo aquello que antes postergábamos porque no teníamos tiempo. Hoy volví a escuchar a Los Beatles, y ahí te das cuenta de que para trascender hacer falta talento, porque nadie hablará del los mercachifles de Ricky Martin, Maluma o Luis Miguel dentro de 50 años. Entonces, vos te ponés a escuchar un disco de 1969 y decís: "¿Cómo hicieron estos tipos?". Es para ponerse a pensar. Y no lo digo sólo porque sean anglosajones, ya que León Gieco, o bien Charly García, superarán con creces el paso del tiempo, por citar sólo dos ejemplos. 

Como les habrá sucedido a la mayoría de ustedes, llegado a cierta edad la vida me ha puesto a prueba infinitas veces, y he tenido que tomar la decisión que creí la más adecuada en ese momento. No siempre fue la mejor o la más acertada. Pero había que jugarse. Si vos podés tener un tiempo razonable para pensar antes de actuar, está todo OK, pero en el común de los casos no es así. Mi aspiración es que todo el período que venimos transitando no haya sido en vano, y si todo esto no nos sirvió para aprender a disfrutar intensamente cada momento, estamos perdidos. Punto final. 




24 de junio de 2020

A no bajar la guardia cuando llega el vendaval

Comenzó el invierno, y en esta oportunidad llegó con frío, lo cual no es una obviedad como parece dado que años anteriores, todavía para esta fecha teníamos temperaturas cálidas. Trato de enfocar mi mente en lo realmente importante, al menos para mí. En Buenos Aires y el AMBA volvieron a Fase 1,5. El Gobierno dice que es "el último esfuerzo". A decir verdad, el esfuerzo ya lleva alrededor de 100 días, con algunos municipios vecinos como Navarro o Roque Pérez que alcanzaron la Fase 5 y ya pueden transitar un camino cercano a la normalidad. Me pareció una estupidez que aquí en Lobos haya gente que se manifestó pidiendo practicar determinados deportes, cuando es sabido que la Provincia denegó esa petición. Para un distrito que tiene 8 casos positivos desde marzo a esta parte, era previsible que no se concedieran nuevos permisos. Puedo entender que haya vecinos que quieran salir a pescar, o a jugar al paddle, pero deberán esperar, como estamos esperando el resto de los lobenses que tampoco podemos hacer todo aquello que quisiéramos. Ese es el alto precio que se paga por la negligencia y la falta de cuidado que debe tomar cada uno. Y hasta que no nos hagamos cargo, seguirán apareciendo nuevos casos, mientras un grupúsculo de fundamentalistas anticuarentena se creen depositarios de una verdad revelada, que no son más que gansadas sin ningún asidero. 

Es tedioso y remanido hablar de la cuarentena, tan tedioso como ella misma, pero no se puede soslayar lo que está ocurriendo. Habrá quienes se cuidaron y se contagiaron accidentalmente, pero son la minoría. En otra nota había mencionado la posibilidad de que se haga una prueba piloto por 15 días, pero ahora que lo pienso bien, sería un colapso, con gente corriendo o comiendo asado en el Parque o donde se les cante la gana. Somos hijos del rigor, aceptémoslo. 

Tal vez no tenga que ver, pero pienso que, a medida que uno va envejeciendo, aparecen las canas y se esfuman los ideales. Nos volvemos más pragmáticos: palo y a la bolsa. Comprendemos que, casi sin quererlo, hemos adoptado un modo de vida burgués, porque hay un sistema pensado para que un celular o un televisor nos mantengan endeudados en infinita cuotas a todos aquellos que no tenemos la capacidad económica de adquirirlo de otra manera. Ni hablar de tener que pagar un alquiler para contar con un techo donde podamos subsistir.

Todo lo que podemos hacer es conformarnos con vivir una vida tranquila, y además deberíamos sentirnos privilegiados si lo logramos. La mayoría de la gente vive alterada, presionada y maltratada por sus empleadores, con sueldos miserables que no alcanzan para invertir, frustrándose por todo lo que no puede comprar, sin  poder fijarse metas y proyectar una realidad distinta.

Mi escepticismo hacia la política (y los políticos) es absoluto, aunque todos podemos tener simpatía por algún legislador que se convierte en un “Llanero Solitario” al hacer honor a su función asistiendo a las sesiones y argumentando con solidez y convicción en los debates.

En lo que a mí respecta, fuera de mi familia y mis amigos, no me importa nadie más. Quiero que esto se entienda bien. Por supuesto, hay personas que por distintos motivos me caen bien, pero no me importan lo suficiente. Me concentro en mi círculo íntimo, porque sé que son los únicos que van a estar a mi lado cuando me suceda algo ingrato.

Al focalizar nuestro afecto hacia quienes realmente valen la pena, evitamos el sufrimiento y el desgaste de las relaciones humanas que no conducen a nada y nos sentimos contenidos emocionalmente por gente que nos conoce y nos quiere de verdad. Considero que ese es el mayor aprendizaje que esta cuarentena, y de tener que estar todos juntos en "la casa de Gran Hermano". Punto final. 

22 de junio de 2020

Plegaria para un Gobierno dormido

Hasta abril/mayo, estábamos acostumbrados a decirles a nuestros amigos: "Cuanto todo esto pase, haremos tal o cual cosa". Hoy, esa expresión de deseo se volvió un tanto ingenua y naif, porque las sucesivas prórrogas de la cuarentena tornaron cada vez más lejano aquel "Cuando todo esto pase". Tendrá un final, más tarde que temprano, pero las últimas noticias no resultan muy alentadoras. El fantasma de volver a Fase 1, o de volver a foja cero, nos genera una duda cargada de profunda ansiedad. Es que, precisamente, el futuro provoca ansiedad ante lo desconocido. Ya no merece la pena detenernos a hablar de las variables económicas, de Vicentín, o del espionaje macrista. Todo eso es real, por supuesto, pero en momentos en que necesitamos mantener la calma, todo lo que enumeré son piedras en el zapato que nos impiden caminar. Por ejemplo, que el dólar suba o baje sólo es de interés para quienes tienen la capacidad de comprarlos, y no es mi caso. Si caemos en default y los "buitres" se enfurecen de codicia, no me van a rematar la casa. Reitero, no quiero decir que todas estas cuestiones no me preocupen, sino que no son relevantes para la vida cotidiana de cualquier argentino que vive con lo puesto. 

Lo que sí me molesta, es que el Gobierno juegue "a todo o nada", que el Presidente esté entusiasmado por sus índices de popularidad y siga con una prédica demagógica. Que nos hablen de "soberanía alimentaria" cuando la pobreza es endémica y millones de compatriotas se cagan de hambre. Esto no es nuevo, ya que desde hace décadas todos prometen una solución para erradicar la pobreza en el país, no sé si porque estaban realmente convencidos de que podían lograrlo o porque era un discurso de campaña. ¿Se acuerdan del "segundo semestre" de Macri que nunca llegó? ¿De que la inflación sería de un dígito? Y la clase media VIP que escuchaba a Baby Etchocopar, Majul o Longobardi y toda esa sarta de reaccionarios fachistas decía:"Hay que esperar, hay que esperar....". Esperar qué? Cuatro años del "gato" fueron suficientes. Los que están ahora no son ningunos angelitos, pero ningún funcionario macrista tiene autoridad moral para hablar.  Con ver 15 minutos de cualquier canal de noticias, ya te enterás de lo esencial, no hace falta más, porque el resto es un eterna letanía. La televisión se tuvo que poner de rodillas ante la realidad. Por suerte, hay muchas personas con capacidad de discernimiento que saber leer entre líneas y no se comen cualquier pescado que les quieran vender. 

Ahora bien, retomando la idea central de esta nota, ¿qué es lo que percibo? Interferencia, cortocircuito, teléfono descompuesto, un desconcierto total. Es como salir en el auto por una ruta desconocida sin tener GPS. Fíjense que ya ni siquiera me quejo de mi magra situación económica en tiempos de pandemia, porque no puedo vivir mirándome el ombligo. Hay que tener una visión "macro", porque si nos quedamos en el chiquitaje no vamos a despegar nunca. De lo contrario, vamos a estar como el burro detrás de la zanahoria. Por primera vez en mucho tiempo, me siento afortunado de vivir en Lobos, porque pese a todo no estamos tan encorsetados como en el AMBA, que es lo que hoy desvela al Gobierno. Para Kicillof, somos un puntito perdido en el mapa de la enorme geografía bonaerense. Un limbo. Pero como es ante él que hay que gestionar los permisos para que nos otorguen nuevas excepciones, hay que meter violín en bolsa, esperar que regresemos a un estado parecido a la normalidad. Punto final. 

20 de junio de 2020

Volverán las oscuras golondrinas

Terminó la semana, y siempre es un buen momento para escribir y reflexionar sobre lo que nos pasa. Lobos sigue en Fase 4 (por ahora), en el Centro hay mucha gente circulando porque mañana es el Día del Padre y la mayoría quiere hacer un regalo de acuerdo con su presupuesto. Por otra parte, me mantengo en contacto con mis amigos más cercanos a través de WhatsApp, y la verdad es que el solo hecho de hablar con ellos me hace sentir mejor. 

Me propuse salir un poco de la melancolía, al menos en esta nota, porque hay muchas cosas que no queremos que sucedan y sin embargo van a pasar igual. No podemos volver el tiempo atrás, por lo tanto debemos aceptar lo que nos toque vivir. No vale la pena buscar culpables, prefiero mantener el bocho ocupado en otra cosa. 


El reloj me dice que es sábado por la mañana en la ciudad, con el termómetro registrando esa delgada línea que divide el frío del calor, el clima que conocemos como "templado". Pero bueno, todos necesitamos una noche de relax, así que todavía no me puedo aventurar a decir que es lo que haré finalmente. Bajo las condiciones actuales, no será nada del otro mundo. Venía demorando un nuevo posteo porque estoy un poco harto de todo, y realmente cuando me siento a escribir intento redactar algo que merezca ser leído. 

A veces pienso que no hemos aprendido nada de las lecciones del pasado. Y debo reconocer que a menudo me muestro súbitamente optimista porque leo un artículo en el cual se habla sobre los avances de la ciencia, sobre el aumento de la expectativa de vida, y esas cosas que cada tanto aparecen en los diarios. Podemos adoptar distintas posiciones frente a un mismo hecho (ejemplo: la eutanasia), pero el nivel del debate es lo que hace que esas posiciones que asumimos resulten válidas y dignas de ser tenidas en cuenta. Los opinólogos no cuentan para mí, y la moral es un concepto demasiado subjetivo que tiñe cualquier opinión de un tufillo insoportable. Hay que esclarecer aquello que aparenta ser difícil de comprender, y no sumar más dosis de confusión. Porque para eso, ya tenemos suficiente con las teorías conspirativas que encontramos por Internet, los terraplanistas, y toda una manga de desquiciados. 

Cuando la vida te sorprende con un cachetazo (o con un cross de izquierda), probablemente no sepas cómo reaccionar. Te preguntás qué hacer. Porque cuando tenés una angustia, una situación realmente apremiante, por lo general no hay "Plan B". Lo que estoy diciendo no es nada original, pero me nace expresarlo porque comparto este sentimiento con mucha gente que me lee en tiempos de pandemia. No pisar sobre terreno seguro es peligroso, porque puede que te estés hundiendo en una ciénaga. Pero como te fuiste tanto al mazo, como te la jugaste tanto por una determinada causa, ahora te cuesta cada vez más salir. En las relaciones humanas, hay gente que te acepta y respeta porque disfruta de tu compañía, otra que no. Parece sumamente básico, pero suponemos que todos deberían darnos un buen trato y hacernos sentir bien. No, pibe, la realidad no es así. O mejor dicho, no funciona así, porque no siempre se da una afinidad que propicie un encuentro, o una charla. 

 Esa es la modesta reflexión que me viene a la mente para que todos podamos afrontar este trance de la mejor manera. Recordemos que no hay plazos, y esa es la incertidumbre nos bloquea. Pero sé que algún día volveremos a hacer una vida normal, del mismo modo que volverán las oscuras golondrinas. Punto final. 


17 de junio de 2020

Ahora sí que estamos al horno

Cada nuevo caso positivo en Lobos nos preocupa a todos, no sólo por la víctima sino también por su familia. Estamos al horno si se siguen produciendo contagios, porque difícilmente nuestro distrito pueda llegar a Fase 5 en estas condiciones. Y pensándolo bien, tampoco sería lo recomendable en este momento. La mujer policía contagiada, en un texto que publicó en las redes sociales, afirmó que en un principio pensó que se trataba de una gripe común, hasta que se agudizó el cuadro. Esto me lleva a suponer que puede haber muchos pacientes asintomáticos en Lobos y que deberían realizarse más test en distintos barrios. Cada vez que algún lector presiona para que "demos nombres", les recuerdo que ello no está permitido, aun cuando el propio portador del virus lo haga público. Es nuestra responsabilidad como medio de comunicación. Además, no aporta demasiado dar a conocer con nombre y apellido quién es, porque no es un delito. Si retrocedemos a Fase 3, lo cual puede suceder, tendremos que resignar libertades, pero hasta tanto Lobos no permanezca un tiempo prudencial sin casos positivos, habrá que aceptar esa nueva realidad.


¿Qué nos resta esperar de esta parte hasta fin de año? Resistir, podría decirse. Cada uno tiene sus proyectos y trata de encauzarlos dentro del contexto. La sociedad actual nos incentiva a "vivir el presente", y como en rigor de verdad no sabemos cuánto tiempo vamos a vivir, a veces no vale la pena hacer proyectos a largo plazo. El futuro es importante, pero no perdamos de vista lo que sucede en lo cotidiano. Muchas veces sobreviene la frustración ante un proyecto que no pudimos concretar, o que no salió como esperábamos. No sé, estamos a mitad de semana y mientras tomo unos mates me surgen estas reflexiones, que están sustentadas en mi historia personal y en el diálogo que tengo con la gente que conozco. Yo creo que hay más incertidumbre de lo que parece, en todos los órdenes, y esto no pasa solamente por lo económico. Muchas veces nos cuesta saber qué es lo que queremos hacer, o cómo actuar ante determinadas situaciones. Y ahora estoy sentado frente a la pantalla, tomando unos "amargos", y pensando en que estamos todos en la misma. Hay un mínimo porcentaje que está con "la vida hecha", por así decirlo, o que cree tener el futuro asegurado en base a sus ingresos. El resto estamos en la lona. Tratando de reinventarnos ante algo que nunca nos tocó atravesar. 

La comodidad de la vida burguesa que todos añoramos en secreto es algo que también conduce a la sensación de que todo va a seguir igual. La casa, el auto, los hijos, los ahorros, ¿las vacaciones? Pura cháchara, comprar felicidad en cuotas. Es gratificante tener una familia y poder darles lo mejor, pero andá a un asentamiento precario o una villa de emergencia y te darás cuenta de que esa gente, olvidada por todos los gobiernos, también son argentinos. Son marginales no porque ellos lo deseen, sino porque el Estado los ignora o los oculta. Ni siquiera en las estadísticas oficiales son tenidos en cuenta. Es ahí donde hay que hacer hincapié para detener la propagación del virus, porque como mencionaba en una nota anterior, sería una hijaputez pedirles a esas personas que se cuiden cuando viven todos juntos en una pieza porque el Estado nunca les facilitó una vivienda digna. Punto final. 

Es hora de tomar al toro por las astas: Te explico por qué

  Ya dejamos atrás el verano. Se terminaron los atardeceres eternos, la ropa liviana, las zambullidas a la pileta para refrescarnos del calo...